Sobre dormir en los laureles del progreso

         En el momento que escribo esto me veo afligido por varios hechos políticos actuales. Principalmente, por el crecimiento del islamismo radical (DAESH), el triunfo de la derecha neoliberal en Argentina, el posible triunfo del ultraderechista Donald Trump en Estados Unidos, el crecimiento del antisemitismo -y otros tipos de xenofobia- y el accionar de grupos neonazis en varias partes del mundo, entre otros infortunios contemporáneos. Estos me hicieron reflexionar sobre el progreso, y me inspiraron ideas que quiero plasmar para dedicárselas, humildemente, a los jóvenes de mi generación.
En conclusión las podrías resumir del siguiente modo: 1) No crean que en todo lo que va de la historia de la humanidad no existió ningún tipo de progreso, o que el progreso fue leve: nunca dejemos de estudiar historia para advertirlo. 2) No crean que todo lo progresado da igual y es en vano. 3) No crean que aún no puede progresarse más,  y principalmente 4) no crean que lo progresado va a durar para siempre porque sí, no caigan en engaños historicistas de que retroceder es imposible, y que la humanidad naturalmente siempre buscará el progreso, esto es engañoso.
Creo evidente de que la mayoría de los jóvenes de mi edad advierten que vivimos una época curiosa y decisiva. Pero no creo que todos puedan advertirlo en profundidad ni entenderla del todo. Yo no, al menos. Vivimos en una época de grandes progresos que conviven con amenazas de grandes retrocesos, donde gran parte del progreso se ve amenazado. Son tiempos donde se aprobó el matrimonio igualitario en muchos países del mundo (como Colombia y Estados Unidos), a la vez que el pensamiento más bárbaro y primitivo del islamismo radical avanza a pasos agigantados, masacrando homosexuales arrojándolos desde edificios. Tiempos donde el amor libre es casi la regla, donde los homosexuales pueden caminar de la mano (cosa ilegal en otros tiempos no lejanos), donde la religión católica no tiene ni un tercio del poder que tuvo en otros momentos (momentos en que posiblemente ardería en la hoguera de haber nacido allí), donde se intenta tomar consciencia sobre el sexismo antes invisible para la gran mayoría, donde uno es libre de ser ateo casi sin prejuicios, donde el racismo pasó de moda y constituye en su manifestación, un delito, donde el Internet nos brinda una libertad de expresión y de acceso a la información nunca antes pensada, etc. A su vez, convivimos con sectas cada vez más multitudinarias (como la secta de la Iglesia Universal o la Cienciología), con peligros graves en torno al calentamiento global y organizaciones que lo niegan, con tensiones bélicas, con el resurgir de la xenofobia, del odio irracional, del pensamiento conspiranoico antisemita (que antaño justificó los linchamientos a judíos en la Rusia zarista con la publicación del falso libro de los Protocolos de los Sabios de Sion –hoy de moda nuevamente- y abrió paso al nazismo), con tendencias retrogradas anticientíficas y neoluditas (como el movimiento antitransgénico y antivacunas), etc.
Una de las principales razones, creo, por las cuales se puede dar pie al avance de un pensamiento retrograda que barra con todo lo progresado es el dormirse sobre los laureles del progreso. Esto es, creer que nada puede arrebatar lo alcanzado. Que todo progreso social llegó para quedarse. Que tanto el holocausto, como el apartheid, la criminalización de la homosexualidad, las dictaduras militares, las guerras mundiales, el fascismo, la inquisición, las amenazas de guerras atómicas, etc. son cosas que quedaron sepultadas para siempre en la historia, a las cuales es imposible volver.  Esto es falso. Destruir todo el progreso es más fácil que alcanzarlo y mantenerlo, eso hay que tenerlo bien en claro. No hay ninguna razón para pensar que todo lo nombrado, o cosas aún peores inéditas en la historia, sean imposibles de implantarse en algún futuro cercano. Algo que deja en claro la historia, es su impredecibilidad, su movimiento pendular, y su tendencia a mostrar lo bajo que puede caer el humano cuando quiere.
Lo único que creo que pueda salvarnos de nosotros mismos, de las amenazas al progreso humanístico alcanzado -progreso de fraternidad, de internacionalismo, de tolerancia a la diversidad sexual, de la búsqueda de la verdad, la igualdad y la libertad- es considerar al progreso como la más bella de las esculturas posada en un parque público; algo que todos podemos y debemos disfrutar pero algo susceptible de ser robado y ultrajado. Debemos cuidar con firmeza incorruptible los logros de una sociedad que busca basarse en el humanismo secular. Los logros no llegaron para quedarse sin que los cuidemos.
Es importante sobre todo entender que los que buscan arrebatarlo no son grupos secretos de entes malignos con poderes absolutos escondidos en las tinieblas, ni nada parecido a los que nos quieren hacer creer los entusiastas de la fe en las teorías de conspiración. El peligro para el progreso viene de nosotros mismos, del individuo común, de cuando tememos a la libertad, de cuando nos molesta la igualdad, de cuando la irracionalidad vence a la razón, y anulamos nuestro pensamiento crítico dejándonos poseer por las pasiones más primtivas de chauvinismo nacionalista y de ciego fanatismo en líderes políticos o religiosos. Solemos creer ingenuamente que siempre el mal llega de pronto impuesto por un muy pequeño número de personas malvadas que someten a las bienhechoras mayorías contra su voluntad. Esto no es así.  Ni la caza de brujas, ni el fascismo, ni las dictaduras argentinas ni otros de los periodos más oscuros de la humanidad hubieran tenido lugar sin un gran grupo de gente común sumisa que las aplaudieran y les diera lugar, por poco con los brazos abiertos. La indiferencia, la susceptibilidad al engaño y la sumisión, parecen inocentes, pero son algunos de los peores males de una sociedad. Y son las principales grietas por las que penetran los fascistas y otros derechistas, acérrimos enemigos del progreso.  Si Estados Unidos cae tan bajo como para elegir a Trump como su presidente, no es culpa de un grupo de seres secretos que buscan el mal para una inocente humanidad, sino de la estupidez del norteamericano promedio que lo permite.
Los males que tiene una sociedad son los males que en general se merece, que la misma se buscó o permitió. No hay que permitir que una sociedad se autoflagele. Conocemos bien las consecuencias a lo que lleva esto, las lecciones que dan los autoflagelos ni siquiera dan garantía de que estos no vuelvan a repetirse (tenemos el caso de Argentina y su entusiasmo por volver al neoliberalismo que lo dejo en crisis poco años atrás).
Apuntar al progreso y mantenerlo es una tarea ardua que deberá ser sometida a grandes dificultades, dificultades que creo,  mi generación -o la siguiente- deberá afrontar muy duramente. El progreso no es una necesidad histórica inevitable (como creía ingenuamente Hegel), es fruto de intensas luchas intelectuales, como de sudor, lágrimas y sangre. Y así como lograrlas cuesta, perderlas una vez conseguidas puede no costar nada más que un voto, indiferencia y sumisión. No dejemos que pase.

 

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8 comentarios en “Sobre dormir en los laureles del progreso

  1. Lo que no entiendo es por qué entonces apoyar la democracia. Muchos de estos argumentos son iguales a los que dan los liberales libertarios, especialmente por lo que respecta a la democracia. Actuando en consecuencia, ellos abogan por el libre asociacionismo. No entiendo por qué usted no.

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      1. Perdón, lo intentaré. La idea de que el votante medio es estúpido implica que la democracia debiera tener un valor epistemológico, es decir que hay una decisión que es la correcta y quien no la apoya es estúpido. Los liberales defienden estas mismas ideas y les lleva al libre asociacionismo. Es decir, ¿Por qué hacer depender mi proyecto vital de unos estúpidos? Siempre van a ser más.
        Implica también negar el pluralismo como núcleo de la democracia. El sistema democrático funciona no porque toma decisiones correctas, funciona porque es plural. Sin pluralidad se iría a la porra. Aunque el Gobierno sólo tomara decisiones «correctas».

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      2. El uso de la palabra “valor epistemológico” en esa frase no tiene ningún sentido. Es falso que sean “ideas liberales”, que una democracia no funciona bien con gente bruta es tal evidente que es apoyada por cualquier ideologia, es más, los socialistas fueron los primeros en ponerla en evidencia, al punto que corrientes como el marxismo terminaron por dejar de apoyarla (cosa con la que no estoy de acuerdo). No hay “una” desición correcta, pero si hay desiciones más correctas que otras. Para que la gente no se guie por las incorrectas hay que tratar de conseguir un pueblo culto y crítico, cosa que lograron los países nórdicos, que NO son liberales.

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  2. Entenderé que no publique el texto porque me ha quedado muy largo. Pido perdón por ello.
    «Valor epistemológico de la democracia»  es una expresión ampliamente usada en Teoría de la democracia y filosofía del derecho entre otras disciplinas. En todas ellas se refiere a si la democracia es capaz de tomar decisiones correctas. De ello hablamos y así la utilizo. 
    Simplificando. Los liberales creen que la democracia no tiene valor epistemológico por muchas razones entre las cuales destaco que creen que el votante, no sólo es estúpido, sino que nunca va a ser otra cosa. La información es extraodinariamente compleja, la importancia de un voto escasa y las consecuencias se reparten por toda la sociedad. No hay incentivos para conseguir la información y emitir un voto. 
    Carlos Nino y otros creen que la democracia tiene un valor epistemológico porque el proceso deliberativo propio de las democracias produce decisiones correctas. No hay una instancia externa de juicio que no sea democrática.
    Usted cree que la democracia produce decisiones correctas si el votante es culto e ilustrado. Cree deseable que el pueblo sea culto e ilustrado porque, de ese modo, sus votos darían lugar a decisiones correctas. En definitiva, usted defiende que es deseable que la democracia tenga valor epistemológico. Que debiera tenerlo. Recuerdo haber leído algún estudio que llega a similares conclusiones a las suyas (lamento no recordar la fuente) pero en ámbitos controlados tanto en la extensión y la intensión del grupo como en los temas a tratar. Un tribunal colegiado sería un buen ejemplo.
    Una idea defendida por todas las ideologías o aparentemente evidente no es necesariamente una idea verdadera. Me sorprende que utilice eso como argumento. Mucho menos si los datos parecen contradecirla. Veamos su ejemplo de los países nórdicos y olvidémonos de que es una falacia de prueba incompleta. Actualmente en Noruega el tercer partido más votado es el Partido del Progreso. Durante mucho tiempo ha sido el segundo (según encuestas vuelve a subir) pero es ahora cuando está en el poder. Ultraderecha o populista. Más o menos como Trump.
    Además de en PISA, Finlandia también puntúa alto en maltrato a mujeres, alcoholismo y suicidios adolescentes. El partido de ultraderecha y xenófobo Auténticos Finlandeses obtuvo algo más del 17% en las últimas elecciones. Gobierna en coalición.
    Dinamarca, segundo partido más votado con más del 21% de los votos es el Partido Popular Danés. Ultraderecha xenófoba.
    Democrátas de Suecia. Conexiones nazis y neonazis en su fundación. Derecha radical y populismo nacionalista. 12,9% en las legislativas.
    No son liberales aunque puntúan muy alto tanto en los índices de calidad democrática como en los de libertad económica.

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    1. Puede ser por el hecho de que en diferentes idiomas epistemologia significa diferentes cosas. Por un lado, en algunos idiomas, significa “gnoseología” y en el español, significa filosofia de la ciencia, en este ultimo caso no tiene sentido, en el primero si. Podes buscar epistemologia en diccionarios de diferentes idiomas y vas a comprobarlo. “creen que el votante, no sólo es estúpido, sino que nunca va a ser otra cosa.” no estoy de acuerdo y ademas es falso, como en el caso de los finlandeses y los dinamarqueses, que poseen una excelente democracia. “Una idea defendida por todas las ideologías o aparentemente evidente no es necesariamente una idea verdadea” No sea deshonesto o distraido. Yo no dije que sea verdadera por ello, refute su idea de que era algo puramente “liberal”. Es cierto que la democracia nordica esta en decadencia, pero no creo que sea motivo para abandonar las intenciones y esperanzas socialdemocratas. Habria que ver bien el porqué de esa decadencia.

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      1. Entiendo la confusión. Creo que, en este caso «epistemológico» remite a la etimología clásica de episteme frente a doxa. En todo caso, como dije, es un uso académico.
        De acuerdo en que los nórdicos disfrutan de una excelente democracia pero sigo sin ver la relación de la calidad de su democracia con que sean, si lo son, pueblos cultos e ilustrados. A mi me parece que los datos de las elecciones indican que son tan cultos e ilustrados como el votante americano medio. Trump es un chalado peligroso pero no más que la ultraderecha nórdica. Y gobiernan.
        No he sido deshonesto ni distraído (al menos en este caso), refutó una cosa que no he dicho, por eso me confundí. Me cito «Los liberales defienden estas mismas ideas y les lleva al libre asociacionismo». Nunca dije que fuera una idea «puramente liberal».
        Estoy de acuerdo en que no hay que abandonar ni las esperanzas ni las intenciones socialdemócratas pero no en que las democracias nórdicas estén en decadencia. Al menos no lo están en los índices que miden la calidad democrática donde siguen ocupando los primeros lugares.

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