Mes: septiembre 2018

¿Todos creemos en algo? La polisemia de la palabra “creer”

¿Todos creemos en algo? La polisemia de la palabra “creer”.

“¿No crees en platillos voladores?», me preguntan. «¿No crees en la telepatía, en astronautas antiguos, en el triángulo de las Bermudas, en la vida después de la muerte?.» Les respondo que no. No, no, no, no y no de nuevo. Una persona, desesperada por la letanía de negación sin cesar, me preguntó entonces si creía en algo. «Sí», le dije, «Creo en la evidencia. Creo en la observación, las mediciones, el razonamiento y la confirmación por medio de observadores independientes. Creeré en cualquier cosa, sin importar que tan loca o ridícula, si hay evidencia que la soporte. Mientras más loca y más ridícula, eso sí, más firme y sólida tendrá que ser la evidencia. “ Isaac Asimov.

Es normal que cuando se presiona a alguien a reflexionar sobre sus creencias se escude en que todos creemos en algo. Se piensa así, que uno no tendría por qué revisar sus creencias críticamente total, todos estamos condenados a creer en algo y es en vano hacer cualquier intento de desterrar lo injustificable. ¿Pero qué significa creer?  ¿Qué es una creencia? ¿Todos creemos en algo realmente? ¿Cuál es la diferencia entre el conocimiento y la creencia? ¿Cuál es la diferencia entre una postura filosófica y una creencia? ¿Es correcto decir que se cree en la ciencia? ¿Existe la fe en la razón?

El principal problema detrás de estas preguntas es que la palabra creencia es polisémica. Por ejemplo, decimos que “creemos que va a llover mañana” por cómo está el clima.  Decimos que “creemos” en Dios, o en la medicina alternativa. Decimos que “creemos” en nosotros mismos o en otra persona. O decimos que tal “se cree” por ejemplo, un gran artista, cuando se dedica a apilar cajas de cartón conceptualmente. De estos usos se pueden deducir al menos estos sentidos: se usa la palabra creer como sinónimo de conjeturar y suponer. Se usa también en el sentido de “creer por fe”, es decir,  sin necesidad ni posibilidad de demostración y de forma inmune a la evidencia y a la razón. Se utiliza la palabra creencia para referimos a la confianza o a la esperanza en alguien o en nosotros.   Y por último, se usa la palabra creer como sinónimo de fantasear ser algo que no se es. Seguramente, se pueden seguir buscando otros usos a la misma palabra.

Si interpretamos en un sentido amplio la pregunta del título, es una obviedad que todos creemos. A veces conjeturamos y suponemos, a veces depositamos esperanzas en algo o alguien, a veces seguro, nos creemos algo que no somos. ¿Pero realmente todos tenemos creencias por fe? ¿La fe en creencias irracionales es algo imposible de evitar en el ser humano? Sin duda uno no puede vivir sin hacer conjeturas, pero creer algo por fe es muy diferente a hacer conjeturas. Una persona que cree en Dios no tiene en general la conjetura de que existe, tiene la convicción.

¿Todos tenemos convicciones que no podemos probar pero que sostenemos porque creemos que nos hacen sentir bien o que nos convienen, que son irracionales, que no nos interesa poner en duda y de las que claro, no hay evidencia ni argumentos a favor? ¿Tan pesimistas podemos ser del género humano? Definitivamente considero que esto no es así. No porque tenga “fe” en ello. Tal vez si sea una esperanza y una conjetura el hecho de sostener que la gran mayoría de la gente, sino todos los mentalmente sanos, pueden ser completamente racionales si se lo proponen y si se encuentran en un medio adecuado. Que hay gente que evita tener cualquier tipo de fe y lo logra no me queda duda. No creo que haya alguien vivo que no esté equivocado en algo, pero eso no implica que en ello que se equivoca deposite una convicción, una fe que lo vuelva irracional. Sesgos también, todos tenemos. Pero no creo que todos tengamos fe en creencias injustificables necesariamente y nunca vi una evidencia de ello, si evidencias contrarias.  Justificar nuestras creencias irracionales con la excusa de que todos creen en algo no solamente me parece una mentira sino un acto escapista cobarde  y típicamente irresponsable para no cuestionarse uno mismo, un tu quoque[1] de manual.

Cuando se cuestionan creencias siempre entra el tema de que es una creencia y que es el conocimiento. Más o menos a lo largo de este opúsculo he bosquejado lo que me parece una creencia –por fe- pero daré una definición clara: creer en este sentido, es sostener una idea sin un trabajo racional y empírico previo. Esta idea al carecer de un sustento firme, es sostenida por una convicción irracional, atada a los sesgos y potencialmente al fanatismo, y por lo tanto, es inmune generalmente a los argumentos contrarios y la evidencia en contra es vista con duda o ignorada si no se puede ocultar. Las creencias no son claro, insuperables, la gente abandona por diferente razones creencias que sostenía incluso fanáticamente, esto nos da pie a relativizar nuestro pesimismo –al menos el mío.

Hay gente que tiene creencias que no son para nada fanáticas, sino que considera algo cierto sin analizarlo previamente de forma rigurosa y sin pruebas, pero no deposita demasiada convicción, a veces cuando se le presenta críticas a esta idea no las rechaza, pero tampoco las acepta demasiado. Esta gente tiene lo que se dice pensamiento débil, sostiene creencias sin convicción, en las que confía solo a veces, tal vez sabe que son insostenibles pero no les importa, no podrían defenderlas pero tampoco criticarlas,  en el fondo la cuestión mucho no le importa. Pasa muchas veces en creyentes religiosos no practicantes y en gente que cree por ejemplo en los horóscopos del diario. Cuando uno le muestra que esos horóscopos son una imbecilidad, se dan cuenta de ello, pero al otro día los siguen leyendo. Esta gente piensa como niños, viven frívolamente y la realidad de la cuestión, la verdad, es algo que no les interesa. La gran mayoría de gente sin inquietudes intelectuales vive desinteresada en esta postura pusilánime, la cuestión de hondar en la profundidad de un problema y de analizar críticamente la cuestión formando una posición firme se les escapa de sus capacidades. Como cuando a una pobre persona de una zona atrasada, estupidizada por un trabajo deshumanizante y sin tiempo para la reflexión, estresada y desencantada de su vida y el mundo, con la curiosidad desgastada y sin estímulo para el pensamiento, le traen la noticia de un milagro absurdo y una estampita de una virgen que no conocía y ésta la pone en su santuario sin fuerzas siquiera para la pregunta, la duda, el rechazo o la devoción.

¿Cuál es, al fin, la diferencia entre creer –por fe- y conocer? Muy similar que la diferencia entre la verdad y el error.  Conocer algo implica tener una idea que va acorde a un cuerpo de evidencia y que posee un sustento racional, esto es que al menos se puede justificar con ciertos argumentos, e implica que por ejemplo la idea no sea contradictoria internamente ni externamente con otras ideas que se tienen por conocimiento. Uno puede considerar conocer algo que resulta ser falso, pero lo que diferencia esto de una creencia es que cuando se está frente a una crítica o una nueva evidencia, la persona que creía conocer algo abandona la idea si esta no se sostiene, si se insiste en persistir en el error se puede hablar de creencia por fe.  Por ejemplo, si yo digo que la velocidad de la luz es de aproximadamente 300 mil kilómetros por segundo, no es porque tenga fe en ello, sino porque conozco la velocidad de la luz. La conozco porque tuve contacto con diferentes medios de divulgación, libros, artículos, profesores, experimentos, etc., donde se afirmó este número.  Mis fuentes se remiten a su vez no solo a experimentos replicados cientos de miles de veces por diferentes personas, individualmente y en grupos (de hecho se puede realizar el experimento que la comprueba relativamente fácil), sino a un hecho que se sostienen y se deduce sobre una de las teorías más sólidas de la ciencia, la teoría de la relatividad.

¿Se puede hablar de fe en la velocidad de la luz? Y de forma general ¿se puede hablar de fe en la ciencia? Para nada. La fe y la ciencia se oponen. Una de las premisas sobre las que se sostiene la filosofía que subyace a la ciencia es eliminar la fe, eliminar el dogma. En la ciencia una persona puede tener en todo caso, confianza, y está justificada en sus numerosos y evidentes éxitos.  Y esto porque tiene medios efectivos de superar el error, de corregirse y de cambiar si es necesario, cosa que va contra la fe. La ciencia es una empresa racional y crítica, los sistemas de creencia y sus instituciones no. Tener fe en la ciencia es imposible, porque si se tiene fe no se puede cambiar de opinión ante el error, y la ciencia cambia constantemente al hacerse más exacta y precisa frente a nuevas evidencias y mejores formas de obtenerlas.  Se puede tener fe en algo que durante un tiempo se consideró verdad (es decir, acorde a la evidencia) pero que luego se demostró falso frente a mayor evidencia de mayor calidad, en ese caso,  se tiene una fe, pero no es una fe científica.  Como la confianza en la ciencia es racional, y fácil de justificar, no se puede hablar de fe en la ciencia, es esto un oxímoron, si se tiene fe se traiciona al espíritu crítico de la ciencia.

¿Y la fe en la razón? Si hablamos de la fe como una empresa irracional, volvemos al oxímoron. Se puede, sin embargo, tener fe en hechos relacionados a la razón, como por ejemplo, fe en el hecho de que todos los hombres son cien por ciento racionales, un hecho que claramente es falso, parecido a una mala interpretación de Aristóteles, pero esta es una forma especial de fe en la razón válida. Está claro que la gente no es totalmente racional, pero sin embargo, puede serlo parcialmente y quien dice, tal vez pueda serlo totalmente con esfuerzo intelectual y en condiciones adecuadas. Cuando uno se vale de la razón, no lo hace por fe, sino porque busca independizarse de la estupidez y romper de una vez la infantilidad del pensamiento. Así, la razón vendría a ser: “ …la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he ahí el lema de la ilustración. La pereza y la cobardía son la causa de que una tan gran parte de los hombres continúe a gusto en su estado de pupilo, a pesar de que hace tiempo la Naturaleza los liberó de ajena tutela (naturaliter majorennes); también lo son de que se haga tan fácil para otros erigirse en tutores. Es tan cómodo no estar emancipado.” Kant, Qué es la ilustración.

Resultado de imagen para kant

Aclarado esto, podemos interpretar el texto citado al comienzo de la siguiente forma: Asimov utiliza un juego de palabras para mostrar que carece de creencias por fe, porque asume una postura de confianza en la razón y en la evidencia contra el fanatismo y el pensamiento débil de creer porque sí. Lo que postula Asimov como creencia en realidad es una postura filosófica, y lo que diferencia una creencia por fe a una postura filosófica es que esta última debería ser racional y justificada. Cuando una filosofía es irracional y dogmática, difícilmente se puede hablar de que es una filosofía, se acercaría más a una pseudofilosofía o a una religión o algún tipo de esoterismo o género literario.  Cuando alguien nos acuse con la famosa frase de que todos creemos en algo, sería bueno entonces poder contestar: “Yo trato de no creer en nada, de no tener fe, de corregirme si me equivoco, de conocer la verdad del asunto, de pensar racionalmente por mí mismo y de evaluar de forma crítica y seria que considero cierto, efectivo, bueno, válido o posible y que no, que es un engaño, una estupidez o un error. Si crees, es decir, si consideras que tengo fe en algo, decime en qué, que trataré de superarme, de independizarme de los dogmas, aunque me pueda parecer incomodo, aunque me sienta disconforme al comienzo, porque considero que no hay nada realmente más incómodo que vivir cómodamente atado a la mentira y la estupidez. “

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Tu_quoque Se denomina tu quoque (locución latina que significa ‘tú también’) al argumento que consiste en rechazar un razonamiento, o considerarlo falso, alegando la inconsistencia de quien lo propone. Es, por tanto, una variante de la falacia ad hominem.

Anuncios