Los abusos de la palabra “energía”

                                        
Una de las palabras de las que más se abusan tanto los charlatanes de todo tipo, como las personas comunes que intentan justificar creencias endebles es sin duda la palabra “energía”. Esta palabra también en el lenguaje de uso cotidiano carece por lo general de justificación y precisión, lo que hace que raras veces se la utilice como corresponde. De tantos usos injustificados, este término de apariencia “técnica” terminó por ser de un significado completamente vago y aparentemente aplicable a todo. La definición de energía utilizada tanto en las pseudociencias como popularmente, no tiene absolutamente nada que ver con lo que la ciencia y la semántica  entienden por energía(s), sino más bien, es por lo general absolutamente arbitraria, ambigua e imprecisa, y tiene como fin una impostura explicativa. Ante cualquier supuesto hecho paranormal/sobrenatural, sacan a relucir está práctica palabra como parte de una supuesta explicación, con el problema de que no está nada claro a que se refieren con tal, ni si tal palabra representa algo verdaderamente real, y no un simple fruto de la creencia irracional.  En algunos casos, ésta se utiliza para explicar o representar hechos cuya explicación realista no tiene relación con energías de ningún tipo, y en otros casos, tal palabra sirve para “explicar” hechos que directamente no tienen más base que la excitada imaginación de sus creyentes. El fin de éste artículo es analizar los abusos vagos e injustificados de la palabra, y como bonus, tratar algunos temas relacionados con tal, que específicamente son: el reiki y la energía orgónica.

A veces, se refiere popularmente con “energía” a sensaciones o impresiones, por ejemplo: “Esa persona tiene una mala/negativa/baja energía”. Esto puede significar que aquella persona no le cae bien, por ejemplo, por no compartir sus creencias. Pero, al no poder comprender el hecho de que una persona no sea de su agrado, atribuyen el fenómeno a “energías” inexistentes, típico de la cosmovisión animista y primitiva. El agrado o desagrado de una persona tienen bases puramente psicológicas, donde el uso del término energía no contribuye en nada a una explicación realista del agrado o desagrado personal. Las personas no poseen ni misteriosas “energías”, ni “vibraciones de onda”, ni nada parecido que pueda influir en como la perciben los demás. Lo que sí, las personas poseen estados de ánimo, ideas y comportamientos que sí influyen en como los demás la perciben. Cuando un supersticioso se encuentra frente a una persona pesimista y depresiva, suele culpar a su “energía” o “vibraciones”, y juzgar arbitrariamente a esa persona en virtud de estas, e incluso suelen excluirlas y rechazarlas inmoralmente, en lugar de intentar ayudarlas –por ejemplo preguntándoles cordialmente cómo están y por qué. El estado de esa persona y nuestra reacción ante ellas poseen bases psicológicas, donde no hay “energías” místicas que influyan en relaciones humanas.

Otro ejemplo de abuso de la palabra energía es su confusión con el optimismo o pesimismo. Por ejemplo: “Necesito tener una energía positiva para poder atravesar este momento”. Aquí se puede interpretar “energía positiva” como actitud optimista. Aunque no tenga nada que ver el optimismo con “energías” (más allá de la energía que requiere el cerebro para funcionar). La atribución de “energías” positivas (buenas) y negativas (malas) a todos tipos de personas, pensamientos y posturas, intentando clasificarlos dualistamente  es parte de una visión maniqueísta propia del humano primitivo.

El mal uso de la palabra energía da pie a la invención de miles de energías inexistentes o incomprobables -inconmensurables. Y esto a su vez, da pie a todo un negocio. Por ejemplo el negocio de las rocas que poseen “energías positivas”. Esto es un excelente ejemplo de la atribución de valores positivos/negativos a energías inexistentes, fenómeno digno del pensamiento mágico. Recuerden los “amuletos de buena suerte”, comunes en la Edad Media. Lamentablemente este pensamiento primitivo volvió a la moda y está en auge en nuestra cultura actual, triste y gravemente contaminada de superstición debido al nocivo fuerte impacto del movimiento anti-intelectual conocido como New-age. Por ejemplo, en México donde se encuentran ruinas mayas y aztecas es fácil encontrar comerciantes de rocas que supuestamente se cargan con la “energía” de las pirámides (como si tal cosa existiera). Sin embargo no se registró jamás en la historia una sola prueba concluyente que demuestre que existan “amuletos de la buena suerte” eficaces, rocas con algún tipo especial de energía ni incluso, que las pirámides posean alguna propiedad especial (como afirman los pseudocientíficos piramidólogos). Todo esto es solamente cuestión de creencias que no están para nada basadas ni en la razón ni en las evidencias, sino en un infantil deseo de creer lo que fácilmente se puede comprobar como falso.

Así, el termino energía del modo en que lo usan comúnmente es completamente vago, y sirve tanto como forma de camuflar la ignorancia, como para ejercer la charlatanería con un término aparentemente técnico. De esta forma su significado real pierde totalmente valor. La desvirtuación de esta palabra es propia del movimiento new-age y la pseudociencia clásica. Se dice por ejemplo que los chakras “regulan energía espiritual”, pero esta energía como prácticamente todas las energías del new-age no es más que una ficción inconmensurable y por lo tanto incomprobable. También dicen que “Dios es energía”, lo que refuerza más el hecho de que se refieren con este término a cualquier tipo de ficción.
Sin embargo, no todas los malos usos de la palabra provienen de creencias tan irracionales. Muchos malos usos provienen de importantes intelectuales e incluso de científicos. El astrofísico Gustavo Esteban Romero denuncia en un artículo suyo (Creatio ex nihilo y cosmología: algunas clarificaciones)  que la palabra energía es también mal usada por los propios físicos:
 “Muchos físicos tienden a reificar no sólo conceptos sino también propiedades. El caso más típico es el de la energía. Expresiones como “energía pura” no tienen sentido. La energía es una propiedad de las cosas. No puede haber propiedades sin individuos que las posean. Así, no puede haber sonrisas sin rostros que sonrían, ni digestiones sin estómagos que digieran. Tampoco puede haber energía sin sistemas concretos. La energía es simplemente la capacidad de cambiar que tiene un dado sistema físico. Un error notable es confundir energía con radiación. La radiación está formada por partículas. En el caso de la radiación electromagnética, por fotones. Por citar un lugar común, cuando una partícula se aniquila con su antipartícula, no se “libera energía”, sino que ocurre un cambio en la naturaleza de las partículas, que pueden ser transformadas en fotones, neutrinos, etc. De hecho, la cantidad de energía del sistema se conserva durante la interacción.” (Las negritas son mías).

Esto nos lleva a buscar una definición clara de la palabra:

Mario Bunge en su diccionario de filosofía ofrece una definición bastante clara de energía que resumiré a continuación: <a) PROPIEDAD: La medida en la que una cosa concreta cambia y puede cambiar. (…) La energía es la más universal de las propiedades de las cosas reales (…). Precaución 1: la energía es una propiedad, no una cosa; no existe por si misma sino a la par de la materia (…). b) PREDICADO: la medida más general del cambio real o potencial. Existen diferentes clases de energías: la potencial y la cinética, la mecánica y la térmica, la electromagnética y la nuclear, etc. La energía está representada por predicados en diferentes teorías: por funciones en algunas, por operadores en otras.  Esta es una razón para no confundir los predicados con las propiedades que representan.>

Los abusos de la palabra “energía” son demasiado frecuentes. Lo que podemos hacer en presencia de esta palabra usada de forma vaga o plenamente injustificada, es preguntar a qué tipo de energías se están refiriendo, si a energías electromagnéticas, nucleares, térmicas, etc.  Ante respuestas como “energía espiritual”, “energía pura”, “energía orgnónica”, “energía etérea” o alguna vaguedad similar inexistente y/o vinculada a la pseudociencia, podemos descartar la legitimidad del término. Debemos exigir rigor ante las definiciones de energías que nos intenten dar, muchas veces los promotores de las medicinas alternativas hablan de “energías” sin especificar de ningún modo que son o a que energía se refieren, aquí debemos agudizar nuestro escepticismo y pedir una definición clara, precisa y demostrable de los que nos quieren decir.

A continuación, examinaré dos pseudociencias relacionadas con supuestas energías:

Reiki, el arte de manipular energías inexistentes


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Mikao Usui


   Contrario a lo que comúnmente se piensa, el reiki de milenario no tiene nada. Se trata de una práctica inventada por el monje Mikao Usui en 1922. Como pasa con las prácticas de la MTC (Medicina Tradicional China), parte de sus consumidores confían en su eficacia creyendo que la práctica lleva milenios, y creen, muy erróneamente porque se trata nada más que de una falacia ad antiquitatem, que por esto la práctica es más confiable. Pero no, la MTC como sistema de creencias, al igual que el reiki, data del S XX. La acupuntura como la conocemos (con agujas pequeñas, ya que antes las agujas eran mayores y se utilizaban en una especie de sangría), por ejemplo, es un invento de los años 30 del pediatra chino Cheng Dan’an. Así como los fundamentos teóricos de la acupuntura antigua (no la de pequeñas agujas) datan de la revelación de un supuesto “dios” emperador de las montañas (del que claro, no hay evidencias históricas),  el reiki se le fue “revelado” a Usui en un retiro espiritual en las montañas. Nada de estudios de fisiología, microbiología, medicina, ni nada de eso.
Este consiste en pasar las manos en diferentes direcciones por sobre el cuerpo de alguien tendido sin tocarlo, supuestamente, para manipular sus energías y así conseguir logros “terapéuticos”. Claro está, que no hay ninguna evidencia de que estas energías existan. Según algunos practicantes de reiki, su práctica sirve para lograr mejoras en el cáncer, la bulimia, el dolor de espalda, la presión alta, la diabetes, el estreñimiento, etc. El mismo  Usui no dudó en poner su academia y en cobrar por su práctica, y hoy en día muchos estafadores inconscientes de serlo la llevan a cabo por lo general, cobrando grandes sumas de dinero por sesiones o enseñanzas y alegando que pueden tratar los problemas mencionados y muchos más.
¿Hay evidencias de que el reiki funcione? No exactamente, pero tenemos evidencias de que no funciona. De hecho, sobre el timo de que los practicantes ”pueden sentir la energía de las personas a distancia”, tenemos el estudio de Emily Rose. Esta es una mujer que a la edad de 9 años realizó un experimento en el que demostró que los practicantes no podían sentir estas inexistentes energías. Fue la persona más joven que publicó en una revista científica médica revisada por pares (el Journal of the American Medical Association). El experimento consistió en colocar a varios de estos curanderos detrás de una pantalla y hacer que sus manos salieran por un hueco; la niña colocaba su mano (sin tocar al curandero) sobre de una de sus manos sin que el individuo detrás de la pantalla pudiera ver, y si esta teoría era cierta, el curandero debía saber si la mano de la niña estaba o no debajo de la suya, y si estaba, en cual, ya que debería sentir su “campo biomagnético”, “vital” o “energético”. Claramente el experimento demostró que no sentían en absoluto dicho campo, nunca pudieron demostrar que sabían sobre qué mano la niña colocaba la suya, ni si efectivamente la colocaba. Se debe sentir muy mal que una niña de 9 años refute correctamente una teoría de la cual vivís ¿No?… Ningún experimento posterior refutó los descubrimientos de Emily.
Como tratamiento médico tenemos varios estudios que demuestran su ineficacia. En Effects of reiki in clinical practice: a systematic review of randomised clinical trials[1] M. S. Lee, M. H. Pittler y E. Ernst analizan randomizadamente varios estudios para concluir que no tiene evidencia a su favor para el tratamiento de ninguna patología, salvo como placebo (y como sabemos, el placebo se limita a muy pocos problemas, por lo general hipocondriacos, y no representa una mejora real). Hoy a la comunidad científica no le queda ninguna duda de que el reiki tanto teórica como prácticamente es un completo timo.
 

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Emily Rosa


La energía orgónica

Los psicoanalistas son gente curiosa. Como si no bastara con que el psicoanálisis fuera en sí mismo una pseudociencia, muchos importantes psicoanalistas fueron aún más lejos y crearon otras pseudociencias, como sí ejercer una les pareciera poco. Tenemos a Velikowsky y su libro “Mundos en colisión” donde confunde hidratos de carbono con dióxido de carbono y en base a esto afirma que los judíos se alimentaron de un pan brotado de un cometa que pasó cerca de la Tierra, entre otros disparates. Y también tenemos al psicoanalista Wilhelm Reich, quién decía ser hijo de un “hombre del espacio”, inventor de la “energía orgónica” (palabra creada a partir de la raíz de “organismo” y “orgasmo”). Esta supuesta energía cósmica omnipotente emanaba de todos los seres vivos y estaba involucrada en los orgasmos. Reich sostenía que tal energía podía ser mesurable y que además era responsable del color del cielo, la gravedad e incluso las revoluciones políticas frustradas. Completamente convencido, intentó probar su existencia construyendo en 1940 el primer “condensador de energía orgónica”, que incluso usó en pacientes con cáncer creyendo que así podía ayudarlos. Totalmente animado por su hipótesis, llegó al punto de invitar a nadie menos que al mismísimo Albert Einstein a discutir sobre su “nueva ciencia”, la orgonomía.
A pesar de sus optimistas intentos de probar la existencia de la energía orgónica, Reich jamás lo logró (como tampoco Freud pudo debidamente probar sus teorías, no mucho menos fantasiosas).  
 Para colmo, su vida fue de mal en peor y terminó falleciendo el 3 de noviembre 1957 en la Penitenciaría Federal de Lewisburg en Pennsylvania, donde fue enviado luego de una acusación penal impuesta por negarse a obedecer una orden contra la venta de equipos médicos fraudulentos.
A pesar de que la orgonomía no posea una sola evidencia a su favor y que además, haya sido creada por un tipo que rozó la completa locura, dicha pseudociencia continúa siendo popular y hasta se venden condensadores de “energía orgónica”, en forma de bonitas artesanías.

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Reich en su condensador de energía orgónica

[1] https://dx.doi.org/10.1111%2Fj.1742-1241.2008.01729.x

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