Mes: agosto 2015

Los problemas del agnosticismo

Más popularmente se conoce como agnosticismo a la postura que alega que es imposible saber si existe o no existe dios -u otros entes sobrenaturales-, que es algo incognoscible de lo cual no hay certezas y que por lo tanto hay que reservarse el juicio. En verdad hay varios tipos de agnosticismos, algunos agnósticos se caracterizan por qué ante la pregunta de la existencia de dios, simplemente responden un “no sé”, y no parece producirles mucho interés el tema, mientras que en la práctica viven como ateos, esto es algo que no se puede juzgar. Un ateo fuerte- o positivo[1]– (postura a la que adhiero) considera correcto concluir que ningún tipo de dios existe. Para muchos agnósticos, decir que no existe es incorrecto, generalmente argumentando que: “no hay evidencias de que no existe dios”, “no se ha probado que dios no exista” o que “es algo imposible de saber”. Estos argumentos tanto como este agnosticismo son falsos, y desarrollaré el por qué:

La principal artimaña que utilizan estos agnósticos es exactamente la misma que utilizan los creyentes: invertir la carga de prueba. Esta falacia consiste pedir evidencias para una negación cuando la evidencia sobre la que debería descansar la afirmación es inexistente e incluso altamente implausible, al punto de poder ser considerada imposible. La carga de prueba la tiene el que afirma algo implausible o altamente improbable, no el que niega que eso pueda ser verdad. Así por ejemplo, si yo afirmo que tengo un rinoceronte de mascota en mi apartamento, para demostrar que esto es cierto soy yo el que tiene que recurrir a las pruebas a mi favor. Si a partir de esto alguien niega o desmiente mi dudosa afirmación con argumentos del tipo “es imposible que sobreviva en ese medio”, no puedo invertir la carga y poner sobre sus hombros el peso de evidenciar su negación (al estilo “no tienes evidencias de que no es cierto”), cuando soy yo el que hizo una afirmación inverosímil sin aportar evidencias. Los teístas y creyentes de todo tipo llevan literalmente miles y miles de años sin poder aportar una sola prueba o argumento sólido en favor de la existencia de dioses (y no, un libro escrito por gente primitiva no es evidencia de nada) o entes sobrenaturales, por lo tanto negar dichas ficciones es totalmente racional. Asumir que no hay evidencias de la no existencia de algo, y que por lo tanto, negar la existencia es una imprecisión de la que debemos prescindir es ingenuo. Pongamos un ejemplo, yo no puedo probar que no existen los unicornios en ningún lugar del universo. Por lo tanto, según el razonamiento agnóstico no es posible saber si existen o no, a pesar de que hay numerosas razones para pensar que no existen, por ejemplo: recurriendo a investigar la historia del unicornio puedo deducir que es un mito humano posiblemente procedente de la confusión de los europeos al oír del rinoceronte indio (sí, como el que tengo de mascota).  Una vez que tenemos numerosos argumentos en contra y ninguna evidencia a favor es absolutamente necesario (por cuestiones de economía mental, entre otras cosas) concluir que los unicornios no existen. ¿Los agnósticos son agnósticos de cualquier cosa sumamente improbable e implausible que no pueda probarse que no exista, como ser un pulpo en marte indetectable por la tecnología actual? El caso de las afirmaciones sobrenaturales de dioses es exactamente igual. No hay argumentos ni evidencias de su existencia, sin embargo, hay muchos argumentos y evidencias a favor de la tesis de que no existen, por ejemplo, los descubrimientos científicos actuales trabajan sobre una ontología materialista  sumamente consistente demostrando que muchos de los delirios comprobables expelidos por las religiones son falsos: la biología refutó el creacionismo, la geología la edad bíblica de la tierra, la astronomía los disparates cosmogónicos de todas las religiones, las neurociencias el concepto de alma, y un largo etc. El avance del pensamiento filosófico y crítico ayudó también a diseccionar el pensamiento religioso demostrando todas sus falacias. También la historia y la antropología nos brindan una base sobre la cual podemos entender el pensamiento mágico y concluir que en la ignorancia y el primitivismo todas las culturas en un modo de saciar su incertidumbre en un mundo desconocido y brutal inventaron dioses a “su imagen y semejanza”, para sentir que podían explicar algo y que el peso de la muerte no era una carga tan abrumadora –entre otras razones-. Así con todo el conocimiento actual podemos tener una plataforma sobre la cual reposar una negación a la afirmación de la existencia de dioses sin recurrir a evidencias de su no existencia, que por cierto, es algo imposible. Sí, es imposible tener evidencias de la no-existencia que algo inmaterial, ya que solo podemos tener evidencias de algo cuando es material, y al parecer, los dioses no son partidarios de dejar pruebas materiales de su existencia, he aquí la gran trampa del agnosticismo.
Se pensará que es una gran contradicción en un cientificista que afirma apoyarse en las evidencias, afirmar algo sin tenerlas. Esto es cierto, es una contradicción, pero solo dentro del empirismo y el cientificismo duro y bruto, estos se contradicen hasta en sus premisas, pero no es una contradicción ni del racioempirismo ni del cientificismo blando, ya que estos mantienen una gnoseología y epistemología que admite la importancia de la filosofía y la argumentación racional, además de la evidencia, siempre mientras que la filosofía y la argumentación racional no contradigan a las evidencias, ya que estas siempre tienen un papel principal. No tenemos evidencias de que no existan dioses en ningún lugar del universo, ni de que en ningún momento haya existido un fenómeno paranormal o un ente mitológico o inmaterial cualquiera, pero tenemos unos muy macizos argumentos, y ante su solidez y la falta de prueba para afirmar, podemos muy tranquilos, darnos el gusto de negar. Algunos agnósticos claman “la falta de prueba no es prueba de ausencia”, eso es cierto. Solo tenemos pruebas para afirmar que la hipótesis de cualquier dios es altísimamente inverisímil, pero no pruebas de que no existen. Los ateos no tendremos, dada su imposibilidad, pruebas de la no existencia de dioses inmateriales sea Jehová o el Monstruo de Espagueti, pero tenemos argumentos suficientes para tranquilizarnos y vivir sin pensar que ofendemos a más de 4.000 dioses por considerarlos absurdos.

Thomas Huxley (abuelo del escritor Aldous Huxley) fue el fundador del agnosticismo, o por lo menos, fue quien lo bautizo con su nombre. Sin duda fue una persona muy admirable (en mi opinión, más que su nieto), defendió arduamente la teoría de la evolución (se lo llamaba el “bulldog de Darwin”) y fue un gran crítico de la religión en su época. Él dijo: “Es un error para un hombre decir que él está seguro de la verdad objetiva de una proposición a menos que pueda demostrar que, lógicamente, justifica esa certeza. Esto es lo que afirma el agnosticismo”. Bien, yo considero que sí, los ateos positivos podemos demostrar lógicamente que la inexistencia de cualquier tipo de dios es una verdad objetiva. Partamos de la base que el humano ideo mucho más de 5.000 dioses con igualdad de falta de evidencia, y que en la actualidad se calculan miles de religiones vivas ¿Es coherente ser igualmente agnóstico de Zeus, Ra, Horus, Mitra, Dionisio, Hades… e incluso de algún dios que se me pueda ocurrir a mi ahora mismo? No, ¿Es coherente ser agnóstico del dios cristiano? No más coherente que serlo de Zeus y los otros tantos dioses. Se dice que hasta el más fanático religioso es ateo, por lo menos es ateo de más de 4.000 dioses, aunque crea en uno. Teniendo en cuenta tantas historias inventadas y creídas por el hombre y revisando el contexto de cada invención mitológica, se puede concluir lógicamente que la existencia de cualquier dios ideado es tan inverosímil que merecen ser considerados, con toda honestidad gnoseológica y ontológica, como inexistentes. No sería coherente para  el agnóstico darle prioridad al dios cristiano que al resto, por lo tanto si es agnóstico coherente, debe concluir que es tan intelectualmente deshonesto negar la existencia de Ra que la de Jehová. La probabilidad de que exista cualquier dios es la misma, exageradamente baja. A ver, yo no estoy de acuerdo en decir que la inexistencia de dios es una verdad absoluta, puesto que no creo que haya verdades absolutas e irrefutables, simplemente la considero como una verdad muy aproximada, tanto como decir que en el interior de la tierra hay lava, no será absoluta, pero es excesivamente alta. Ahora, si me presentaran pruebas de que en el interior de la tierra hay hielo, me retractaría y dejaría de pensar que hay lava, lo mismo con la existencia de dioses, pero mientras no haya pruebas, mi consideración tomará a cualquier dios como inexistente y en igual de condiciones entre ellos. Y si hay una diferencia entre los dioses que aparente al dios cristiano como más plausible, no es que lo sea, sino que los cristianos mediante la teología en la necesidad de creer atravesaron la historia entrenándose arduamente por agregar ad hocs y así defender a su dios de la crítica y la refutación, y a sus fieles lejos de la duda y la razón. Los cristianos tienen bajo la manga cientos de trucos para hacer a su dios irrefutable y hacer creer a la gente que su dios es el único verdadero, o al menos el más coherente. Los creyentes cristianos hicieron con dios lo mismo que Carl Sagan ejemplifica en su relato del dragón en el garaje (relato que dejaré al final del texto) y del residuo de esta disciplina basada en esconder bajo la infalsabilidad un concepto totalmente ambiguo e inútil, nació el moderno teísmo no-cristiano, que a pesar de recurrir a los mismos dogmas se considera superior que su padre el monoteísmo judeocristiano. Toda fabulación sobre una divinidad sigue y seguirá estando en igual de condiciones en materia de plausibilidad, que cualquier idea incomprobable que pueda ocurrírseme a mi o a cualquiera.

Muchísimos creyentes vacilantes y muy moderados se sienten cómodos con el agnosticismo por que necesitan tener alguna hipótesis que llene, al igual que los creyentes fuertes, el vacío de no entender cómo se creó el universo, como si este fue creado. “De seguro algo creo el universo pero no podemos saber que es, ni si de verdad existe”. Idea de por sí, bastante confusa, aunque popular y aparentemente consoladora. Yo les diría que tranquilamente pueden desecharla, el universo jamás fue creado, simplemente siempre existió. Algunos dirán: “Ajá, ¿y el Big-bang?”. Este en verdad no explica la creación del universo, sino un cambio en el mismo, ya que el big-bang para suceder tuvo que tener donde, o sea, el universo. No hay razón para rebanarse los sesos pensando en que o quien fue lo que creó el universo, no lleva a nada ni tiene sentido, y lo mismo va para los creyentes fuertes y no solo para los creyentes disfrazados de agnósticos, que abundan. La refutación a la idea de la creación del universo es exageradamente simple, de verdad. Si aceptamos la premisa de que el universo no pudo existir siempre, se supone que algo, por ejemplo, un dios, lo tuvo que haber creado (que visión más asquerosamente antropogénica por cierto). La primera pregunta que surge en una mente racional es ¿Y que creo a ese dios?, el creyente sintiéndose astuto responderá: “siempre existió”. Pues bien, es mejor volver un paso atrás y decir que el universo siempre existió, no hay ninguna razón para pensar lo contrario, y pensarlo lleva a una cadena infinita que no resuelve nada.

Hay ciertos temas donde lo más racional es tomar una postura fácilmente confundible con éste tipo de agnosticismo, y es la de admitir el no saber. Pero esto puede prestarse a confusión, por ejemplo, no es lo mismo admitir el no conocimiento que ser agnóstico incognoscible, ya que el agnóstico incognoscible cree que no se puede saber, no solamente que no sabe. Yo no me considero agnóstico fuerte de, por ejemplo, la existencia de vida extraterrestre, no tengo fe en que existan, tampoco  la niego ni la afirmo porque no sé, pero sí sé que puede saberse en algún momento. Basta solo con estudiar la atmosfera y las condiciones de un planeta para calcular posibilidades, realizar ciertas pruebas para ver si en aquel hay vida o no, o encontrarnos con un visitante extraterrestre, etc. La hipótesis de la vida extraterrestre es perfectamente racional aunque no haya evidencias ni a favor ni en contra. A diferencia de la hipótesis de dios, la de vida extraterrestre tiene muchísimo más sentido, es muchísimo más posible y es materialista, por lo tanto no son nada equivalentes. Negar como afirmar la existencia de vida extraterrestre es un error. Negar la existencia de dios no, mientras de la otra hay plausibilidad, en esta lo único que hay es absurdo e inverisimilitud. Ante la hipótesis de dios podemos aplicar tranquilamente lo que yo llamo las tres navajas escépticas, estas son: “Afirmaciones extraordinarias merecen evidencias extraordinarias” (Navaja de Hume). “Aquello que es afirmado sin evidencia puede ser negado sin evidencia” (Navaja de Hitchens). “En igualdad de condiciones, la hipótesis más simple suele ser la correcta” (Navaja de Ockham). Así que puedo, como ateo, vivir y pensar de lo más tranquila y libremente asumiendo que ningún dios existe, y hasta negándolos con total apoyo en la razón.

El agnosticismo incognoscible no tiene bases para suponer que negar la existencia de dioses es dogmático,  irracional, infundamentado, ni mucho menos imposible de cierta certeza. Si una persona adopta el agnosticismo ya sea por pereza de llegar a una conclusión más coherentemente osada que el decir “no sé”, o ya sea porque no le interesa el tema, no puede pretender que negar la existencia de dioses signifique un acto inconsistente y arbitrario. El agnóstico incognoscible no tiene bases para suponer lo que supone, ya que sus bases son falaces, contrarios a la Navaja de Occam e inconsecuentes al no aplicar el mismo criterio a otros casos incomprobables. Ya mostré que si extrapolamos el agnosticismo a una gnoseología general todo lo que no pueda comprobarse se sigue de una supuesta conveniencia en no emitir juicio e incluso en la imposibilidad de éste. Si no puedo comprobar que la tetera de Russell orbita[2], no puedo negarla, como tampoco puedo negar cosas incomprobables que a mí mismo se me ocurran sabiendo conscientemente que son producto de mi imaginación y completamente imposibles, por lo que el principio de economía mental es completamente violado y ultrajado. El proceso gnoseológico que propone el ateísmo es aplicable a todo, cualquier cosa que resulte contraria a la evidencia, altamente inverosímil, incomprobable, incompatible con una filosofía fértil como lo es el materialismo científico e insostenible por medio de análisis racional, debe ser rechazada como falso sin ninguna modestia. Muchos agnósticos sostienen su postura en una especie falacia del punto medio por pusilanimidad de optar por conclusiones concretas ya sea afirmación o negación. Dios no puede existir y no existir al mismo tiempo por regla lógica, por lo que hay solo una postura correcta ante la pregunta de su existencia.
Concluyo este análisis con la sentencia de que estos agnosticismos son falsos e insostenibles tanto como la creencia en dioses u otras supercherías de pensamiento mágico.  

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Apéndice:

“ En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca». Supongamos que yo le hago a usted una aseveración como ésa. A lo mejor le gustaría comprobarlo, verlo usted mismo. A lo largo de los siglos ha habido innumerables historias de dragones, pero ninguna prueba real. ¡Qué oportunidad!
—Enséñemelo —me dice usted.
Yo le llevo a mi garaje. Usted mira y ve una escalera, latas de pintura vacías y un triciclo viejo, pero el dragón no está.
—¿Dónde está el dragón? —me pregunta.
—Oh, está aquí —contesto yo moviendo la mano vagamente—. Me olvidé de decir que es un dragón invisible.
Me propone que cubra de harina el suelo del garaje para que queden marcadas las huellas del dragón.
—Buena idea —replico—, pero este dragón flota en el aire.
Entonces propone usar un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.
—Buena idea, pero el fuego invisible tampoco da calor.
Sugiere pintar con spray el dragón para hacerlo visible.
—Buena idea, sólo que es un dragón incorpóreo y la pintura no se le pegaría.

Y así sucesivamente. Yo contrarresto cualquier prueba física que usted me propone con una explicación especial de por qué no funcionará. Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento concebible válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluto a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo le he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo. “ Carl Sagan, El mundo y sus demonios.

Notas:

[1] Postura atea que niega la existencia de dios. A diferencia  del ateísmo negativo, que simplemente se contenta con descreer.

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Tetera_de_Russell

Los conspiranoicos y su lucha contra los fantasmas

¿Qué es la conspiranoia?

Últimamente está de moda -esto no quiere decir que sea nuevo- que la gente, y principalmente los jóvenes, repitan constantemente y con toda seguridad, teorías de conspiración. ¿Qué son teorías de conspiración? Existen dos cosas diferentes, conspiraciones reales, y conspiranoias. El adjetivo conspiranoico deriva de la unión de la palabra “conspiración”  y “paranoico”, es un neologismo que es usado para referirse a los creyentes de las “teorías de conspiración”, conjeturas infundamentadas de conspiraciones que carecen de pruebas suficientes, o en el peor de los  casos, carecen absolutamente de pruebas.  La conspiranoia vuelve a las personas totalmente paranoicas de las conspiraciones falsas e incomprobables, los “conspiranoicos” suelen ser representados con un gorro de papel aluminio  -para que el gobierno no les lea la mente- y suelen frecuentar blogs y revistas de lo “paranormal y misterioso”. Esto no es nuevo, autores de falsas conspiraciones y sus creyentes existen desde hace mucho tiempo, el problema es que con la facilidad de divulgar información que brinda el cada vez más usado Internet, se generó un gran auge de las teorías de la conspiración. No quiere decir que la facilidad de adquirir abundancia de información sea mala, en verdad el auge de la conspiranoia es una consecuencia de que gran parte de la población carezca de pensamiento crítico y capacidad de investigación rigurosa.
Algunas de las más repercutidas teorías de conspiraciones son, por ejemplo: la hegemonía absoluta de los Illuminatis y Masones, su relación con los Anunnakis y el Nuevo Orden Mundial; el auto-atentado del 11-s, los Chemtrails, la “conspiración” que nos “hace creer” que llegamos a la luna (negacionismo del alunizaje), el gobierno nos controla la mente con MKUltra, el caso Roswelll, extraterrestres escondidos en el Área 51 que hacen pactos con el gobierno de EEUU, cualquier desastre climático es a causa del HAARP, Shakespeare no existió, Paul McCartney murió y lo reemplaza un actor, el mundo está dominado por un grupo judío ultra-secreto, el SIDA lo crearon para reducir a la población (y muchas más teorías de eugenesia), cualquier transgénico nos envenena, las vacunas son enfermedades que nos meten para vender curas (conspiraciones que involucran a las farmacias –o farMAFIAS- hay miles), el holocausto nazi nunca existió (y muchas más teorías pseudocientíficas pro-neonazis), la teoría de la relatividad de Einstein es un “fraude científico” (otra teoría pseudocientífica y antisemita, ya que el argumento principal para derribar la teoría de la relatividad parece ser solo que Einstein era judío), el gobierno esconde todo lo relacionado con OVNIS, el flúor en el agua nos envenena, el Wi-Fi nos lee o daña la mente,  los extraterrestres dominaron nuestro pasado pero la “historia oficial no quiere que lo sepas”, los nazis se escondieron en un mundo “intraterreno” y un largo etc. de disparates como estos. Muchas de estas teorías de conspiración son difundidas por ultraderechistas como el norteamericano Alex Jones (por ejemplo, las teorías del flúor en el agua y de la antivacunación), y  nada más útil para la derecha que un montón de “zurdos” peleando contra fantasmas.
Las teorías de conspiración de carácter eugenésico como la de los “chemtrails”, las “farmafias”, el venenoso flúor en el agua, los terribles transgénicos o el maligno wi-fi, nos quieren hacer creer que hay una conspiración de las elites para reducir la duración y calidad de vida de las personas. Bueno, si esto sería así hay que decir que les está yendo muy, muy mal, ya que la calidad y el promedio de vida (en la mayoría de los países) es cada vez más alto.  Sin duda una de las más absurdas de todas estas teorías es la de los “chemtrails”. Según los conspiranoicos, las estelas que dejan los aviones son químicos que utilizan las elites para envenenar a la población. La primera pregunta es ¿por qué querrían eso si ellos mismos se enriquecen a costa de la población? Eso es lo primero que los conspiranoicos deberían responder. Y para los que no sepan, las estelas de condensación de los aviones están formadas simplemente de vapor de agua. La página del Circulo Escéptico Argentino se encarga muy bien de desmontar el mito de los chemtrails[1]. Realmente hay gente que protesta y arma escándalos al gobierno porque cree que les están fumigando con químicos, es una excelente muestra de hasta qué punto llega el nivel de paranoia de estos sujetos.
En este artículo no pretendemos refutar todas estas teorías (tal vez algunas), pero si pretendemos invitarlos a ser escépticos e investigar por su cuenta porque todas estas teorías son disparatadas. Para darse cuenta de la inverosimilitud de una teoría de conspiración no hace falta tampoco ser un investigador consumado, algunas se refutan desde el sentido común. Por ejemplo, hubo un tiempo en el que se decía que “los gobiernos” nos espiaban constantemente desde las redes sociales como Facebook. Bueno, si uno es un activista revolucionario relevante esto es plausible… pero realmente yo dudo mucho que hayan agentes del gobierno interesados investigar estados de Facebook como “me fui a bañar”, “hoy sale gym”, “hoy discoteca con mis amigas”, etc, y si este trabajo gubernamental ultrasecreto existe, realmente debe ser muy aburrido.

La existencia de falsas conspiraciones no quiere decir en absoluto, que no hayan existido conspiraciones reales (con evidencia confiable). Existieron conspiraciones como  “El Pacto secreto” Molotov-Ribbentrop: un tratado entre los nazis y los comunistas para repartirse Polonia antes de la Segunda Guerra Mundial. También el asesinato de Giaccomo Matteoti por parte de Mussolini, la Operación Condor (influencia de la CIA y los economistas libertarianos estadounidenses en las dictaduras latinoamericanas), el intento de encubrimiento por parte del gobierno francés tras las acusaciones de Émile Zola en el caso Dreyfus,  los esfuerzos de la policía secreta del zar para fomentar el antisemitismo presentando los Protocolos de los sabios de Sion como si fuera auténtico, o las conspiraciones del gobierno estadounidense y el FBI para desmantelar a los Panteras Negras -grupo de activistas que defendían los derechos de los negros-. En fin, conspiraciones basadas en evidencia existen. El problema, es cuando no hay evidencias confiables para fundamentar conspiraciones, y el principal problema, es que la gente las crea acríticamente.
La causa principal de la moda de las teorías de conspiración es que nadie habla de conspiranoia. El tema está, más allá de los círculos escépticos, casi nulo de debate, más que nada, porque las teorías conspiranoicas se abusan de la ignorancia general de la gente sobre los temas que tratan, lo cual hace que cuando un conspiranoico trate de convencer a otra persona, lo logre, dado que esta persona probablemente no tenga idea sobre lo que le están diciendo.

El método conspiranoico

Para los conspiranoicos la mayor evidencia siempre será la falta de evidencia. Cuando un teórico de la conspiración intenta convencer, siempre recurrirá a varias estrategias retoricas bien conocidas por los escépticos. Por ejemplo, afirmar que su teoría es verdadera teniendo como base únicamente su paranoia y el silencio del resto. Si el gobierno no habla sobre los chemtrails es porque lo ocultan y por lo tanto es verdadero, nunca pensaran que los gobiernos no hablan sobre los chemtrails porque la creencia en que las estelas de vapor de agua en verdad son químicos que diezman la población es realmente absurda. Si el gobierno y la NASA no hablan sobre extraterrestres no es porque nadie sepa nada sobre ellos, sino porque “nos lo ocultan”. Si los científicos no prueban que el flúor en el agua es venenoso, no es porque no lo sea, sino porque están escondiendo algo, y así. Los conspiranoicos, como bien nos dice su nombre, recurrirán siempre a la paranoia, todos están contra ellos y todos los que se opongan a sus ideas son parte del complot o están pagados por las elites. Si los historiadores serios no niegan el holocausto nazi como los pseudohistoriadores neonazis, es porque son parte del complot. Si alguien niega que los transgénicos sean sinónimo de veneno, es porque trabaja para Monsanto. Si Wikipedia no deja publicar sus patéticas historias como si fuesen verdaderas, es porque Wikipedia es de los Illuminatis. Jamás se atreverían a pensar que están equivocados y siempre recurrirán a la tendencia de confirmación, si alguien los refuta ellos pensaran con más razón que están en lo cierto, ya que el resto son pobres inferiores que se creyeron “la historia oficial”, “la ciencia oficial”, “el discurso gubernamental” y son los “dormidos” que no “despertaron su consciencia”. Los teóricos de la conspiración siempre barnizan sus discursos con el dogma, nunca sus postulados podrán ser refutados, todo intento de refutación es simplemente una estrategia del enemigo. Esta tendencia de pensamiento tan fanática  realmente llega a ser muy peligrosa. Los conspiranoicos se mantendrán fijos en su postura no solo por paranoia, sino porque creer tantas cosas extrañas y pensar tan profundamente que están en los cierto les brinda un autoestima especial, ellos se creen realmente superiores al resto, son los únicos “despiertos” y son los que saben cosas que el resto no sabe. Este sentimiento de superioridad tan peligroso es una de las principales razones por lo que es tan difícil convencer a un conspiranoico que ha sido engañado como un idiota.

Además de la paranoia y el sentimiento de superioridad, la principal estrategia que usan los teóricos de falsas conspiraciones es abusarse de la ignorancia y la credulidad:
Las teorías conspirativas son siempre preferidas por las personas más ignorantes como modo de entender lo que está pasando sin tener que aprender ciencias o entender de política o economía. La conspiranoia no solo no necesita conocimientos previos, sino que los conocimientos previos son perjudiciales para la aceptación de las teorías de conspiración. Una persona que sabe física jamás llegaría a creerse que hay gente viviendo en el interior de la tierra que es ocultada por los gobiernos, ya que es físicamente imposible. De este modo los teóricos de la conspiración captan de adeptos siempre gente inculta de modo que sea más fácil inculcarle que todo el resto, excepto ellos mismos, están equivocados. Como historiador sociológico Holger Herwig encontró, estudiando explicaciones alemanas para el origen de la Primera Guerra Mundial, que «aquellos eventos que son más importantes son más difíciles de entender y atraen la mayor atención de inventores de mitos y charlatanes».
Una persona crédula que no maneja las herramientas del escepticismo es sumamente propensa a dejarse engañar por los teóricos de la conspiración, ya que no maneja ni la capacidad de pensar críticamente y poner en duda las afirmaciones o la conexión lógica de los hechos (los autores conspiranoicos suelen tergiversar datos históricos y añadirle información inventada para volver sus teorías creíbles y atractivas, de esta forma la mezcla datos reales y datos tergiversados con conclusiones falsas puede engañar fácilmente a los ingenuos), ni posee conocimientos de investigación crítica para dar con las fuentes de sus afirmaciones y juzgar las supuestas evidencias. Por lo general, una teoría de conspiración no utiliza fuentes, y en el caso de utilizarlas son fuentes que llevan directamente a otros teóricos de la conspiración volviendo la búsqueda un círculo vicioso que jamás sale del ambiente de la conspiranoia.

Otro de los problemas del método conspiranoico basado en la falta de evidencia y sustentada en la estética de la teoría (no tiene pruebas pero suena bien, es interesante y apasionante), es que como no hay ningún filtro racional que sirva para justificar coherente y realistamente las creencias, no hay forma de justificar el por que creemos solo algunas conspiraciones y no todas.Si no nos basamos en la evidencia para aceptar conspiraciones sino simplemente en que suenan bien, ¿Por qué no aceptamos todas las teorías conspiranoicas extremadamente carentes de evidencia pero con estética y coherencia interna? Si lo hacemos podríamos acumular tantas conspiraciones que llegaría un punto donde varias serias contradictorias entre sí.  Esto podría denominarse la paradoja del conspiranoico. Si uno cree en la conspiración de que hay una cura para el SIDA pero los laboratorios nos la ocultan, no puede creer a su vez que el SIDA no existe ¡y existen ambas teorías de conspiración! Para salir de esta contradicción una persona coherente buscaría cuál de las dos teorías posee más evidencia, pero solamente para no convivir con dicha incoherencia interna. Si tal persona aplica este principio característico de quien posee honestidad intelectual y escepticismo, debería rechazar toda teoría conspiranoica.
Acumular creencias irracionales e infundamentadas solo porque suenan bien y queremos creerlas nos lleva inevitablemente a tener millones de creencias contradictorias entre si y un completo caos mental que nos aleja más de la realidad cuanto más creencias tengamos.
Otra posible paradoja del conspiranoico es más simple: ¿Qué le garantiza a los conspiranoicos que no hay una conspiración para hacerles creer en conspiraciones idiotas?

Actualmente es común encontrar teorías conspiranoicas difundirse viralmente por internet en producciones alternativas de pseudodocumentales, por ejemplo el pseudodocumental “Zeitgeist: the movie”[2]. También abundan en Youtube otros videos de formato pseudodocumental un tanto más casero (con Loquendo y Movie Maker) sobre reptilianos, illuminatis, masones satánicos (que probablemente coman niños o algo por el estilo) etc., y pueden presentarse con títulos atrayentes como “La verdad que te ocultan” o “Lo que los gobiernos no quieren que sepas”. Estos pseudodocumentales usan evidentes técnicas de manipulación para sumirnos y que nos confiemos en todo lo que se dicen sin cuestionarlos. Las técnicas utilizadas generalmente consisten en mezclar imágenes impactantes y efectos especiales propios de las películas de ficción con música apocalíptica y preguntas retóricas apuntando a que cuestione la realidad. Luego se pasa a dar datos, una vez que el espectador haya caído en la credulidad y la confianza -fruto de la incertidumbre inducida- acaba por asimilar acríticamente todo lo que se le dice. Lo que contienen esos pseudodocumentales, acompañados de testimonios de gente simpatizante de las teorías de la conspiración o cortes de otros discursos, pueden ser desde tergiversaciones de la historia hasta verdades a medias y falacias que no encuentran la resistencia del individuo para ser asimiladas. La estrategia de la que más se abusan es el bombardeo de información y el sensacionalismo, la información se presenta tan rápida que no podemos analizarla, en cambio, las conclusiones son afirmadas miles de veces con gran énfasis, lo que las vuelve totalmente convincentes. Otra estrategia usada para darles demagogia a las teorías es que utilizar el discurso de la izquierda y la subversión para darle “un toque revolucionario”.  Si indagamos más al buscar información sobre los teóricos de la conspiración, nos damos cuenta de que son conferenciantes que viven de ello, vendiendo esas teorías como un simple producto y haciéndose ricos con libros llenos de mentiras. Para colmo, a ellos se les unen toda una pandilla de reaccionarios y conservadores que utilizan ese discurso pseudo-revolucionario y simplista para captar y confundir adeptos.


Toda la culpa la tienen ellos

Para los conspiranoicos toda la culpa del mundo siempre la tienen seres totalmente alejados de la sociedad como la conocemos. Un ejemplo de esto es creer que todo lo malo que pasa se debe a grupos como los “Masones” y los “Iluminati”. Esto un hecho extremadamente curioso. Todas las teorías conspiranoicas sobre iluminatis y masones están teñidas de un aparente tinte liberalista, pero veremos que de liberalistas no tienen realmente nada. Supuestamente estos grupos son judíos (más abajo profundizaré en el antisemitismo conspiranoico) que nos dominan, aunque no todos los conspiranoicos estén de acuerdo en que estos grupos sean exclusivamente de judíos, algunos dicen que son extraterrestres. Según ellos, ésta súper-elite de tiranos todopoderosos nos controlan a todos como un títere en un lugar muy alejado y desde las sombras, cosa que las pobres personas normales ni se enteran, a excepción de los iluminados conspiranoicos.
Muy curioso es que los Illuminatis no existen en la actualidad (o por lo menos no hay evidencia sólida), pero si existieron en el siglo XVII, conocidos como “Illuminatis” o “los Iluminados de Baviera”. Y no eran precisamente una elite de dictadores supersecretos, sino un grupo de ilustrados que se oponían a la superstición, los prejuicios, los abusos de poder, los abusos de la religión y la desigualdad entre los sexos. Los Illuminatis eran mucho más progresistas que los snobs pseudoprogres conspiranoicos que se oponen a ellos, aunque ya no existan.

iluminatis

Otro foco de paranoia conspiranoica son los ya casi inútiles masones. Los masones son una logia que nace, como la conocemos actualmente, en el siglo XVIII, aunque la historia de su construcción se remonta al siglo XV.  Se les ha inventado una historia falsa que los remonta hacia el antiguo Egipto, pero no es más que un mito, algo similar se ha hecho con el libro de esoterismo el Kybalion que algunos remontan hacia el antiguo Egipto cuando en realidad fue escrito en el siglo XIX. Los masones tuvieron su auge en el siglo XVIII durante el Iluminismo y la Revolución Francesa y durante el siglo XIX, pero hoy en día son una secta minoritaria y su poder es minúsculo. Para una muestra de su decadencia basta ver que cuando en el 2015 el gobierno kirchnerista en Argentina eliminó la ley 1.420 que garantizó la educación laica en el siglo XIX, los masones argentinos sacaron un comunicado[3] indignados por el hecho (la Ley había sido impulsada por el xenófobo prócer masón Sarmiento), y aun así el gobierno no hizo absolutamente nada.  La influencia de los masones esta exageradísima, y los que los satanizan en verdad no saben básicamente nada de ellos, si entraran a la masonería se llevarían una gran decepción. La masonería no es mucho más que una secta teísta (con excepciones, algunas son cristianas, otras siguen un tipo particular de teísmo –creen en un dios llamado “El Arquitecto”-, a otras no les interesa cosmovisión religiosa en particular, la masonería es heterogénea y depende de la logia) donde se juntan a estudiar un ocultismo rebuscado y leen ética tradicionalista (defienden los valores de la familia, la nación etc.), mientras dicen apoyar la igualdad y la libertad cuando gran parte de ellos no dejan entrar mujeres (vaya contradicción) y defienden un nacionalismo patético. La masonería no es mucho más que un grupo que opera bajo el sentimiento de pertenencia como lo hacen las religiones, las sectas y hasta los clubes de futbol. Los conspiranoicos que satanizan a la masonería no hacen otra cosa que, sin saberlo, seguirle el juego a lo que la iglesia católica, el islamismo y los grupos de ultraderecha quieren que crean, ya que los masones tienen una larga historia de tensiones con la iglesia, el islam y los gobiernos fascistas, como el del dictador español Francisco Franco (conocido enemigo de la masonería). Los masones aunque muy conservadores, son muchísimo más liberales que muchos de los que luchan contra ellos. Algo que deja bien en claro esto, es el hecho de que Agustín Barruel, el pionero en esto de denunciar “conspiraciones” “iluminatis” y “masónicas”, era un sacerdote jesuita que se oponía al iluminismo por representar todo lo contrario al conservadorismo que éste defendía. Barruel creía en una “conspiración de filósofos” y ateos. Esta es la base del conspiracionismo anti-iluminati, un exponente de la más retrógrada contrailustración religiosa.

Pero la irracionalidad conspiranoica va mucho más allá de echarle la culpa de todo a sectas terrestres. Entre los conspiranoicos es común creer que los humanos son en realidad controlados por una raza de reptiles intergalácticos. Si, así de absurdo. Esta maravillosa historia de ficción tiene de creador al charlatán con todas las letras Zecharia Sitchin, ufólogo  y escritor de ciencia ficción disfrazada de “historia alternativa”. Sitchin es conocido por brindar toda la teoría pseudocientífica que serviría de base para el nefasto programa “Alienígenas Ancestrales”[4], del patético canal History Channel. Estos extraterrestres inventados por Sitchins se conocen como “Anunnakis”, y según el no solo dominan el mundo, sino que son los creadores de la raza humana, y todo esto solo se sostiene sobre las conjeturas anticientíficas de Sitchins sobre la cultura sumeria. Me parece que no hace demasiada falta aclarar que sus disparates son objeto de burla de cualquier persona que sepa un mínimo de historia. La teoría de los Anunnakis no tiene ni pies ni cabeza, y además de eso, no es ninguna teoría inocente. El creer estas imbecilidades trae graves consecuencias, como demostré en otra sección de este artículo.

Judíos, judíos, judíos…  El antisemitismo conspiranoico

Algo importante a tener en cuenta es que mucha de las teorías conspiranoicas teñidas de “revolucionarias” son discursos que provienen de la derecha neonazi. Se caracterizan por mencionar a judíos o judeomasones como hegemónicos y perversos dominantes del mundo, que todo lo controlan y que tienen la culpa de todo por ser los seres más malvados del universo. Estas teorías suelen estar preñadas de un fuerte nacionalismo y están íntimamente relacionadas con la pseudociencia del negacionismo del Holocausto Nazi, del cual hablaré más abajo.  Siempre que una teoría conspirativa solo presente como responsables de TODOS los problemas a judíos, judíos y judíos (como hace David Icke, explicito negacionista del Holocausto Judío y conocido por defender el cuentito de los reptilianos) es porque proviene de sectores ultraconservadores antisemitas, no porque sean “progresistas” que buscan el bien común.

Uno de los principales “documentos” en los que se basan estos antisemitas conspiranoicos es el ultra-falso libro titulado Los Protocolos de los sabios de Sion. Esta obra habla de unas supuestas reuniones de “los sabios de Sion” en los que se describen conspiraciones judías cuyo plan es dominar el mundo. No es ninguna casualidad que haya sido el libro favorito de Hitler y que haya inspirado el nazismo. Su creación se atribuye a la Ojrana (la policía secreta del zar), y fue  publicado en 1902 en la Rusia Zarista con un claro objetivo: justificar los linchamientos y los ataques que estaban sufriendo los judíos e instaurar el miedo al comunismo. Desde hace tiempo se sabe que es innegablemente un plagio del libro francés titulado Dialogo en los infierno entre Maquiavelo y Montesquieu. Además del obvio plagio, el libro no posee ningún sentido racional, ya que acusa a los judíos controlar la masonería y el comunismo, a pesar de que el comunismo defienda el ateísmo y la anti-religión y la cosmovisión masónica no se acerca mucho a la cosmovisión judía. El libro claramente es una forma no solo de fomentar la xenofobia antisemita sino de justificar el miedo al “amenazante comunismo”.

Otro delirio ultraconservador de los conspiranoicos antisemitas que rebosa de inconsistencia y sinsentido es la afirmación sin ninguna base de que los grupos feministas y de LGBT son financiados por judíos -en alguna especie de plan maligno-. Es completamente absurdo pensar que los judíos, y más los ortodoxos que son sumamente conservadores -en lo sexual- y machistas, van a tener interés en difundir algo tan contrario a sus intereses culturales. En efecto, los judíos ortodoxos realmente no tienen ningún interés en promover grupos feministas o de activismo por la diversidad sexual. Incluso hace poco hubo un caso de un judío que se infiltro a apuñalar gente en una marcha del orgullo gay en Jerusalén (¿acaso quería asesinar a la gente de una marcha que el mismo organizo?). Este disparate conspiranoico es una simple táctica de la ultraderecha para provocar odio a los grupos que discrimina, tanto feministas, como LGBT y judíos, históricamente, los blancos de la ultraderecha.                                       

Conspiranoia y pseudociencia

Las teorías conspirativas están íntimamente relacionadas con las pseudociencias, básicamente se construyen con los mismos métodos y comparten los mismos espacios (blogs y revista de lo “misterioso y paranormal”).  Siendo que uno de los requisitos para crear una teoría de conspiración es que tenga una mínima apariencia de verosimilitud (aunque muchas no cumplen siquiera este requisito), los conspiranoicos suelen aferrarse a la pseudociencia, otro montón de teorías igual de falsas, dogmáticas y fantasiosas que recurren a artimañas similares para aparentar coherencia. Un ejemplo es el negacionismo del holocausto nazi, una teoría pseudocientífica de revisionismo histórico pro-nazi que intenta demostrar, contra toda solida evidencia histórica, que el holocausto nazi nunca pasó y que hay una conspiración judía en la historia que da éste por hecho. Sin lugar a dudas una de las más indignantes teorías de conspiración, ya que tiene como única finalidad la propaganda nazi y el antisemitismo. Es de las que más merece ser combatida junto con el también pseudocientífico negacionismo del cambio climático antropogénico, que pone en jaque nuestra supervivencia como especie, y la antivacunación, que con su torpeza anticiencia y su superstición infundamentada de que las vacunas causan autismo ya viene causando muchas muertes evitables.
El timo conspiranoico y pseudocientífico del negacionismo del calentamiento global tiene fuertes vinculaciones con los llamados “libertarios” o “libertarianos”, un colectivo que se considera de derecha y que rechaza la regulación de la economía por parte del Estado. Cuentan con su Partido Libertariano (o Libertario) y su ideología sigue a la Escuela de Chicago (las doctrinas de Friedman sobre la economía), la Escuela Austriaca de Economía y en los casos más extremos el “Anarcocapitalismo” de Rothbard (estos últimos se diferencian de la Escuela de Chicago en que son mucho más extremas y defienden la extinción total del Estado, y no que su papel se relegue únicamente a su función represiva, es decir, manteniendo los cuerpos policiales, de inteligencia, el ejército, el sistema judicial y las prisiones). Dicha ideología defiende la propiedad privada de los medios de producción, el individualismo y la no regularización del mercado y la economía. Según dicen la intervención de un gobierno en la economía la corrompe, pero no todos se ponen de acuerdo en hasta qué punto el Estado es o no necesario. El negacionismo del calentamiento global que sostienen muchos libertarios consiste en decir que los humanos no son responsables del cambio climático, o incluso que el cambio climático no existe[5]. Esto tiene un claro fin: confundir a las personas para permitirles a las corporaciones hacer lo que quieran sin necesidad de cumplir las normas e intervenciones que impone el Estado para prevenir el calentamiento global y la contaminación del medio ambiente. Esto es porque el libertarianismo (también llamado neoliberalismo) es en gran parte la ideología que sostienen los dueños de corporaciones y otros multimillonarios que todo lo que les interesa es no pagar impuestos y hacer con sus empresas lo que se les da la gana, aunque eso vaya contra el resto de la población, cosa que no les importa ya que su ideología exalta el individualismo y el no sentir compasión. No es de extrañar que la gran mayoría de los llamados libertarios sean de clase alta. Los grupos libertarios tienen cierto historial de financiar falsos “científicos” y divulgadores para que digan que “el calentamiento global no existe” o que “no hay evidencia de que sea causado por los seres humanos”. ¿Y toda la evidencia existente que afirma lo contrario? Bueno, según ellos es parte de la conspiración, lo que el “gran fraude científico quiere que creas”. Lo que buscan los negacionistas es que la gente crea que no existe, así cesan las manifestaciones y las leyes contra la deforestación, la explotación desmedida de recursos, la contaminación incontrolada producida por las empresas, etc. El calentamiento global existe, y es causado en gran parte por nosotros los humanos, el consenso científico no duda de ello.  El negacionismo del calentamiento global no es el único timo conspiranoicos usado por los libertarios, también recurren a todo tipo de historias que les sirvan para sostener su postura anti-impuestos, como buenos individualistas.

Otra teoría particularmente pseudocientífica y delirante es la de los “intraterrestres”, que vendrían a ser como seres extraterrestres, pero que viven dentro de la tierra (y sí, hay gente que cree esto). Esta fantasía se sostiene en la teoría pseudocientífica de que la tierra es hueca. Y claro, si los simples mortales no conspiranoicos ni nos enteramos de esto es porque los gobiernos en un complot mundial nos “lo ocultan”. Como deberíamos saber, estas historias, aunque atractivas, pasan por alto todo lo que sabemos de geofísica, pero bueno, a los amantes de lo misterioso, paranormal e incomprobable poco les importa la ciencia cuando se trata de defender historias absurdas.

Los conspiranoicos comparten con otros pseudocientíficos la absoluta negación de la evidencia, por ejemplo la conspiración que nos quiere hacer creer que la fluoración del agua causa daños, cuando en realidad evita que tengamos caries y toda la evidencia indica que la cantidad de flúor que se utiliza en el agua no causa absolutamente ningún tipo daño. La relación entre conspiranoia y pseudociencia es increíblemente estrecha, no solo los conspiranoicos recurren a la pseudociencia, sino que los pseudocientíficos se comportan como conspiranoicos. Siempre que a un pseudocientífico se le presenta evidencia este recurre a argumentos conspiranoicos del tipo “eso es lo que las farmacias quieren que creas”, “esos datos están manipulados por el todopoderoso gobierno”, etc. Ante la crítica, como buenos dogmáticos, siempre la paranoia reemplaza a los argumentos racionales.

Graves problemas de la conspiranoia

Los teóricos de falsas conspiraciones directamente nos mienten en la cara. La gran mayoría tergiversan los datos no  por error, sino para enlazar sus argumentos, para pretender demostrarlos, para que les creamos, para mentirnos. De todas formas, no hay que descartar la posibilidad de que algunos de los teóricos de falsas conspiraciones si se crean sus mentiras, y por medio de falacias no intencionales, sesgos y disonancias cognitivas intenten “revelarnos su verdad”. Lo cierto es que la conspiranoia es muy nociva, principalmente porque son mentiras que se difunden bajo la apariencia de revelaciones, y las mentiras nunca son buenas. Toda mentira trae consecuencias, en el caso de las falsas conspiraciones: vuelven a las personas cada vez más crédulas (si alguien empieza a creer que todo lo “oficial” o científico es manipulado, se cree fácilmente cualquier cosa que le diga cualquier blogger completamente ignorante y paranoico o algún charlatán de lo paranormal), distraen de los problemas reales, generan comportamientos de escándalo patéticos, hacen perder tiempo a personas luchando contra enemigos inexistentes, generan conductas peligrosas como llevar dietas insalubres o dejar de tomar medicamentos, vuelven a la gente miedosa y ultra paranoica, etc.

Muchas de las teorías de conspiración nos quieren hacer ver que el mundo está mal, de eso nadie duda: la política no es realmente democrática, muchas corporaciones en plan de solo aumentar ganancias ignoran el bienestar humano y medioambiental, la corrupción es la regla general, el medioambiente corre severo peligro, las riquezas cada vez están distribuidas de forma menos igualitaria, los animales se están extinguiendo masivamente y un largo etc. En fin, que muchas cosas del mundo estén mal, nadie lo duda, pero no por eso debemos dejarnos seducir por cualquier teoría que pretenda mostrarnos de manera exagerada, ficticia, simplista y superficial el qué y el porqué está mal, y lo que supuestamente debemos hacer para evitarlo. No necesitamos mentiras que nos digan que el mundo está mal, basta con las verdades.  La lucha por un mundo mejor se hace con verdades.

Un problema muy grave de la conspiranoia es que nos distrae de los problemas reales y sus causantes echándole la culpa a seres inalcanzables como a los “anunnakis” y a otros extraterrestres con los que nunca podremos luchar (ya que no existen), a gente super-secreta de la que nada se sabe, a poderes increíbles que nos manipulan, en fin, nos hace creer que siempre el problema está allá fuera, muy, muy lejos. Cuando en realidad el problema está muy cerca, somos nosotros, nosotros somos los que podemos influir en el mundo, pero la conspiranoia mantiene a la gente luchando en la nada, contra nadie, en lugar de pretender luchar contra las personas y los hechos reales detrás de todo esto, contra las leyes injustas, los comportamientos aberrantes de las corporaciones, los sectores políticos específicos, los problemas medioambientales, etc.  Hay un capítulo genial de South Park en el sus creadores se mofan de los conspiranoicos y el atentado del 11-s, en el sueltan una frase fantástica, decía algo así: “El gobierno quiere que la gente crea en conspiraciones para que estén convencidos de que ellos tienen el poder absoluto”. A los poderes que nos oprimen les encanta que les tengamos miedo y los estimemos en demasía, el conspiracionismo aporta a esto.
Es de considerable importancia luchar contra la conspiranoia, tratar de difundir el pensamiento crítico sobre todos aquellos que conozcamos y veamos que estén perdidos en la creencia en falsas conspiraciones. Las mentiras se combaten.
En fin, la conspiranoia no es más que una consecuencia de la falta del escepticismo de la gente, de no tener pensamiento crítico para analizar la información que se recibe, y mientras haya más facilidad de información y menos pensamiento crítico, la conspiranoia va a crecer.
Así que dejemos de echar culpas a seres ficticios, y hagámonos responsables del mundo que está en nuestras manos cambiar… el problema está acá, no allá afuera.

conspr

[1] http://circuloesceptico.com.ar/2013/04/el-engano-de-los-chemtrails

[2] Para ver una admirable refutación a Zeitgeist, ver “Zeitgeits Contrastado” en el blog de Natsufan y Chemazdamundi

[3] http://www.masoneria-argentina.org.ar/blog-gla/195-intentan-eliminar-la-educacion-laica

[4] Chris White se tomó el honorable trabajo de refutar las mentiras y estupideces de Alienígenas Ancestrales en una serie de documentales traducidas al español por el gran escéptico mexicano Javier Delgado, pueden encontrarlos en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=NZPkZIi8aso

[5] Para ver una refutación al negacionismo del CCA pueden leer los artículos del Circulo Escéptico Argentino: http://circuloesceptico.com.ar/2014/02/ciencia-basica-cambio-climatico-calentamiento-global http://circuloesceptico.com.ar/?s=los+libertarios+y  y http://circuloesceptico.com.ar/2014/02/libertarios-desinformacion-calentamiento-global

Pensadores críticos: ¿Defensores del pensamiento único y dueños de la verdad?

Por lo general, los defensores del pensamiento crítico estamos acostumbrados a leer cosas como: “nadie es dueño de la verdad” y “nadie tiene la verdad absoluta”. También, suele acosársenos de querer imponer un “pensamiento único”.  Los que estén acostumbrados a debatir ideas mediante la argumentación lógica y la evidencia seguro sabrán bien de lo que hablo. A continuación pasaré a analizar estos recursos de contra-debate y anti-argumentación:

Que “nadie es dueño de la verdad” es completamente cierto,  como también, absolutamente obvio. Nadie es dueño de la verdad porque la verdad no es una “cosa” que pueda “tenerse”, sino un atributo de ciertos enunciados (el atributo de adecuación o correspondencia más aproximada de una proposición con la realidad, y en el caso de verdades formales, el atributo de consistencia lógica). Ser “dueño de la verdad”, como entienden los que utilizan éste término, significaría algo así como  creer tener la razón en todo, o en algunos casos la verdad absoluta sobre algo. Esto es una falacia non sequitur; ya que tener la razón sobre algo no implica ni tener razón en todo –cosa imposible-, ni tener la verdad “absoluta”, sea lo que fuese. Incluso detrás de la frase parece haber una insinuación de que existe una verdad única aplicable a todo, y esta idea como sabemos, o por lo menos deberíamos saber, es absurda y está de más aclarar. ¿Por qué se utiliza entonces ésta frase?  Por lo general, suele usarse por gente dogmática que no quiere darle al otro la razón cuando este demostró tenerla, o que simplemente evita el debate por su incapacidad de pensar críticamente y poner sus ideas en tela de juicio. Diciendo esto creen salvarse de forma muy fácil de aceptar sus errores y ceder ante la crítica para reformular sus ideas.  Nadie es dueño de la verdad, pero si hay gente que puede tener razón y decir la verdad, como también hay gente que puede estar equivocada y mentir.  Si yo digo algo como que Italia es la capital de Francia y alguien me refuta, sería para cualquier persona totalmente ridículo que le dijera que “nadie es dueño de la verdad” intentando así salvarme de su corrección. Sin embargo la frase pasa desapercibida y suele tomarse en serio cuando el tema es algo más complejo. El razonamiento y el uso es el mismo, la frase es una falacia (me gustaría patentarla: “Falacia del dueño de la verdad”)  que sirve para escudarse tras una aparente incertidumbre –muy generalmente- ficticia y poder así evitar cualquier  retractación o debate. Es asombroso que exista gente que crea que con una frase tan obvia, simple, tonta y vulgar puedan proteger sus dogmas de la crítica. Si alguien dice la verdad y la defiende con evidencias y argumentos, es inaudito que a éste se le acuse estigmatizantemente de creerse dueño de la verdad. Esto habla muy mal del acusador, demuestra que es irrealista, deshonesto, incapaz de reflexionar sobre lo que considera cierto, de argumentar, de debatir y de cambiar sus ideas cuando es necesario.  Sin embargo es importante tener en cuenta que ésta frase suele usarse también como referencia al dogmatismo que tanto acabo de criticar, creerse ser “dueño de la verdad” puede significar creer tener “una verdad” que es irrefutable e inmune a las evidencias y a los argumentos. Debo decir, que usar la frase  de ese modo  no está mal, pero de todos modos raras veces es utilizada de esta forma.
Que “nadie tiene la verdad absoluta” parece ser parcialmente cierto, si es que con esto se refieren a que nadie puede enunciar una verdad absoluta (aunque el concepto de “verdad absoluta” es muy vago). Si con verdades absolutas se quieren referir a verdades irrefutables, tienen razón parcialmente, ya que las verdades formales si son irrefutables. Sin embargo, las verdades fácticas, en sentido estricto, son solo aproximadas, graduales y perfectibles. La gnoseología que postula esto se conoce como realismo crítico, filosofía inherente a la ciencia, ya que los cuerpos de conocimientos científicos están en constante perfeccionamiento. La postura que considera la existencia de verdades absolutas se conoce como realismo ingenuo ya que es un tanto osado e ingenuo pretender que nuestro conocimiento, aun cuando si puede ser bastante exacto, es perfecto. Realmente no podemos saber si nuestro conocimiento, por ejemplo, nuestras leyes físicas van a operar de igual modo por toda la eternidad en todos los rincones del universo, ni tenemos teorías perfectas que expliquen sin ningún tipo de hueco algún fenómeno, ya que esto implicaría tener teorías perfectas para cada tema que subyace a tal fenómeno, y comprobar inequívocamente hipótesis para las cuales aún no contamos con los medios. Esto no quiere decir que no existan certezas y verdades fácticas. Nadie duda que cierto grado de verdad y de certeza exista. Incluso existen grados se certeza muy altos, como que la velocidad de la luz es de 299 792 458 m/s (y cualquiera lo puede comprobar mediante uno o varios experimentos), que la evolución es un hecho o que las leyes de la termodinámica, por lo que conocemos, son inviolables (a pesar de los creyentes en el fraude de la “energía libre”). Como también,  sabemos que es verdad que mirar el sol daña los ojos o que si nos cortamos la cabeza moriremos. Todos sostenemos la existencia de verdades constantemente. Si nos acusan de un delito que no cometimos, y exponemos las razones que demuestran nuestra inocencia, inevitablemente nos gustaría que tales verdades fueran tomadas como lo que son -definitivamente en esa situación no nos pondríamos a relativizar-. La frase coquetea oportunista con gnoseologías irrealistas como el subjetivismo y el relativismo, y la intención de su uso por lo general suele ser idéntica a la de la anterior: un recurso escapista para seguir sosteniendo dogmáticamente posturas demostradas falsas. Con respecto al relativismo (filosófico), podríamos considerarlo  con alto grado de certeza una postura falsa, ya que si creemos realmente que “todo es relativo”,  consideramos a esta premisa también como relativa, y como lo relativo es relativo con respecto a algo, esta sería relativa a algo relativo, y así ad infinitum. La postura es completamente insostenible. Si todo fuese relativo no existirá nada concreto respecto de lo cual pudiese ser relativo, ni su premisa misma. Si el relativismo fuera cierto, no podría serlo, ya que afirma que nada es -realmente- cierto. Es una postura tan inconsistente que se autorefuta. A menudo los relativistas creen que el relativismo fue demostrado por la teoría de la relatividad de Einstein, esto es realmente cómico, demuestra que no tienen absoluta idea de nada.  Es claro que existen cosas relativas, pero relativas a algo (como la gravedad, que es relativa a la masa). El abuso del término “es relativo” suele ignorar por completo esto, y la palabra relativo es usada indiscriminadamente como maquillaje de la ignorancia y como muestra de debilidad para sostener certezas y defender ideas. El relativismo también suele ser relacionado con el subjetivismo, ya que son idénticas en su (im)postura de odio a la verdad, y desde ya, ambas posturas son extremadamente falsas. Existen cosas relativas, subjetivas y objetivas. Si realmente todo fuese subjetivo, esta premisa también sería subjetiva, y por lo tanto no tendría valor como para ser defendida, y por otro lado, si la premisa fuera cierta y todos se pondrían de acuerdo en ello la volverían objetiva y se autorefutaría[1]. Si -como afirman los relativistas y subjetivistas- todas las proposiciones son igual de validas, la proposición “no todas las proposiciones son igual de válidas” seria valida, cosa que es un grave problema lógico para los relativistas. Los relativistas ante esto nos dirán “la lógica no es válida”, a lo que se le puede responder “si es universalmente válida”, cosa que los relativistas fieles a su postura no podrían discutir.
No existen ni el relativismo ni el subjetivismo consecuente, son poses, los llamados relativistas y subjetivistas son en su totalidad, unos hipócritas. Sabemos que es cierto/verdad que comer alimentos descompuestos, o no comer en absoluto nos puede enfermar y matar y por eso lo evitamos (a pesar de que curiosamente exista la impostora doctrina del respiracionismo, basada en el engaño y la credulidad de espectadores pusilánimes). También sabemos que es cierto/verdad que  si no seguimos indicaciones médicas en el caso de necesitarlas, corremos el riesgo de empeorar y morir. Si podemos, como Bergson, darnos el tonto gusto de dudar de la teoría de la relatividad de Einstein por no comprenderla, también podemos por momentos presumir de nuestro supuesto relativismo filosófico exhibiendo cuando nos conviene un discurso tanto excéntrico como falso. Pero realmente vivir creyendo que ningún tipo de verdad existe y que realmente todo es relativo,  solo es una fantasía inverosímil. El relativismo y el subjetivismo, como todo el irrealismo del pensamiento mágico y del pensamiento débil, jamás hicieron nada positivo por la civilización humana. Si el relativismo/subjetivismo hubiese sido la gnoseología imperante durante la historia, no existiría ni la ciencia, ni la tecnología, ni la justicia. No podríamos haber erradicado jamás las pestes que nos diezmaban, ni podríamos haber explorado el espacio, ni entender la luz o la gravedad, ni fabricar anteojos para la gente que los necesita, ni sobrevivir a la adversidad de la naturaleza, ni entender nuestra fisiología para prevenir enfermedades, ni manejar la agricultura para alimentarnos, ni elaborar éticas sobre las cuales sostener el progreso humano, ni nada en absoluto. Todo lo positivo con lo que contamos se debe al intento de comprender la realidad de forma objetiva, no a nuestros caprichos y ocurrencias personales de cómo esta funciona. Por esto, la frase es tan ingenua y deshonesta como las anteriores.

Tanto como estas frases prefabricadas, veo constantemente que los que intentan argumentar mediante la lógica y los hechos son acusados de querer imponer un “pensamiento único”. O sea, pensar que el mundo existe más allá de lo que nosotros creamos sobre él, que se lo puede conocer,  que ciertas formas de conocerlo nos dan una garantía de certeza y que esas certezas pueden ser defendidas es, según ellos, querer imponer un pensamiento único.  Básicamente, lo que intentan decirnos es que defender la verdad es querer imponer un pensamiento único, y si hay una señal de una sociedad enferma, es la aversión y el miedo a la verdad. Acusar de querer imponer un pensamiento único a alguien que tiene argumentos y evidencias que respaldan algo que dice es (como en el caso de las frases anteriores) el colmo de la terquedad, el dogmatismo, el irrealismo y el irracionalismo. Los pensadores críticos no buscan “imponer” un pensamiento único, defienden el pensamiento racional-empírico y la existencia de verdades o hechos determinados que es muy diferente. Hay que notar la diferencia entre defender una idea e imponerla. El hecho de imponer algo sea lo que fuese suele ser en la mayoría de los casos algo inmoral (no en todos, por ejemplo, en el caso de imponerle un tratamiento psiquiátrico a una persona peligrosa para la sociedad).  Por lo que imponer un “pensamiento único” obviamente no es algo defendible. Incluso defender una concepción única sobre algunas cuestiones es en muchos casos imposible, innecesario, inmoral e irracional, como en el caso de ciertas costumbres o gustos inofensivos (sería totalmente disparatado querer defender la implementación de un solo modo de vestir, o de un gusto único por determinado estilo musical, por ejemplo). El pensamiento crítico no es para nada imponer un pensamiento único, sino pensar por uno mismo, pero pensar bien, es decir, pensar racionalmente y teniendo en cuenta la evidencia que muestran los hechos. Si los pensadores críticos poseen ideas similares sobre determinados temas, es porque basan sus opiniones en argumentos y evidencias, y no en lo primero que se les ocurra, que suene bien o que sea agradable para ellos mismos. Si gran parte de los pensadores críticos poseen algunas similitudes en sus opiniones, como por ejemplo en que la astrología, el psicoanálisis, el respiracionismo, el reiki, las religiones y el relativismo cultural son falsos y perniciosos no es porque se hayan puesto de acuerdo en sostener tales ideas e “imponerlas” –difundirlas mediante argumentos, en realidad– al resto, sino que la mayor parte de los pensadores críticos llegan a tales conclusiones porque es lo que la evidencia dice al respecto. Cuando al filósofo Bertrand Russell le preguntaron cuál sería su mensaje para las futuras generaciones, respondió que su mensaje intelectual seria “… nunca te dejes desviar, ya sea por lo que deseas creer o por lo que crees que te traería beneficio si fuera creído, observa únicamente cuales son los hechos”, pues esa es la base del pensamiento crítico, y como la realidad no es múltiple, la verdad tampoco lo es. De todos modos, es totalmente falso que los pensadores críticos piensen todos de igual manera, basta ver un foro de pensadores críticos para notar su pasión por el debate y la confrontación de ideas entre ellos.

Es evidente que la supuesta “defensa del pensamiento único” es un manotazo de ahogado por fabricar un hombre de paja y atacar en nombre del subjetivismo o el relativismo a los que defienden la existencia de un hecho o alguna verdad aunque sea con evidencia y argumentos.  Parecen creer, que da igual cualquier idea que uno pueda tener acerca de algo, ya que lo importante es la pluralidad ante todo. Esto es absolutamente ingenuo e irrealista. La pluralidad ciega jamás será más valiosa que la verdad demostrable. A ellos parece darles igual que algunos piensen que vacunar está mal (pese que la anti-vacunación causa el rebrote de muchas enfermedades evitables que terminan por matar o destruir la vida digna de cientos de personas), que da igual destruir el ecosistema o no,  que da igual matar o no, ya que darse cuenta y defender la inmoralidad, la falsedad o la irracionalidad de tales acciones seria querer “imponer un pensamiento único”. 2+2 no vendría a ser 4, sino lo que cada uno crea que es,  ya que lo importante es la pluralidad. Si esta forma de pensar -mejor dicho, de no pensar- se implementara solo nos llevaría a un primitivismo que destruiría la civilización humana. Sobre algunas cuestiones la pluralidad no es para nada positiva, en el campo del arte y su apreciación, en ciertas costumbres y gustos inofensivos, etc. la pluralidad es necesaria, pero en cuestiones del mundo real y como lo entendemos (incluyendo a las personas y sociedades), la pluralidad bruta no tiene ninguna ventaja sobre la verdad comprobable y la objetividad. Que haya pluralidad de puntos de vista sobre un fenómeno significa inevitablemente por el principio lógico de no-contradicción, que la mayoría son falsos. Por ejemplo, cada uno puede tener su hipótesis sobre el origen del hombre y aceptarla como un hecho, pero la teoría evolutiva seguirá siendo cierta y esto lo indican todas las evidencias disponibles, quiéranlo o no (la evolución es una de las teorías científicas con más grado de confirmación). Pensar que existe una verdad objetiva por la que luchar y que ésta es más valiosa que una demagógica apreciación de la pluralidad de puntos de vista –por más erróneos y estúpidos que sean- no es para nada totalitario como muchos acusaran, sino todo lo contrario. Si hay característica del totalitarismo es el desinterés por la verdad y su hincapié en lo emocional e irracional, cosa a la que apelan tales relativistas.  George Orwell mostró que la negación de la verdad es una característica del totalitarismo en su magnífica novela 1984: “Su filosofía negaba no solo la validez de la experiencia, sino que existiera realidad externa. La mayor de la herejía era el sentido común. Y lo más terrible no era que le mataran a uno por pensar de otro modo, sino que pudiera tener razón. Porque, después de todo, ¿cómo sabemos que dos y dos son efectivamente cuatro? O que la fuerza de la gravedad existe. O que el pasado no puede ser alterado. (…) El Partido os decía que negaseis la evidencia. (…) La libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sus pasos contados”.

El origen del relativismo parece provenir, en gran parte, de una reacción frente al colonialismo genocida del siglo XV. Según el razonamiento de los relativistas, si los europeos al llegar a América hubiesen tomado una postura relativista, no hubiera existido la masacre que ocurrió. Sin embargo esto parte de un razonamiento exageramente malo,  ya que si en verdad los colonizadores fuesen relativistas, destruir o no destruir las civilizaciones originarias seria relativo, por lo tanto, si quisieran hacerlo lo hubieran hecho sin ninguna dificultad moral. Esto demuestra que si lo que queremos es el bien común, para lograrlo el camino no es relativizar sino comportarnos moralmente a partir de una ética desarrollada, racional y consistente como lo es el humanismo secular. El relativismo no lleva a la tolerancia, en realidad, no lleva a nada puesto que es una postura sumamente impracticable. Lo que lleva a la tolerancia es la razón, cosa que carecía tanto en los brutales aztecas como en los, para nada ilustrados, europeos del siglo XV. El relativismo al atentar contra esta, y al no privilegiar una ética por sobre otra, hace más daño que beneficio a su causa de origen. Y es sumamente necesario aclarar, que aquí me refiero al relativismo epistemológico y moral, no al relativismo cultural utilizado en antropología para el estudio de las diversas culturas, cosa muy diferente.
El relativismo y el posmodernismo en general, aunque busca aparentar ser de izquierda y progresista, es en realidad una fiel amante de la derecha neoliberal, del conservadurismo y del primitivismo retrograda new-age. Si nada es real, si no existe la verdad, si todo vale, no hay razones para luchar por un mundo más justo, más igualitario, más digno, o por una economía basada en la evidencia científica y la ética (cosa que temen los neoliberales, por lo que se esconden tras sus axiomas praxiológicos). La salud pública puede ser tranquilamente desmantelada, ya que da igual curarse en un sanatorio privado o visitar al chaman del barrio. Da igual parir en un hospital con todos los cuidados y precauciones, que parir en casa corriendo el riesgo de morir por infecciones u otro tipo de complicaciones (la idea del descuidado parto en casa es una de las tantas ideas peligrosísimas del new-age y el posmodernismo anticientífico[2]). Da igual comer sano todos los días en un restaurant caro o comer de la basura. Si todo depende “del discurso”, la pobreza es exactamente igual que la riqueza, y cualquier intento de poner en duda esto sería imponer un pensamiento único. Si cada cultura es equivalente y si el relativismo cultural que defienden los posmodernos es correcto, podemos mirar hacia otro lado y no sentir culpa por todos los problemas culturales que existen en Oriente, donde los musulmanes tratan a las mujeres como escoria mientras lapidan homosexuales y destruyen sitios históricos como museos del antiguo Egipto, para ellos esto sería simplemente otra cultura igualmente valida e injuzgable. Foucault, uno de los mayores representantes del posmodernismo, es un excelente ejemplo de como este movimiento aunque aparenta ser radical y de izquierda tranza con el más extremo totalitarismo. Foucault mientras se volvía ídolo de la izquierda francesa apoyaba la subida al poder del Ayatolá Jomeini en Iran, quien instauró un golpe teocrático y una durísima ley islámica que, entre otras cosas, favorecía el terrorismo.
Para colmo, los defensores del pensamiento débil son excelentes aliados de la iglesia católica, ya que si “todo es relativo” da igual enseñar evolución o creacionismo en las escuelas (idea defendida por el posmoderno Feyerabend), da igual legalizar o prohibir el aborto, da igual dar anticonceptivos o no darlos. Y bajo la mirada del relativismo, el ateísmo y la crítica a la religión es, claramente, “querer imponer un pensamiento único” y “sostener la hegemonía del pensamiento científico”. Definitivamente lo más triste que le pasó a la izquierda, además del impacto de revolucionarios improvisados y violentos y del totalitarismo comunista chino y soviético –falsamente socialistas-, es la influencia toxica de las ideas posmodernas. Alan Sokal y Bricmont lo explican en su excelente libro Imposturas Intelectuales:

  “Por último, para todos los que nos identificamos con la izquierda política, el posmodernismo tiene especiales consecuencias negativas. En primer lugar, el enfoque extremo en el lenguaje y el elitismo vinculado al uso de una jerga pretenciosa contribuyen a encerrar a los intelectuales en debates estériles y a aislarlos de los movimientos sociales que tienen lugar fuera de su torre de marfil. Cuando a los estudiantes progresistas que llegan a los campus norteamericanos se les enseña que lo más radical -incluso políticamente- es adoptar una actitud de escepticismo integral y sumergirse por completo en el análisis textual, se les hace malgastar una energía que podrían dedicar fructíferamente a la actividad investigadora y organizativa. En segundo lugar, la persistencia de ideas confusas y de discursos oscuros en determinados sectores de la izquierda tiende a desacreditarla en bloque; y la derecha no pasa por alto la oportunidad para utilizar demagógicamente esta conexión”.

Otro gran “logro” del posmodernismo, con su relativismo exagerado y su dogmática antimodernidad, es servir de base filosófica para el movimiento pseudocientífico, retrogrado y supersticioso por excelencia, el New-age. El new-age es la cumbre del pensamiento débil, uno de los movimientos más nocivos y estúpidos que jamás existieron –ver la “ley de atracción” de Rhonda Byrne, por ejemplo, una gran estrategia new-age de engaño conservador, conformista y supersticioso-. Enaltece cualquier tipo de superstición y se opone a cualquier beneficio de la modernidad, al igual que el posmodernismo. Ya es tiempo de que una nueva ilustración destierre ambas modas anti-intelectuales, este debe ser uno de los más importantes objetivos del movimiento escéptico (me refiero claro, al escepticismo racional o científico). Al oír la palabra Ilustración los posmodernos se tensan, asustan y preocupan, la razón, la ciencia y el pensamiento  crítico son sus más fervientes enemigos,  y por esta razón recurren a echarle la culpa de todos los males incluyendo el holocausto nazi. Por ejemplo, según Theodor Adorno y Max Horkheimer el nazismo es una consecuencia de la ilustración, está de más, me parece, hacer demasiado hincapié en la refutación de tal mediocre tesis. Basta aquí decir, que el nazismo hallaba su inspiración en teorías puramente irracionales como el nacionalismo y el ocultismo, que se basó, en parte, en ideas de Nietzsche (crítico de la ilustración), que Heidegger –ídolo del posmodernismo y el nazismo- era irracionalista y miembro del partido nazi, que los nazis amaban la pseudociencia (teorías de raza aria e incluso el psicoanálisis, el cual usaban para “curar la homosexualidad”, por ejemplo), etc. Y que en cambio, el iluminismo combatía el abuso de poder, defendía la razón, la ciencia, la libertad, la igualdad, la fraternidad, la tolerancia, los derechos humanos y demás. Este esperpento de  tesis pareciera ser más una apología del nazismo que otra cosa. Sin embargo es muy popular e incluso la escuché nombrar en plena clase a un profesor de Historia de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP, el cual para defenderla, recurrió a la dialéctica[3], con la que uno puede defender lo que se le ocurra, ya que no hay concepto más oscuro e inútil.  Para los relativistas la razón es una dictadura, lo que equivale a decir que las dictaduras son racionales, cosa que es más una defensa al totalitarismo que otra cosa. Si los relativistas son consecuentes con su premisa de que “todo vale” ¿por qué el nazismo no debería de valer?
El pensamiento crítico tiene como base sospechar de cualquier autoridad y negarle el poder por ser tal, es la más sofisticada forma de subversión. El pensamiento totalitario puede ser consecuencia del pensamiento débil, ya que los que no pueden tener un pensamiento firme y crítico son los que necesitan de una suprema autoridad, sea un Dios ficticio o un dictador humano, que los dirija violando todos los valores en los que ellos no creen.

Los delirios traídos por el pensamiento débil (relativismo, subjetivismo, etc.) son tan populares porque, además de ser fáciles para aparentar intelectualidad, son particularmente demagógicos. A la gente le siente bien que se le diga que su estupidez no es tan grave, que lo malo es la inteligencia. Que critiquen sin ninguna solidez el conocimiento científico, ya que aprenderse sus grandilocuentes frases es fácil, y con esto creen que no es necesario estudiar ciencias para aparentar que saben sobre ellas. Que le digan que nunca están en lo incorrecto, sino que son “diferentes puntos de vista igualmente validos”. Esa demagogia nauseabunda es lo que lo hace tan popular en los sectores no ilustrados. En cambio, el pensamiento crítico no suele ser demagógico; todos conocerán disputas entre conocidos científicos o librepensadores contra los poderes y convenciones sociales de la época, por ejemplo, con la teoría de la evolución propuesta por Darwin.  A pocos pareció gustarle que se demostrara una relación entre nosotros y el resto de los animales –cosa que actualmente a muchos, tontamente, les sigue pereciendo denigrante-, o que no éramos el centro del universo. También las críticas a la religión y al teísmo por parte de algunos científicos y filósofos críticos influyeron de gran manera, ya que la religión siempre fue el mejor estimulante de estupidez reaccionaria contra el avance de la inteligencia.  A muchos de estos les hubiera gustado que se les diga que aquellos hechos y argumentos eran relativos, que lo que ellos pensaran sobre el tema estaría bien, que son puntos de vista igualmente válidos y aquel pensamiento crítico o científico era hegemónico, homogeneizador, “positivista” (aunque no sepan que significa), occidentalista, reduccionista, etnocentrista, eurocentrista etc. y que no deberían darle importancia alguna. A pesar de que es preferible vivir rodeado de verdades incomodas que de bonitas ilusiones, para muchos es mejor persistir en los delirios antropocentristas que insistir en alcanzar un análisis de la realidad de forma objetiva. Éste antropocentrismo primitivo, enaltecido por la filosofía romántica, que considera a la verdad científica como corrosiva de la dignidad, y no como un medio para elevarla, lamentablemente siempre palpitará en una sociedad rica en un egocentrismo ciego, donde abundan individuos que creen que la verdad es algo democratizable (“si muchos están de acuerdo es porque es cierto”), o incluso, que la verdad no importa sino “mi opinión” o la pluralidad bruta. He ahí, en parte, la popularidad del pensamiento débil.

Sobre esto surge una serie de interesantes preguntas: ¿Qué es lo que mantiene al ser humano en tal desinterés por la verdad, a tal desprecio por la realidad? ¿Por qué la gente elige pensar de forma superficial, tosca y bruta? ¿Qué es lo que lleva al ser humano a tal indiferencia? Supongo que hay varios factores. Para empezar, pensar racionalmente conlleva un gran esfuerzo, y el primer gran esfuerzo que muchos prefieren evitar, es el de cuestionarse constantemente todo lo que se da por cierto. Lo cierto es que nuestra sociedad esta aun hoy esclava de las formas arcaicas de pensamiento, y la vigencia de las religiones lo demuestra. Una religión es en sí una navaja en el cuello del librepensar. Una mentalidad sumisa de una religión tendrá siempre un límite, un muro el cual no podrán atravesar, una serie de dogmas que les impedirá llevar su vida intelectual más allá de lo que por pura sugestión da por cierto. Considero a las religiones como una de las principales resistencias hacía el surgimiento de una sociedad libre basada en el profundo desarrollo de una intelectualidad escéptica, que permita al humano alcanzar la mayor comprensión sobre sí mismo y sobre lo que lo rodea, de modo que transite en el mejor sendero hacia la verdad. Esta sociedad es la que realmente conseguirá traernos bienestar[4], y por lo tanto libertad y la dignidad humana a su más alto potencial, cosa imposible de llevar a cabo si aceptamos las tentaciones de los profetas religiosos y posmodernos, que buscan desechar toda búsqueda de la verdad. Claro que sería totalmente reduccionista culpar solamente a las religiones por limitar el desarrollo intelectual. Y claro, no solamente las religiones son muestra de que la cultura moderna convive con la primitiva, también lo son las guerras, el chauvinismo nacionalista, las formas de gobierno autoritarias, las supersticiones, la cacería, las sectas, los espectáculos de tortura como la tauromaquia, etc. Otro factor que lleva a las personas hacia el desinterés por la investigación critica como búsqueda de la verdad, es la simple haraganería. La cultura actual posee tanto entretenimiento fácil, que pocos son los que mantienen vivo el espíritu crítico de pensamiento e investigación. Ya que mantener la curiosidad, buscar rigor, analizar la información y contrastarla conlleva un gran esfuerzo -como también un gran placer-. No solo eso, la investigación crítica conlleva una serie de frustraciones que llevan a uno a desechar muchísimas ideas consideradas anteriormente ciertas, cosa que a la mayoría le cuesta enormemente.  Aferrarse a las ideas de forma emocional y no racional es otro factor que mantiene a las personas lejos del interés por la verdad.

Con tantas muestras de lo lejos que puede llegar la confusión del hombre, como ser: rebrote intencional de enfermedades erradicadas (¡gracias antivacunas!), muertes por oposición a la medicina por posturas místicas o religiosas –como el caso de los Testigos de Jehová y la transfusión de sangre-, suicidios y mutilaciones sectarias, teorías de raza aria, misoginia y homofobia religiosa, etc. Lo más inmoral y estúpido a lo que éste puede incurrir es a negarse la capacidad de conocimiento objetivo. Cosa que es básicamente, volverlo a sumergir en la oscuridad del primitivismo harto deshumanizante. Si hay algo que volvió la vida de los hombres disfrutable, es el sentido de objetividad. Los subjetivistas lo que buscan  es destruir la civilización. Defender insistentemente el pensamiento crítico por sobre los delirios retrógrados del subjetivismo-relativista como de cualquier forma de pensamiento mágico y débil, es una necesidad si queremos salvarnos de la oscuridad que constantemente nos acecha, a menudo en forma de frases confortables o disfrazadas de discursos intelectuales de vanguardia (principalmente en las facultades de humanidades).    

Apéndice:

Alguien me sugirió que en el texto faltaba algún desarrollo sobre lo que se consideran verdades “intersubjetivas”. No lo mencione por dos razones. Entiendo a la “intersubjetividad” -en sentido gnoseológico- como a lo que puede ser objetivable pero que no tiene existencia propia (por lo que queda afuera lo factico, que es claramente objetivo) ahí entrarían –algunas- verdades conceptuales, estéticas, éticas y otras verdades por convención, pero sobre todo estéticas. No es un concepto que me guste mucho, principalmente porque recuerda al psicoanálisis, a Husserl y a los posmodernos, por lo que no lo menciono. Tampoco me quería enredar en cuestiones difíciles como la verdad estética o ética, cosa que desviaría demasiado la intención del texto que es un tanto más enfocarse en lo fáctico (la verdad fáctica es mucho más evidente, y a pesar de ello muchos la siguen negando).  Algunas personas hablan de “intersubjetividad” por lo que es claramente objetivo, es una forma de torcer toda objetividad dentro de “lo subjetivo”, usarlo como concepto bolsa y meter todo dentro de él: lo que es “objetivo” como que “el fuego quema” dicen que es en realidad “intersubjetivo”. Obviamente esto es un tremendo error conceptual -muchas veces intencional- para acomodar forzosamente todo dentro de lo subjetivo y defender el subjetivismo (“todo es subjetivo, y lo que no, pues es intersubjetivo”).

[1] Hay que aclarar, que también el llamado “cientificismo duro” se autorefuta en su premisa. Ya que la premisa “solo lo científicamente demostrable puede ser verdadero”, no puede ser científicamente demostrable, por lo tanto no es verdadera. Esto no quiere decir que el cientificismo blando sea falso. Su premisa consiste en que “lo que puede ser conocido por medio de la ciencia, se conoce mejor de forma científica”. Esta premisa no se autorefuta y puede ser demostrada de múltiples formas como verdadera.

[2] http://www.ajog.org/article/S0002-9378(10)00671-X/abstract Meta-análisis que concluye que el parto en casa es 3 veces más peligroso que el parto hospitalario.

[3] “No creo que el uso de palabras tan confusas como «dialéctica» aporte nada al progreso del pensamiento. La palabra «dialéctica» es una palabra que normalmente o no significa nada o significa simplemente una acumulación de absurdos. Aparte de ser filósofo, como sabes, también me he dedicado a la lógica. Pocas palabras pueden irritar más a un lógico que «dialéctica». Desde el punto de vista lógico, podemos reconocer muchas enfermedades conceptuales, pero la más grave de todas, con mucha diferencia, es la contradicción. Podemos mirar con tolerancia, y en algunos casos incluso con cierta simpatía, algunas falsedades, porque la falsedad es un defecto a veces perdonable. Pero la contradicción es mil veces más grave.” Jesús Mosterín sobre la dialéctica.

[4] Para ejemplificar como el conocimiento trae bienestar, tan solo basta pensar como el conocimiento científico, y no el dogma teológico, es capaz de producir tanto medicamentos para salvar vidas como tecnología funcional para realizar las actividades aburridas, monótonas y degradantes. Cabe destacar que más allá de los beneficios prácticos, el conocimiento es siempre en sí mismo, un bien.