Mes: mayo 2015

No… las plantas no sienten dolor

Y no… no es un argumento en contra del vegetarianismo -por consideración moral hacia los animales sintientes- el hecho de que “las plantas sienten dolor”, y que por lo tanto, es igual de cruel comer animales sentientes o vegetales, ya que “el dolor se produce en ambos”. No… las plantas no sienten dolor por más que sean seres vivos y veremos porque:

Hace bastante tiempo corre el rumor de que las plantas sienten dolor y que se comprobó “científicamente”, sumado a eso, últimamente corre en las redes sociales un video donde se conectan electrodos a un polígrafo en una planta (una Mimosa púdica) y al someterla a daños el polígrafo supuestamente reacciona de manera que se puede considerar que “sienten dolor”. Empecemos por desmantelar éste experimento, para después centrarnos en porque las plantas no sienten dolor, y porque en última instancia, de ser cierto este argumento tampoco vale. Éste experimento y su conclusión es pseudociencia, un tipo que hace estos experimentos es Cleve Backster (aunque con otras plantas), y no tiene relevancia alguna en la comunidad científica. Sobre esto escribe el genial ilusionista y escéptico James Randi en el libro “Ciencia y Psuedociencia”. Este experimento no sirve, las plantas no sienten dolor físico animal, ni lo necesitan. He aquí el párrafo del libro nombrado:
“Ahora bien, ¿por qué existen la ciencia demencial y la pseudociencia? Las razones son varias. En primer lugar, porque los editores adoran los libros que respaldan esas ideas. Hace algunos años, la obra The Secret Life of Plants reportó millones de dólares a un tal Cleve Backster. En ella se afirma que conectando una planta (la mejor para hacerlo es una Dieffenbachia) a un polígrafo, incorporándole varios electrodos y amenazándola con quemarla, el detector se sale de la escala. ¿No es magnífico? Jamás pensé que las plantas contaran con un sistema nervioso central, al parecer estaba equivocado, yo y todos los botánicos; sin embargo aquello consiguió muchísima publicidad. A decir verdad, este señor no fracasó ante la opinión pública hasta realizar sus últimos experimentos. E insisto en que no me culpen a mí; el experimento es suyo, no mío. El hombre descubrió que al conectar dos yogures entre sí con un alambre (por favor, no se rían que esto es Ciencia), e introducir a continuación un cigarrillo encendido en uno de los envases (lo cual es desperdiciar un buen yogur), el otro yogur manifestará una reacción en el polígrafo; pero solo se cumple si ambos recipientes de yogur proceden del mismo cultivo. Esto es muy importante. Lo crean o no, esa fue su conclusión y, claro, llegado a este punto perdió algunos seguidores dentro de la comunidad científica.”

En un vídeo de éste tipo de  experimentos se coloca un electrodo en el tallo de una planta (Mimosa Púdica) y se quema con un encendedor una hoja. A continuación un gráfico en una computadora marca un desvarío insinuando que esto es “dolor”. Sin embargo lo más probable es que el calor haga que se atrofie la planta cambiando la presión y distribución de la sabia y esto altere el electrodo y el grafico, por lo tanto, es falso, apresurado y deshonesto decir que esto puede llamarse dolor -y más teniendo en cuenta que carecen de los órganos para sentirlo-. También en el vídeo parecen sorprenderse de que la mimosa púdica reaccione al tacto, como si esta sensibilidad significara que tengan SNC. Pero no, veremos porqué lo hacen:
El cambio del ángulo de la hoja o foliolo está provocado por cambios de turgencia en las células del pulvínulo, una estructura especializada en la base del peciolo. Es un mecanismo provocado por una osmosis. Entran iones de K+ lo que provoca que el medio interno se haga hipertónico respecto del exterior y se produzca una turgencia. Dependiendo si dicha turgencia tiene lugar en las células flexoras o extensoras, los foliolos se abren o se cierran.”  Así que no, no es sintiencia (más abajo hablaré de estas reacciones). Luego, el vídeo tiene una parte en la que rocían con algo a la planta y ésta deja de reaccionar al tacto, pero en realidad no sabemos que le están rociando ni el porqué de la reacción -posiblemente si sea alguna anestesia, pero tal vez sea otra cosa-, lo que sí sabemos es que nada tiene que ver con la capacidad de sentir dolor ya que ya sabemos por qué reaccionan de tal forma al tacto. Igual, cualquiera que haya tenido la suerte de experimentar con una mimosa púdica en persona sabe que no siempre reaccionan al tacto. Ah, y de todas formas, los vegetarianos no comemos mimosas púdicas, aclaro. 

(uno de los vídeos)

Bueno, espero que esto baste para dejar de citar éste video y los experimentos de Cleve. La prueba del polígrafo es un fraude. De hecho el polígrafo siempre dio resultados dudosos, por ejemplo, el detector de mentiras por polígrafo no es para nada confiable, pese al mito de que funciona. No lo hace, y es por esto que no se utiliza en la actualidad en los sistemas judiciales por ejemplo. Sobre éste tema pueden profundizar en el magnífico libro (que no me canso de recomendar) 50 Grandes Mitos de la Psicología Popular, de Scott Lilienfield y otros, pero volvamos al tema.

Bien, ¿Por qué las plantas no sienten dolor?

La utilidad (o “función”) del dolor es “avisarnos” que estamos en presencia de un daño, para poder reaccionar a él y evitarlo. La evolución provocó que los animales complejos que desarrollaran sistema nervioso tuvieran la capacidad de evitar el daño mediante la evasión del dolor para así prosperar, ya que éste mecanismo es excelente para cuidar a la especie (una especie que evite dañarse prosperará, por razones obvias), por lo tanto reproducirse y dejar descendencia que perpetúe los factores genéticos que nos vuelve susceptibles al dolor. El dolor es una reacción desagradable del cerebro ante un daño del cuerpo que nos influye a evitarlo y en algunos casos tratarlo. Si los animales no sintieran dolor, no les importaría lastimarse, lo que provocaría –ente otras cosas- infecciones y posteriores muertes prematuras. Las especies se fueron moldeando por un proceso evolutivo largo y complejo para poder desarrollar el sistema nervioso central. Aquello por lo que tanto protestamos, aquello que aborrecemos tanto, aquello que a veces deseamos que no exista –sí, el dolor-, es una función totalmente necesaria. Sin el dolor como especie con suerte duraríamos algunos meses. Curiosamente existe una enfermedad que provoca insensibilidad al dolor, la insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis.

No todos los animales tienen sistemas nervioso central desarrollado como para sentir el dolor que conocemos los animales con sistema nervioso complejo, algunos tienen un sistema excesivamente simple que solo percibe sensaciones del entorno para emplear respuestas, pero no es un dolor que incluya “sufrimiento”, más bien es una percepción. Tampoco es cierto que todos los animales sienten igual.

Como la función principal del dolor es la de reacción para evitar los que nos daña, sería bastante inútil que las plantas sientan dolor ¿Vieron alguna planta reaccionando de manera que evite el dolor? ¿Escapándose de un depredador herbívoro? Claro, esto se debe a que las plantas (y no hay que ser muy culto para saberlo) no tienen sistema nervioso central (éste solo está presente en los animales). Hay plantas que reaccionan ante estímulos externos de forma física-química, pero es una respuesta –mayormente celular- totalmente automática que no es para nada comparable con el dolor físico que sentimos los animales, ni siquiera requiere procesamiento centralizado. Las plantas no sufren, en serio… eso lo sabe cualquier chico de primaria.

Aunque….

Acá tenemos al charlatán de Jacque Fresco diciendo que UN PEPINO siente dolor, por si pensaron que nadie iba a ser tan idiota de creer que las plantas vivas fueran capaces de sentir dolor, acá tienen a un supuesto “cientificista y tecnocrata” diciendo que un PEPINO siente dolor, increiblemente lamentable.

Acá, el pseudo-documentalista y gurú del movimiento Zeitgeist Peter “El Mentiroso” Joshep, diciendo que las plantas sienten dolor y otras bobadas.

Supongamos que las platas si sientan dolor… ¿Es un buen argumento para denotar incoherencia en el no comer animales para reducir el sufrimiento?

Supongamos que si… que las plantas sientan dolor y que comerlas sea algo cruel. Pero… ¿Qué comen los animales de granja? Oh! Plantas… Si nuestra propuesta es disminuir el sufrimiento en la alimentación, comer vegetales sigue siendo algo que reduzca el sufrimiento –y el asesinato- de nuestras hipotéticas plantas sufrientes, ya que al comer vegetales nos alimentamos directamente de ellos y los procesamos para obtener energía. En cambio, si comemos animales estos requieren de una crianza artificial basada en muchísimas otras plantas (aclaro, hipotéticamente sufrientes) así que la producción de dolor seria muchísimo mayor.

Así que no, dejen de repetir ante los vegetarianos el mito de que las plantas sienten dolor, en serio, se ven como idiotas y cualquier niño de primaria que recuerde sus clases de biología podría humillarlos.

Algunas Características del Pensamiento Escéptico 

Nota: En este artículo me referiré con escepticismo al escepticismo metodológico, racional o científico, y no a la vertiente ya casi olvidada del escepticismo radical o sistemático (mal llamado filosófico).

En una cultura donde el pensamiento crítico, paradójicamente, es criticado, es entendible que el escepticismo pertenezca a una minoría. Pocos y nulos son los esfuerzos de los sistemas educativos para promover el escepticismo, y esto se ve claramente en el tipo de sociedad que tenemos: facultades que dan cursos de homeopatía, universidades de psicología repletas de psicoanálisis, librerías plagadas de best-sellers de estilo newage, volantes en la calle con propaganda de psíquicos y astrólogos, intelectuales posmodernos “superestrellas” de la charlatanería como Zizek y Darío Sztajnszrajber, perfiles de Facebook que exhiben todo tipo de hoax[1] de páginas pseudoperiodisticas y un largo etc. Actualmente se saca grandes provechos de la credulidad masiva, desde corporaciones que venden productos fraudulentos como Herbalife – o “HerbaLIE” para los entendidos-, hasta conferencistas ricos que hablan de temas que ignoran  y venden teorías sin respaldo a un público crédulo, y ni hablar de todas las pseudomedicinas y pseudoterapias que juegan con la salud de las personas a cambio de que estas les den un poco de su dinero y confianza. La charlatanería es un negocio multimillonario.  Esto lejos de ser pesimista, lamentablemente es una visión realista de lo que pasa en la actualidad. Pero, ¿Es esto nuevo? No, la  explotación de la credulidad por la charlatanería es tan vieja como el primer ser humano.
Lo que hace una gran diferencia de la credulidad y la charlatanería del pasado, y los mismos en la actualidad, es que en el pasado las culturas  tenían más justificación para sus supersticiones.  Todos nos reímos ahora, de la creencia antigua de que las enfermedades eran causadas por espíritus…. Bueno, no todos, todavía existe gente que cree que se enferma a causa de la magia negra. Pero casi todos. Gracias a que contamos en la actualidad con enormes y fantásticos avances de las ciencias muchas creencias y supersticiones antiguas quedaron atrás. Es fácil pensar porqué los antiguos creían que las enfermedades eran causadas por espíritus, ellos, a comparación de nosotros, no sabían nada.
Así, el conocimiento es una de las principales armas contra la credulidad, la explotación de la ignorancia, la superstición y la charlatanería en general. En la actualidad, a diferencia de en la antigüedad, el conocimiento está al alcance de la mano…. En el mouse por ejemplo. La disponibilidad de conocimiento y los avances del mismo en la actualidad es algo con lo que apenas se soñaba utópicamente en la antigüedad. Pero tampoco hay que creer que solo la información nos va a salvar. Casi tan importante como el conocimiento, es el saber pensar. Por ello, por más que uno se “haya comido todos los libros”, es susceptible de ser engañado. Además de saber y conocer,  es importante tener las herramientas para juzgar lo que sabemos y conocemos –o creemos saber y conocer-.
La enormemente útil herramienta que es el pensamiento crítico y su consecuencia, el escepticismo racional, lamentablemente es algo de minorías. Como decía, no es algo que se enseñe en los colegios por ejemplo. A esta altura parece más que evidente que la rigurosidad del pensamiento fuerte, racional y científico vende muchísimo menos que la superstición, el pensamiento mágico, lo irracional y las pseudociencias. Por esto es cosa de algunos intelectuales y aficionados escribir libros, revistas, blogs o notas sobre lo que entienden por escepticismo.
A todo esto ¿Qué es pensar escépticamente? Para establecer cierta estructura o característica del pensamiento escéptico es necesario apelar a la filosofía, ya que en definitiva, el escepticismo racional o científico es una postura filosófica. Lo que refuta la estrecha y errada visión de que el escepticismo propone a la ciencia superior a la filosofía en general (siendo que la ciencia se vale de la filosofía) o que la filosofía es algo inservible, como proponen algunos escépticos como Mauricio Schwarz. También es errada la idea de que el escepticismo radical, como el de Pirrot, debe ser llamado “filosófico” y el racional “científico”, ya que ambos son filosóficos a pesar de ser opuestos.
La antifilosofía es lamentablemente una enfermedad en constante expansión en los círculos intelectuales de la ciencia. Científicos y divulgadores como el cosmólogo Stephen Hawking[2]  y el físico y divulgador Lewrence Krauss la padecen. De todos modos esta epidemia es fácilmente entendible, basta ver la cantidad de charlatanes que se hacen pasar por filósofos y que enseñan en facultades, venden millones de libros, publican en prestigiosas revistas y opinan sobre temas que ignoran completamente. La enfermedad de la antifilosofía es solo una consecuencia de una enfermedad aún peor, el posmodernismo. Aún así, asumir que la filosofía no sirve porque muchos filósofos son charlatanes es una falacia de composición y una falacia de generalización apresurada. Aunque la filosofía yace en gran parte estancada en el culto a la personalidad, la escolástica, la obsesión por su pasado, el divague oscuro e irrelevante, las trivialidades pseudoproblemáticas y la charlatanería propia del “discurso” de los posmodernistas, en la filosofía aún queda mucho por rescatar y reconstruir.  La epidemia de la antifilosofía se combate más eficazmente haciendo buena filosofía que atacando a los antifilósofos.

El pensamiento crítico sobre el que se sostiene el escepticismo se vale de diversas herramientas filosóficas para poder analizar la veracidad de los enunciados. Como ser por ejemplo, lo que llamo las 3 navajas escépticas. Estas son:
1- Navaja de Hitchens: <Aquello que es ser afirmado sin evidencia, puede ser rechazado sin evidencia>.
2- Navaja de Hume: <Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias>
3- Navaja de Ockahm: <En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta>.

Estas 3 navajas nos servirán para desollar todo tipo de fraudes y engaños. Por ejemplo, nos podemos valer  de la navaja de Hitchens[3] para liquidar tranquilamente todo tipo de dogmas que pretendan inculcarnos. Si no hay evidencias ni argumentos sólidos, no tenemos razón para creer en algo si no queremos engañarnos a nosotros mismos. El escepticismo se caracteriza por apoyar las opiniones sobre las evidencias, y no por anteponer las opiniones a las evidencias.
La navaja de Hume[4] (erróneamente atribuida a Carl Sagan) reafirma la carga de prueba. Con ella podemos degollar cualquier pseudociencia en nuestro camino. Basta pedir a psicoanalistas, homeópatas u otros curanderos evidencias que permitan sustentar tantas afirmaciones extraordinarias para dejarlos expuestos en su fraudulencia.
La navaja de Ockahm[5] es un principio de economía mental, con ella descuartizamos tanto explicaciones exageradamente rebuscadas como hipótesis innecesarias. Podemos tranquilamente matar de una apuñalada la idea de dioses con ella. Si no hay forma de comprobar supuestos dioses existentes y nos debemos de valer de dos hipótesis: que existen o que no, evidentemente lo más racional sería inclinarse por el no. No tiene sentido suponer que existe algo de lo que no tenemos ni pruebas ni argumentos y que además, sabemos que por su naturaleza jamás las vamos a tener. Entre la hipótesis de que existe un ente inmaterial, dueño y creador del universo, invisible, misterioso (por lo tanto incognoscible), todopoderoso, con características humanas aunque sobrenatural y repleto de contradicciones y otras inconsistencias lógicas, y la hipótesis de un universo únicamente natural, es evidente cual cumple con el principio de economía mental. Si dijera que tengo duendes en mi patio, pero que estos son incognoscibles e inmateriales, no tendría forma de no quedar como un supremo ridículo, es sencillamente más racional el hecho de que este delirando o mintiendo.  La navaja de Ockahm también derrumba otras ideas como el solipsismo y la dominación por parte de sociedades ultrasecretas de las que poco o nada se saben. Ambos por ser extremadamente rebuscados. Es mucho más coherente pensar que el mundo existe fuera de nosotros, y un delirio absolutamente egocentrista suponer lo contrario. De todas formas, el solipsismo ya ésta prácticamente extinto. No así la idea de que nos dominan dioses o sociedades ultrasecretas. Ésta última también “peca” de ser exageradamente rebuscada, además de no tener ninguna evidencia que la respalde. Es sencillamente más simple, coherente y por lo tanto sano socialmente saber cuáles son las personas que concentran mayor poder y luchar por quitárselo que suponer que nunca sabremos quienes son, que son seres alejados, recluidos de la sociedad y hasta del planeta, como creen algunos delirantes conspiranoicos. Hay que tener bien en claro que la navaja de Ockahm no es una excusa para simplismos ingenuos, está siempre debe estar guiada por la razón y debe tener en cuenta las evidencias disponibles, no debe interpretarse de modo inocente y pensar que lo más simple es lo correcto, la mayoría de las veces la verdad no es nada simple. Esta navaja se utiliza cuando hay hipótesis en igualdad de condiciones y se descartan las más rebuscadas e insostenibles.

A continuación esbozaré algunas de las características del pensamiento escéptico con ayuda de la filosofía bungeana:

Cosmovisión (ontología) materialista:

El escepticismo se caracteriza por poseer la misma ontología que la ciencia y el humanismo secular, una ontología materialista. Para un escéptico, como para la ciencia, el mundo existe más allá de nosotros y está compuesto por cosas materiales y concretas que responden a leyes, estas son cognoscibles por lo tanto, en general pueden estudiarse y entenderse.
Un materialismo ontológico coherente es sistemista emergentista, es decir, reconoce que todo lo real (tanto fáctico como conceptual) forma parte de un sistema o es un sistema, y a su vez que los sistemas tienden a poseer propiedades emergentes que sus componentes aislados no tienen. Postula también que todos los sistemas se relacionan con otros sistemas, a excepción del universo –ya que por definición, este es todo lo que existe-. (Para ampliar la concepción de sistemismo y materialismo, aquí pobremente explicada, pueden consultar el Tratado de Ontología de Mario Bunge o su obra Sistemas sociales y filosofía. Para una ver leves discusiones a la ontología bungeana, en especial sobre su concepción ontológica del espacio-tiempo, pueden consultar la obra del astrofísico Gustavo Romero).
Para tener un materialismo coherente es necesario dividir la existencia en –por lo menos- dos categorías: existencia real y existencia conceptual. Solo la primera es propiamente real, por lo tanto material, mientras que la segunda son ficciones producto del cerebro; como ser: ideas, números, significados, etc.
En una ontología materialista no se admite la existencia fáctica de energías inmedibles e incomprobables propias del new-age y las religiones, como ser el “chi”, la energía de los “chakras”, la energía “pránica”, la energía “etérica”, el “aura”, el alma, fantasmas, fenómenos “psi”, etc. Siempre que se hablen de energías un escéptico deberá preguntar “¿Qué clase de energías? ¿Cómo las compruebo? ¿Cómo las mido?”, para descartar cualquier intento de atribuir esta palabra a misticismos irracionales inexistentes.  Tampoco se aceptan entes, seres, fenómenos o propiedades que no responden al mundo material y concreto, y que por lo tanto la evidencia de su existencia es nula, esto incluye “universos paralelos” o “dimensiones” indemostradas e indemostrables. En el materialismo no se aceptan ficciones supersticiosas que sirven como intento inviable de explicar lo incomprendido.
Lo contrario a una ontología materialista puede ser una ontología idealista. Una ontología idealista da lugar a entes inmateriales como dioses y espíritus que no pueden ser cognoscibles ni objetiva ni empíricamente, lo cual para cualquiera que goce de un mínimo escepticismo, es disparatado. Sobre este aspecto hay una gran discusión. Principalmente, la de si se puede ser teísta y escéptico. La verdad, yo estoy del lado de los que no consideran que una visión teísta o religiosa propiamente dicha sea compatible con el escepticismo. Ya que los dioses son una afirmación extraordinaria que no posee evidencias extraordinarias. Por lo que entiendo como escepticismo, es algo totalmente contrario a cualquier religión, ya que además de que ninguna religión posee verdaderas evidencias para sus postulados, seguir ciertas creencias religiosas tradicionales conlleva necesariamente a la pseudociencia -por ejemplo, el creacionismo- y, en el caso de todas las religiones y teísmos, al dogma. Desde mi punto de vista, el escéptico debería de criticar la religión y las creencias espirituales irracionales a la par de la pseudociencia.  Un escéptico católico por ejemplo, es un oxímoron, ya que está negando buena parte de la ciencia en favor de creencias sin respaldo.  Ahora, con respecto al escepticismo y los teísmos: el panteísmo o el teísmo de Spinoza (en el cual se encuentran como seguidores personajes como Einstein) si pueden concordar con el escepticismo. Pero estos teísmos no son sino una manera disimulada de llamarse ateo. El teísmo de Spinoza considera a Dios como “la suma de todas las leyes del universo” algo que concuerda con el materialismo ontológico. Éste “Dios” no es más que un invento de Spinoza, una deformación del término, no es un verdadero teísmo. Al igual que el panteísmo, considerar a Dios como el universo también es algo materialista, y no es algo que concuerde con la definición de Dios como algo personal e inmaterial.
Muchos escépticos no quieren tocar el tema de la religión y el teísmo por intereses demagógicos, si ellos se ponen críticos de la religión, van a perder seguidores religiosos que critican las pseudociencias. Esto a mi parecer es deplorable. Ya que no hay diferencia entre hacer eso y amigarse con la homeopatía y el psicoanálisis para ser más a la hora de combatir el posmodernismo o algún otro fraude.
Otro argumento muy falaz es del de por ejemplo decir: “Newton era religioso”. Nombrar científicos religiosos (o incluso otros escépticos famosos) no dice nada del escepticismo. Una cosa es ser científico y otra escéptico. Un científico puede comprar flores de Bach, rezar y leer a Rhonda Byrne creyéndole todo, y a la hora de trabajar aplicar el escepticismo metodológico. Ser científico no es lo mismo que ser escéptico. Es solo una falacia de autoridad, pero merece ser aclarado.
También en esto entra otro gran problema: muchos critican esta visión diciendo que vuelve al escepticismo una secta, y que es inmoral dejar de lado a alguien de una definición por no cumplir un requisito, supuestamente dogmático. Esto es igual de absurdo que ofenderse por decir que un ateo Hare Krishna no es un verdadero ateo a pesar de que no cree en el Dios cristiano. Una persona que se hace llamar por el adjetivo de un movimiento intelectual debe ser consecuente con lo que dice estar de acuerdo, si dice aplicar el pensamiento crítico por no creer en la ufología pero cree en Visnú estamos evidentemente en presencia de un sesgo cognitivo de tamaños monumentales. En definitiva, como todo dentro del escepticismo, este es un punto abierto a discusiones.

 Gnoseología realista critica:

“No hay nada bello sino es lo verdadero; sólo lo verdadero merece amarse”.
Boileau

El escéptico racional sabe que la verdad puede conocerse y que hacerlo es importante, él mismo es un defensor de la verdad. Ésta es la diferencia principal con el escepticismo dogmático y radical que alega que nada puede conocerse o que no hay certezas de nada. De hecho tienen certeza de ello, por lo tanto están en una contradicción lógica. Lo mismo pasa con los relativistas, si “todo es relativo”[6] también su premisa es relativa y por lo tanto carece de sentido.  La gnoseología subjetivista y relativista es anticientífica, irrealista, irracional y falsa, una antítesis y enemiga de la objetividad buscada por el escepticismo racional y la ciencia.  Los subjetivistas y relativistas no dudan que  sí arrojamos un objeto al aire cae al suelo por la gravedad, que el sol saldrá todas las mañanas, o que sí dejan de comer se van a morir, solo dudan de lo que no entienden.  El escéptico posee una gnoseología realista porque sabe que la certeza y la verdad (provisional y refutable) existen y son posibles. Dejar de interesarse por la verdad es caer en lo más bajo de la condición humana, es ser un ente indiferente sobre el mundo que lo rodea y por lo tanto, perder todo lo interesante del vivir humano.  El conocer y conocerse es lo que más exalta la condición humana.  Es por eso que el escepticismo es tan importante para un humanismo secular completo.
El escepticismo coherente a pesar de ser realista no es realista ingenuo, sino realista crítico. Esto es, asume que la verdad es perfectible y que el mundo no es como lo percibimos por nuestros sentidos, es decir: el mundo real independiente de seres que lo perciban no es ni frio, ni caliente, ni tiene colores, ni olores, ni sonidos hablando con el mayor grado de objetividad posible. Estas son solo ilusiones creadas por nuestros sentidos. El mundo captado por nuestros sentidos no es el mundo tal cual es, esto es bastante difícil de asumir cuando se pretende la mayor objetividad posible, aunque no es un límite a la objetividad sino un gran acercamiento a ella. Claro que la luz como fenómeno electromagnético existe, y que al rebotar en ciertos materiales refleja ciertas longitudes de onda que pueden ser percibidas por nuestros ojos, pero aun así los colores como los conocemos son ilusiones de nuestros sentidos producidas en nuestro cerebro, no existen más allá de seres que los perciban (queda claro que la luz como espectro electromagnético si existe más allá de quienes la perciben). Una buena muestra de que el mundo no es tal cual como lo percibimos es la existencia de espectros de luz invisible, como la infrarroja, que existe a pesar de que no podamos percibirla directamente (aunque si de modo indirecto). Tampoco existen los olores, si existen partículas dispersas en el aire, pero la sensación que nos producen es propiamente sensorial, las partículas en sí mismas no tienen olor como lo conocemos. Y sobre el sonido lo mismo, aunque a través del conocido dilema del “si un árbol cae y no hay nadie que lo escuche, ¿hace ruido?” se siguen presentando confusiones entre pensadores críticos que afirman que el ruido es evidente, cuando  no lo es.  Por ejemplo, el escéptico David Osorio publicó una entrada en sus blogs (en la que además desprecia a la filosofía) muy seguro de que el ruido al ser ondas que se propagan, el dilema se resuelve diciendo que sí hay ruido. El problema es un tanto más interesante que esto visto desde el realismo crítico, ya que nadie duda del hecho de que las ondas si se produzcan, el problema está en cómo se define ruido, si nos referimos con ruido a las ondas en sí si se produce, pero si nos referimos con ruido a nuestra percepción del ruido, y por ende, al ruido como lo conocemos en la vida cotidiana, claro es que no.  De todas formas Osorio aprovecho para hacer una crítica muy necesaria a los charlatanes que afirman que todo una construcción social o una ficción al estilo Matrix. Esto claramente es un delirio.
Postular que el mundo no es tal cual lo percibimos no es para nada proponer que el mundo es una construcción social como afirma grandilocuente el charlatán de Bruno Latour (el que pasó vergüenza con el caso de la momia de Ramses). Si todo fuera una construcción social, las sociedades que construyen la realidad también serían una construcción social lo cual lleva a una contradicción lógica irremediable, ya que sería como construir un martillo usando ese mismo martillo. La realidad existe independientemente de quienes la perciban y de cómo la perciban.
Otro punto del realismo crítico a tener en cuenta es la concepción gradual de la verdad y la objetividad, donde los grados máximos absolutos o son muy difíciles o no existen.  La posibilidad de la verdad fáctica absoluta es un problema filosófico muy interesante, me inclino por el momento a pensar que o no existe o es extremadamente difícil. Aun así el hecho de que no exista la verdad absoluta no quiere decir que la verdad no exista, si existe la verdad gradual, provisional y perfectible, y la ciencia es la mejor forma de acercarnos a ella en lo que refiere a sus campos de estudio. Esto nos da una enseñanza de humildad que nos lleva a revisar constantemente lo que atribuimos como cierto o verdad. Podemos estar equivocados, esto es algo que debe quedar claro para todo escéptico.

Honestidad intelectual:

“El hombre que no cambia de opinión es como agua estancada; engendra reptiles del espíritu” William Blake

El objetivo del escepticismo debe ser siempre la búsqueda desinteresada de la verdad. Por esto es muy necesaria la honestidad intelectual. En el caso de que alguien que se proclame escéptico esté equivocado, debe reconocerlo y cambiar de opinión. No debe basarse en falacias conscientes o mentiras para ganar discusiones. Esto solo lo vuelve un dogmático arrogante.
Queda así claro que para un escéptico la verdad es prioridad, y que en el momento en que esta entre en conflictos con sus creencias o preferencias personales, este debe dejar todo de lado para asumirla sin importar las consecuencias.  La verdad rebelada a través de los hechos y la razón es para todo hombre ilustrado la guía con la cual marcar el sendero de su intelecto. El hombre que rechaza los hechos por cualquier motivo personal, sea ideológico, religioso o de conveniencia ya sea económica o de otro tipo, no es digno de llamarse escéptico, ni tampoco moderno o ilustrado.  Mantener creencias personales inmunes a la crítica no es algo compatible con el escepticismo. La honestidad intelectual requiere el gran sacrificio de amar la verdad por sobre todo aspecto personal que interfiera su paso. Como también defenderla y difundirla siempre estando abierto a la crítica.

  Empirismo y Racionalismo moderado (racioempirismo):

El escéptico reconoce que el conocimiento progresa tanto con razonamientos lógicos como con la experiencia; todas las hipótesis fácticas se deben probar empíricamente con ayuda de la razón, y de esta forma se conoce su veracidad. El escepticismo viene a renacer el pensamiento ilustrado mediante el cual la humanidad se libera de las tinieblas mediante el uso de la razón.

Cientificismo blando:

El escepticismo valora la evidencia científica por sobre cualquier anécdota, opinión o superstición popular. Todo hecho factico se conoce mejor de manera científica. Para poder valorar la investigación científica correctamente, y diferenciar la ciencia de la pseudociencia, la protociencia, la ciencia fallida, la malaciencia, etc. es necesario entenderla, por lo tanto se necesita saber cómo se procede a realizar una investigación científica correctamente. Este punto genera necesariamente otro que es el de saber o interesarse por la ciencia y también por la filosofía de la ciencia y la epistemología. La epistemología es uno de los pilares del escepticismo ya que es la disciplina que se encarga –entre otras cosas- de clasificar el conocimiento, indispensable para saber diferenciar que es ciencia y que es pseudociencia.  Éste cientifismo es “blando” a diferencia del “duro” que exclama que el único conocimiento que vale es el científico. Esta premisa no es científica, sino filosófica,  así que el cientificismo duro es falso por su inconsistencia lógica. Además, el conocimiento de “en éste momento en mi heladera hay tomates”, puede ser verdadero sin ser científico. Los cientificistas duros se caracterizan por ser antifilosofía, y criticarla usando argumentos filosóficos. Un escéptico inteligente no cae en esta postura idiota, sabe que hay otros conocimientos que son válidos además del científico, pero en los campos de problemas y preguntas que la ciencia abarca, siempre las mejores respuestas proceden de la ciencia misma.
También, como dicen Allan Sokal y Bricmont[7]: “Es perfectamente legítimo recurrir a la intuición o a la literatura para obtener algún tipo de comprensión, no científica, de aquellos aspectos de la experiencia humana que escapan al menos por el momento a un conocimiento más riguroso”.

Dudar de todo lo que merezca duda:

Se sabe que la duda es uno de los principales motores del escepticismo. Un escéptico debe dudar racionalmente de lo que se le plantee como verdad fáctica, y comprobar si se merece la etiqueta de “verdad”. Como ser noticias,  afirmaciones de gente con poderes paranormales, etc. Pero la duda debe ser guiada por la razón. Un escéptico no puede (y no tiene porque) dudar de todo, todo el tiempo, porqué sí. Por ejemplo, no le pedimos evidencia a un amigo nuestro que nos viene emocionado a contar que se besó con la chica que le gustaba, ni el escéptico más tedioso lo haría. La duda en el escepticismo científico es racional, no sistemática, y es lo que diferencia del escepticismo radical. Llevar la duda demasiado lejos puede enfermar psicológicamente, y no es una forma de construir conocimientos, sino de negarse a aceptarlos.

Buscar siempre la claridad

Lo ideal es pensar y expresarse siempre con claridad y rigor, evitar la oscuridad innecesaria, las vaguedades y las confusiones. Tanto para debatir como para redactar textos de escepticismo se recomienda siempre buscar la mayor inteligibilidad y exactitud posible. La claridad es propia del pensamiento racional ilustrado, mientras que la oscuridad y confusión deliberada es propia de los charlatanes que buscan ocultar su falta de ideas y aparentar una intelectualidad que no tienen. La primera señal para saber si verdaderamente entendimos algo, es que lo podemos explicar de forma clara, de forma que cualquiera lo pueda entender.

 Valorar la lógica y el buen debate:

Para evaluar correctamente los argumentos y establecer un buen debate, algo esencial en el escepticismo, se necesita saber de lógica. El debate es esencial para contrastar ideas y ver cuáles son las mejores, para así poder adoptar las sometidas a análisis  y descartar las erróneas y refutadas.   Un ejemplo de lógica que siempre se debe tener en cuenta un escéptico es que “correlación no implica causalidad”.

No aceptar ciegamente lo que provenga de la autoridad:

Condición necesaria si se entiende el punto anterior, pero que merece ser aclarado.  Las autoridades siempre se equivocaron y no son fuentes confiables de la verdad. El escepticismo evalúa la veracidad de los postulados más allá de quienes los presentan. La ciencia tiene esta premisa como lema, en cambio, la pseudociencia tiene como pilar fundamental el hecho de aceptar lo que dicen las autoridades. A saber, si un Nobel, científico o escéptico respetado en cualquier campo abala una pseudociencia, eso no la hace ni ser verdadera ni funcionar.

Siempre evitar el dogmatismo:

“Un escéptico es alguien que lejos de aceptar todo lo que le dicen, o lo primero que se le viene a la mente, duda. Si se trata de un nuevo dato, el escéptico echa un vistazo al modo en que fue obtenido, o incluso intenta reproducirlo; si se trata de una nueva generalización, busca contraejemplos; si se trata de un nuevo procedimiento, revisa su eficacia; si se trata de una norma de conducta, examina tanto su compatibilidad con otros principios como la consecuencia de su aplicación, etc. En cambio el dogmático se aferra a lo que considera sabiduría heredada infalible. En resumen, la marca distintiva del escéptico es el escrutinio, en tanto la del dogmático es una aceptación ciega e un igualmente ciego rechazo” Mario Bunge.
Un dogma es una supuesta verdad sagrada no sujeta a revisión, que no necesita justificación racional, que no puede ser criticada, y en el caso de ser criticada correctamente, no se la abandona. Para el escepticismo no hay verdades sagradas, sino provisionales, cuestionables y refutables, todo lo que el escepticismo propone debe ser justificado. Caer en el dogmatismo es casi el peor error de cualquier persona, algo digno de falta de inteligencia. El escéptico debe tomar el camino opuesto.

Contrastar información:

Siempre que se presenta una información como cierta, un escéptico debe buscar un contraejemplo (si es una generalización), una refutación o una crítica. Es importante contrastar la información que se nos brinda, escuchar “las dos campanas”, y así poder analizar y discernir con ayuda de un agudo pensamiento crítico y la investigación que se requiera que postura es la correcta.  Es importantísimo para el escéptico realizar investigaciones profundas y evitar sesgos, el rigor investigativo debe ser una de las más grandes virtudes del que se proclame escéptico.

Combatir la pseudociencia y la superstición:

Punto básico del escepticismo. La pseudociencia es dogmática y por ser tal, no pudo demostrarse como verdadera. Si no pudo ser probada como verdadera y se defiende como tal sacando provecho de los que se la creen, es inevitablemente un fraude. Un escéptico debe aprender a diferenciar las pseudociencias y combatirlas, siempre con buenos argumentos y honestidad intelectual.  Este punto está muy vinculado a la ética, la pseudociencia es abiertamente inmoral y el acto de combatirla es un acto moral.

Cuestionar tanto como las pseudociencias y los fraudes espirituales, los embustes del posmodernismo filosófico:

El posmodernismo filosófico no es un mal menor, es igual o peor que las pseudociencias y en muchas ocasiones su sustento filosófico. Por ejemplo, las grandes bases del new-age actualmente tienen origen en el pensamiento posmoderno.
El posmodernismo es totalmente antagónico a todo lo que busca el escepticismo racional: es anticientífico, antihumanista, irracionalista –por lo tanto dogmático-, oscuro y ambiguo,  antiprogresista, relativista, irrealista, etc. Es necesario conocerlo y tener las herramientas conceptuales de la filosofía analítica para criticarlo y refutarlo.

Humanismo secular

Muchos escépticos renegarían del hecho de atribuir una ética al escepticismo, sin embargo yo sostengo que el escepticismo está íntimamente relacionado con la ética del humanismo secular, es más, sostengo que el humanismo secular y el escepticismo están completa e íntimamente relacionados.
El escepticismo tiene dos vertientes; el escepticismo militante y el escepticismo personal. Me gustaría hacer un cierto elogio del primero ya que este expone su esencia humanista. En cambio el escéptico personal no está verdaderamente comprometido con el escepticismo, el escéptico antisocial que se guarda sus dudas únicamente para sí de modo ultraindividualista no forma verdaderamente parte del movimiento escéptico. Un escéptico militante es el que se preocupa por la verdad y trata de defenderla y difundirla, siempre mediante medios intelectuales (revistas, blogs, charlas, debates, etc.). La importancia de proteger lo que se considera verdad es absolutamente ética, un verdadero escéptico se preocupa por lo que la sociedad considera como cierto (a diferencia de los posmodernos a los que todo les da igual) porque sabe que los errores y las mentiras son peligrosas para el resto. La verdad es realmente importante, si hubiera mayores escépticos militantes el negacionismo del SIDA y de la vacunación no se hubiera llevado tantas víctimas. Ni estafas como el psicoanálisis, Herbalife y los libros Depaak Chopra tanto dinero. Los errores en cualquier aspecto pueden llevar a todo tipo de consecuencias negativas, desde daños económicos hasta la muerte. La estupidez humana es muy peligrosa, tanto como para acabar con nuestra especie (y todas las demás). Como dice Tabori “La estupidez es el arma más destructiva del hombre, su más devastadora epidemia, su lujo más costoso”. Cualquier persona con un poco de moral sabe que una persona equivocada merece ser educada y corregida. Siempre y cuando, esto se practique con cierta paciencia, respeto -en los casos en que se los merezcan- y honestidad intelectual.
Así también me gustaría elogiar al escepticismo que no se cierra en las cuestiones más inofensivas  del pensamiento irracional, como ser los fenómenos OVNIS o las pseudociencias como el reiki y la astrología, sino que ataca las pseudociencias que más dañan a la sociedad: las pseudociencias sociales como las escuelas libertarianas de economía (la Escuela de Chicago y la Escuela Austriaca por ejemplo) y las pseudociencias sociales en las que se basan las políticas de derecha, ya que éstas, junto con las pseudociencias de la salud, presentan un peligro aún mayor al bienestar de la sociedad. Escepticismo es humanismo.

Estas son solo algunas características del pensamiento escéptico. Un desarrollo más completo y conciso llevaría varias páginas, el cual, tal vez quede para otra ocasión.
Con estos requisitos, se puede deducir que el escepticismo racional es una postura filosófica y un movimiento intelectual en la cual se cuestionan las afirmaciones carentes de pruebas suficientes, que se opone a las pseudociencias,  pseudofilosofías y toda creencia que vaya contra la evidencia empírica, el racionamiento lógico y el conocimiento científico. Un escéptico evalúa cualquier afirmación basándose en la evidencia, la verificabilidad, falsabilidad, reproducibilidad, el sentido lógico y el consenso científico, en lugar de aceptar afirmaciones o teorías basadas en fe, anécdotas dudosas, fuentes poco veraces o confiar en  hechos/afirmaciones infalsables  incomprobables, autoridades o dogmas.

El escepticismo es una sana y necesaria rebeldía, la rebeldía del que duda contra el que adoctrina y engaña. Una sólida inteligencia debe apoyarse siempre en la incredulidad, sostengo que el escepticismo es la forma más refinada de incredulidad, y una de las formas más inteligentes de rebeldía.

Notas:
[1] Termino que refiere a noticias falsas, inventadas.

[2] A pesar de su postura antifilosófica expuesta en frases rimbombantes como “la filosofía ha muerto”, Hawking se declaró positivista, lo que termina por demostrar que no tiene ni idea de filosofía

[3] Ideada por Christofher Hitchens

[4] Ideada por David Hume.

[5] Ideada por Guillermo de Ockahm.

[6] Hay muchos incultos que creen que la teoría de la Relatividad de Einstein prueba que “todo es relativo”. Una muy graciosa confusión. Las teorías de la relatividad tratan sobre velocidades cercanas a la de la luz, efectos de la masa, el espacio-tiempo y una serie de temas muy complejos que nada tiene que ver con éste disparate filosófico.

[7]En Imposturas Intelectuales

Papá Noel contra el Pensamiento Crítico

Divagando en defensa  de la ciencia, la razón,  el escepticismo y el pensamiento crítico.

Para desgracia de nuestra especie, desde chicos pretenden acostumbrarnos a las mentiras. Abusándose de la inocencia primitiva de la niñez, algunos padres -oportunistas de la credulidad- adoctrinan a sus hijos en lo que sería la creencia en los primeros fraudes. Si, la creencia en Papá Noel,  los Reyes Magos, el Ratón Pérez, etc. ¿Tiene alguna utilidad estos engaños? No, a algunos adultos parece gustarle engañar a los niños, que estos sean crédulos, que no los cuestionen y que no critiquen. Creen divertido sembrar creencias irracionales en las mentes de los niños ya que son territorio fértil para los engaños -aunque esto no sea característica exclusiva de la edad infantil-.  Incluso algunos programas infantiles incitan a la credulidad desmedida, a creer en cuentos de hadas y en la magia. A los adultos generalmente les parece inofensivo, aunque en realidad es bastante funesto, me explicaré más adelante.

Cierto es que el pensamiento infantil es primitivo, se deja llevar por la intuición, es engañable fácilmente y básicamente irracional. Incluso las familias religiosas aprovechan  -mejor dicho, abusan- de la inocencia infantil para heredarles sus creencias ridículas. El desarrollo de la inteligencia infantil es casi análogo con el desarrollo del pensamiento humano a lo largo de la historia. El pensamiento operatorio formal, lógico y de razonamiento científico en los niños se comienza a desarrollar más o menos entre los 11 y los 15 años de edad, casi culminando el desarrollo de la inteligencia[1]. El hombre primitivo era totalmente crédulo, irracional y supersticioso. Se puede decir que el pensamiento crítico es joven, nació más o menos en Grecia y la India hace 26 siglos. Comte, filósofo positivista (vale aclarar que el positivismo no se usa ni se usó en ciencias ni tiene relación con el cientificismo como se lo conoce actualmente, pero de esto hablaré más adelante) en su “ley de los 3 estados” o “ley de la evolución intelectual de la humanidad” había declarado que nuestras especulaciones tienen que pasar inevitablemente, lo mismo en el individuo que en la especie, por tres estados teóricos diferentes. El teológico, el metafísico y el positivo (o científico), en éste último radica el régimen definitivo de la razón humana. Siendo los 2 estados anteriores al científico  tanto indispensables como inevitables,  ya que sirvieron de transición para llegar al estado científico. Sin los estados anteriores de filosofías primitivas no hubiera sido posible que la inteligencia humana salga de su torpeza inicial, ya que sirvieron de alguna manera para permitir la preparación gradual de un mejor orden lógico, al darse cuenta el humano, que estos eran anteriores eran inútiles. [2]

Esto no quiere decir que el pensamiento irracional sea exclusivo de los niños y antiguos, también es característico de los posmodernos y los supersticiosos. Por otro lado, nuestro cerebro, se puede decir, casi está “programado” para ser irracional, ya que el pensamiento racional es difícil y requiere un mayor esfuerzo consciente. De todos modos es el privilegio de la humanidad. El pensamiento racional, lógico y crítico es algo digno de mentes desarrolladas. El escepticismo, el pensamiento crítico, la duda  y la incredulidad es característica de inteligencia; mientras la credulidad bruta y la superstición son dignas de mentes primitivas. No era nada difícil engañar a un hombre antiguo: básicamente todo era mágico, sobrenatural, causal, etc.  El hombre primitivo se caracteriza por poseer lo que se llama “pensamiento mágico”.

El pensamiento mágico es una forma de pensar basada en la fe, la imaginación, los deseos, las emociones o las tradiciones que generan opiniones carentes de fundamentación lógica. Dentro del pensamiento mágico se encuentran la creencia en la magia y en todo lo esotérico, las religiones, las pseudociencias, la superstición en general y las tradiciones.  El pensamiento mágico es dogmático, irracional, e inútil, solo sirve para confundirse y distraerse de lo real. Es una plaga que se instala en las mentes crédulas e ignorantes, incapaces de hacer análisis lógicos, o exigir evidencias y veracidad. ¿Cómo evitar caer en el pensamiento mágico? Hay una forma de pensamiento contraria a la credulidad desmedida del pensamiento mágico y por lo tanto básico para combatirlo. Es el pensamiento crítico. Prácticamente, es un proceso mediante el cual se usa el conocimiento y la inteligencia para llegar a la posición más razonable y justificada sobre un tema. Usar el pensamiento crítico significa pensar por uno mismo, y pensar bien, no aceptar las ideas que nos llegan a priori. Es la herramienta para exigir conocer y analizar los argumentos a favor y en contra de algo, para poder elegir si estar a favor o en contra, si es verdadero o falso, deseable o no, etc. Es lo opuesto al dogmatismo. Un dogma es una creencia individual o colectiva no sujeta a prueba de veracidad.  El pensamiento crítico es un proceso de análisis en el cual uno evalúa basándose en la firmeza de los argumentos o en las pruebas demostrables sin dejarse convencer por autoridades o dogmas irrefutables. No es “creer por creer”, sino exigir demostración, como lo hace el conocimiento científico. Esto es lo que lo hace superior al pensamiento mágico-religioso. Mientras en estas es esencial la creencia o “fe” dogmática por sobre todo, el pensamiento crítico se basa en el análisis, la exigencia de evidencias, de lógica, de datos contrastables, de objetivismo (objetivismo de “ser objetivo”, no del “objetivismo” de Ayn Rand), de argumentos sólidos, en la evaluación de las fuentes de información, en la precisión y en la claridad. No permite que se consideren los fraudes como verdades, es enemiga de la mentira. Para la búsqueda de la verdad, de lo objetivo, es esencial. “Una señal inequívoca del amor a la verdad es no sostener ninguna preposición con mayor seguridad de las que garantizan las pruebas en la que se basa” decía J. Locke. Se puede apreciar constantemente como la subjetividad de argumentos emocionales, lo irracionalidad absoluta, la superstición, el dogmatismo religioso y el pensamiento mágico en general es tosco e inútil para explicar el mundo, por lo tanto; fácilmente es una fábrica de mentiras, y la mayoría de la gente creo que no lo gustan las mentiras, aunque igual las aceptan mientras pasan desapercibidas.

En plena relación con el pensamiento crítico se encuentra el escepticismo científico. Esto es básicamente, una posición práctica en la cual se cuestionan las afirmaciones carentes de consistencia lógica y pruebas suficientes. Es la postura filosófica  y científica que se opone a las pseudociencias,  pseudofilosofías, religiones y toda idea o sistema de creencias que vayan en contra del razonamiento lógico y el conocimiento científico. Un escéptico (del escepticismo científico, no confundir con el escepticismo radical o integral[3]) evalúa cualquier afirmación basándose en la verificabilidad, falsabilidad, reproducibilidad, y en el consenso científico, en lugar de aceptar afirmaciones o teorías basadas en fe, anécdotas dudosas, fuentes poco veraces o confiar en hechos/afirmaciones infalsables o incomprobables. Así, el escéptico es el auténtico rebelde humanista, es el que dice las verdades que muchos no quieren escuchar.
El escepticismo tiene como lema la Navaja de Sagan, esto es la consigna: “afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias”.  El escepticismo científico es la madurez de la incredulidad. Dentro de la mira de los escépticos se encuentran fraudes como la homeopatía, teorías de conspiración, abducciones extraterrestres, milagros, reiki, mística cuántica, psíquicos, parapsicólogos, astrólogos, videntes, psicoanalistas, religiones, etc. El escepticismo en realidad no rechaza estas ideas a priori, automáticamente, sin razón, esto sería igual de dogmático que el pensamiento mágico al que se opone. Sino que sostiene que fenómenos extraños, “paranormales”, o afirmaciones hasta el momento pseudocientíficas deberían poder ser examinados crítica y objetivamente y reunir así contundentes pruebas a su favor, antes de lograr ser aceptadas como verdaderas. Mientras tanto, las consideran como falsas o incomprobables.
Que el pensamiento mágico siga siendo parte de la sociedad actual, se debe en gran parte a la poca difusión del pensamiento crítico, del escepticismo y de la ignorancia de la gente por parte de la poca difusión que existe de las ciencias, la lógica y la buena filosofía. Si la ciencia, su método y su filosofía fuera accesible, popularizada y entendida, no habría lugar para los timos irracionales. “Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización” Carl Sagan.

También es cierto que el pensamiento crítico para ciertos sectores es peligroso. Un pensador critico exige a un psicoanalista que demuestre la efectividad del psicoanálisis ante problemas mentales; exige a un astrologo que explique como la energía de un astro a millones de años luz de distancia tenga influencias sobre la personalidad;  exige a un neoliberal que pruebe que el libre comercio elimina la pobreza, etc. Si el pensamiento crítico fuera popular  los políticos estarían limitados de hacer lo que les plazca; los psicoanalistas se quedarían sin trabajo; los astrólogos no venderían más revistas;  las iglesias se vaciarían. Al parecer a muchos no parece convenirles su expansión, aunque esta fuera un logro para la búsqueda de la verdad, es decir, un logro para la especie humana.

La creencia ciega en supersticiones, religiones,  timos sobrenaturales e ideologías vulgar estafa  como el nacionalismo son potencial y explícitamente nociva para el desarrollo humano. Basta ver las consecuencias de las Guerras “Santas” y demás masacres religiosas, la cantidad de gente muerta por la pseudociencia del negacionismo del SIDA en África[4], la cantidad de gente que por creencias se opone a tratamientos médicos, la cantidad de gente que rechaza las ciencias que se oponen a sus creencias religiosas-místicas, la gente que se opone al progreso de la tecnología, las consecuencias de la irracionalidad filosófica, como por ejemplo, en la fomentación del nazismo, la  cantidad de gente que es estafada por el fraude del psicoanálisis, del reiki y de Herbalife, etc. Es evidente que la estupidez tiene su precio. La humanidad siempre se vio gravemente azotada por el irracionalismo, principalmente en dos eventos sumamente trágicos y emblemáticos del pensamiento mágico, la Inquisición y el nazismo. La Inquisición fue la manifestación de la irracionalidad religiosa por excelencia, el momento en que el catolicismo demostró su esencia de forma más sincera y directa. El nazismo, como dije más arriba, también fue fruto del irracionalismo filosófico. Como dice Roberto Augusto “No es casualidad que Hitler y sus seguidores fomentaran y cultivaran con fervor todo tipo de pseudociencias y formas del pensamiento mágico, como el llamado ocultismo. (…) Ninguna de las ideas en las que se basó ese régimen resiste un análisis racional serio. Pero eso no les importó a sus seguidores, que cayeron seducidos por el triunfo de nuestras pulsiones más oscuras y primarias, por sobre el pensamiento racional y científico. Cuando la razón fracasa la barbarie triunfa.”[5] (Imposible decirlo de manera más clara que con sus palabras).  Por lo tanto, como humanistas seculares, para exigir un progreso social, es esencial y ético promover tanto  el pensamiento racional y crítico como el escepticismo científico, para así ponerle freno a las consecuencias de la credulidad y la irracionalidad que tanto nos aqueja como especie.

La irracionalidad es dogmática. El irracional rechaza el debate, pretende que se le crea y acepte sin discusión, es un opositor al pensamiento crítico, hace afirmaciones o negaciones sin jamás fundamentarlas. Es por esto que no siempre el humano es un ser “racional” como diría Aristóteles, solo algunos nos esforzamos en serlo. Que seamos racionales depende no solo de la circunstancia sino del esfuerzo que pongamos por alcanzar mayor la racionalidad, que es mayor humanidad.  La ciencia y su filosofía no son dogmáticas, la misma característica de falsabilidad lo demuestra (si una teoría se demuestra falsa, esa teoría se anula como cierta). Lo que sí, son estrictas, lo cual frustra a los charlatanes que no pueden formar parte de este círculo con doctrinas absurdas, y por ello, tienden a desacreditarla. Donde hay anti-ciencia hay gente frustrada, la ciencia les expone su fraudulencia, y por ello se ponen en su contra. Para los charlatanes es duro que tras años y años de mantener una creencia  vengan  científicos o divulgadores y se la derrumben con estudios y evidencias, es esa la razón de que esté de moda la anticiencia en esta era de newage y posmodernismo. Al ser estricta deja de lado y aplasta toda creencia sin bases, sin argumentos, sin evidencias y sin comprobabilidad. Su método y filosofía tiene filtros que mantienen el conocimiento siempre lo más puro posible. Y los charlatanes al no formar parte del conocimiento científico lo que les queda es o seguir haciéndose pasar por ciencia, cayendo en la típica pseudociencia, u oponerse y considerarse “mejor”, mas “progresista”, y más “amplio”. También muchos anticientíficos, sobre todo los posmodernos, adoptan dicha postura porque les ahorra el gran esfuerzo de estudiar ciencia y de entenderla, ya que para confeccionar su confusa e insípida filosofía no la necesitan, les basta con hacer acrobacias del lenguaje sin tener ninguna idea firme o clara, ni siquiera dependen de la lógica y la razón, puesto que cualquier incoherencia será aplaudida por los incautos esnobistas que la consumen.

Un principal factor que llevó a la moderna anticiencia fue el gran y estúpido error de confundir ciencia, tecnología y técnica (especialmente en ciertos sectores progresistas-posmodernos, pero sobretodo en los primitivistas). La ciencia solo se encarga de conocimientos teóricos, estos después pueden servir de base para desarrollar técnicas y tecnologías. Hay gente que cree que son científicos quienes hacen las bombas nucleares y las armas por ejemplo, y no es así. Los encargados de la parte práctica son los técnicos y tecnólogos, ingenieros, diseñadores, inventores y fabricantes. Ellos se involucran en la fabricación/construcción de  armas, o demás artefactos, que pueden o no ser potencialmente nocivos para el hombre. Los científicos solo se limitan a los conocimientos teóricos, la ciencia no requiere tanta regulación, la técnica y tecnología si, ellos son los que deberían involucrar más la ética en sus trabajos. Claro que un científico puede también ser inventor o técnico, pero la ciencia no se encarga de inventar diseñar tecnologías, sino de explicar y descubrir. El posmodernismo anticientíco de posguerra es el mejor ejemplo de esta confusión, mientras que antes el miedo a la ciencia provenía de la amenaza que ésta era para la hegemonía religiosa, el miedo actual de la ciencia parece provenir de una extraña y por demás falsa y reaccionaria asociación de tecnología=ciencia. Y en los casos más extremos: ciencia=capitalismo, capitalismo=racionalidad (véase por ejemplo, José P. Feinmann), guerras=progreso científico, y demás absurdos arbitrarios. Un personaje que generó un gran daño a la conciencia general de la gente sobre la ciencia fue Feyerabend, icono posmoderno y creador del anarquismo epistemológico; según el cual da lo mismo la magia que la física. Feyerabend se oponía a la rigidez de la ciencia creyendo que esto era alguna forma de “opresión” o algo por el estilo. Este fue además un daño de tremendas magnitudes para el movimiento anarquista, ya que el mismo se consideraba anarquista como la mayoría de sus seguidores. La anarquía siempre fue y deberá ser amiga de la ciencia. Desde Kropotkin, Bakunin y Goldman los anarquistas defendieron el conocimiento científico y su filosofía, ya que acercarnos a la verdad es los que nos hace libres.

Los defensores de la ciencia suelen ser, y con mucha frecuencia, calificados de “positivistas”. Claramente la gente que intenta desprestigiarlos con ese adjetivo no tiene idea de filosofía de la ciencia actual, e ignora por completo que el cientificismo nada tiene que ver con el positivismo. El positivismo es una escuela muerta, la ciencia y el pensamiento científico no se basan ni se basaron en el positivismo. Mientras Comte decía que era imposible estudiar la composición química de las estrellas, Fraunhofer empezó, con éxito, a usar su espectroscopio para averiguar la composición química del sol. Los sistemas filosóficos que utiliza la ciencia son, por ejemplo, el racioempirismo, el hilo-realismo y el realismo científico, y nadie intenta desprestigiar un cientificista acusándolo de “racioempirista” o “realista científico”. Aunque el positivismo tuvo -tal vez- cierto aporte a la filosofía,  es obsoleto. No es completo ni útil para aplicarlo a la ciencia. El positivismo  conservó la idea kantiana de que la realidad es sólo lo que percibimos y que no existe nada detrás, se limitó a observar fenómenos y no a conocer sus causas. Para la filosofía positivista el evolucionismo no sería científico, ya que es un fenómeno que no puede ser observado de forma directa –al menos que tengamos un observador que sobreviva miles de millones de años-, ni tampoco la física cuántica, el positivismo es un gran limite al cientificismo.  Desde luego, hay muchas filosofías peores, como el hegelianismo por ejemplo. En fin, calificar a alguien cientificista de positivista es plena ignorancia científica y filosófica. Mucha gente tiene este curioso miedo al positivismo porque durante su auge puso en jaque a todos los teólogos de las universidades, la fobia al positivismo es en gran parte un residuo religioso. Los que repiten el dogma anti-positivista sin saber siquiera lo que significa son, en gran medida, los que absorbieron la influencia directa o indirecta de los teólogos, de los marxistas más autoritarios y de los partidarios del más acérrimo irracionalismo, principalmente nietzscheanos, heideggerianos y hegelianos. Ya que estas últimas escuelas recibieron merecidas críticas de los positivistas.

Dentro de los ámbitos científicos  también existieron fraudes -cosa en lo que insisten los que quieren desacreditarla-. Hay gente que se dedica a falsificar información, a plagiar y a mentir dentro de ella. Pero cuando un “científico” hace esto, automáticamente deja de hacer ciencia, se convierte en un pseudocientífico. Por esto, la comunidad científica dispone de mecanismos necesarios para detectar fraudes: la revisión por pares por ejemplo.

La ciencia lo que nos brinda son conocimientos teóricos para entender de la mejor forma posible el mundo real, y el pensamiento crítico las herramientas para juzgar la veracidad de la información que fluye de manera masiva e incontrolada, más en esta magnífica era del internet. Vemos la total falta de pensamiento crítico y escepticismo en cada ámbito de lo social. Las redes sociales se saturan de bulos y noticias falsas de fuentes nada confiables (como actualidadRT),  se comparten excesiva cantidad de fraudes  sobre el cáncer y la alimentación, perduran cientos de supersticiones populares, rebosan creyentes en teorías de falsas conspiraciones, es exorbitante la cantidad de pseudociencias aceptadas y lo más peligroso, la cantidad de pseudoterapias practicadas. Es algo muy preocupante. Sin el pensamiento crítico… el mundo sería el desastre que es.

En esto fallan enormemente los padres y sus “mentiras piadosas”, no hacen más que adiestrar la credulidad, en lugar de promover el desarrollo del pensamiento crítico.  Primero les hacen creer en Papá Noel, luego se los envía a la iglesia a formar una mente saciable en fe, se le obliga a no cuestionarlos por tener autoridad por ser padres y así se adaptan de a poco al dogmatismo, a la credulidad, al pensamiento mágico, a la superstición y a la ciega sumisión hacia cualquier autoridad.  Al decirle a un niño que Papá Noel existe, sabiendo que no es así, se comete una mentira, se comete un abuso. Simplemente porque se aprovechan de la inocencia del infante para instalar una mentira, y la creencia en esa mentira no los ayuda en nada, no les hace tener más esperanzas, no los vuelve más creativos, no los hace más sensibles, los vuelve ilusos al acostumbrarlos a las mentiras y los defrauda. La creencia en mentiras y su aceptación es algo dañino y no tiene que estimularse. Tom Paine tenía mucha razón al afirmar que “acostumbrarse a las mentiras pone los cimientos de muchos otros males”.  Por esto, si queremos educar a nuestros hijos para que estos aporten de manera positiva a la cultura, no debemos abusar de su inocencia, no los acostumbremos a las mentiras, no los engañemos, no abusemos de ellos. Estimulemos sus capacidades de razonar, de dudar, de investigar y de criticar, tanto como sus capacidades artísticas/creativas. Así evitaremos que en la cultura se filtren engaños que nos perjudiquen, y hay que tener en cuenta que todo tipo de engaño siempre es perjudicial.  Más útil que mentirles es enseñarles a pensar críticamente, a analizar, a reflexionar, a exigir evidencias y argumentos sólidos, a comprobar, a interesarse por las ciencias, las artes y la filosofía, a comprender el mundo, a exigir veracidad y objetividad. Esto no los hace más fríos en absoluto. La sentimentalidad no tiene nada que ver con el escepticismo o la racionalidad; los escépticos y racionalistas aman a sus novias/os, a sus amigos/as, y a los animales tanto como las otras personas. La asimilación del rechazo de los sentimientos con la razón y el pensamiento crítico es una imbecilidad fomentada por las doctrinas newage. La razón es casi impotente sin la emoción. La emoción está dentro del cerebro totalmente vinculada con la motivación para aprender, razonar y entender. Para razonar bien, hay que razonar apasionadamente, la cuestión es no dejarse llevar ciegamente por lo emocional en cuestiones donde debería entrar la razón. La ciencia  y la razón no son frías, son maravillosas; son la mejor manera de comprender el mundo real. La ciencia debería emocionarnos a la par del arte. Con una sociedad educada para el pensamiento crítico, no habrá lugar Papá Noel, el Ratón Pérez, los Reyes Magos; y los practicantes de reiki, homeópatas, conspiranoicos, psicoanalistas, astrólogos, sacerdotes, relativistas y psíquicos… todos ellos van a quedarse sin terreno para sus engaños.

“La ciencia es más que un cuerpo de conocimientos, es una forma de pensar, si nosotros no somos capaces de hacer preguntas escépticas para interrogar a aquellos que nos dicen que algo es verdad, para ser escépticos de aquellos en la autoridad, entonces estamos a merced del próximo charlatán político o religioso que aparezca” C. Sagan en la última entrevista de su vida.

grave

[1] Ver Piaget “Psicología de la Inteligencia”  (1947)

[2] Ver Comte “Discurso Sobre el Espíritu Positivo”  (1844)

[3] Es importante diferenciar escepticismo científico -o racional- de escepticismo radical -o integral-. Éste último niega toda posibilidad de conocimiento o certeza. Mientras que el escepticismo científico acepta la posibilidad de conocimiento, siempre y cuando este firmemente sustentado.

[4] Más concretamente 365.000 muertes en Sudáfrica. Ver  Dugger, Celia (25-11-2008). «Study Cites Toll of AIDS Policy in South Africa». New York Times.

[5] Roberto Augusto en “Fichte y el nazismo”.

Refutando la estupidez anti-Halloween

        El objetivo evidente de éste articulo es el de refutar los endebles argumentos que suelen presentarse contra las fiestas de Halloween, generalmente procedentes de los fundamentalistas religiosos y a menudo disfrazados de nacionalismo hermético.
truco                                                                  -Imagen ilustrativa tomada de internet-

Las principales razones por las cuales –creen los anti-halloween- deberíamos rechazar esta fiesta son dos: la nacionalista, como la que vemos en esta imagen, y la religiosa. Trataré de centrarme en la primera ya que es la más seria de refutar, en el caso de la segunda no pretende ni se interesa por argumentar, suelen ser más acusaciones medievales como que es “satánico” e idioteces por el estilo, que realmente no merecen atención. El caso de la primera razón, como todo el nacionalismo en sí, es completamente absurdo.
El argumento más usado es que no tenemos porqué copiar tradiciones de otros países, lo curioso es que no vemos a los anti-halloween oponerse a todo el resto de las tradiciones provenientes de otros países, donde muchísimas son de EEUU (la procedencia estadounidense es uno de los pilares de este argumento, la analizaré más adelante). Por ejemplo, en el día del trabajador se conmemora la muerte de los mártires de Chicago en EEUU, que fueron asesinados por exigir derechos laborales, estos eran en gran parte anarquistas (lo cual también demuestra la estupidez general de denigrar el movimiento anarquista, gracias al cual –junto con los movimientos socialistas- gozamos tanto derechos laborales, como sufragio universal, sindicatos, etc.). Los anti-halloween protestan contra esta fiesta pero no se oponen a los feriados por el día del trabajador. El Día de la Mujer también posee un cierto origen estadounidense, donde se conmemora el incendio producido por una bomba incendiaria en una fábrica textil donde murieron 146 mujeres. ¿Se oponen los anti-halloween a esta fecha?. Navidad posee un origen romano, donde se realizó un sincretismo con la religión cristiana y las fiestas saturnales. ¿Si no es una fiesta 100% nacional, por que no se le oponen?. De hecho la lista puede seguir hasta el cansancio, la gran mayoría de fiestas y tradiciones, como pascua y un largo etc, no tienen orígenes en Argentina (en mi caso pongo de ejemplo el país que habito).

Está de más aclarar la hipocresía, común en todo el nacionalismo hermético, de criticar Halloween y tomar Coca-cola, usar Facebook, escuchar bandas yankees, o consumir cualquier producto extranjero (aunque esto proceda de mano de obra esclava, como la marca Nike). El nacionalismo hermético es impracticable, imposible, y es una suerte, porque nos permite una cultura globalizada donde no haya fronteras arbitrarias que dividan  ideas, costumbres, etc. (y no confundir con la globalización económica o neoliberalismo). El internacionalismo es básicamente lo mejor que le puede ocurrir a cualquier cultura, oponerse a esto es suicida, impracticable e inútil. Esto no quiere decir que se deba abandonar las prácticas que nos gustan de un país –mal llamado “propio”-, como por ejemplo en el caso de Argentina tomar mate, pero si quiere decir tener el derecho de oponerse a las prácticas quiméricamente llamadas patrióticas, como por ejemplo, está bien que un español rechace las corridas de toros (de hecho, todos deberíamos). La cultura puramente nacional  no existe, todo se lo debemos a la interacción de varios “países”, desde los conocimientos científicos, la tecnología, las ideas, las costumbres y todo lo que nos podamos imaginar. Todo tiene origen en el hombre, y no en los países.  La única ocasión coherente de oponerse a lo extranjero es cuando tiene intenciones egoístas que afectan a las personas, por ejemplo, el traslado de una multinacional a un país subdesarrollado en busca de mano de obra esclava -parte de los saqueos del neoliberalismo a los países pobres-, las guerras, la intervención forzada o con intereses negativos de un país a otro –como el caso de la intervención de la CIA en las dictaduras militares Latinoamericanas, algo que si merece un reproche del que no hace falta ser nacionalista-, etc. Pero oponerse a una fiesta de disfraces es realmente una tontería de proporciones magnánimas.

EEUU es un país con una cultura en gran parte imperialista, violenta, militarista, libertariana y altamente conservadora que merece ser reprochado en estos y muchos otros aspectos –aspectos parciales, demonizar todo un país es altamente estúpido-. ¿Pero es algo realmente serio hacerlo rechazando Halloween? Para empezar… ¿Es Halloween algo yankee? No. La verdad es que tiene origen celta, y de hecho es en gran parte tradición mexicana. Los estadounidenses la heredaron en parte de los inmigrantes irlandeses. ¿Se oponen los anti-halloween a la cultura irlandesa?   Los nacionalistas consumen televisión norte-americana donde se muestra el Halloween como costumbre, creen que se la inventaron, la critican en su país y sin embargo siguen consumiendo su televisión, sus programas y sus productos. Argentina o cualquier país latinoamericano no va ser más subdesarrollado o más esclavizado por el primer mundo por seguir ésta tradición.

También hay algunas personas con intenciones relativamente buenas,  que reprochan Halloween por ser una fiesta “consumista”. Esto es bastante imbécil. Uno puede festejar Halloween sin consumir absolutamente nada, disfrazándose con lo que tiene  y juntándose a divertirse con amigos. No veo todos estos pseudo-progres oponiéndose a los cumpleaños – o navidad- ,  algo que es muchísimo más consumista. Realmente este argumento no tiene ni pies ni cabeza.

No hay nada por lo cual oponerse a Halloween (y lo mismo va para el zombiewalk), sea una fiesta estadounidense, romana, celta, venezolana, iraquí o inuit. Es una excusa más para divertirse y ejercer nuestra creatividad en algún disfraz. Al que le moleste por alguna razón esto, por lo menos que lo argumente correctamente si busca difundir su prejuicio.

Realmente el nacionalismo y sus delirios ascéticos no tienen como mantenerse en pie. Deberíamos dejar de prestar atención a los prejuicios y preconceptos pobremente argumentados sobre lo que debemos y que no debemos hacer por el hecho fortuito de haber nacido en un territorio dividido convencionalmente.

Humanismo Secular y misantropía

Debido a los fuertes azotes que la humanidad se da a sí misma,  así como el daño que provoca al resto de las especies animales y los flagelos que acomete a su propio planeta, es común encontrar personas que cayeron, y con razones, en la misantropía (como sabemos, la misantropía es la actitud de desprecio hacia la humanidad).

Muchos misántropos, me atrevería a decir que la mayoría, adoptan dicha actitud al observar una especie que se auto-mutila y mutila al resto, que se autodestruye y destruye lo que se interponga en su paso, que lleva la violencia y el egoísmo como estandarte. Y realmente, a veces dicha postura parece algo entendible. Hay en ésta claros problemas de carácter filosófico que merece la pena analizar.

Los misántropos desprecian  tanto la humanidad que tortura animales, mata niños de hambre y provoca guerras como la humanidad que crea hermosas obras de arte, se preocupa por el bienestar y busca el desarrollo -aunque dicho sector sea lamentablemente escaso-. En definitiva, en la humanidad hay tanto por odiar, como por defender. Esto suele ser ignorado por los misántropos que generalmente adoptan una posición pesimista, afirmando que la humanidad está perdida y que no vale la pena hacer algo por ella, o, en los casos más extremos, que merece ser exterminada.

Es un error creer que toda postura misántropa es igual y por eso es difícil hablar de ella, por lo tanto clasificaremos dos diferentes tipos de misantropía. La misantropía fuerte y la misantropía débil. Definiré la misantropía débil como el desprecio a la humanidad basada en centrarse en los aspectos realmente odiables de la misma. Dicha misantropía no suele ir mucho más allá de la opinión; “la humanidad es algo malo” (aunque esto claramente puede derivar en acciones). En cambio, la misantropía fuerte pasa a ser patológica, llevando al intento de destruir o dañar la misma, por ejemplo con asesinatos en masa. Daremos más importancia a la primera que, por suerte, es más popular que la otra.

Del otro lado de la misantropía tenemos al humanismo, o humanismo secular. Según el humanismo el bienestar humano es importante, y según el humanismo  secular la humanidad misma debe hacerse cargo de sus problemas (y no dioses ni mesías) y resolverlos para encaminarse al progreso, el bienestar y el conocimiento, entre otras cosas (más adelante definiremos de manera más convincente este sistema filosófico). Lo que para la misantropía está perdido, para el humanismo no tanto. Si una adopta una actitud pesimista hacia el estado y el rumbo de la especie humana, la otra adopta una postura realista al no ignorar los problemas realmente graves que aqueja ni las posibilidades que esta tiene de superarlos… para ésta última, intentar superarlos vale la pena.

Muchos misántropos se sostienen en su postura en una especie de paradójico roce a la cosmovisión del humanismo. Es decir, su odio hacia la humanidad se debe al ver que ella misma se destruye. Les importó la humanidad y su desarrollo, pero al verla estancada y en guerra con ella misma, la frustración los lleva a odiarla. Es común ver y entender esta actitud en los frustrados y en los pesimistas, de hecho, ¿Quién no sintió lo mismo alguna vez? Esta forma de misantropía débil y humanismo frustrado es asombrosamente general, y en este momento un problema relevante. Las personas desde hace mucho, están perdiendo las esperanzas.  Un ejemplo es el Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria, de origen estadounidense. Dicho movimiento alega que la humanidad ya causo mucho daño y que merece extinguirse voluntariamente evitando a rajatabla la reproducción de la especie.

Detrás de esto, hay otras posturas estrechamente vinculadas; el individualismo y el altruismo. Los que ya no tienen esperanzas ni voluntad para con la especie, suelen recurrir al individualismo, y los que se preocupan por ella, los humanistas, al altruismo.

Al igual que con la misantropía, hay varios tipos de individualismo. Para sintetizar, optaremos por clasificarlos como anteriormente, el individualismo débil y el fuerte. El individualismo débil destaca la obvia importancia del desarrollo de la personalidad individual, defendido por ejemplo por Oscar Wilde y Emma Goldman. Este individualismo es totalmente positivo y necesario. Al otro lado tenemos el individualismo fuerte, sostenido por ejemplo por los economistas de la escuela Austriaca, Max Stirner  y Ayn Rand. Este individualismo (que es al que nos referiremos más adelante) es una especie de solipsismo que promueve el egoísmo llevado al extremo, es absolutamente nocivo al desarrollo humano y está vinculado con algunas tendencias misántropas, posiciona a uno mismo por encima de los demás en todo sentido y lleva al malestar social. Una sociedad de laissez faire no es una sociedad, es una antisociedad. Totalmente contraria a la ética del humanismo, el egoísmo extremo es un cáncer social. Sin embargo vale aclarar que no todos los misántropos son individualistas fuertes, muchos desprecian a la humanidad al ver que está sumergida en el egoísmo extremo.

El altruismo es la posición que lleva a la humanidad  a la solidaridad, el desarrollo, la igualdad, la libertad, la cooperación y el bienestar de la misma. Fue duramente criticada, tanto por los economistas del capitalismo salvaje, como defendido por la ideología socialista –incluido el anarquismo clásico- y los filósofos humanistas. Esto no quiere decir que todo el egoísmo sea malo, se necesita ser tanto egoísta en algunos aspectos como altruista en otros, el problema es cuando el egoísmo se exagera y el altruismo se menosprecia.  Incluso son falsas tanto la visión de que solo existe individuos y no sociedades (individualismo ontológico)  como la que solo importan las sociedades en su totalidad (holismo), tanto los individuos como los sistemas sociales existen, y para que estos segundos funcionen correctamente se necesita tanto del egoísmo moderado como del altruismo inteligente y completo. Éste va mucho más allá que dar míseras limosnas a algunos necesitados y sentir simpatía por el sufrimiento, el altruismo inteligente y completo debería ser lo que nos mueva a construir una sociedad donde la miseria sea imposible y a sentir simpatía no solo por el sufrimiento sino también por la alegría, la felicidad, la salud y la belleza, cosa que es mucho más difícil.

El humanismo secular

Parte del humanismo, y que merece destacarse es el humanismo secular. Básicamente es una versión más desarrollada y consistente del humanismo. Según el humanismo básico el ser humano es importante y debe desarrollarse. Pero el humanismo secular va más allá, es positivo en algunos aspectos (en el sentido que defiende ciertas cosas) y negativos en otros (niega otras). Por ejemplo niega que existan entes paranormales y sobrenaturales como dioses, por lo que el ser humano debe hacerse cargo del ser humano. El humanismo secular se basa en consignas de la Ilustración y el Iluminismo: laicismo,  racionalismo, igualdad, fraternidad, libertad, progresismo, bienestar y desarrollo de la humanidad por encima de todo. El humanismo secular es necesariamente ateo, aunque compatible (al igual que el escepticismo científico) con el panteísmo, o el teísmo de Spinoza -que no es más que ateísmo disfrazado, ya que estos “teísmos” no corresponden con la definición más extendida de dioses (no son personales ni inmateriales)-. Y también, claro, con ciertos tipos de agnosticismos. El humanismo religioso no es en verdad completamente humanista, aun comete el error supersticioso y primitivo de priorizar entes sobrenaturales sin evidencias sobre seres humanos,  y en el caso de creer que los seres humanos deben ser sumisos siervos de dichos entes ficticios, no es humanismo en absoluto.

El humanismo secular es un sistema filosófico. Puesto en lista, estas son algunas características:

(Para ver una definición similar y en la que me basé, ver Bunge 2001 “Crisis y reconstrucción de la filosofía” cp 1)

1-Cosmológica u Ontológica: No existen dioses ni otros entes sobrenaturales, tampoco el alma, mundos de espíritus, cielos paradisiacos o infiernos. El mundo es material (materialismo científico),  y es el único real, existe independiente de nosotros y lo que nosotros pensemos. Tampoco existen Mundos de las Ideas o ideas fuera de cerebros como propone algunas formas de idealismo. El humanismo también es sistémico (ontología que entiende a todo como un sistema o parte de un sistema) al reconocer que la humanidad es un sistema, por lo tanto para que esta progrese se necesitan cambios integrales y soluciones sistémicas. El mismo humanismo secular es un sistema, un sistema filosófico, que intenta abarcar cada aspecto de lo humano.
Es importante aclarar que cuando hablamos de materialismo no estamos ignorando la existencia de lo que no es material en el sentido vulgar de la palabra (o sea tangible o visible). Por ejemplo, un materialista obviamente admite la existencia del electromagnetismo y otro tipo de energías medibles y comprobables -de alguna forma-, pero no de las energías místicas no medibles ni comprobables como el aura o los chakras. Y claramente acepta la existencia del amor, la tristeza y otras sensaciones que no son “materiales” en el sentido vulgar, claramente para un materialista las emociones y los sentimientos existen pero dentro de un cerebro, un cerebro material. Un materialista creería en lo que posee evidencias.  También es importante aclarar que no hay que confundir materialismo ontológico con materialismo histórico marxista, ni menos con el consumismo.
Toda la cosmovisión del humanismo secular es compartida por la ciencia y el escepticismo racional.

2- Antropológica: Los individuos son tanto diferentes entre sí, como iguales. No hay raza o sexo superior, no hay superhombres, no hay autoridades supremas que deban obedecerse ciegamente, no hay grupo de personas que merezcan privilegios injustos ni que merezcan más que los demás injustamente. Actitudes que intentan generar una creencia de superioridad arbitraria a cierto grupo de personas, como el nacionalismo o las sectas son totalmente falsas y nocivas.
Una máxima del humanismo es que “la igualdad nos hará libres”. Esto no quiere decir que todos los humanos deban ser iguales en el sentido de que el desarrollo personalidad individual no exista, cada uno es igual a su prójimo en algunos aspectos fundamentales (como que todos somos humanos y buscamos nuestro bienestar) y diferente en otros.

3- Axiológica y ética: (Es importante desarrollar ampliamente este punto). Hay valores transculturalmente u objetivamente positivos que deben realizarse y defenderse; como la objetividad misma, la solidaridad, la verdad, la libertad, la igualdad, la honestidad, la justicia, la paz, el conocimiento, el bienestar general,  etc. En cuanto a la tolerancia; el humanista secular es tolerante en algunos aspectos como intolerante en otros, no todo merece tolerancia. Por ejemplo; el machismo, el racismo y la homofobia no son dignos de tolerancia, como si lo son la orientación sexual, los gustos personales que no comprometen al prójimo, etc. (esto no justifica que esté bien golpear homofóbicos o racistas ni nada parecido).

El relativismo axiológico y moral es nocivo y antihumanista, así como también el absolutismo axiológico que ignora valores subjetivos o locales. La objetividad axiológica y ética es cuestión de grados, nunca una norma o un valor puede ser totalmente objetivo, por ejemplo, porque no existen por sí mismos.  Pero eso no quiere decir que no puedan objetivarse de alguna forma, tomemos como ejemplo el frio. El frio es en gran parte subjetivo, en una sala algunas personas tienen más frio que otras, pero ninguna sobrevivirá (sin importar la cultura o lo que crea) al frio hostil de la Antártida sin un debido equipamiento, como ser ropa de invierno. Del mismo modo la objetividad de la axiología y la ética, hay normas que no son dignas de objetivarse y que son subjetivas, como los modales en la mesa, y otros que si, como el trato a la mujer en las diferentes culturas, así como hay temperaturas subjetivas y objetivas para las personas.

En el aspecto ético destacaremos dos principios fundamentales; a) Tratar de vivir bien y disfrutar la vida así como ayudar a los demás a estar bien y disfrutar la vida. b) Todo aquello que contribuya al bienestar de un individuo sin poner en riesgo los derechos básicos de otro es bueno o correcto. (Principios del Agatonismo).

La moral no depende de deidades. La ética debe ser regulada y dirigida por los humanos, es tan artificial como el Derecho. Las personas deberán encarar los problemas morales desde ella, es decir, desde las herramientas formales de la filosofía, y en lo posible con ayuda de la ciencia (sobre todo la ciencia social). Intentando encaminar así el análisis de la moral objetivamente, de modo que se hagan juicios morales dependiendo de lo que beneficia o no, de lo que demostró conducir al progreso o no, sosteniéndolos mediante la argumentación solida proveniente de la reflexión racional, los datos empíricos y el estudio del caso.  Una ética humanista tiene como objetivo el progreso de la humanidad. Esto quiere decir buscar su bienestar general promoviendo acciones como ayudar al prójimo, producir para los demás, pensar en los demás, ayudar a ser felices a los demás, ser tanto egoísta como altruista, etc. ya que demostraron ser eficaces para alcanzar dicho objetivo.

La ética del humanismo secular debe reconocer la existencia de derechos y deberes. Por ejemplo, si se encuentra una persona accidentada en la calle es nuestro deber como humanos ayudarlo. En cuanto a los derechos: es un derecho primario de todos el privilegio de acceder a una educación primaria, secundaria y universitaria pública, laica y gratuita. También es un derecho primario una atención médica pública y gratuita.  Todos tenemos los mismos derechos y deberes básicos, así como tenemos (o deberíamos tener) igualdad ante la ley –con algunas excepciones como el caso de alegato de demencia.

No existen valores morales ni axiológicos objetivos en sí mismos, para objetivarlos hay que utilizar como referencia un objetivo (como fines, principios o axiomas), en el caso del humanismo secular, el objetivo (objetivo como fin, no objetivo como opuesto a subjetivo) es el progreso, la felicidad y el bienestar entre otros aquí aclarados, a partir de ahí se puede deducir aproximadamente que es objetiva o transculturalmente bueno o malo, respecto a los objetivos expuestos. Por ejemplo, asesinar personas al azar, la pena de muerte o el sexismo es objetivamente negativo (malo) porque contribuye al sufrimiento de la humanidad y eso es absolutamente demostrable (sin importar la cultura que sea).

El hecho de matar es “malo” porque choca contra un  principio ético importante del humanismo que es que “la vida de un individuo le pertenece solo a éste” cosa que es un derecho inalienable, como es un deber social proteger la vida de los demás. Este principio también nos dice que la pena de muerte es moralmente inaceptable, además de que las evidencias empíricas la indican como ineficaz y demuestran que se llevó muchas vidas de inocentes (y lo mismo va para los linchamientos que terminan en asesinatos). Ya Tomás Moro -semihumanista del Renacimiento y pionero del protosocialismo- nos advertía de esto, aunque solía recurrir a argumentos religiosos, cosa totalmente entendible teniendo en cuenta la época. Él sabía que la delincuencia es engendrada por la misma sociedad que promueve y perpetúa la desigualdad. Hoy también sabemos que muchos asesinos, como otros delincuentes son víctimas de enfermedades mentales y que los factores socioculturales y socioeconómicos no son los únicos que influyen. Este conocimiento que se nos fue dado gracias a la ciencia nos ayuda a comprender más a fondo tanto éste problema moral como muchos otros, y nos permite entender de manera más profunda que la pena de muerte es injusta, que la sociedad está recurriendo a matarse a modo de esconder los problemas sociales “debajo del tapete”: tanto los correspondientes a la desigualdad, que es de los principales factores que enferman y llevan a la delincuencia; como los correspondientes a la carencia de atención psiquiátrica pública y de calidad que permita contener y ayudar a mejorar a los que padecen enfermedades mentales como la sociopatía (que suele llevar a comportamientos aberrantes contra el prójimo). “Que se corten de raíz los males es mejor que dejarlos crecer para después castigarlos”, escribía Moro.

Volviendo al primer ejemplo, un caso muy similar al hecho de matar personas al azar es el acto abominable de la guerra, la guerra es lo peor que puede emprender el ser humano y debe ser repudiado en todas sus formas por cualquiera que se pretenda humanista.  Se puede decir que la guerra es objetivamente mala porque además de que involucra la muerte de personas, que trae sufrimiento, o sea malestar,  produce un terrible derroche de recursos que podrían contribuir a la riqueza y al progreso de la humanidad, y no a su destrucción. Creo que en la actualidad está suficientemente claro por qué la guerra es la mayor forma de imbecilidad como para dar más explicaciones. No hay acto más horrible e injustificado. Ningún humanista secular propiamente dicho puede ser capaz de alistarse en el ejército, el militarismo es la mayor traición a la inteligencia humana.  El ejército es una institución que el humanismo debe desmantelar.

También se deduce que el tercer ejemplo es objetivamente incorrecto e inmoral por el principio antropológico del humanismo que destaca que no hay sexos inferiores ni superiores, lo que echa por tierra todas las actitudes sexistas, junto con el principio que promueve el bienestar general (o sea, de ambos sexos) y repudia el maltrato y la discriminación.

No todos los juicios morales se pueden objetivar, pero algunos sí y eso destaca el humanismo, por ejemplo, promover o perpetrar la desigualdad social o socioeconómica es objetivamente malo, porque al igual de condiciones sociales positivas para todos hay menos sufrimiento, menos violencia y mayor cantidad de personas que pueden colaborar al progreso de la humanidad. Si no hay pobreza extrema, desnutrición, gente que es arrastrada a la delincuencia, adicciones patológicas causadas por la miseria ni gente esclavizada por trabajos que no benefician a la sociedad, mayor cantidad de personas pueden colaborar en que la sociedad progrese mediante el arte, la ciencia, la filosofía, las técnicas, etc. Mientras menos miseria, más artistas y científicos, mas ingenieros, nobles profesores y médicos. Así como también más gente que pueda tener trabajos que hacen bienes sociales, como un electricista, un psicólogo, un hábil albañil o un deportista admirable e inspirador. La desnutrición y la miseria demostraron paralizar la capacidad de trabajar de forma rentable y productiva. Mientras haya menos ayuda social y más desigualdad socioeconómica, pobreza y desnutrición, habrá menos personas que puedan contribuir a la sociedad mediante el trabajo, esto es lo que demostró el historiador económico Robert Fogel.

Ya que sin desigualdad la sociedad progresa y se beneficia, el humanismo tiene razones racionales para considerar a la desigualdad social objetivamente mala. Sin embargo, la igualdad seria negativa si significa que todos sean igualmente pobres y oprimidos, con igualdad nos referimos a que todos puedan vivir bien, que las riquezas puedan ser distribuidas de forma que no exista la miseria, no de forma que la miseria sea algo general.

También necesario suprimir el dolor y el sufrimiento tanto de los humanos como de los animales, incluir a los animales en los juicios morales es racional, mientras que maltratarlos innecesariamente o tolerar tal maltrato es inmoral y arbitrario. El maltrato animal además de perjudicar al maltratado perjudica al hombre, puesto que lo desensibiliza y genera daño a las personas sensibles que los rodean. Y en el caso de no perjudicar al hombre, tal maltrato seguiría siendo en sí mismo inmoral.
El humanismo secular no es especista, en el sentido que desprecia otras especies, es humanista luchar por una ética que abarque a los animales (no humanos) porque hace a las personas avanzar moralmente. Desaparecer el dolor animal y cultivar la empatía es parte del progreso humano. Desde ya sabemos objetivamente que el dolor existe y hasta es medible, como también sabemos que es indeseable para todos y que su presencia innecesaria no concuerda con nuestros objetivos, por lo tanto, se puede deducir que causar dolor merece ser evitado y en la mayoría de los casos se merece el calificativo moral de “malo” (aclaro que en la mayoría, teniendo en cuenta situaciones hipotéticas donde el maltrato es inevitable, por ejemplo, en casos de supervivencia). La biología se encargó –metafóricamente hablando-  de proveernos de una herramienta o base moral esencial, la empatía. No sentir empatía por los animales es señal de una grave enfermedad psicológica y moral, que para nada concuerda con los objetivos del humanismo, un humanista no podría tolerar el maltrato, por más que no sea a alguien de su propia especie.  El humanismo secular ético que propongo concuerda con la famosa frase de Schopenhauer: “Quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona”.
Tanto el dolor como el asesinato de animales son éticamente condenables para cualquier persona civilizada. Prácticas como la cacería “deportiva” son completamente inhumanas. Cuesta trabajo entender como un ser humano, dotado supuestamente de la capacidad de ser racional y compasivo, puede ser capaz de matar a un ser vivo desarrollado solo por gusto. Un cazador es una persona con conductas propias de un hombre primitivo, y por esto es que recurre a prácticas de tales hombres. No es un civilizado ni menos un ilustrado, es paradigma de lo más bajo de la humanidad, un perverso encubierto y un digno de escarnio público y prisión. Nadie en la sociedad debe tolerar que se practiquen tales prácticas, deben ser condenadas tanto legal como socialmente del modo más agravante, y esto incluye a la tauromaquia.
La tauromaquia a nivel mundial, exceptuando los países incivilizados que aun la mantienen, fue prohibida al llegar la Ilustración. En épocas remotas es entendible que la gente recurriera a tal barbarie; las mayorías no sabían leer, ni tenían mucho que leer;  no tenían cine ni otras formas de entretenimiento digno, etc. Hoy una persona que asista a tal evento o es un profundo inmoral o es una persona alejada de cualquier cultura ilustrada que no tiene otra forma de entretenerse con inteligencia y dignidad, por lo cual asiste a ver como torturan a un animal sintiente por puro placer perverso. El humanismo debe condenar tales prácticas que se enmascaran tras el fraude de la “cultura” y la “extinción del toro bravo”, mitos que bien refuta Jesús Mosterín. Como bien dicen, la tauromaquia es vergüenza nacional para los países que la mantienen.  Cualquier persona compasiva e inteligente rechazaría las estupideces de Fernando Sabater, el cual defiende la tauromaquia y sostiene que la ética no incluye a los animales.
También me parece importante, si no ser vegano u ovolácteo-vegetariano, por lo menos tolerar y apoyar tales prácticas. No exigiría como necesario el veganismo o dicho vegetarianismo para la constitución del humanismo secular, pero si hay que admitir las buenas razones, tanto éticas como medioambientales para sostener esta práctica como viable y moralmente irreprochable. No se puede pretender que todo el mundo sea vegano, pero por lo menos todos deben tolerar dicha postura. Dentro del movimiento escéptico se difunden muchos mitos acerca del vegetarianismo por falta de información, esto debido a que gran parte de los vegetarianos defienden dicha postura de forma mentirosa, tendenciosa y pseudocientífica. Para informarse de forma adecuada sobre las ventajas del vegetarianismo recomiendo el libro “Vegetarianismo en el debate político” -del médico y escéptico Ezequiel Arrieta-, o el sitio  web Veganismo Racional.

Con respecto a la ética ambiental, el humano posee este único planeta para vivir, por lo tanto es totalmente obligatorio que cuidemos el medioambiente.  Dañar el medioambiente es dañar la toda la vida en si,  por lo tanto es negativo y merece ser evitado, así como cuidarlo es positivo y necesario. Negar hechos científicos como el calentamiento global antropogénico además de pseudocientífico es antihumanista, ya que defender los intereses de capitalistas salvajes y no los del bienestar  general es abominable. (Los “estudios” en los que se basan los negacionistas del cambio climático son financiados por corporaciones que se interesan en explotar recursos sin la intervención estatal para el cuidado del medioambiente, esto explica porque los liberal-libertarios y anarcocapitalistas apoyan el negacionismo).

Es importante para una ética ambiental humanista el control consciente de la natalidad, el planeta tierra esta peligrosamente sobrepoblado de humanos y es necesario que se tomen medidas, y obviamente no me refiero a medidas eugenesistas como creerán algunos conspiranoicos. La reproducción inconsciente promovida por la moral católica pone en grave peligro el curso de la humanidad, recordemos que los recursos de nuestro planeta son delicadamente finitos. (El Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria no está del todo equivocado).

Así se deduce que para el humanismo secular el relativismo o nihilismo moral es insostenible. Por ejemplo, para un relativista moral está bien que musulmanes apedreen o castren mujeres, cosa que a un humanista le daría asco, por el hecho de que ser de otra cultura no justifica el maltrato ni el sufrimiento humano.

Todo esto no quiere decir que para ser un humanista secular uno deba ser el mejor ejemplo de persona y obrar de forma que estos sean mandamientos divinos que uno deba reproducir mecánicamente. Es simplemente una postura y una base coherente de donde encarar los problemas morales, cosa que no puede evitar plantearse ningún ser pensante. La moral es algo imprescindible para la vida en sociedad.  La ética del humanismo secular puede no ser perfecta, pero es ciento de veces mejor que alternativas como el intuicionismo, el sentimentalismo o  la religiosa de basar la moral en un libro escrito hace milenios por gente bruta, bárbara y primitiva; creyendo que tiene un sustento en un supuesto ser omnipotente del que no hay ninguna evidencia. De hecho, los que evalúan la moralidad de sus acciones teniendo como único criterio escrituras sagradas (como el apologista cristiano William Lane Craig), no son seres morales, son una especie de robot que funciona a programación; ridículos, inmorales e irracionales. Tampoco la alternativa de basar la moral en las leyes es válida, que algo sea ilegal no quiere decir que necesariamente sea inmoral, tampoco todo lo que es legal debe de estar “bien”, en todos los países siempre existieron leyes injustas. El Derecho debe basarse en la ética, no a la inversa.

4- Gnoseológica: es importante y posible conocer la verdad objetiva acerca del mundo y de nosotros. Para ello la razón, el escepticismo racional, la experiencia, la filosofía analítica, la crítica y sobre todo la ciencia  son esenciales.

Una forma de misantropía débil, por lo tanto contrario al humanismo secular, es el oscurantismo, presente en el ocultismo u otras pseudofilosofias (como la masonería), que propone que hay conocimientos que solo deben ser rebelados a “unos pocos”, a una elite, a una minoría o a unos iniciados. Esto es despreciable, porque no solo estos “conocimientos” suelen ser en su mayoría falsos, sino porque el conocimiento como totalidad debe ser accesible a todos y no tiene por qué formar herméticas elites de ningún tipo. Es característico de la misantropía despreciar, subestimar y subvalorar a la humanidad, como decir que no “merece” ciertos conocimientos. El humanismo deberá así despreciar al oscurantismo y abrazar la accesibilidad de todo conocimiento.

También los humanistas seculares deben comprender todo el daño que causa todo tipo de dogmatismo y hacer lo posible por erradicarlo[1].

Esto debe dar a entender que para el humanismo secular el escepticismo radical y el relativismo gnoseológico posmoderno son falsos y nocivos como lo es el pensamiento mágico en general.

5- Religiosa: Un humanista secular debe tener en cuenta que las religiones son negativas para la sociedad así como las supersticiones, la pseudofilosofía, la pseudociencia, las falsas conspiraciones, los mitos, las mentiras y las sectas. La religión es la peor forma de irracionalismo, de pensamiento mágico, de dogmatismo, de conservadurismo y de estupidez. Es un atentado a la inteligencia y al librepensamiento. Inherente a una ontología idealista, una gnoseología mística y anticientífica (la creencia en que la ciencia y la religión se “complementan” o incluso que pueden convivir es totalmente falsa), una ética monstruosa y primitiva, una visión existencial fantasiosa y egoísta, y una visión antropológica que posiciona a sus practicantes por encima de las demás personas, la religión es la total antítesis del humanismo secular, es además… su enemiga.  El humanista secular debería atacar a las religiones mediante la crítica y los medios intelectuales.

Sin embargo la libertad de culto debe estar permitida, pero hasta cierto punto. No deben prohibirse ni perseguirse religiones o cultos de forma violenta como lo hizo la Iglesia Católica, aunque si deben prohibirse y desmantelarse las sectas extremistas y peligrosas que aíslan y corrompen personas. Tampoco se debe discriminar por creencias, pero sí tiene que existir total libertad para blasfemar. Las personas se respetan, pero no sus ideas o creencias. El Estado debe ser totalmente laico y no debe involucrarse ninguna creencia o deidad en los problemas humanos, solo los humanos se harán cargo de los humanos.

Ser ateo no es ser humanista: un religioso puede ser medianamente humanista (aunque no humanista secular), así como un ateo puede ser antisocial. Por ejemplo, Nietzsche era ateo, pero no era humanista secular, ya que es un exponente de la contra-ilustración y pionero de la corriente posmoderna.

6- Existencial: Como dijimos, el humanismo secular no reconoce quimeras de mundos ni vidas ultraterrenales. Un humanista encara su existencia de modo realista, es decir, este mundo es el único existente, somos primates por lo tanto somos animales y no existe el alma ni nada inmaterial o trascendental que nos componga, vivimos una única vida para disfrutar y la vida humana en si misma carece de sentido pre-establecido. Esto no quiere decir que debamos vivir de forma pesimista alegando que nada tiene valor en la vida. El humano debe darle un propósito a su vida sin creer que la vida posea en sí misma un sentido u objetivo establecido, cosa que sería caer en un pensamiento teleológico religioso (solo algún tipo de deidad seria capaz de configurar nuestra existencia de modo que tenga un sentido u objetivo y poneros allí a cumplirlo).  El vacío de un sentido  frente a la existencia es una de las principales  razones por la cual los humanos crearon las religiones, a la humanidad siempre le costó entender que son causa del azar y que su vida no tiene sentido objetivo. Un humanista se auto-propone “sentidos” (más bien objetivos) de vida útiles a la humanidad, como vivir para aportar al progreso humano, vivir para ser personas creativas que aporten a la cultura, vivir para ayudar al resto, etc. mientras se busca su propia felicidad, su propio goce, la realización de sus placeres y de su propia personalidad.

Proponerse “vivir” siendo “bueno” para morir e ir al cielo es algo totalmente egoísta, inmoral y estúpido; como también es estúpido no hacer lo posible por disfrutar de la única vida que tenemos, o intentar disfrutarla mediante el amontonamiento de bienes materiales.

7-Politica: Democracia, igualdad, progresismo, laicismo, y libertad. La gente debe ser culta para que la sociedad funcione en democracia, al menos, culta sobre cuestiones sociales. El humanismo tiene el deber de promover la educación pública, gratuita y de calidad, para que así la democracia pueda funcionar.  Me atrevería a decir que el socialismo es la base política y económica del humanismo secular, así como la base del socialismo es el humanismo. Pero para que el socialismo funcione, no debe ser ni autoritario ni fruto de una revolución improvisada. El auténtico socialismo jamás existió, y solo podrá existir cuando el humanismo secular sea algo general. Ningún despotismo, tanto de gobernantes como de corporaciones privadas, regirá sobre una sociedad humanista.

En cuanto a la libertad, el humanismo secular reconoce (como lo hizo Bakunin) que la libertad no puede ser realizada más que en sociedad y en la más estrecha igualdad: “no soy verdaderamente libre más que cuando  todos los seres humanos que me rodean son igualmente libres”. Algunos de los valores principales del humanismo secular son los de la Ilustración, “igualdad, fraternidad y libertad”. Estos deben entenderse como las tres puntas de un triángulo, donde cada uno no puede realizarse plenamente sin el otro. Un humanista es un fanático de la libertad, y por ello, debe reconocer las imposturas de la libertad, como la visión que entiende por libertad únicamente a la libertad de comercio. Esta visión de los llamados “libertarianos” nada tiene que ver con la libertad como la entienden los humanistas seculares.

8- Tecnológica: La ética del humanismo secular también es un modo de guiarnos para con la técnica y la tecnología de modo que estas sean utilizadas para provecho y desarrollo de la humanidad. Por ejemplo, nos permite tener un base a la hora de analizar los problemas y las consecuencias  que conllevan la creación o uso de artefactos, tecnologías y técnicas, como las bombas de hidrogeno, el Internet, los alimentos transgénicos, el Derecho, la política, etc.  Aunque algunos artefactos como las bombas de hidrogeno presentan conclusiones claras, como que definitivamente no deberían existir, otras técnicas u tecnologías poseen problemas éticos más ambivalentes o complejos donde el humanismo como base nos puede generar un panorama más claro.  En cuanto al Derecho, tal vez nos haga pensar que éste deba empezar a basarse más sobre las cuestiones éticas y científicas bien fundamentadas y menos en convenciones, tradiciones y costumbres.

No son propias de la visión humanista secular los planteos retrógrados del ludismo moderno común en los movimientos místicos newage o la filosofía heideggeriana; es un hecho innegable que la tecnología mejora la condición humana, aunque esta necesita de conocimientos científicos, racionalidad y una consistente ética que la guie en su uso. Tanto sin tecnología como sin ciencia el progreso humano se desmorona, y hasta la especie misma, por ejemplo: sin la biotecnología  y la agrotecnología actual ponemos en riesgo la salud y la vida de casi toda la población mundial.  Además la tecnología, como ser la robótica, libera al hombre de la esclavitud aún vigente, que es la esclavitud asalariada del trabajo forzoso, repetitivo, degradante y autómata que puede ser reemplazado por ésta, dejando así al hombre su vida para desarrollarse en lo que  mejor ofrece su condición, como el arte, la filosofía, la ciencia, el deporte, etc.


9- Filosófica:
La racionalidad siempre será valorada así como la experiencia y el rigor (racioempirismo). Un humanista irracionalista no podrá sostenerse con firmeza en su postura.

Como ya describimos en los puntos anteriores, el humanismo secular posee también una ontología materialista (o naturalista) y también sistémica, una gnoseología realista-crítica, cientificista y escéptica, una ética particular que la distingue de, por ejemplo, el intuicionismo o el sentimentalismo, una filosofía política liberal y progresista, etc. Es un completo sistema filosófico consistente y en total concordancia con la filosofía de la ciencia actual.

Desde el humanismo secular es necesario el emprendimiento de una la cruzada intelectual contra el posmodernismo, ya que dicho movimiento filosófico atenta contra todo lo que promueve el humanismo secular: la ciencia, la objetividad, la razón, etc. El posmodernismo no es más que una impostura intelectual antihumanista, fértil solo dentro del pensamiento mágico, que se puso de moda entre los snobs a quienes les resulta más cómodo y fácil criticar la ciencia que entenderla.

(Estos son solo algunas características del humanismo secular esbozadas de forma sintética. No todos los humanistas seculares van a estar de acuerdo en todos estos puntos ni van a darle igual valor, el humanismo no es una secta).

El humanismo secular se fue construyendo de a poco a lo largo de la historia, teniendo un comienzo en la filosofía de Grecia e India clásica, como en la china de Confucio, una gran pausa durante la Edad Media, un despertar en el Renacimiento y un auge en los periodos de la Ilustración y en el desarrollo de la ideología socialista en el siglo XIX –incluyendo el anarquismo-. Aunque como sistema filosófico conciso es relativamente nuevo. Entre los grandes humanistas seculares podemos encontrar notables personas como Carl Sagan, Mario Bunge, Christopher Hitchens, Mijael Bakunin, Karl Popper, Karl Marx,  Albert Einstein, Bertrand Russell e Isaac Asimov (aunque muchos de estos autores poseen notables diferencias entre sí, todos guiaron sus ideas hacia una perspectiva humanista).

Mi intención principal en este ensayo es demostrar que la postura humanista tiene mucho más que ofrecer que la misantropía. No ofrezco como alternativa a su antónimo;  la filantropía, porque no creo que se pueda pretender que alguien ame –propiamente dicho- a toda la humanidad (que incluiría amar violadores y asesinos). El humanismo secular no propone amar a todos los humanos, a todo el género humano y a todo lo que la humanidad respecta; pero si propone un sustento teórico o sistema filosófico sobre el cual pretende construir progreso y bienestar, es más racional que sentimental o romántico.

Mientras que la misantropía conlleva un sesgo pesimista por lo general, el humanismo es realista y propone mejorar por parte de nosotros mismos. Mientras que la misantropía es inútil y pasiva, el humanismo es activo y útil, ya que si hay razones para odiar a la humanidad y existen los medios para poder combatir dichas razones, es mejor tomar una postura que intente abolir los males que nos aquejan. Si la misantropía pregunta ¿Qué importa el bienestar de la humanidad? El humanismo responde; el bienestar de la humanidad importa porque los humanos tenemos una única vida para disfrutarla y vale la pena luchar para ello. Mientras que la misantropía conlleva a posturas antisociales y nocivas como el extremo individualismo, el humanismo conlleva a la cooperación y a un altruismo inteligente para sacarnos del pozo en que nosotros mismos nos metimos, sin ignorar la importancia del desarrollo de la personalidad individual. Mientras una es estéril y   destructiva, la otra fértil y constructiva. Invito a la misantropía a tomar acción sobre los aspectos detestables de nuestra especie, y a mirar en el humanismo un yacimiento de donde extraer lo necesario para la mejora de nosotros mismos. Solo los humanos podemos salvar a los humanos.

Nota: no debe confundirse la misantropía con la introversión, la timidez, el trastorno antisocial de personalidad o el disgusto por estar entre multitudes o por los gustos populares. La misantropía, como la he definido, es el desprecio voluntario por la humanidad, no, por ejemplo, el provocado por trastornos psiquiátricos. Los pensamientos de la Derecha suelen ser un buen ejemplo de misantropía.

[1] https://enlapalabradenadie.wordpress.com/2015/05/08/sobre-el-dogmatismo/

Sobre el dogmatismo

(Aclaración: esta nota se trata sobre dogmatismo de ser “dogmático”, no de la corriente filosófica “dogmatismo”)

Un dogma -en su significado más común- es una supuesta verdad absoluta que no necesita ser sujeta a prueba de veracidad, no acepta críticas ni replicas,  no necesita fundamentarse y esta sostenida posiblemente por alguna autoridad indiscutible, como puede ser una institución, una supuesta deidad, un “gurú” (maestro espiritual), etc.
A pesar que el término esta popularizado en el ámbito religioso, ya que dogmas son aquellas verdades directamente reveladas por Dios, y reconocidas por la Iglesia, que constituyen objeto obligado de fe para los creyentes, la palabra puede servir para otros tipos de ideas no necesariamente religiosas.
La estructura de pensamiento dogmática es más o menos la siguiente;

1- Existe un conjunto de verdades fundamentales acerca de algo.
2-Yo (dogmático) las conozco.
3-Esas verdades no exigen justificación racional, no pueden ser criticadas ni reformadas… no progresan.
4-Por más que sean demostradas equivocadas, no las voy a abandonar.
5-Para que el mundo sea mejor, todos tienen que aceptarlas.
6-Quienes no las acepten, están inexorablemente equivocados.

(Lista basada en las características señaladas por Rabossi)

En esta estructura de pensamiento, las ideas casi están sujetas a la imposibilidad de reformarse o de racionalizarse, y este tipo de pensamiento puede aplicarse a cualquier conjunto de ideas, ya sea políticas-económicas, filosóficas, pseudocientíficas, espirituales-religiosas, etc.
Mantener esta estructura de pensamiento conlleva obvias consecuencias, un dogmático no necesita debatir, cree tener una verdad absoluta sin necesidad de revisión, no necesita probar nada, y así puede ejercer cualquier tipo de práctica basada en sus ideas/opiniones, puede ser tanto difundirlas –o imponerlas- (adoctrinamiento), o dándole una utilidad práctica, trayendo todo tipo de consecuencias negativas, generalmente la desinformación.
Un dogmático rechaza a priori cualquier tipo de ideas que contradiga sus creencias, esto hace difícil cualquier intento de reformar su visión, muy difícilmente se puede salir de esta estructura de pensamiento totalmente ajena al pensamiento crítico, por esto es una importante responsabilidad intelectual la lucha contra él.

¿Mantener cualquier tipo de ideas es ser dogmático?

 Mucha gente en esta era del posmodernismo, cree que mantener cualquier tipo de ideas es ser dogmático, que creer tener cualquier tipo de verdad es creer tener una verdad absoluta y defenderla es caer en el dogmatismo. Esto es absolutamente falso, y si lo que se busca mediante este relativismo es no ser dogmático… es hasta absurdo, ya que al tener firmeza al decir que mantener una postura es ser dogmático, se está manteniendo una postura, ósea, se está siendo dogmático.
Esta creencia abunda en el escepticismo radical, una corriente que afirma que no existe la verdad, que no hay certezas, que no puede conocerse nada, y que cualquier afirmación es una simple opinión como cualquier otra.
Es totalmente opuesta al escepticismo científico o racional, y suelen confundirse muchísimo. Este último es una corriente (filosófica, científica, epistemológica) que si afirma la existencia de la verdad y cuestiona cualquier tipo de postura que no conlleve fundamentación lógica robusta y evidencia empírica suficiente (como ser psuedociencias).
Cualquiera que acepte la posibilidad de la existencia de una verdad –provisional y refutable- la validez del conocimiento y de la razón puede mantener una idea sin caer en el dogmatismo. Simplemente aceptando que esta idea-verdad está sujeta critica racional y que puede ser refutada en el caso de ser incorrecta. Si bien cualquier conocimiento/idea que podamos tener acerca del mundo es parcial y perfectible… eso no quiere decir que todo sea pura fantasía y que no exista la verdad o las certezas.  Esta es la forma de pensamiento que utiliza la ciencia, el realismo crítico, el pensamiento crítico, y el resto de las buenas filosofías e ideas.
   “Es que si hay una ideología propia de la filosofía esa es la del anti-dogmatismo, la actitud crítica racional… el respeto por el poder de la crítica racional” Rabossi (filosofo)
Tener una postura, una idea, o defender una verdad no es una posición dogmática, siempre que esté bien fundamentada y pueda ser refutada.
Existe gente confundida  que cree que tener una idea y negarse a la crítica racional es tener firmes las ideas, pero no, en realidad esto es ser irracional y arrogante. La verdadera firmeza de ideas está en la coherencia entre nuestro pensar y actuar y la actitud de dejar someter nuestras ideas a la crítica. (Rabossi)
  Mantener una postura firme y fundamentada y negarse a otras ideas no es ni síntoma de cerrazón intelectual ni una postura dogmática, siempre que para las ideas que no se acepten se mantenga una argumentación en contra, ya sea falta de evidencias, falta de coherencia, etc.
Como decía el ingeniero espacial James Oberg: “Hay una diferencia entre tener la mente abierta, y un hueco por donde se te escurre el cerebro”.

El dogmático por excelencia es el fanático religioso, un fanático religioso (generalmente) esta adoctrinado para negarse a dudar de su religión, carece totalmente de predisposición a abandonar sus creencias por más que se las demuestre incorrectas, incoherentes, etc. Generalmente, hasta las mismas religiones estigmatizan la duda, el escepticismo racional y la racionalidad en sí, la ciencia, el debate y el progreso.
Por eso es que la palabra dogma esta tan relacionada –y hasta aceptada- por la religión. Una dosis de razón, una pizca de duda y una ración de pensamiento crítico basta para envenenar el pensamiento religioso. La fe es una de las formas de dogmas más extendidas sobre los humanos.
Ahí se puede ver la gran consecuencia del pensamiento dogmático, en la cantidad de barbarie e ignorancia que despegó y sigue despegando de las religiones y sus instituciones, desde la persecución de todo lo que podría traer critica a sus creencias –la quema de libros (como la quema de la biblioteca de Alejandría)  y “herejes” donde se masacro, persiguió y humillo miles de personas, entre ellos importantes científicos y pensadores (como Giordano Bruno, Galileo o la filósofa Hipatia)- las famosas Guerras Santas, el impedimento del progreso intelectual que amenace su hegemonía, la propagación de la peste negra por la masacre de gatos por parte de la iglesia (que los consideraban “seres diabólicos”), la propagación y perpetuación de la misoginia y el patriarcado (excesivo y abominable en el caso del Islam), el encubrimiento de pederastas, etc. En fin, las consecuencias negativas del pensamiento dogmático del fanatismo religioso bastarían para llenar una biblioteca –o quemarla-.
El pensamiento mágico (donde entraría el pensamiento religioso) es el mayor exponente de dogmatismo, el carácter principal de las pseudociencias, mitos, tradiciones, etc.,  es que están barnizadas por el dogma, su postura acrítica es la que los perpetúa durante siglos trayendo el estancamiento intelectual, la desinformación y el desastre a todos los ámbitos de lo social.
Pero aun así el dogmatismo puede infiltrarse en absolutamente todo, pasa mucho en política y economía, hasta en lo más cotidiano uno puede caer en el dogma.

¿La ciencia y la racionalidad es un dogma?

También es común entre los posmodernos considerar a la ciencia un dogma -y en los casos más absurdos, hasta se la trata de religión ignorando que son conceptos completamente opuestos- , ya que creen que el “Consenso científico” es algún tipo de autoridad indiscutible. Esto es totalmente falso, la ciencia, su pensamiento y su consenso dependen absolutamente de la crítica, es su condición esencial, sin crítica, racionalidad y argumentación solida no puede existir la ciencia ni su pensamiento.
Tampoco es verdad  que la ciencia considera sus conocimientos como absolutos, ya que toda forma de conocimiento científico no es perfecto, sino perfectible… es decir, que puede mejorarse, profundizarse y reformarse.
Una de las condiciones más hermosas del pensamiento científico es la contrariedad a la autoridad, rechazar las afirmaciones sin comprobación ni argumentos ignorando si provienen de alguna autoridad divina o humana, es lo que en Inglaterra en épocas de Ilustración se llamó “Nollius In Verba” (En la Palabra de Nadie), lema de la Royal Society. Por esto la ciencia cumple un papel esencial en el librepensamiento.
Tampoco faltan los que creen que la racionalidad o la lógica son dogmáticas, y lo más irónico es que intentaran defender eso con “argumentos racionales”; son los irracionalistas.
La racionalidad es la capacidad que permite pensar, evaluar, entender y actuar de acuerdo a ciertos principios de optimidad y consistencia. Es la antítesis del dogmatismo y la capacidad de pensar consistentemente en si, por lo cual si se la podría discutir de forma correcta solo sería racionalmente (para que sea consistente y argumentada, recuérdese que el dogmatismo se basa en la no-argumentación) y se vuelve una tarea paradójica no caer en el dogmatismo. En realidad, lo dogmático es el irracionalismo, que no necesita argumentar ni pensar consistentemente nada, solo afirmarlo y defenderlo.

En defensa del Librepensamiento

El término librepensamiento a partir de la Ilustración define una actitud filosófica consistente en rechazar todo dogmatismo, sea de tipo religioso o de cualquier otra clase, y confiar en la razón para distinguir lo verdadero de lo falso.
Un librepensador es una persona que forma sus opiniones sobre la base del análisis independientemente de la imposición dogmática de alguna institución, religión, tradición, tendencia política o de cualquier movimiento que busque imponer su punto de vista ideológico o cosmovisión filosófica .El librepensador utiliza a la ciencia y la lógica para discriminar las ideas falaces..
El librepensamiento es la base filosófica para el movimiento del Humanismo secular.
Creo que la conclusión es clara. Evitar completamente caer en el dogmatismo, fundamentar sólidamente cualquier afirmación o idea y exponer evidencias en lo posible.
Las consecuencias negativas del dogmatismo y la irracionalidad pueden ser infinitas, una de las luchas intelectuales más relevantes es la de luchar contra toda forma de dogmatismo, criticar todo es la forma de filtrar lo –potencialmente- dañino para asegurarnos un bien común a todos.
El dogmatismo es sinónimo de estancamiento intelectual, de arrogancia, de ignorancia…. -y de las peores ignorancias- de las que subestiman y creen poder estigmatizar el conocimiento progresivo. Un dogmático ignora por decisión, pone voluntad en desprestigiar la sabiduría y hasta dónde puede llegar, no ve más allá porque no quiere, es en sí mismo el obstáculo al saber y está hundido en un lodo del que además está conforme.
La base para dejar de lado esta estructura de pensamiento es comenzar a ser más racionales, a debatir más y a escuchar al otro. Analizar críticamente todo y no enamorarse de ninguna idea, poder ser falsables, para así poder progresar intelectualmente.
Una sociedad que se libere mediante la razón y el pensamiento crítico de las tinieblas del dogmatismo, es una sociedad que da el primer paso hacia la libertad, porque para la humanidad no hay nada más importante que la forma en que ve y entiende el mundo, en cómo actúa sobre él y en cómo se relaciona con las demás personas. Aspectos que el dogmatismo empaña y dificulta enormemente. En una sociedad dogmática habrá y hay  despotismo, abusos, estancamiento intelectual, visiones del mundo irrealistas y distorsionadas, y muchas desgracias más que recuerdan a como se vivió en la época llamada oscura de la humanidad. Época dominada en absoluto por los dogmas religiosos y políticos.

Un Cabello en la Cerradura

(Cuento)

Pocas son las personas que resaltan del resto, que nos hacen pensar que su vida vale aunque sea un poco la pena, que destacan por el ímpetu con el que se desenvuelven en su vivir, exaltando que realmente están vivos.  Éste, claro, no es el caso. Si hay un matrimonio que expele vulgar mediocridad, fracaso y hastío es el que nos ocupa. Totalmente faltos de talento en el arte de vivir, los esposos J. F. y M F contaban con la curiosa cualidad de deprimir a cualquiera que los observara detenidamente. No debía existir mayor representación del horror de llevar una existencia tan atrozmente aburrida -y ojala no lo hubiera-.  J. F sobre todo. No había ocasión en que no lo acompañara fielmente la angustia. Sus cabellos se emanciparon de su cabeza desde que era relativamente joven, dejándola en reluciente exposición. En su espejo, solo se reflejaba la vergüenza. Cada paso que daba, era inseguro como el de un cachorro. De talante pusilánime,  la miseria lo encorvaba y exhalaba tristeza  en cada aliento.  Aun así, ni siquiera la maldad era su vicio, sino uno más indigno, la irrelevancia. Su ser era fútil como el más nimio insecto.  Así no tanto su mujer, de un tono un poco más alegre, gracias a la mayor indiferencia con la que encaraba su existir.  Los dos eran totalmente incapaces de sentir alguna emoción digna, ni la belleza los deleitaba, ni la verdad les interesaba. Ambos íntegramente dignos del adjetivo patético.
En un intento vano de escapar  del agrio sabor de su rutinariedad,  ambos decidieron emprender un viaje no muy largo a una ciudad más bella y tranquila, donde el fantasma de la monotonía los dejara en paz y pudieran respirar un poco de aire sin hollín. El trabajo  industrial  ya había terminado de maniatar y desollar como eficaz asesino  lo poco que quedaba de sus débiles personalidades. Sus días, frustrantes como el castigo de Sísifo y desgarradores como la condena de Prometeo, desde hace varios años no se diferenciaban ni en un solo detalle unos a otros. Todos los días trabajaban para otro, se acostaban sucios y grasosos, se despertaban sonámbulos y caminaban entre multitudes iguales. Tan destrozados yacían por el estrés de la esclavitud asalariada que asombraba que tal tedio pudiese soportarse.  Sus vidas eran un drama representado en un teatro maldito.
Llegaron un buen día a su de destino, decididos a aplacarse e intentar con ansias revivir aunque sea un segundo sus deseos de subsistir.  Averiguaron donde albergar por lo menos esa noche y dieron con un muy barato motel del centro. Marcharon hacia él ansiosos y expectativos.
Bajaron del taxi frente a un amplio edificio de  rustica fachada decorada por verdosas manchas de humedad. Adentro, una señora grotesca, maquillada toscamente y de baja estatura  los atendió arisca. Como era de esperar, la desgracia no estaba dispuesta a dejar de perseguirlos.  Aquel lugar calificaba con todos los antónimos de acogedor. El rosado pastel del empapelado era sumamente hostil hasta para los que no tuviesen un mínimo sentido de la estética. La humedad era tan agobiante que espesaba la sangre, la estructura se despedazaba y la intensa mugre recorría los pasillos  como un atroz espectro. Era así, un magnifico museo de telarañas. El asco y el horror no tardaron en danzar en sus consciencias ganándole el terreno a la fatiga. Allí alquilaron una habitación -lo único que sus pobres bolsillos podían darse el gusto de pagar-.
Apenas entraron en aquella pocilga y se acomodaron como pudieron, corriendo frágiles telarañas inhabitadas y acomodando sus maletas, cerro el telón de la noche.  M. J embriagada de sueño, producto del incomodo viaje en tren, se durmió de manera instantánea en la sucia cama.  No así nuestro lánguido varón, al cual Ansiedad y Melancolía lo mantenían sin cerrar los ojos durante largas horas incomodas.  Además, el lugar estaba tan descuidado que lo asustaba la idea de que hubiera en la cama una araña, una rata, o algo peor. M. F. comenzó a roncar. Ansioso y desesperado se decidió por levantarse y prepararse un té en la cocina.  Tomó con torpeza y dificultad sus lentes en la oscuridad, crujió sus vertebras y emprendió marcha.
Mientras cruzaba el umbral de la puerta notó algo que llamó su atención. No era precisamente un tipo que se detenga por detalles, sin embargo éste para él, fue particular.  Dentro del hoyo en el marco de la puerta por donde entra la cerradura notó un cabello, y sin ninguna razón más que una impulsiva tentación espontanea, procedió a estirarlo.
Si hay característica curiosa en la especie humana es ceder ante la tentación a los más absolutos sinsentidos. El impulso ciego del desconocimiento.  El hacer por hacer…. por qué sí.  La inconsciencia absoluta. La experimentación inútil, el actuar absurdo. Tal vez, en ocasiones, consecuencia del don de la curiosidad. Maravilloso factor que, creemos, nos suele diferenciar del resto de los fétidos insectos.  Pero sin duda, un motivo de infinitos disgustos. El accionar mediante la inconsciencia irracional es una constante búsqueda de lamentos. Lo que precisamente consume a nuestro exánime.
Apenas retiró el cabello J. F sollozó del más magnate espanto. Su curiosidad lo llevó a caer en una trampa que parecía producto de un cruel ingenio bromista. Con la fugacidad de un relámpago  J. F. cayó al suelo y casi desfallece del horror, su garganta se cerró y su lengua seca por poco logra destaparle el  paladar por la presión. Su pecho se comprimió de golpe y su voz se esfumó en las tinieblas del enmudecimiento, dejando salir solo un fuerte quejido mudo…. Pesadillesco.  El cabello no era más que una antena de cucaracha. Seres repugnantes si los hay,  cómo para sentirse identificado. Mala señal que algo similar a nosotros nos espante.
El pequeño y vil ser se esfumo rápidamente. J. F. continuó petrificado pero no tardó mucho en recuperar su compostura y con una muy leve sonrisa fruto de que dio por superado lo ocurrido, se paró y continuó su marcha a la cocina. Luego preparó su té en aquella inmundicia, se sentó en un empolvado sillón y entre pulsaciones meditó sobre su  mísera condición humana, su hilarante susto y la relación que llevaba con su querida esposa que tan placida dormía. El lugar desprendía un fuerte aroma a madera húmeda pudriéndose. Durante el tiempo que bebió su infusión aquel ambiente no dejó un instante de envolverlo en un suave velo de miedo. Aquello no era un terror  infantil de espíritus y brujas, el lugar inspiraba un terror instintivo, aquel miedo era puramente racional.
Luego volvió a su habitación y se acostó en un ambicioso intento por conciliar el sueño.  M. F. roncaba aún más fuerte. Apenas se acostó algo saboteo su proyecto. Un sonido a secos crujidos sonaba en un rincón, donde yacía depositada en el suelo una vieja maleta suya con zapatos. Crujidos horribles, desesperantes.  J. F. se levantó nuevamente y prendió la luz. Nada especial había visible. Se acercó a la maleta, la abrió, se sentó en el piso y con modesta valentía espero observando. Nada había allí. Nada. Hasta que después de un rato, con serena lentitud se asomó tímido el objeto de la molestia.  Nada espectacular, una blattodea (si, una cucaracha). Luego de varios intentos fallidos de darle logró -por fin- masacrarla impiedosamente con un zapato de la maleta. La tomó con un papel y con Insensibilidad la arrojó al inodoro. Todo venía siendo normal, hasta que al pasar por el espejo, pareciera que éste lo sedujo severo a mirarse. J.F volvería a ser una víctima de la tentación y la pulsión volvía a ser su verdugo. Misteriosamente, ésta vez el reflejo de su rostro no le provocó la habitual y simple vergüenza, sino una fuerte aversión que lo penetro cual duras espinas. Gravemente, el infausto sintió consumirse integro en su propia desdicha: él mismo. Comprendió que todo aquel terror azotador no era consecuencia de lo horrible del lugar, sino de lo horrible de su propia persona.  En un hondo plañido y apurado, escapó del cuarto de baño, apagó la luz y volvió a acostarse, ésta vez  más cansado. Su endeble ser se desmoronaba. Pereció un pequeño instante inmóvil en la cama, en un silencio áspero, sin embargo, luego de unos minutos el crujido revivió. Esto empezó a asustarlo de forma indecible sin dejarlo siquiera respirar. El sonido se volvió más cercano, más intenso y más ahogante. Hasta su más recóndito tendón estaba impregnado de un crudo escalofrío, esto sí era intolerable. La quietud se volvió imposible, se levantó temblando y otra vez prendió la luz. M. F. seguía roncando,  nada yacía allí más que ella. Ni siquiera el crujido osaba sonar ya, como sí la luz lo espantara. Pensó que tal vez aquello solo  producto de una imaginación excitada por el miedo.  A ésta altura ya realmente cansado apagó la luz y se acostó en la cama, ahora con su linterna de viajes, totalmente decidido a emprender la odisea de esquivar la paranoia y de una vez por todas conciliar su sueño. Pero M. F. roncaba aún más alto y baboso, comenzando a volverse su nuevo fastidio.
Los ronquidos se volvían cada vez más engorrosos. La atmosfera era inaguantable, el sueño  lo enloquecía. Sus ensoñaciones interrumpidas rebosaban horrores, imágenes aberrantes, pesadillas breves como parpadeos y enfermizas como su vida. El incubo del sueño lo poseía aplastándole el pecho hasta hacerlo sentir con un extraño placer que moría, esto culminaba en despertar en una realidad siempre aún más cruel.  La situación era peor que torturante.  En un intento de alivianar su infortunio J. F. cerró suavemente con su mano la mandíbula de su esposa, esto por un instante  pareció parchar el disgusto, hasta que el ronquido volvió y de forma aún más preocupante.  M. F. parecía empezar a ahogarse con su baba. J. F. tomó apurado su linterna y alumbró en la intensa oscuridad la cadavérica cara de su amada para encontrar allí el súmmum de su espanto.  La garganta de su mujer se volvió un por demás repulsivo nido de heterometábolos, estos le recorría el rostro entrando y saliendo de su blanca boca como una autopista  en constante agitación.
El cerebro de J. F. por fin quedó en blanco, vacío de lamentos, de nostalgia, de pensamientos intrusivos y de cualquier otro tipo. Ni siquiera el horror lo tiranizaba. El vacío absoluto lo cubrió -la penumbra lo envolvió en su plenitud-. Tal vez fue lo más cercano a la felicidad que estuvo. Lo último que visualizó su mediocre y mísero  ser, sin concebir ninguna reacción o idea al respecto, fue una multitud de semejantes caminarle por su demacrado cuerpo, similar en demasía a las multitudes yendo hacia sus trabajos en las mañanas de sus días. Estos diminutos seres, siempre subestimados, taciturnos, crujientes, marrones y grasosos, de detalladas piernas y esbelto abdomen notaron en él una sincera simpatía, sabían que algo de él estaba también en ellas. Nada más queda por decir de éste humano, insignificante como un cabello en la cerradura.