Mes: enero 2016

Aeropuerto extraterrestre en Baalbek: los delirios de un conspiranoico experto en equivocarse

En mi inicio de Facebook me encontré algo realmente divertido. Se trata del post de un charlatán muy hilarante de nombre Julio Cesar Lopez Bruno, en un grupo público de conspiranoicos llamado Sistema Nuevo Orden Mundial. Hasta ahora, el post goza de más de 16.000 Me Gusta y casi 700 compartidos, con la curiosa cualidad  de que no acierta en absolutamente nada.

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Como ya deberían intuir los lúcidos, todo lo que dice este señor es brutalmente falso. Lo más gracioso sin dudas es la completa soberbia con la que comienza el texto: “YA ES HORA DE SALIR DE LA MATRIX DEL ENGAÑO”. Típico de conspiranoico obtuso que se cree iluminado por leer blogs ridículos que refuerzan su sesgo y su prominente ignorancia.   Empecemos a desmentir:

“Se llama Baalbeck y queda en Siria”….

Baalbek es sin C, y queda en Libano.

“Esas piedras pesan miles de toneladas cada una”….

La más pesada de esas piedras, llamadas trilitos, pesa 800 toneladas.

“No hay forma humana de trasladar eso hoy”….
.
La grúa Ringer Mammoet PTC 200 DS fabricada en Holanda llega a levantar 3000 toneladas. Y ni siquiera es una de las que más levanta. De más está aclarar, que esas piedras si se podían mover de forma humana en esa época. La Piedra Trueno en Rusia se trasladó en el siglo XVIII sin utilizar métodos modernos y pesaba más de 200 toneladas más que la piedra más pesada de Baalbek (la Piedra Trueno pesaba 1.250 toneladas y fue trasladada de forma completamente precaria).

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“Una de las razones (la principal?) por las que Siria esta siendo acosada es porque alberga dentro de sus fronteras la mayor cantidad de secretos arqueológicos reveladores de nuestro pasado.”

No hace falta señalar los errores ortográficos, que son lo de menos. Esta sin duda es la parte más genial. Baalbek no queda en Siria y Libano no está en guerra. Touché.

Para saber cómo se construyó Baalbek, como no se construyó, y el por qué creer que es un “aeropuerto extraterrestre” es una completa estupidez, pueden consultar este video, muy interesante por cierto.

https://www.youtube.com/watch?v=T-bCF1RPzeg

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La política argentina peligrando en una falsa dicotomía

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  La política argentina fue siempre curiosa –y lamentable. Fenómenos como el peronismo, el golpe a Umberto Illia, la dictadura de Videla y el apoyo que recibió desde cierto sector del pueblo (que aún continua teniendo), la estúpida guerra de Malvinas,  el menemismo y la reelección de Menem en 1995, el nefasto Cavallo, la huida de Fernando de la Rúa en el 2001 y un largo etcétera serán siempre materia de análisis y sorpresas odiosas. Aun así lo que está ocurriendo actualmente no deja de ser curioso, y a la vez patético.
El reciente triunfo de la derecha neoliberal luego de que el gobierno kirchnerista pierda las elecciones después de gobernar 12 años dejó al pensamiento político del argentino promedio (que de por si siempre dejó mucho que desear) en una curiosa situación. Pareciera que recientemente la política se dividió en dos aparentes opuestos dicotómicos de los que no se puede salir; el macrismo (derecha neoliberal) y el kirchnerismo (centro populista, tal vez). Si no sos macrista, pensarán, es porque sos kirchnerista. Y si no sos kirchnerista, supondrán que debes simpatizar con el macrismo. Esto no es nuevo, la dicotomía entre peronistas y radicales viene consumiendo la política argentina desde la vuelta a la democracia[1].
Uno en Argentina se siente como en el sistema bipartidista de Estados Unidos, donde si no sos demócrata sos republicano, o sea, o sos de derecha o de ultraderecha (algo parecido también pasa con el PSOE y el PP en España). No podría confirmar dada mi corta vida, si esto se sintió desde la democracia con la dicotomía peronistas-radicales, pero si puedo afirmar que percibo hoy la dicotomía kirchnerismo-macrismo. Esto es mucho más grave de lo que parece, ya que si bien el macrismo es todo lo que un individuo en sus plenas condiciones intelectuales debe odiar, el kirchnerismo no está lejos de eso. Todo apunta a que si esta dicotomía se perpetúa, sólo se elegirá políticamente entre lo malo y lo peor (a pesar de tener varios partidos, desde varios trotskistas hasta neonazis y liberal-libertarios). El problema se vuelve mucho más grave al llegar esta falsa dicotomía a los medios de comunicación casi en su totalidad, poco queda del “periodismo independiente”, y menos del periodismo no militante sea macrista o kirchnerista. Todo esto aún así no sorprende demasiado a quien conozca cómo piensa –mejor dicho, como no piensa- el argentino en general.

¿Cómo se llegó a esto? Mi primera hipótesis es que ambos gobiernos son populistas[2] y así se ganaron el cariño de una y otra mitad del país. Uno de derecha disfrazado de “simpático” y jovial (con bailes en la Casa Rosada, fotos de un perro en el sillón presidencial, chistes idiotas y toda una colección de demagogias ridículas que solo convencen a los que carecen completamente de masa encefálica), que busca convencer a todo pseudoespectro político (como integrar el peronismo –una muy extraña especie de fascismo de bienestar argentino- y el neoliberalismo) siendo más ambiguo que un profeta, y que incluso recurre a convencer a los muchos “apolíticos” dando una imagen más de empresarios y tipos “exitosos” que de políticos (de hecho, de políticos solo tienen el cargo), mientas que a costa de la ilusa credulidad de una aparente mayoría de clase media-baja bregan por implementar medidas derechistas y neoliberales para beneficiar a los sectores ya privilegiados. No quiero extenderme demasiado en el tema porque creo que ya me expresé suficiente en mi artículo sobre Macri[3], aunque en la actualidad esté incompleto, ya que no elaboré aún un análisis de sus primeras medidas, que desde ya, las consideró bastante en general como una colección de imbecilidades, con algunas excepciones y matices claro.
El otro caso es más incierto. El kirchnerismo es un peronismo, se lo podría considerar un derivado, y su ambigüedad hace difícil una clasificación clara. Ambos, peronismo y kirchnerismo, se destacaron por hacer lo malo bien, y lo bueno mal. Mientras que el kirchnerismo fue muy corrupto y asqueantemente populista, inflador de sus logros, impostoramente izquierdista, mentiroso hasta las arcadas, en ocasiones represor, desorganizado, ultra personalista (la personalidad era tan o más importante que las ideas siempre), fomentador del pseudointelectualismo (sino, vean a Ricardo Forster), y muchas veces considerablemente totalitario, hay muchos logros entre esa marea de corrupción y mala administración que hay que reconocerle (Tecnópolis, ciertas ayudas sociales, el intento de establecer un Estado de bienestar, etc.).El kirchnerismo es muy cuestionable, no pudieron controlar la inflación, descontrolaron el gasto público, llevaron a sus personajes hacia a un culto de la personalidad (algo que hizo el peronismo, y claro, el resto de los fascismos), destruyeron toda seriedad del INDEC, estuvieron sumergidos en problemas legales reiteradas veces, descuidaron muchas cuestiones importantes que provocaron desgracias (como varias inundaciones con muertos incluidos) y un montón de otros conflictos reales, aunque no hay que descartar que la derecha tanto política como de prensa infló e inventó muchos otros, e insistió en taladrarlos en la mentalidad de la gente hasta que yació en extremo sofocada.
Esto hace que cualquier análisis que pueda plasmar acá sea en extremo parcial, sobre todo en lo que atañe a los problemas del kirchnerismo con el conservador semi-monopolio de prensa Clarín, uno de los actores principales  en el triunfó de la derecha neoliberal más paupérrima. Este es un tema muy complejo, y el kirchnerismo merece sin duda un análisis muchísimo más serio y detallado, sobre todo en lo que respecta a lo “bueno” y lo malo, que no puedo realizar, ni tengo intención, en este artículo.
Quiero dejar en claro que si hay algo que lejos, puedo odiar y repudiar más que el kirchnerismo, es el antikirchnerismo de la mayoría: basado en mentiras, opiniones y comentarios fascistas carentes de sustentos (como “negros planeros que se vayan a laburar” en referencia a las personas humildes que cobran algún plan de asistencia social), ignorancia sumada a una credibilidad excesiva al pseudoperiodista mercenario de Jorge Lanata (que despreciaba al grupo Clarín y se la daba de “independiente” hasta que terminó trabajando en el), mitos, etc. Por ejemplo, es falso que “la gente se embaraza para cobrar planes” hay que ser imbécil para pensar que alguien se va a embarazar por 700 pesos, más allá de eso, es fácticamente falso[4]. También es falso que los presos ganen un sueldo solo por estar presos[5]. Los presos cobran por trabajar, y gran parte de sus ingresos van para el mantenimiento de las cárceles, muy poco de ello va para sus ganancias personales. Esta ley existe hace muchísimo tiempo (en EEUU existe desde siglos) y es genial, ya que le permite tener ciertas posibilidades de reinserción social y los acostumbra al trabajo. Muchos de los argumentos principales son directamente estupideces, como que “da muchas cadenas nacionales” (por más que sea criticable, hay que tener una vida realmente miserable para ver tanta televisión como para que esto moleste y le sea una razón para ser “anti-k”, parecen el personaje del sketch de Capusotto[6]). Otro caso es el de “los <K> mataron a Nisman”, no hay evidencia de esto, es posible, tanto como es posible el autoatentado del 11/s, pero ambos carecen de pruebas, y hablando de carencia de pruebas, la denuncia de Nisman era un desastre y no prosperó. También fue Nisman quien procesó a Macri, no veo que haya más razones para pensar que a Nisman “lo mataron” (también está la posibilidad de suicidio) los kirchneristas que los macristas. Sobre todo teniendo en cuenta que varios personajes del PRO están extrañamente involucrados, como por ejemplo, las llamadas de Patricia Bullrich a Nisman antes de su muerte. Más allá de eso, el hecho de que macristas quieran hacer de Nisman una especie de prócer no puede menos que dar mucha gracia.
Estos y otros tipos de críticas realmente son dignas de estúpidos y desinformados. Incentivo y apoyo la crítica al kirchenerismo tanto ahora como siempre, pero si no son razones basadas en evidencias o por lo menos coherentes, espero ansioso que los argentinos se callen la boca y opinen de fútbol.

Otro punto es que la derecha llegó al poder luego de que los argentinos en general “se hartaran” de la “corrupción K”, muchas veces inflada (algunos –muy- exagerados alegan que fue el gobierno más corrupto de la historia de la democracia Argentina, se ve que convenientemente olvidan a Menem).  Así cultivaron un grado de odio tan cegador que se fanatizaron con lo primero que vieron, gracias a grandes publicidades y caros asesores, que les “hizo oposición”, y terminaron por fanatizarse con ellos e idealizarlos (los más ingenuos realmente creyeron que de verdad “van a acabar con la corrupción”). Esto les hizo tener un profundo miedo de que una crítica a esa “oposición” sea una defensa al mal encarnado que era para ellos el kirchnerismo, “si no estás con nosotros, estas con ellos”. Por esto un amigo una vez dijo con mucha razón, que si se postulaba Hitler en el 2015, lo iban a votar para que no gane el kirchnerismo.
También fue fácil, para muchos de confusos intereses de izquierda, adherirse al discurso semi-izquierdista del kirchnerismo para hacer frente a la derecha macrista.

Creo intentar dejar en claro que ni el kircherismo ni el macrismo son alternativas muy prometedoras para la política, y muchísimo menos las únicas. Como ya dije en otro artículo, creer en la dicotomía macrismo-kirchnerismo es señal inequívoca de tener solo dos neuronas.  Y la disconformidad con ambos no debería apabullar a nadie, si algo debimos aprender como especie política es que lo más deseable a lo que podemos aspirar es a la disconformidad, la rebeldía, y la exigencia que nos lleve a mejorar nuestras instituciones lo más posible.
Pensar que en el futuro el kirchnerismo como pseudo-ideología en el partido FPV se eternice en las elecciones junto a otra alternativa de derecha neoliberal sea el macrismo u otra no puede más que frustrarme. En serio, el pensamiento político es mucho más amplio que eso y para el funcionamiento de una democracia que valga la pena no podemos cerrarnos en dicotomías, ni siquiera en las de derecha-izquierda homogénea y radical.  El peronismo, el neoliberalismo y la derecha (mejor dicho, las otras derechas) ya demostraron no llevarnos a ningún lado estimable. Insistir ad infinitum en estos es muestra de exuberante estupidez. Aún más es pensarlos como únicas alternativas. Así, los argentinos deberán aprender que no por criticar al macrismo sos kirchnerista, y que ni que por criticar al kirchnerismo sos macrista. Para así dejar de responder a cada critica a Macri con miles de cosas que hizo mal el kirchnerismo (y que tuvieron 12 años para hacer), y dejar de responder las críticas al kirchnerismo con todo lo que hace mal Macri. Entender esto es fundamental, por más atractivas que sean las dicotomías. Mucho más no puedo esperar con mucho entusiasmo al ser evidente a mi experiencia personal que el argentino promedio es derechista, idiota, injustificadamente soberbio, políticamente inútil y completamente inculto[7]. Al no tener ni buena memoria ni hábito de lectura, al menos de temas políticos, estará limitado en su corta memoria y miope visión y sin mucho compromiso manoteará lo que ya conoce desde siempre y lo que se acuerda, y si fue malo, lo recordará como menos malo de lo que fue, no por masoquista, sino por sencillamente bruto. Pero que no cunda el pesimismo….

 

[1] Los radicales al igual que los peronistas siempre fueron algo extraños (algo como una ensalada ideológica de centro). Su reciente alianza con el PRO/Cambiemos (Macri) pareciera mostrar que ya no les queda nada de vergüenza.

[2] Según Mario Bunge, el populismo es una ideología social, movimiento político o gobierno que miente para ganar el favor de un pueblo o de un sector popular. Yo amplio la definición a todo gobierno exageradamente demagógico y personalista que recurre a estrategias de homogeneización del pensamiento, como el fanatismo hacia símbolos o ídolos, y que evita tanto verdades incomodas como sus verdaderas intenciones. Bunge clasifica a los populismos de izquierda y derecha del modo siguiente:
Populismo de izquierda = Populismo que favorece marginalmente a las masas populares a costas de algunos privilegios del sector privilegiado pero sin efectuar cambios radicales.
Ejemplos: los peronismos, el lulismo y el chavismo, ninguno de los cuales hizo una verdadera reforma agraria ni favoreció la organización de cooperativas.
Populismo de derecha = Populismo que favorece desmesuradamente a las clases dominantes a cambio de reformas sociales que perjudican marginalmente a las clases populares.
No se confunda el uso del término populista que usaré en el texto con su significado más auténticamente izquierdista, esto es, el interés por que las clases bajas y desprotegidas tengan la ayuda y atención que necesitan por parte del Estado. Cosa con la que estoy totalmente de acuerdo.

[3] https://enlapalabradenadie.wordpress.com/2015/05/08/porque-le-tengo-miedo-a-macri/

[4] http://chequeado.com/mitos-y-…/hay-mas-embarazos-por-la-auh/

[5] http://chequeado.com/el-explicador/los-presos-cobran-mas-que-los-jubilados/ y http://www.politicargentina.com/notas/201507/7097-sueldos-de-los-presos.html

[6] https://www.youtube.com/watch?v=Xkmgo6QKeb0

[7] Resaltó una cita para amortiguar susceptibilidades: “Honradamente nunca se podrá decir gran bien de un carácter nacional, ya que “nacional” quiere decir que pertenece a una multitud. Es más bien la mezquindad de espíritu, la sinrazón y la perversidad de la especie humana las únicas que resaltan en cada país, bajo una forma distinta, y a ésta se llama carácter nacional. Disgustado de uno, elogiamos a otro, hasta el momento en que éste nos inspire el mismo sentimiento. Cada nación se burla de la otra, y todas tienen razón”. Schopenhauer

¿Vale la pena debatir con los “magufos”? Contra la altanería de negar el debate

Pude observar últimamente como varios escépticos consideran explícitamente una pérdida de tiempo el debate, el dialogo y el consenso con los denominados “magufos” (gente de pensamiento mágico, defensora de las pseudociencias, las supersticiones, los mitos, etc.), alegando que es  imposible hacer que reconozcan errores, claudiquen en su postura y se retracten por ser altamente necios y soberbios.  Claramente no estoy de acuerdo con esta postura, y creo que la labor de todo divulgador y ensayista escéptico muchas veces se sostiene implícitamente en el hecho de que es posible enseñar y lograr consenso racional entre los individuos que piensan mal o están fácticamente equivocados. Eso sí, que hay formas de debatir más eficaces que otras y que algunas veces pueda ser una pérdida de tiempo tal vez no lo suficientemente justificada no lo pongo en duda. Tampoco niego la existencia de los sesgos cognitivos que dificulten y hasta algunas veces imposibiliten a los equivocados aceptar sus errores y retractarse, pero que existan sesgos no quiere decir que superarlos sea algo imposible.

Creer que todos los “magufos” o los que sostienen ideas y opiniones erróneas son soberbios, necios, incorregibles e irracionalistas absolutos es en sí soberbio, antiracionalista y antihumanista. El racionalismo se basa en parte en la consigna o hecho de que todos los seres humanos mentalmente sanos somos potencialmente capaces de razonar, de reconocer nuestros errores y de aprender, y el humanismo en que lograr eso vale la pena y hay que esforzarse para conseguirlo si queremos una sociedad mejor. Es altamente elitista y altanero creer que los magufos son gente inferior incapaz de pensar correctamente, y a la vez creer esto lleva a justificar la negación del debate (algo dogmático, antiintelectual y deshonesto en la mayoría de los casos) e incluso a una injusta discriminación intelectual que se vuelve desmerecimiento, cosas opuestas al racionalismo y a la ética humanista secular.

Aunque haya casos particulares de dogmatismo extremo que impidan que una persona acepte que está equivocada, intentar debatir y demostrar racionalmente y con evidencias nunca es totalmente en vano.  Una persona irracional o equivocada por más fanática que sea y por más sesgos que tenga, si ve que alguien tiene razones sólidas para no estar de acuerdo con sus ideas es un poco más posible que si en algún momento duda de sus creencias, pueda afrontar el hecho de que estaba equivocada y cambiar de opinión. Hay muchísimos casos de gente que terminó por abandonar creencias muy arraigadas, desde ex clérigos que se vuelven militantes ateos (como Jean Maslier, John W. Loftus y Dan Barker) hasta destacados autores psicoanalistas que se vuelven antipsicoanalistas al evaluar su falta de eficacia, evidencia y rigor (como Dylan Evans). Estoy totalmente seguro de que eso no hubiera podido ser posible, o se hubiera complicado en demasía, si estos individuos hubieran estado alejados de la crítica y el cuestionamiento externo a sus ideas. Incluso muchos de los que hoy nos consideramos escépticos, fuimos en algún momento magufos, y sin duda que le debemos mucho a los que alguna vez nos refutaron una creencia que sosteníamos con vehemencia. Hay muchas razones para abandonar el pesimismo y abrazar un realismo un poco más optimista. Y de esto estoy seguro, ya que en mi pasado magufo (que no niego) logré superar creencias muy firmes gracias a todos los debates o refutaciones en los que me vi acorralado.

Es injustificado sostener que un fanático en ningún momento de su vida pueda renunciar a su postura. Y aunque haya personas irritablemente tercas, intentar dialogar con ellas es ético y honesto, mientras que considerarlas inferiores incapaces de razonar y desmerecedores de toda consideración  es inmoral y arbitrario. Todos merecemos consideración y todos tenemos derecho a estar bien educados, así como también es responsabilidad moral, por lo menos para un humanista secular, intentar educar amable y racioempíricamente a los equivocados.   No hacerlo y ser indiferente a la difusión de mentiras es perjudicial, no solo por el hecho de que nunca se sabe qué fatales consecuencias prácticas pueden derivar de una mentira o error, sino que en sí mismo perjudicial aun cuando no posea hasta el momento consecuencias prácticas relevantes. Si deseamos una sociedad basada en el respeto por la realidad, la verdad y la razón no podemos ignorar a los equivocados que insisten en sostener y difundir ideas falsas, debemos intentar de demostrar razonablemente en donde radica su error (siempre y cuando manejemos el tema y seamos honestos y racionales), para de esta manera eliminar las raíces de la mentira, el error y el engaño, y sobre todo, para ayudar a los que posiblemente tengan buenas intenciones pero mala educación.

Claro está que el debate no es el único medio de combatir la “magufada”, algunos prefieren publicar contundentes ensayos y artículos alegando que vale más la pena al ser más eficaz. No tengo objeción, más allá de que de todos modos, el debate sigue siendo un excelente medio para contrastar información, aumentar el aprendizaje sobre la postura contraria, agilizar la razón, poner a prueba nuestras conclusiones, sistematizar y ordenar conocimientos, establecer el dialogo, superar la intolerancia, etc. Escribir majestuosos artículos contra las denominadas magufadas puede ser una forma más eficaz de administrar el tiempo,   pero el debate no deja de poseer sus ventajas y su encanto especial.