Autor: Matias Suarez Holze

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Crítica a Dialéctica de la Ilustración[1] de Adorno y Horkheimer.


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El libro que procederé a criticar, se publicó por primera vez en 1944, pero fue más conocido luego de los años 50, principalmente en los 60. A pesar de que me pareció un ensayo muy malo, con una argumentación débil sino inexistente, y escrito de una forma tremendamente vaga y aburrida, lo voy a criticar porque me parece que en él está el germen del posestructuralismo, también llamado posmodernismo. Que el texto es casi posestructuralista no es una idea mía, en una conversación que tuve con Juan José Sebreli, él fue de la misma opinión[2], y manifestó que a la Escuela de Frankfurt cada vez la reivindicaba menos. En el Olvido de la razón  (2006) decía:

 “Un punto de inflexión fue Dialéctica del Iluminismo (1947), donde Adorno y Horkheimer acusaban a la Ilustración de haber engendrado, mediante una tortuosa dialéctica, a los sistemas totalitarios del siglo veinte. Aquí ambos autores se equivocaban: el nacionalsocialismo no era el fruto degenerado de la Ilustración sino, por el contrario, la flor del romanticismo antiilustrado. El estalinismo, por su parte, fue la consecuencia de una sociedad atrasada —“semiasiática” según León Trotsky— que no había conocido el Renacimiento ni la Ilustración ni la revolución burguesa, sólo a medias la revolución industrial, y carecía, por lo tanto, de toda tradición democrática. Marcuse, en cambio, no siguió el camino iniciado por sus colegas en Dialéctica del Iluminismo, y en su obra Razón y revolución (1954) reivindicó la Aufklarung a través de la figura de Hegel, a la que contraponía el pensamiento irracional que derivó en el fascismo. El auge posterior del neorromanticismo antiilustrado contra el progreso científico técnico mostraba los peligros latentes de Dialéctica del Iluminismo, no por casualidad la obra más festejada por los posestructuralistas. Jürgen Habermas intentó retomar, aunque desde una distinta perspectiva, los propósitos iniciales de la Escuela de Francfort, rescatando el perdido lado sociológico. Además oponía a Dialéctica su propia idea de “modernidad como proyecto inacabado”.La recuperación de la herencia de la Ilustración se había ido debilitando en los francfortianos de la primera generación que, en su última etapa, se perdieron por caminos diferentes, pero igualmente sin salida: Horkheimer, volcado a una cierta confusa religiosidad; Adorno alentando una nostalgia pasatista de la era dorada del viejo liberalismo y una propuesta protorromántica del arte como única redención; Ernst Bloch retornando a la utopía premarxista y Marcuse inmerso en reminiscencias heideggerianas antitecnológicas mezcladas con un optimismo utópico inspirado por la efímera rebelión juvenil de los sesenta.”

Sobre Foucault y la obra que nos ocupa dice:

“En 1978 afirmaba que “se sentía fraternalmente cerca de la Escuela de Francfort”, le atraía de Adorno y Horkheimer su obra menos acertada, Dialéctica del Iluminismo. Pero aun en este caso, había una diferencia: los francfortianos se reivindicaban herederos legítimos de la Ilustración y denunciaban sus traiciones, en tanto Foucault la pensaba como intrínsecamente perversa.”

Me decidí a leer Dialéctica de la Ilustración porque estaba interesado en las bases filosóficas del fascismo, y esperaba encontrarme en el libro la tesis original y polémica de que las bases filosóficas del fascismo estaban en la Ilustración, movimiento filosófico al cual reivindico completamente. De entrada, la idea me parecía ridícula, pero le di una oportunidad. En la obra en ningún momento dice explícitamente, como me habían dicho, “la ilustración causó el nazismo”. Sí afirma como mucho que “el Iluminismo es totalitario”, aunque también dicen “no tenemos ninguna duda respecto a que la libertad en la sociedad es inseparable del pensamiento iluminista”, la vinculación del fascismo y el totalitarismo con el Iluminismo es tremendamente vaga y traída de los pelos. El libro me parece olvidable, pero a mi pesar, no lo fue, y si lo critico es porque tuvo mucho impacto, porque causa y causó una tremenda confusión en torno a la Ilustración y al positivismo arruinando de forma injustificada su imagen. Ya no sirve simplemente ignorarlo, así que analicémoslo y veamos si realmente la Ilustración es tan repudiable como creen los influenciados por el posestructuralismo.

Para empezar los capítulos son “Concepto de Iluminismo”, “Excursos 1”, “Excursos 2”, “La industria cultural”, “Iluminismo como mistificación de masas”, “Elementos del antisemitismo”, “Limites del Iluminismo”, “Apuntes y esbozos”. La edición que leí es del grupo Sur, editada probablemente por Victoria Ocampo.
Aunque el grueso del libro es mediocre, sobre todo la última y la primer parte que son ilegibles, debo decir que el capítulo “La industria cultural” es pasable. En él critican como la masificación de la industria cultural hace que sus productos sean de un bajo nivel. De igual forma, como el resto del libro, está muy mal escrito estilísticamente, es muy vago, oscuro, pretencioso, y  cae en cierto snobismo. Pero la idea en general, a diferencia de los otros capítulos, es rescatable si la reescribe alguien de forma clara y precisa, sin todas esas sentencias exageradas con tono de gurú.
Es demasiado evidente que las ideas que tienen los autores no son claras y no están fundamentadas, y que por ello escriben de una forma que busque impresionar para ocultar la vaguedad de las ideas. Ese estilo a mí no solo no me impresiona sino que me aburre tremendamente.  Al que busque un análisis del iluminismo con un repaso de autores, al estilo de un ensayo de historia de las ideas, le aviso que no va a encontrar nada de eso. Sí van a encontrar mucha pseudociencia psicoanalítica, ya que el texto es básicamente una hermenéutica basada en psicoanálisis.  Los autores se limitan a analizar no mucho más que un párrafo de Kant y hacen una mención tremendamente vaga a Voltaire, pero no hay ningún análisis serio del fenómeno de la Ilustración, ni tampoco del fenómeno del fascismo ni del totalitarismo, y no abundan citas de autores ilustrados. Para colmo, gran parte del libro es una pésima hermenéutica de La Ilíada y La Odisea, a la cual califican arbitrariamente de “ilustrada”, a pesar de que de ésta obra a la Ilustración hay más de mil quinientos años.  Lo curioso es que si hay un análisis bueno del Marqués de Sade y de Nietzsche, pero ninguno de los dos son autores ilustrados, el primero es de la época pero es un escritor de ficción, polemista, escandaloso y controversial, muy interesante, pero que no tiene nada que ver con el movimiento más allá de algunas críticas a la religión, y el segundo es un posromántico que no tiene relación alguna con la ilustración ni siquiera de época. Igualmente si buscan un análisis muchísimo mejor de la obra de Sade y de Nietzsche, vayan a El hombre rebelde de Albert Camus.
La crítica que le hacen Adorno y Horkheimer a Nietzsche relacionándolo con el totalitarismo citando frases casi prenazis es muy buena, pero no tiene relación con la ilustración. Nietzsche sí tiene un vínculo con el fascismo, era el filósofo favorito de Mussolini y el segundo favorito de Hitler, Hitler le regaló las obras completas de éste a Mussolini cuando estaba en la cárcel. El libro cita de Nietzsche: “Los débiles y defectuosos deben perecer: primer principio de nuestra caridad”. “¿Qué es más nocivo que el cristianismo –-compasión activa por todos los débiles y los defectuosos- en comparación con cualquier vicio?”. “Pretender de la fuerza que no se manifieste como fuerza, que no sea voluntad de dominar, de abatir, y de avasallar, sed de enemigos, de resistencia y de triunfos, es exactamente tan absurdo como querer que la debilidad se manifieste como fuerza”. “El gran peligro para el hombre son los enfermos”. Y muchas citas más, la mayoría de Genealogía de la Moral. Es más, se podría citar una decena de frases más de Nietzsche que cualquiera pensaría que son de Hitler.
Como dije, los autores hacen un análisis muy malo de Kant y Voltaire, así que en defensa de ellos mostraré como no puede relacionarse sus nombres con las bases filosóficas del fascismo o del totalitarismo en general que no sea de una forma insoportablemente rebuscada. Para empezar, baste recordar  que el fascismo tanto en su versión italiana como alemana es un movimiento belicista. Nietzsche, que como dije no es ilustrado, sí abunda en frases belicistas. En su insoportable obra “Así hablo Zaratustra” (1891), que está en la frontera entre ser una aburrida novela y un mal ensayo, lanza constantes propagandas al belicismo: “Yo os digo que la buena guerra santifica todas las causas”. “La guerra y la valentía han hecho más cosas grandes que el amor al prójimo”. “Preguntáis, ¿Qué es bueno? Ser valiente es bueno. Dejad que las niñas digan: ‘es bueno lo que es bonito y enternece’” (página 44[3], capítulo “De la guerra y los guerreros”). “El hombre debe ser educado para la guerra, y la mujer, para solaz del guerrero; todo lo demás son tonterías” (pag. 60). “Quiero que el hombre sea buen guerrero y la mujer buena parturienta” (pag. 187).
“Hemos de confesar que la guerra es para el Estado una necesidad tan apremiante como la esclavitud para la sociedad.” En El estado griego.

 “Me complace el desarrollo militar de Europa (…) los tiempos de tranquilidad y modorra china (…) han pasado. La destreza viril personal, la aptitud del cuerpo recupera otra vez su valor, las valoraciones (…) más siendo más físicas (…) en cada uno de nosotros se va afirmando el bárbaro y el animal feroz.” En La voluntad de Poder.

“Una buena y sana aristocracia (…) acepta el sacrificio de una multitud de hombres que deberán ser humillados y rebajados al estado de seres mutilados, de esclavos, de instrumentos.” En Más allá del bien y del mal.

“Nuestros grandes remedios son las revoluciones y las guerras. (…) Las guerras, ahora que se han agotado los entusiasmos y las excitaciones cristianas, son las grandes fomentadoras de fantasía.” En Tratados filosóficos de 1880-1881.

Ahora veamos qué opinaba Kant del belicismo.

“(…) Sólo en una asociación universal de Estados (análoga a aquella por la que el pueblo se convierte en un Estado), puede valer perentoriamente y convertirse en un verdadero estado de paz. Pero como la extensión excesiva de tal Estado de naciones por amplias regiones tiene que hacer imposible al final su gobierno y con ello también la protección de sus miembros, y como una multitud de tales corporaciones conduce de nuevo, sin embargo, a un estado de guerra, la paz perpetua (el último fin del derecho) es ciertamente una idea irrealizable. Pero los principios políticos que tienden a realizar tales alianzas entre los Estados, en cuanto sirven para acercarse continuamente al estado de paz perpetua, no lo son, sino que son sin duda realizables, en la medida en que tal aproximación es una tarea fundada en el deber, y por lo tanto, también en el derecho de los hombres y los Estados. (…) Puede decirse que el establecimiento universal y duradero de la paz no constituye sólo una parte, sino que es la totalidad del fin de la doctrina del derecho dentro de los límites de la mera razón.” Kant, La metafísica de las costumbres.
Kant era un autor que definía la guerra como el peor de los males, y proponía para abolirla la unión y la fraternidad internacional. La ONU y la UE casi se podría decir, fueron una idea de Kant. Cualquiera que lea Fundamentación de la metafísica de las costumbres y Metafísica de las costumbres, sobre todo La paz perpetua, vería lo alejadísimo que está del fascismo. Hasta en lo más mínimo puede verse la brutal diferencia, Kant repudiaba el suicidio (en este tema, no comparto la postura de Kant, debo decir)  y muchos de los más importantes nazis, como Hitler y Himmler, se suicidaron, ahí se ve lo alejado que estaban de la ética kantiana. Kant era un cosmopolita, nada más alejado del nacionalismo fascista.
Veamos qué opina Voltaire de la guerra:
“”No hace mucho tiempo se debatía, en una compañía célebre, esa cuestión gastada y frívola de quién era el hombre más grande, César, Alejandro, Tamerlán, Cronwell, etc… Alguien respondió que era sin disputa Isaac Newton. Ese hombre tenía razón, pues si la verdadera grandeza consiste en haber recibido del cielo un genio poderoso, y en haberse servido de él para iluminar a sí mismo y a los otros, un hombre como el señor Newton, tal como apenas se encuentra uno en diez siglos, es verdaderamente el gran hombre; y esos políticos y esos conquistadores, de los que ningún siglo ha carecido, no son de ordinario más que ilustres malvados. Es a aquel que domina sobre los espíritus por la fuerza de la verdad, no a los que hacen esclavos por la violencia, es a aquel que conoce el universo, no a los que lo desfiguran, a quien debemos respeto. Puesto que exigís que os hable de los hombres célebres que ha dado Inglaterra, comenzaré por los Bacon, los Locke, los Newton, etc… Los generales y los ministros vendrán cuando les toque su turno.” Cartas filosóficas. En la misma obra:
“En tanto el capricho de algunos hombres degüelle legalmente a millares de nuestros hermanos, la parte del género humano consagrada al heroísmo será lo más espantoso de la naturaleza. ¿Qué será de la humanidad, de la humildad, de la dulzura, de la sabiduría, de la piedad, y que me importa mientras que media libra de plomo disparada a más de seiscientos pasos me destroce el cuerpo y muera a los veinte años en medio de tormentos inexpresables, entre cinco o seis mil moribundos, mientras mis ojos que se abren por última vez, ven la ciudad en que nací destruida a hierro y fuego, y que los últimos sonidos que oyen mis oídos son los gritos de las mujeres y de los niños expirando bajo las ruinas, y todo por unos pretendidos intereses de un hombre que no conocemos?” 

Cualquiera de éstas citas haría vomitar a un miembro de las SS. Es muy difícil vincular el movimiento que se hizo un lugar político con los Camisas Negras apaleando gente, con el autor de El tratado de la tolerancia. Voltaire si era un poco homófobo, entendible en su contexto, lo que caería mal a Rôhm de las SA, pero aparentemente no a Adorno y Horkheimer que nos regalan una extraña frase que dice “(…) así como el sodomita reprimido persigue y provoca a los animales”. No sé de dónde sacaron que los homosexuales de closet tienen relaciones zoofilicas. El opúsculo donde se cita a Voltaire es absolutamente ilegible.

Las frases ridículas abundan en Dialéctica de la Ilustración, veamos algunas:
“La imprenta, invención grosera” Pág. 15.
    “La misma forma deductiva de la ciencia refleja coacción y jerarquía. Así como las primeras categorías representaban indirectamente la tribu organizada y su poder sobre el individuo aislado, del mismo modo el entero orden lógico –dependencia, conexión, extensión y combinación de los conceptos- está fundado sobre las relaciones correspondientes de la realidad social, sobre la división del trabajo”  (Pág. 36). Nótese la primera oración, es muy similar a las críticas de Feyerabend a las ciencias. El libro abunda en críticas al positivismo, incluido al positivismo lógico, y a la ciencia, pero como es común en el posestructuralismo, no se entiende a que apuntan y da la impresión de que no tienen la más mínima idea ni de la ciencia ni del positivismo. Véase estos comentarios sobre la matemática y la lógica: “Cuando en el operar matemático lo desconocido se convierte en la incógnita de una ecuación, es ya caracterizado como archiconocido aún antes de que se haya determinado su valor”.  Mientras que el formalismo matemático, cuyo instrumento es el número, fija el pensamiento en la pura inmediatez” (página 39 y 42). “La exclusividad de las leyes lógicas deriva de esta univocidad de la función, en última instancia del carácter coactivo de la autoconservación, que concluye siempre de nuevo en la elección entre supervivencia y ruina, reflejada aun en el principio de que de dos proposiciones contradictorias sólo una es verdadera y la otra falsa.” (Pág. 46)  Nótese especialmente ésta: “Odiseo se afirma a sí mismo negándose como nadie, salva su vida haciéndose desaparecer. Esta adecuación a la muerte mediante el lenguaje contiene el esquema de la matemática moderna” (Pág. 80). Ridículo. Insiste vinculando la razón con la industria: “la formalización de la razón no es más que la expresión intelectual del modo mecánico de producción” (Pág. 128). No se entiende como Aristóteles fundó la lógica antes del industrialismo y sin haber trabajado mecánicamente en su vida.  En una ocasión el libro cae en la peor cursilería: “El amor mismo es un concepto no científico” (pág. 133). Frase digna de un new-age.
Más partes ridículas: “En las ambiguas tendencias del olfato sobrevive la antigua nostalgia de lo bajo, de la unión inmediata de la naturaleza circunstante, con la tierra y el fango. El olfato, que es atraído sin objetivar, constituye entre todos los sentidos el que testimonia con mayor evidencia el impulso por perderse en lo otro y adecuarse a ello. Por ello el olor, como percepción y como percibido –que son lo mismo en el acto-, es más expresión que lo que reciben los otros sentidos. En el mirar se sigue siendo quien se es, en el oler el sujeto se pierde. De tal suerte para la civilización el olor es una vergüenza, un estigma de clases subalternas, de razas inferiores y animales innobles. Dedicarse a este placer es lícito para el civilizado sólo si la prohibición se suspende y si la suspensión es racionalizada mediante fines reales o aparentemente prácticos. Se puede consentir el impulso prohibido sólo si no hay dudas de que ello ocurre para destruirlo.” (Página 217). Esta parte recuerda a los delirios sobre la nariz y el olfato de Freud y Fliess, delirios que causaron la deformación y la invalidez de Emma Eckstein[4].
Otra parte extraña vinculada a los homosexuales: “(…) El hombre los atrae  irresistiblemente; quieren reducirlo al cuerpo; nada debe tener derecho a vivir. Esa hostilidad de los más inferiores –cultivada y protegida cuidadosamente por los superiores, laicos y eclesiásticos- hacia la vida atrofiada en ellos, esa hostilidad mediante la cual, en forma homosexual y paranoica, entran en contacto a través del homicidio, ha sido siempre un instrumento indispensable para el arte de gobernar”. (Página 277, negrita mía).

La última parte del libro es casi insoportable, lo que no es oscuro es trivial. Llegando a la última página, la 302, uno piensa por qué perdió el tiempo en vez de aprovecharlo leyendo a los Ilustrados, cuyo trabajo de admirable claridad, estilo y precisión sí vale la pena. Y como no me bastó con perder el tiempo leyendo eso, pierdo ahora el tiempo escribiendo esto para que ustedes también se aburran.

[1] También titulado Dialéctica del Iluminismo.

[2] https://enlapalabradenadie.wordpress.com/2018/10/29/facundo-guadagno-y-matt-suarez-holze-en-conversacion-con-juan-jose-sebreli/

[3] Yo tengo una edición de la editorial CS.

[4] https://enlapalabradenadie.wordpress.com/2015/09/06/el-caso-emma-eckstein-o-como-una-joven-mujer-termino-deformada-y-semi-invalida-por-culpa-de-freud/

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Facundo Guadagno y Matt Suarez Holze en conversación con Juan José Sebreli.

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Juan José Sebreli es un ensayista, historiador, filósofo y sociólogo nacido en el Buenos Aires de 1930. Publicó múltiples libros donde defiende la razón y los valores ilustrados contra el irracionalismo, tanto el contemporáneo del posestructuralismo, como el antiguo de los románticos y prerrománticos. En su obra se destacan El asedio a la modernidad (1991), Las aventuras de la vanguardia (2000), El vacilar de las cosas (1994), El olvido de la razón (2007) y Dios en el laberinto (2016). Actualmente se encuentra trabajando en una autobiografía intelectual.

Tuvimos el gusto de charlar con él en su departamento durante más de dos horas, en un diálogo donde se abarcaron múltiples temas, ya sea de política, filosofía e incluso sobre literatura, música y cine. Apenas nos sentamos a charlar, surgió la anécdota de que al lado de una librería donde se venden sus obras, otro local tiene Mi lucha (1925) de Hitler en una especie de altar. Juan José Sebreli dedicó buena parte de su tarea intelectual a un desarrollado estudio del nazismo, del cual investigó su base filosófica, encontrándola en el irracionalismo romántico; además de ser un incansable defensor de la socialdemocracia y el liberalismo de izquierda, como también de una interpretación de Marx contraria a la de la mayoría de los marxistas. Se define así, como un izquierdista clásico, contrario a las izquierdas de la segunda mitad del siglo XX, a las que denomina “la mala izquierda”.

Una de las cosas de las que queríamos hablar con usted es del auge actual de la ultraderecha en el mundo. Seguramente estará al tanto del caso de Jair Bolsonaro por ejemplo, quien es apoyado por las iglesias evangélicas…

Juan José Sebreli (JSS) – Sí, los evangélicos de Brasil están en el Congreso. Y acá no están en el Congreso, pero están en las villas miserias, donde tienen una influencia muy grande.  Son peligrosísimos. Yo digo que estamos en una época similar a las décadas anteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando la democracia estaba totalmente desprestigiada y aparecen el stalinismo y el fascismo. La historia se repite, pero nunca igual, así que no va a aparecer un Hitler y probablemente no tengamos otra guerra mundial, pero estamos viviendo un clima similar de autoritarismo en auge, y de democracia desvalorizada.

La democracia está desvalorizada en la Unión Europea y en Estados Unidos, es decir, en países que fueron sus fuentes.

¿A qué cree que se deben estas vacilaciones en torno a la democracia?

JSS – Primero, las transiciones son muy difíciles de asimilar. La política como se da hoy está desfasada. Lo que tiene que haber es una política global. Los males actuales, todos, son globales: la economía, el caos de las finanzas, y eso una nación no puede enfrentarlo, no puede enfrentar un problema global.

Lo que notábamos, es que hoy la derecha está siendo mucho más intelectual que la izquierda. Le llamábamos a este fenómeno la “desintelectualización de la izquierda”, en parte, por la influencia del irracionalismo filosófico, y la intelectualización de la derecha. Es muy difícil sostener un debate racional cuando se rechaza la razón. Estamos viendo muy poca influencia de verdaderos intelectuales de izquierda.

JSS – SÍ, hoy lo que hay, como mucho, son populistas de izquierda. Y la filosofía que hoy predomina es el posestructuralismo, el irracionalismo moderno. Eso no es la causa, sino un síntoma de la decadencia generalizada de la izquierda.  La parte intelectual de la izquierda es claramente decadente. Es algo que vamos a pagar muy caro.  Fíjense que el auge del irracionalismo del siglo XX terminó en el apocalipsis de la Segunda Guerra Mundial.

 Sí, y la Primera Guerra, también, principalmente a causa del nacionalismo. Consideramos el nacionalismo, incluso el nacionalismo “de izquierda”, como una forma de irracionalismo. Una ideología enmarcada en las emociones.

JJS – Totalmente. El nacionalismo es la expresión política del irracionalismo.

Usted en El asedio a la modernidad, y en tantos otros libros, marca que la existencia de la Segunda Guerra Mundial está basada en gran parte en algunos filósofos, especialmente prerrománticos y románticos. ¿Qué influencias filosóficas encuentra en la Primera Guerra Mundial?

JJS – Bueno, siempre estuvo el Kulturpessimismus alemán desde el prerromanticismo. Pero la Primera Guerra Mundial era menos filosófica, mientras que la segunda sí tuvo mucha implicancia de la filosofía, y por influencia romántica completamente.

Hay un mito en la izquierda de que no existe una filosofía nazi.

JJS – Sí, eso es completamente falso.

Probablemente sea para ocultar una raíz en común, que es el irracionalismo.

JJS – Claro, la mayor parte de la izquierda moderna adoró a Heidegger, por ejemplo, y a Nietzsche ni digamos.

Hoy en una academia de filosofía es mala palabra hablar mal de Heidegger o Nietzsche, también defender la Ilustración. Así debe ser muy difícil poder estudiar las causas filosóficas de los movimientos totalitarios, quizás porque hay una raíz en común que no se quiere ver.

JJS – Sí, hoy lo más parecido al nazismo es el izquierdismo (risas).

En su obra utiliza el término de “fascismo de izquierda”, por ejemplo, para referirse a Montoneros.

JJS – Sí, acá fui uno de los primeros en usar ese término.  También Pablo Giussani, pero ninguno de los dos había leído al otro, y publicamos los libros de manera casi simultánea. Giussani me llamó con muy buen criterio y me dijo “coincidimos completamente, pero no sabía que pensabas eso”. Giussani había sido ideólogo de los Montoneros.

Su último libro en que trabaja es una biografía intelectual. Comentaste que uno de los autores que estás redescubriendo es Georg Simmel…

JJS – Sí. Es inevitable que cuando uno es joven se deje llevar por lo que está de moda. Cuando era joven tuve la suerte de vivir el auge de Sartre, y Simmel era un autor que nadie leía. Acá se editaron en castellano muchos libros de Simmel, pero lo mejor es Sociología: estudios sobre las formas de socialización (2015), que se editó después. Yo lo leía distraídamente pensando que no era un autor fundamental, y resulta que con los años me di cuenta de que en la Escuela de Frankfurt estaba Simmel, solo que sin citarlo. Por ejemplo, el estilo de los aforismos de Adorno. Walter Benjamín y Kracauer son absolutamente herederos de Simmel, la filosofía de la moda estaba en Simmel. La gente que hoy lee a Benjamin no lee, en general a Simmel, pero actualmente hay un revival.

Volviendo al tema de la política ¿Qué políticos de Latinoamérica le parecen reivindicables?

JJS – Si no hablamos de la actualidad, hay que remontarse a Juan B. Justo. Julio María Sanguinetti desde ya, y Fernando Henrique Cardoso, que fue de lo mejor en Brasil.

¿Salvador Allende?

JJS – No, fue un populista de izquierda.

Hay un vínculo innegable entre filosofía y política, no hay un análisis político si no hay un análisis ético y hasta ontológico ¿Qué filósofos le recomendaría estudiar a un político?

JJS – Los primeros que produjeron esa síntesis entre filosofía y política fueron Hegel y Marx. Lo hicieron de forma muy confusa, uno muy embrollado, lleno de cosas anticuadas, y el otro también, en borradores y de forma desprolija. Pero son los que crearon el género que yo reivindico: una sociología filosófica o una filosofía sociológica. Y es lo que intentó hacer el Hegel de la Fenomenología del Espíritu (1807), Lecciones sobre la filosofía de la historia universal (1837) y Filosofía de la historia (1837), y no el Hegel de la Lógica (1816). Y Marx desparramado en sus escritos póstumos, borradores, cartas y demás. Lo intentó también la Escuela de Frankfurt, como también el último Sartre, en Crítica de la razón dialéctica (1960). Lastimosamente Sartre entra muy rápidamente en decadencia mental…

Como su apoyo al maoísmo….

JJS – Si, sí. Sus últimas cosas son imposibles. Crítica de la razón dialéctica también hay que tomarla con pinzas. Lo más importante es la introducción, donde propone la síntesis entre marxismo y existencialismo, lo que sería la sociología y la filosofía de los individuos.

Hay un autor al que le tenés cierto reconocimiento, Norbert Elías.

JJS – Bueno, Norbert Elias… un simmeliano total. Hay un libro que es muy chico, lo leen rápidamente, tendrá 200 páginas, La sociedad de los individuos (1990). Ese sintetiza todo lo que yo pienso sobre sociología e individuos. Ahora ya no hay personajes maestros, uno saca de un poco de un lado y del otro.

También reivindica a los llamados liberales de izquierda como John Stuart Mill ¿No?

JJS – Claro, yo me defino liberal de izquierda. También socialdemócrata, pero si me defino socialdemócrata, como es un régimen que se encuentra en diferentes países y en diferentes formas, uno tiene que andar aclarando qué tipo de socialdemocracia apoya y cuál no. Binner por ejemplo, se dice socialdemócrata y es un populista.

Esa ambigüedad está en toda la política. En los términos de izquierda, o derecha, o en el marxismo. Usted tuvo una formación “marxista” y su postura es completamente diferente a la que puede tener cualquier otro que pueda denominarse así.

JJS – En un momento me dije “marxista solitario”. Estoy con Marx, pero contra el marxismo.

Como el mismo Marx ¿No?

JJS- Sí, Marx dijo “solo sé que no soy marxista”.

Decir “liberal”, hoy, para muchos marxistas es mala palabra. En parte porque se confunde el liberalismo con liberalismo económico, únicamente.

JJS – Bueno, eso viene de tiempo atrás. En Italia, por ejemplo, Benedetto Croce, un autor que tiene muchas cosas reivindicables, decía que un liberal era liberal en economía, en política y en lo social. Decía que los que no eran liberales en lo político eran “liberistas”, término que lamentablemente no pegó, pero puede utilizarse para referirse a los liberales únicamente económicos. Tatcher y Regan serían liberistas, lo que se llamó después neoliberales.

Otra de las razones por la que se rechaza la palabra “liberalismo”, en lo que usted llama “mala izquierda”, es esta tendencia que usted denuncia de justificar dictaduras.

JJS – Sí, la creencia en las “dictaduras buenas” y “las malas”. También ocurre que el liberalismo no dejó de tener también su parte de culpa. En Argentina, por ejemplo, el liberalismo del siglo XIX fue un verdadero liberalismo. Alberdi, Roca y Juan B. Justo eran liberales. Pero en los mediados del siglo XX los liberales eran gente como Alsogaray, personas que estaban a favor de las dictaduras militares, y que era, más bien, lo que se llamaba un liberista. Hoy podemos hablar de la mala historia de la izquierda, pero el liberalismo no tiene tampoco una buena historia. Es difícil reivindicar el liberalismo sin hacer una serie de aclaraciones.

¿Lo mismo que “izquierda” y “derecha”?

JJS – Yo diría que esos son términos que pueden ser usados como adjetivos pero no como sustantivos. Una “esencia” de lo que se es de izquierda no existe. Existe como calificativo cuando uno dice “esto” es a la izquierda o a la derecha de “algo”.  Por ejemplo, la ley de la despenalización del aborto es una ley de izquierda, en contraste con la postura de derecha del tradicionalismo católico. Hay algunas cosas que son de izquierda y otras de derecha. Aunque a veces al mismo tiempo la izquierda apoya lo que es  de “derecha”.  Y a veces se usan términos de “izquierda” como los Derechos Humanos para reivindicar a Milagro Salas o al régimen de Cuba.  Entonces….

Me parecería interesante tocar el tema de los mitos del llamado “orientalismo”. ¿Cuál es su visión al respecto?

JJS –  Hay varios orientes, y hay varias posiciones de occidente frente a oriente. Algo que ya indica la superioridad de los occidentales por sobre los orientales: los occidentales se interesaron mucho tiempo por oriente, desde que empezaron los viajes geográficos, y al principio no para conquistarlos, sino por curiosidad, por la cultura y el arte oriental. Era la moda del siglo XVIII, como la chinoiserie.

Voltaire, por ejemplo, era un gran admirador de la cultura china, que a la vez mucho no comprendía.

JJS – Por supuesto. No había una xenofobia. En cambio, a los orientales nunca les interesó occidente. China lo ignoraba, creían que el mundo eran ellos. Los occidentales eran globalistas antes de que se inventara el término.  Marco Polo fue el primer globalista, Cristóbal Colón fue un globalizador.

 Es interesante tocar este tema para recordar los argumentos, de parte de la izquierda, sobre occidente como el gran culpable del atraso de oriente.

JJS – No, no, no. El atraso de oriente empieza a fines de la Edad Media y el imperialismo es del siglo XIX. Tuvieron varios siglos para haberse desarrollado.

Si, de hecho los musulmanes tuvieron un amague, un intento de Ilustración o iluminismo durante la Edad Media, que podría haber hecho que hoy estén a la vanguardia en derechos humanos. Pero fue saboteado internamente por un factor que parte de la izquierda se empeña en ignorar, y que la izquierda clásica siempre trató de resaltar: la influencia religiosa.

JJS – La influencia del islam, completamente. Le dedico un capítulo al islam en Dios en el laberinto.

La tendencia de las izquierdas actuales es empeñarse en combatir obsesivamente la discriminación y tratar de “no estigmatizar a los pueblos oprimidos” a través del relativismo cultural. Este discurso demagógico trata de ocultar la influencia desastrosa del islam.

JJS – Sí, y eso que es desastrosa para los propios islámicos.

Hoy hay figuras que tratan de laicizar el islam, pero son saboteados por ellos mismos.

JJS – Cada vez que tuvieron la oportunidad de votar los islámicos han votado por cosas malas. Nunca hubo organizaciones de partidos democráticos ni de sindicatos.

¿No conocen la democracia?

JJS –  No la conocen, ni les interesa.

¿Cree que haya otra influencia además de la religiosa?

JJS – No, no existe. Porque un factor racial no hay. Durante un tiempo, oriente estuvo mucho más avanzado que occidente, cuando occidente había caído en la oscuridad total. En la Edad Media en occidente la religión llegó a un punto límite de posibilidades de desarrollo y después no pudo soportar las nuevas teorías científicas. A la revolución científica no la pudo soportar.

¿En términos económicos, no hubo una revolución burguesa que haya podido hacer progresar a oriente?

JJS – No.  Y en occidente también ocurre lo mismo, los países más atrasados son los que no tuvieron una revolución burguesa.

Otro tema al que nos lleva esto es al primitivismo. Marx mismo dijo que Inglaterra hizo un gran favor a India sacándole los mitos, o prácticas como el sati.

JJS – El sati, sí, una práctica terrible. Por eso estoy a favor de Nehru, que era un occidentalista total, y estoy en contra de Gandhi, uno de los ídolos de la izquierda actual y un retrógrado.

Un admirador de Mussolini.

JJS – Sí, un admirador de Mussolini.

La izquierda actual trata de hacerse mitos de los que la izquierda clásica hubieran sido enemigos. Gandhi, por un lado, un machista, racista y fanático religioso; por otro lado, Madre Teresa de Calcuta.

JJS – Uh, sí. Madre Teresa, otro mito populista.

Una fanática que se opuso a los preservativos en África y reciclaba jeringas usadas con sus moribundos…

JJS – Sí, la gente se moría de sida y ella combatía los preservativos.

…amiga de dictadores que le donaban dinero que no se sabe a dónde iba…

JJS – Una especie de Hebe de Bonafini. (Risas).

En El vacilar de las cosas sostiene que el que mejor leyó a Marx fue Lenin.

JJS – Bueno, en algún aspecto. Básicamente en que no hay posibilidad alguna de socialismo sin desarrollo capitalista. El hizo la revolución sabiendo que Rusia no estaba preparada, pero en medio de una revolución mundial. Eso está dicho por él en discursos y artículos, no es una opinión mía, él dijo abiertamente “lo que importa es la revolución en Alemania que es el país más avanzado de Europa”. La revolución rusa lo único que hizo fue tomar la revolución que estaba en la calle. Kerensky no era un político, Lenin no podía rechazar esa posibilidad que iba a servir como apoyo logístico de la revolución alemana. No era la idea hacer “un socialismo en Rusia”. Cuando fracasa la revolución alemana, Lenin dio por terminado el ciclo revolucionario y pasa al periodo de la NEP, un capitalismo de Estado. Y con intervención del capitalismo extranjero principalmente norteamericano.  Hubo una gran cantidad de capitalistas estadounidenses que se fueron a Rusia. Hasta hay una película, Las extraordinarias aventuras de Mr. West en el país de los bolcheviques (1924), que trata sobre un capitalista que va a Rusia. La muerte de Lenin cambió el mundo: si no hubiera muerto hubiera hecho lo que está haciendo China.

Claro, una de las peores catástrofes del gobierno de Stalin fue eliminar la NEP.

JJS – Claro. Fue lo primero que hizo.

Tocamos el tema del vínculo entre filosofía y política. Esto nos lleva al tema del estado de la filosofía en el mundo actual la cual, a grandes rasgos, es irracionalista. Las academias suelen tener una enseñanza “posmodernista”, de hecho, mientras que el “influencer” de la juventud Dario Sztajnszrajber, es un irracionalista propagandista de Heidegger, que representa los lugares comunes de la filosofía académica contemporánea. ¿Cómo ve este panorama?

JJS – Bueno, hay autores que conforman una resistencia, como Anthony Giddens o Luc Ferry, pero los lee una minoría. Son filósofos que no tienen ninguna influencia.

Sí, hay una resistencia en autores como Sokal, Bunge, o Jesus Mosterín, que murió hace poco…

JJS – Sí, o Ulrich Beck, pero son autores sueltos. Bunge cae en cierto positivismo cuando rechaza a autores como Hegel y Marx. A mí me alaba siempre El asedio a la modernidad, pero dice “el defecto de Sebreli es que defiende a Hegel”. No lo leyó, parece que de filosofía mucho no lee, es un gran epistemólogo, tiene una formación más científica.  Se mete a hablar de filosofía sin conocer.  Bunge es una resistencia, pero también es muy resistido, no entra en la facultad ni por asomo.

También es una resistencia al fanatismo que hay en Argentina con el psicoanálisis.

JJS – Sí, pero ese fanatismo está pasando.

Las academias argentinas tienen un fuerte apego aún a estos ídolos falsos que son Freud y Lacan.

JJS –  Sí, sobre todo Lacan. Freud tiene libros que todavía se pueden reivindicar, en cierto modo era un ilustrado, se ve en la prosa.

En contraste con Lacan, el psicoanálisis de todos modos sigue siendo un foco de concentración de irracionalismo y atraso sobre todo en las academias de Argentina. Criticar algunos aspectos de la vida y de la obra de Freud, como el caso Frink o la alteración de informes como en el caso del Hombre de los Lobos es un tabú en una facultad argentina. Para un profesor universitario Freud y Lacan son ídolos intachables.

JJS – Es cierto. No, Lacan es indefendible. Las academias argentinas son lacanianas más que freudianas. El malestar en la cultura (1930) o El porvenir de una ilusión (1927), de Freud, son libros más o menos rescatables.

¿Cómo fue su vida académica?

JJS – La facultad donde yo estudié era un horror, era la época peronista, mucho peor que la actual. No existía sociología y filosofía era estudiar latín y griego, básicamente, lenguas muertas. Era espantoso. Filosofía y Letras estaba en manos del jesuita Hernán Benítez, confesor de Evita. El profesor Carlos Astrada no era católico, pero era nazi, enseñaba a Heidegger.

Otro tema al que nos llevan los mitos políticos es el caso de Malvinas, y la influencia de los Irazusta.

JJS – El que impone sobre todo el tema de Malvinas es el peronismo. Los Irazusta eran autores muy refinados. La paradoja es que fueron educados en Inglaterra, traducían libros ingleses y amaban la literatura inglesa.  Pero no tuvieron ninguna influencia. Iban a la casa de Victoria Ocampo y estaban en el grupo Sur. El verdadero nacionalismo es el de Carlos Ibarguren, por ejemplo.

El nacionalismo católico parece estar detrás de todos los males de Argentina, desde Montoneros hasta la dictadura de Videla.

JJS – Sí, porque los militares eran brutos que no leían nada. Los que le daban la formación eran los católicos.

Veníamos hablando de la decadencia de la izquierda como algo actual, pero la guerra de Malvinas fue apoyada por muchos partidos de izquierda.

JJS – ¡Por toda la izquierda! ¡Los que no la apoyamos somos una minoría!

Para los que apoyamos los valores de la izquierda clásica… un izquierdista clásico nunca la hubiera apoyado. A veces parece que la izquierda se olvida de la muerte de Jean Jaures, gran escritor socialista muerto en manos de nacionalistas

JJS –  Pero para la izquierda actual Jaures era “un liberal”, ya no lo consideran, es mala palabra.

¿Por qué no está Sartre en El olvido de la razón?

JJS – Tendría que haberlo agregado. Escribí un largo artículo totalmente reivindicable sobre Sartre en Escritos sobre escritos, ciudades sobre ciudades (1997).

Sartre tuvo una gran influencia en el irracionalismo de izquierda que apoyó el maoísmo y al stalinismo…

JJS – Sí, tendría que haberlo agregado.

Yo personalmente, leyendo su obra pienso que tiene más en común con Camus que con Sartre.

JJS – Camus no tenía ninguna cultura filosófica. El mito de Sísifo (1942) y El Hombre Rebelde (1951) no son libros reivindicables. Como crítica al comunismo sí, pero no tiene base. Merleau Ponty, sí. Cuando Ponty ataca a Sartre lo hace desde un punto de vista filosófico rescatable. Camus no es un autor que yo reivindicaría. Sus dos libros filosóficos son irracionalismo total, no era un racionalista. Lo que me gustó de Camus es El malentendido (1944), y algunas obras de teatro. La Peste (1947) me parece pesada, aburrida. En cambio, Sartre, La Náusea (1938) es una novela extraordinaria, La Edad de la Razón (1945) es muy buena.

Ahora que nombró El hombre rebelde, me gustaría tirar el nombre de otro clásico que sé que usted tiene algunas críticas: La sociedad abierta y sus enemigos (1945) de Karl Popper, ¿Qué piensa de esa obra?

JJS -La crítica a Platón es muy buena. Pero la parte de Hegel y Marx… (Risas). Y es lo que piensa también Bunge. No los ha leído. Yo tengo todo Popper, y es muy reivindicable. Es buen escritor, sí.

Una de las escuelas con las que te formaste es la de Frankfurt. Soles hacer un esquema de partes muy negativas, como la dialéctica negativa, valga la redundancia, y algunas positivas.  

JJS – A la escuela de Frankfurt cada vez la reivindico menos. La propuesta de hacer una filosofía sociológica la apoyo, la última etapa ya no es reivindicable, la Dialéctica del Iluminismo (1944) es mala, y también todas las últimas. Casi son posestructuralistas. Sobre la industria cultural algunas cosas están bien, pero otras no. Dentro de la cultura popular hay cosas reivindicables, el jazz y el tango. Hay grandes compositores de tango como Francisco de Caro, Juan Carlos Cobián y Delfino.

¿Presenció los focos de tango durante su juventud?

JJS – No, ya estaban en decadencia. Ya el tango era de baile, a mí me gustaba el tango para escuchar. Yo te puedo decir, el 90% del tango es malo, el 90% del jazz es malo, pero ese 10% lo salva.

Como en la literatura.

JJS –  En todas las artes. El talento es raro. Piazzolla también es bueno. El rock es en gran parte un delirio de masas juveniles.

¿Qué libros nacionales reivindicarías en la actualidad?

JJS – El crimen de la guerra, de Juan Bautista Alberdi (1879). Un libro olvidado y prohibido por el peronismo por ser antinacionalista y antimilitarista, que incluso ataca al culto al héroe de San Martin.  Y Sarmiento por supuesto, Facundo (1845) y los diarios de viajes.

Usted lo considera a Sarmiento el autor más grande de la historia argentina ¿Borges qué lugar se merece?

JJS – Es un gran escritor, pero no es un pensador. Es un gran prosista. Yo lo leo con mucho interés. Pero es muy arbitrario. No es un tipo con el que me pueda identificar.

¿Podemos ubicar a Sarmiento y Borges como los más grandes escritores de Argentina?

JJS – Sí.

¿Quién más podría entrar rozando ese dúo?

JJS – Roberto Artl. Tomado con pinzas. La literatura argentina es de fragmentos. Blas Matamoro es muy bueno.  Traten de conseguir un libro, Con ritmo de tango (2017).

Para volver a la polémica ¿Qué escritores argentinos considera que tuvieron una influencia negativa en la formación cultural del país?

JJS – Cortázar. (Risas). Es un gran escritor porque tuvo gran repercusión. Pero el tipo de literatura que hace a mí no me gusta. Ideológicamente fue un farsante. A él no le interesaba la política y se metió e hizo propaganda de algo que no sabía, no conocía y no le importaba.

Le quiero decir un nombre que es todo lo malo de Cortázar multiplicado…. Galeano.

JJS – Ah no, ni lo considero a Galeano.

¿Un Cohelo para progres?

JJS – ¡Sí! Es repudiable. Pero al menos murió reconociendo sus errores. Le aplicaría la frase de la película Fatalidad (1931): “voy a tener una muerte digna de una vida indigna”.

Otro autor venerado en Latinoamérica, García Márquez…

JJS – No, el realismo mágico no me gusta. Directamente.

¿Vargas Llosa es reivindicable en literatura, más allá de su pensamiento político?

JJS – Sí. Sería un liberal de izquierda, pero a veces se deja tentar por la derecha. En su último libro sobre política reivindica a Reagan… (Risas).

Lo que decíamos de la intelectualización de la derecha. Se puede decir que Llosa coquetea con la derecha.

JJS – Sí. Coquetea con la derecha.

¿Y sobre José Pablo Feinman?

JJS – Hay una doble cara. Su pensamiento filosófico es similar al mío, reivindica a Hegel, a Marx y a Sartre…   Pero después le agrega el peronismo y el populismo más rastrero y ensucia todo. Es mejor que Horacio González y Forster.

¿Nicolás Casullo?

JJS- Y… un Forster un poco mejor. (Risas).

¿Portantiero? ¿Sarlo?

JJS –  Sarlo tiene cosas interesantes y Portantiero hoy sería uno de los pocos escritores reivindicables, lastimosamente tuvo una muerte temprana.

Usted suele hablar mucho de cine, más bien en su etapa clásica. ¿Reivindica algún director posterior a los 60? ¿Kubrick, Tarkovski?

JJS – Kubrick sí, pero a Tarkovski no. También hay un director mexicano que me gusta mucho, Arturo Ripstein.

-Tocamos levemente el tema del primitivismo, relacionado a esto está en Argentina el problema con las comunidades mapuche, sobre la cual seguro tenemos una opinión polémica ¿Qué opinas del conflicto?

JJS – Integración, básicamente. La comunidad mapuche es antihistórica, no puede existir una comunidad mapuche que reivindica a una civilización que no existió nunca, y aunque hubiese existido, fue hace siglos. Es absurdo. Es como si los italianos reivindicaran a los etruscos (risas).

Además, muchos de los llamados mapuches no se criaron en una comunidad mapuche, sino en la ciudad moderna. Tratan de volver a como creen que vivían sus antepasados. Nosotros notamos cierta similitud entre su discurso y el discurso clásico de derecha de “sangre” y “suelo”.

JJS – Sí. Siempre existió eso. Desde el romanticismo alemán con Herder: la sangre y la tierra.

¿Cómo es su relación con las nuevas tecnologías?

Hay que controlar internet. El periodismo también difunde mentiras, pero se hacen responsables. Pero hay problemas con la libertad de expresión. Dos presidentes: Trump y Bolsonaro tuvieron su propaganda principal en las redes sociales. Es la metáfora del cuchillo que sirve para cortar carne y asesinar. Utilizo internet para cosas que no consigo en otros lados, pero prefiero los libros. Recurro a la librería Guadalquivir, ahí encontrás cualquier cosa. Y también a las librerías de viejo, que ya están desapareciendo. Pero Guadalquivir es fundamental, tenés las ediciones internacionales. En una época, década del sesenta, se editaba todo en la Argentina. Vargas Llosa, Savater, Goytisolo, lo dijeron públicamente, que su cultura de literatura universal se la debían a la cultura argentina. La difusión cultural en Argentina era única en América Latina, pero el populismo barrió con todo.

Para cerrar: veníamos hablando de la decadencia de la socialdemocracia ¿Hay que ser pesimistas?

JJS – Un autor que yo no reivindico en general, pero que tiene una frase que siempre utilizo, es Gramsci: “hay que ser pesimista con la razón y optimista con la voluntad”. La democracia, si uno ve la historia, la estupidez predomina sobre la inteligencia, la maldad predomina sobre la bondad. Hegel decía, en el prólogo a la Filosofía de la historia: “la historia universal es un matadero”. Hoy, en el siglo XXI, pensamos lo mismo. Pero hay que tener la voluntad de estar a favor de algo que es de una minoría, pero que al menos existe. Si no existiera esa minoría, que está con la razón y con el bien, digamos, en términos generales, el mundo no marcharía. El mundo sigue evolucionando. Yo soy absolutamente pesimista con respecto a la Argentina y con respecto al mundo del siglo XXI, sin embargo, voy a seguir defendiendo el racionalismo y la democracia.

¿Todos creemos en algo? La polisemia de la palabra “creer”

¿Todos creemos en algo? La polisemia de la palabra “creer”.

“¿No crees en platillos voladores?», me preguntan. «¿No crees en la telepatía, en astronautas antiguos, en el triángulo de las Bermudas, en la vida después de la muerte?.» Les respondo que no. No, no, no, no y no de nuevo. Una persona, desesperada por la letanía de negación sin cesar, me preguntó entonces si creía en algo. «Sí», le dije, «Creo en la evidencia. Creo en la observación, las mediciones, el razonamiento y la confirmación por medio de observadores independientes. Creeré en cualquier cosa, sin importar que tan loca o ridícula, si hay evidencia que la soporte. Mientras más loca y más ridícula, eso sí, más firme y sólida tendrá que ser la evidencia. “ Isaac Asimov.

Es normal que cuando se presiona a alguien a reflexionar sobre sus creencias se escude en que todos creemos en algo. Se piensa así, que uno no tendría por qué revisar sus creencias críticamente total, todos estamos condenados a creer en algo y es en vano hacer cualquier intento de desterrar lo injustificable. ¿Pero qué significa creer?  ¿Qué es una creencia? ¿Todos creemos en algo realmente? ¿Cuál es la diferencia entre el conocimiento y la creencia? ¿Cuál es la diferencia entre una postura filosófica y una creencia? ¿Es correcto decir que se cree en la ciencia? ¿Existe la fe en la razón?

El principal problema detrás de estas preguntas es que la palabra creencia es polisémica. Por ejemplo, decimos que “creemos que va a llover mañana” por cómo está el clima.  Decimos que “creemos” en Dios, o en la medicina alternativa. Decimos que “creemos” en nosotros mismos o en otra persona. O decimos que tal “se cree” por ejemplo, un gran artista, cuando se dedica a apilar cajas de cartón conceptualmente. De estos usos se pueden deducir al menos estos sentidos: se usa la palabra creer como sinónimo de conjeturar y suponer. Se usa también en el sentido de “creer por fe”, es decir,  sin necesidad ni posibilidad de demostración y de forma inmune a la evidencia y a la razón. Se utiliza la palabra creencia para referimos a la confianza o a la esperanza en alguien o en nosotros.   Y por último, se usa la palabra creer como sinónimo de fantasear ser algo que no se es. Seguramente, se pueden seguir buscando otros usos a la misma palabra.

Si interpretamos en un sentido amplio la pregunta del título, es una obviedad que todos creemos. A veces conjeturamos y suponemos, a veces depositamos esperanzas en algo o alguien, a veces seguro, nos creemos algo que no somos. ¿Pero realmente todos tenemos creencias por fe? ¿La fe en creencias irracionales es algo imposible de evitar en el ser humano? Sin duda uno no puede vivir sin hacer conjeturas, pero creer algo por fe es muy diferente a hacer conjeturas. Una persona que cree en Dios no tiene en general la conjetura de que existe, tiene la convicción.

¿Todos tenemos convicciones que no podemos probar pero que sostenemos porque creemos que nos hacen sentir bien o que nos convienen, que son irracionales, que no nos interesa poner en duda y de las que claro, no hay evidencia ni argumentos a favor? ¿Tan pesimistas podemos ser del género humano? Definitivamente considero que esto no es así. No porque tenga “fe” en ello. Tal vez si sea una esperanza y una conjetura el hecho de sostener que la gran mayoría de la gente, sino todos los mentalmente sanos, pueden ser completamente racionales si se lo proponen y si se encuentran en un medio adecuado. Que hay gente que evita tener cualquier tipo de fe y lo logra no me queda duda. No creo que haya alguien vivo que no esté equivocado en algo, pero eso no implica que en ello que se equivoca deposite una convicción, una fe que lo vuelva irracional. Sesgos también, todos tenemos. Pero no creo que todos tengamos fe en creencias injustificables necesariamente y nunca vi una evidencia de ello, si evidencias contrarias.  Justificar nuestras creencias irracionales con la excusa de que todos creen en algo no solamente me parece una mentira sino un acto escapista cobarde  y típicamente irresponsable para no cuestionarse uno mismo, un tu quoque[1] de manual.

Cuando se cuestionan creencias siempre entra el tema de que es una creencia y que es el conocimiento. Más o menos a lo largo de este opúsculo he bosquejado lo que me parece una creencia –por fe- pero daré una definición clara: creer en este sentido, es sostener una idea sin un trabajo racional y empírico previo. Esta idea al carecer de un sustento firme, es sostenida por una convicción irracional, atada a los sesgos y potencialmente al fanatismo, y por lo tanto, es inmune generalmente a los argumentos contrarios y la evidencia en contra es vista con duda o ignorada si no se puede ocultar. Las creencias no son claro, insuperables, la gente abandona por diferente razones creencias que sostenía incluso fanáticamente, esto nos da pie a relativizar nuestro pesimismo –al menos el mío.

Hay gente que tiene creencias que no son para nada fanáticas, sino que considera algo cierto sin analizarlo previamente de forma rigurosa y sin pruebas, pero no deposita demasiada convicción, a veces cuando se le presenta críticas a esta idea no las rechaza, pero tampoco las acepta demasiado. Esta gente tiene lo que se dice pensamiento débil, sostiene creencias sin convicción, en las que confía solo a veces, tal vez sabe que son insostenibles pero no les importa, no podrían defenderlas pero tampoco criticarlas,  en el fondo la cuestión mucho no le importa. Pasa muchas veces en creyentes religiosos no practicantes y en gente que cree por ejemplo en los horóscopos del diario. Cuando uno le muestra que esos horóscopos son una imbecilidad, se dan cuenta de ello, pero al otro día los siguen leyendo. Esta gente piensa como niños, viven frívolamente y la realidad de la cuestión, la verdad, es algo que no les interesa. La gran mayoría de gente sin inquietudes intelectuales vive desinteresada en esta postura pusilánime, la cuestión de hondar en la profundidad de un problema y de analizar críticamente la cuestión formando una posición firme se les escapa de sus capacidades. Como cuando a una pobre persona de una zona atrasada, estupidizada por un trabajo deshumanizante y sin tiempo para la reflexión, estresada y desencantada de su vida y el mundo, con la curiosidad desgastada y sin estímulo para el pensamiento, le traen la noticia de un milagro absurdo y una estampita de una virgen que no conocía y ésta la pone en su santuario sin fuerzas siquiera para la pregunta, la duda, el rechazo o la devoción.

¿Cuál es, al fin, la diferencia entre creer –por fe- y conocer? Muy similar que la diferencia entre la verdad y el error.  Conocer algo implica tener una idea que va acorde a un cuerpo de evidencia y que posee un sustento racional, esto es que al menos se puede justificar con ciertos argumentos, e implica que por ejemplo la idea no sea contradictoria internamente ni externamente con otras ideas que se tienen por conocimiento. Uno puede considerar conocer algo que resulta ser falso, pero lo que diferencia esto de una creencia es que cuando se está frente a una crítica o una nueva evidencia, la persona que creía conocer algo abandona la idea si esta no se sostiene, si se insiste en persistir en el error se puede hablar de creencia por fe.  Por ejemplo, si yo digo que la velocidad de la luz es de aproximadamente 300 mil kilómetros por segundo, no es porque tenga fe en ello, sino porque conozco la velocidad de la luz. La conozco porque tuve contacto con diferentes medios de divulgación, libros, artículos, profesores, experimentos, etc., donde se afirmó este número.  Mis fuentes se remiten a su vez no solo a experimentos replicados cientos de miles de veces por diferentes personas, individualmente y en grupos (de hecho se puede realizar el experimento que la comprueba relativamente fácil), sino a un hecho que se sostienen y se deduce sobre una de las teorías más sólidas de la ciencia, la teoría de la relatividad.

¿Se puede hablar de fe en la velocidad de la luz? Y de forma general ¿se puede hablar de fe en la ciencia? Para nada. La fe y la ciencia se oponen. Una de las premisas sobre las que se sostiene la filosofía que subyace a la ciencia es eliminar la fe, eliminar el dogma. En la ciencia una persona puede tener en todo caso, confianza, y está justificada en sus numerosos y evidentes éxitos.  Y esto porque tiene medios efectivos de superar el error, de corregirse y de cambiar si es necesario, cosa que va contra la fe. La ciencia es una empresa racional y crítica, los sistemas de creencia y sus instituciones no. Tener fe en la ciencia es imposible, porque si se tiene fe no se puede cambiar de opinión ante el error, y la ciencia cambia constantemente al hacerse más exacta y precisa frente a nuevas evidencias y mejores formas de obtenerlas.  Se puede tener fe en algo que durante un tiempo se consideró verdad (es decir, acorde a la evidencia) pero que luego se demostró falso frente a mayor evidencia de mayor calidad, en ese caso,  se tiene una fe, pero no es una fe científica.  Como la confianza en la ciencia es racional, y fácil de justificar, no se puede hablar de fe en la ciencia, es esto un oxímoron, si se tiene fe se traiciona al espíritu crítico de la ciencia.

¿Y la fe en la razón? Si hablamos de la fe como una empresa irracional, volvemos al oxímoron. Se puede, sin embargo, tener fe en hechos relacionados a la razón, como por ejemplo, fe en el hecho de que todos los hombres son cien por ciento racionales, un hecho que claramente es falso, parecido a una mala interpretación de Aristóteles, pero esta es una forma especial de fe en la razón válida. Está claro que la gente no es totalmente racional, pero sin embargo, puede serlo parcialmente y quien dice, tal vez pueda serlo totalmente con esfuerzo intelectual y en condiciones adecuadas. Cuando uno se vale de la razón, no lo hace por fe, sino porque busca independizarse de la estupidez y romper de una vez la infantilidad del pensamiento. Así, la razón vendría a ser: “ …la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he ahí el lema de la ilustración. La pereza y la cobardía son la causa de que una tan gran parte de los hombres continúe a gusto en su estado de pupilo, a pesar de que hace tiempo la Naturaleza los liberó de ajena tutela (naturaliter majorennes); también lo son de que se haga tan fácil para otros erigirse en tutores. Es tan cómodo no estar emancipado.” Kant, Qué es la ilustración.

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Aclarado esto, podemos interpretar el texto citado al comienzo de la siguiente forma: Asimov utiliza un juego de palabras para mostrar que carece de creencias por fe, porque asume una postura de confianza en la razón y en la evidencia contra el fanatismo y el pensamiento débil de creer porque sí. Lo que postula Asimov como creencia en realidad es una postura filosófica, y lo que diferencia una creencia por fe a una postura filosófica es que esta última debería ser racional y justificada. Cuando una filosofía es irracional y dogmática, difícilmente se puede hablar de que es una filosofía, se acercaría más a una pseudofilosofía o a una religión o algún tipo de esoterismo o género literario.  Cuando alguien nos acuse con la famosa frase de que todos creemos en algo, sería bueno entonces poder contestar: “Yo trato de no creer en nada, de no tener fe, de corregirme si me equivoco, de conocer la verdad del asunto, de pensar racionalmente por mí mismo y de evaluar de forma crítica y seria que considero cierto, efectivo, bueno, válido o posible y que no, que es un engaño, una estupidez o un error. Si crees, es decir, si consideras que tengo fe en algo, decime en qué, que trataré de superarme, de independizarme de los dogmas, aunque me pueda parecer incomodo, aunque me sienta disconforme al comienzo, porque considero que no hay nada realmente más incómodo que vivir cómodamente atado a la mentira y la estupidez. “

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Tu_quoque Se denomina tu quoque (locución latina que significa ‘tú también’) al argumento que consiste en rechazar un razonamiento, o considerarlo falso, alegando la inconsistencia de quien lo propone. Es, por tanto, una variante de la falacia ad hominem.

Por qué los hombres no debemos asistir a las marchas feministas

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Queridos aliados del feminismo, yo entiendo perfectamente sus ansias por apoyar la causa, entiendo su sentimiento de deber y compromiso, su deseo de ayudar. Pero deben entender, de una maldita vez, por qué tienen que abstenerse de intentar acompañar a las pibas en sus reclamos en las calles, de buscar protagonismo y fama invadiendo sus espacios en la vía pública,  y de querer atribuirse los logros del movimiento. Y es que este movimiento no los necesita en lo más mínimo, ni siquiera les importa mucho sus derechos, ni quieren escucharlos si hacen alguna crítica, con suerte los miran lo suficientemente bien si en su condición de aliados se quedan calladitos en sus casas, aceptando ciegamente cualquier cosa que diga o haga una feminista (que necesariamente es mujer), con la capacidad crítica anulada y estando muy ocupados en su deconstrucción.

El feminismo actual tiene justificadamente nulo interés por los problemas que aquejan inequitativamente a los hombres, como mayores accidentes laborales, penas judiciales más altas por el mismo delito, mayor probabilidad de sufrir un homicidio, desventaja en la tenencia y visita de hijos, que en Francia sea ilegal pedir pruebas de paternidad, que muchos países el servicio militar sea obligatorio para hombres,  mayor número de hombres en indigencia, la edad de jubilación superior, que sean hombres el 99% de los ejecutados por pena de muerte, que sean rechazados en los refugios de violencia doméstica, que la tasa de suicidios sea más alta en hombres, que sean más hombres los que tienen problemas de alcohol y drogas, que se le de poca atención al cáncer de próstata y mucha al de mama, que tengan mayor fracaso escolar, etc., el hombre es demasiado privilegiado y todo esto no importa –no vaya a ser cosa que estemos defendiendo derechos de violadores, y sabemos que todos los hombres lo somos al menos potencialmente. Un hombre que se atreva a dudar de que a las mujeres les vaya peor en todo es un enemigo, y tienen razón en ello de quererlos lejos de sus marchas.

Así que no tienen nada de que quejarse los hombres, ni nada que hacer en marchas feministas. Son las pibas las que van a cambiar el mundo, sin ayuda, ellas solas sacándose mil selfies en las marchas con pañuelos verdes rodeadas solamente de otras sororas, siendo ellas las protagonistas explicitas, porque van a luchar no a buscar protagonismo como ustedes. Porque es el feminismo y no el humanismo la piedra filosofal que convierte este espantoso patriarcado en un paraíso en la tierra ¿La pobreza es un problema? ¡Que no! ¡Problema solo es el machismo! ¡Los hombres no matan más porque sufran desventajas socioeconómicas, matan por machistas! Y si te preocupó leer que tienes como hombre mucha más probabilidades de morir por un homicidio o de ser violado en una cárcel no te preocupes, hay un dato que te va a tranquilizar: si te atacan, te atacan otros hombres, no hay nada de que temer.  Y seguro no hay nada malo en el mundo que no desaparezca cuando caiga el patriarcado.  Preocuparse por la humanidad y no solo por las mujeres es un pecado imperdonable, es obligación moral en el feminismo burlarse de los humanistas y odiar rabiosamente a todo aquel que se atreva a pronunciar la palabra masculinismo. Una feminista autentica dejaría de leer este artículo apenas usé esta infame palabra, pero no importa, porque esto va dedicado a ustedes aliados, que por decreto del feminismo ustedes no pueden ser feministas por ser hombres cis y probablemente heteros y encima blancos y de clase media.
Por eso es que el hombre no tiene necesidad de andar estorbando a las verdaderas agentes del cambio social. El feminismo actual está perfecto como está, dogmático, fanático, intolerante, sesgado, cerrado a la evidencia científica, tribal y cuasisectario, no necesita ningún cambio más que alejar lo más posible a ustedes, aliados, del campo de la opinión y de la calle. Tienen que apoyar la causa, obvio, pero cuídense de hacer explícito su apoyo, que los van a acusar de querer llamar la atención, ni de ser lo suficientemente calladitos como para pensar que no les importan los derechos de las oprimidísimas mujeres, ni anden dando mucho la razón que no necesitan su validación, conténtense con dar me gusta en Facebook a comentarios feministas, compartir escraches sin evidencias a otros hombres y  borrar machirulos que se atrevan a cuestionar algún dogma.

No vayan a las marchas, el bienestar de este digno movimiento que busca la igualdad necesita su silencio. Quédense cuidando a los hijos, lavando los platos y la casa, colgando la ropa, y todas esas cosas que seguro hicieron hacer a sus mujeres esclavas. Y si no lo hicieron jamás tendrán de igual modo el karma de sus antepasados opresores impregnado en sus genitales cis por lo que igual lo merecen. Así los quieren aliaditos, y así van a tener que estar, si quieren ser mínimamente aceptados en la tribu.

Ya que ellas no están para educarte, eduquémonos entre nosotros.

Manual de debate sobre prostitución para el abolicionismo

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Si tenés afinidad con la izquierda hegemónica, principalmente troskista, o simplemente tenés prejuicio con la prostitución y las prostitutas (sin ser trotsko), y te encontras con un debate  sobre prostitución en el que querés opinar siendo ideológicamente correcto, ya no tenés que esforzarte para repetir y reinventar  irritablemente las mismas falacias. Aquí les presento un manual para, fácilmente, quedar como un perfecto abolicionista haciendo aun menos esfuerzo que antes por pensar. Lo importante no es la verdad, lo importante es aparentar tener razón y hacer quedar al resto como misóginos encubiertos, adeptos a la tiranía omnipresente y omnipotente del patriarcado. Acá las mejores técnicas retóricas, y los más prácticos avasallamientos a la lógica y la evidencia para que, en tu sesgado mundo de fantasías creas que tenés razón y que podés decidir sobre la vida, el trabajo y el cuerpo de las mujeres.

1- Primero, negar que la prostitución sea un trabajo, y agregar algunas definiciones arbitrarias que nadie usa de trabajo, especialmente diseñadas para dejar afuera la prostitución. Negar que fuera un servicio citando  a Marx implementando la hermenéutica más conveniente, y si se puede, también citar a Lenin, Trotsky o Gramsci (mientras más progre  quedemos mejor).

2- Utilizar artículos tendenciosos de evidencias dudosas y mal interpretadas para criticar el modelo Alemán u Holandés,  como si la imposibilidad de alcanzar la perfección fuese sinónimo del fracaso, como si todos los lugares del mundo fueran Alemania u Holanda, como si todas las formas de regular la prostitución se redujesen una sola o dos, y como si los modelos Holandés y Alemán fueran auténticamente un fracaso (que no lo son pero no importa).

3- Apelar a la emoción: “¿Te gustaría que tu novia fuese prostituta?” “¿Te gustaría que tu hija fuese prostituta?” “¿Por qué no te prostituís vos?” etc. No son argumentos pero suenan bien.

4- Si son hombres los que apoyan regular la prostitución: hacer chistes sobre que son consumidores de prostitución, que solo así la ponen, que van en manada a consumir trata, etc. También especular sobre la psicología de los consumidores, y sobre lo miserable y abominables que son.

5- Decir algo sobre que los de AMMAR (o cualquier sindicato u organización de trabajadoras sexuales) son proxenetas, o que estuvieron involucradas en la trata, lo que no es cierto pero bueno.

6-  Hablar de la dignidad de las mujeres cometiendo petición de principio dando por hecho que la prostitución es indigna. Complementar con frases denigrantes y curiosamente puritanas como “¿te parece digno chupar pijas?”. Luego hablar de sexo y de la sexualidad femenina de modo que el puritano más obsesivo se sienta orgulloso. Siempre asumiendo que los hombres prostitutos no existen o no importa (válido para todos los puntos siguientes).

7- Si todo esto fracasa, sacá el as bajo la manga: confundir prostitución con trata de personas. No son lo mismo pero con buena retórica podemos distraer y confundir idiotas.

8- Hacer comentarios del tipo “sólo las prostitutas blancas, de cuerpo hegemónico, heterosexuales y de clase media la pasan bien siendo prostitutas”.  ¿Pruebas? ¿Quién las necesita?

9- Hablar de que por más que la prostitución pueda ser respetable, mágicamente no lo es por estar sujeto en los hilos de un entramado misterioso y siniestro manipulado por la conspiración omnipotente del patriarcado. El patriarcado todo lo corrompe, todo lo controla, es inaccesible a la evidencia  y es un recurso retórico muy popular ahora. No hay matices entre Argentina, España, Francia y Arabia Saudí.   La prostitución no puede permitirse bajo su tiranía. Otra petición de principio, pero muy útil. Si alguien cuestiona el patriarcado como argumento suficiente automáticamente lo acusamos de machista, misoginia, y mejor si lo “escrachamos” para así evitar que cometa alguna violación o femicidio.  Recordar subestimar a la mujer diciendo que ella no elige, que todo su contexto elige la prostitución por ella, que todo el contexto es misógino y maldito,  que ella es un pobre títere de lo que deciden los hombres malvados, que la detestan. No hay libre albedrío en un patriarcado-capitalistaheteronormadotranslesbohomofoboliberalfascista.  Si presentan evidencia científica, claramente está sesgada por la ciencia machista, el patriarcado, los conflictos de intereses, o está financiado por proxenetas.

10- Decir que las feministas regulacionistas no son verdaderas feministas. Las regulacionistas dirán que las abolicionistas no son las verdaderas feministas, y así distraeremos la atención un buen rato de los problemas del mundo real.

11-  Decir que la prostitución la utilizan las mujeres pobres, porque es una forma de explotación de la mujer por el capitalismo, que la prostitución debe ser permitida únicamente luego de cumplida la profecía del fin del capitalismo y advenimiento de la dictadura del proletariado. Mientras tanto, la izquierda tiene que decidir por ella impidiéndole elegir la prostitución como trabajo pese a sus deseos, intereses, gustos y tendencias.

12- Presentar testimonios de ex prostitutas que ahora son abolicionistas. Tiene el mismo nivel de evidencia que los testimonios de ex ateos convertidos al evangelismo pero convence.

13- Utilizar argumentos basados en la pseudociencia ultrarefutada/infalsable del psicoanálisis. Hablar de traumas que no comprobaron como causa de la elección de prostituirse,  o de otras patologías diagnosticadas sin estar capacitados y sin ninguna prueba científica.

14-  Premisa: Nadie se prostituye por placer. Premisa II: los trabajos que no se hacen por placer deben ser perseguidos, prohibirlos  y los que se dedican a ello deben ser acosados. Conclusión: hay que abolir la prostitución.  Curiosamente, casi nadie parece disfrutar de trabajar en un callcenter, o de atender un quiosco, o de limpiar cañerías y baños, o de manejar taxis en zonas peligrosas, o de estar encerrado durante 10 horas en una oficina transcribiendo expedientes. Curiosamente, el 99% de los trabajos se hacen por dinero y no por placer.  Curiosamente, todos estos trabajos hay que permitirlos.

15- La prostitución debe ser abolida porque es un trabajo peligroso. También lo son limpiar vidrios de edificios, trabajar en muchas fábricas, ser acróbata de riesgo, etc. Pero estos están bien.

16- La prostitución debe ser abolida porque no aporta nada a la sociedad (aunque la prostitución exista al menos desde el antiguo Egipto). Pero está bien darles dinero a los malabaristas, pagar shows de ballet, pagar masajistas, maestros de meditación, etc. El criterio de qué es aportar algo a la sociedad es bastante vago y podemos imponerlo nosotros según nuestros caprichos y prejuicios.

17- Decir que el trabajo sexual es aberrante y denigrante.  De todas formas, sí podemos darnos el gusto de disfrutar del porno profesional.

18- “Nadie nace para puta”. Tampoco para ser ingeniero o veterinario, ni para ningún trabajo, porque al menos hasta ahora a varios años de la secuenciación del genoma humano no se encontraron los genes del panadero, del chofer de colectivos, o de ningún otro trabajo.  En cambio sí se encontró la base genética del abolicionismo. Éste pareciera estar vinculado con los genes Cux1 y Cux2, que resultan ser “fundamentales” para el correcto establecimiento de las conexiones neuronales y que podrían estar relacionados con el desarrollo de un retraso mental abolicionismo.

19- Especulaciones convenientes sobre la sexualidad de las prostitutas, si disfrutan con una pareja, si sufren por carecer de vida amorosa, si tienen orgasmos, etc.

20- Alegar que pagar por sexo es violar. ¿Cómo sostenemos tal absurdidad? Pues cambiando completamente la definición de violar: ahora ya no depende del consenso sino del deseo… ¿Qué tal? Así, una masturbación sin ganas es una autoviolación.  Cambiar definiciones a nuestro antojo es siempre la mejor forma de aparentar ganar debates. Además, siempre hay algún charlatán académico que estará de nuestro lado.

21 – Confundir vender el cuerpo con prestar un servicio.  Si piden explicaciones, ver punto 1.

22- Si bien legalizar las drogas sirve para combatir el narcotráfico, legalizar y regular la prostitución ayuda a la trata de personas y los proxenetas ¿Por qué? Nadie sabe. Ante evidencia contraria, ver el punto 9.

23- A la prostitución recurren muchas mujeres pobres. ¿Combatimos la pobreza y la desigualdad socioeconómica? ¡No! ¡Combatamos el derecho y la libertad individual de prostituirse! Las mujeres tienen derecho a tener sexo con quien quieran en las condiciones que deseen, su cuerpo es suyo, pero no les permitamos cobrar por sexo.

24- Prostitución es toda la misma. No existen matices.

25- Si queremos posar de académicos, citemos cualquier cosa sin ningún rigor: M. Farley, MH. Silbert, V. Kelly, J Raymond, etc.

Con todos estos consejos, no podemos fallar. Si los utilizamos correctamente, vamos a triunfar en continuar con la prostitución marginada, con las prostitutas sin seguridad social, corriendo peligro en las calles frías, siendo acosadas y violadas por la policía, sin la posibilidad de acceder a los beneficios de un trabajo legal y regularizado, en fin; vamos a lograr protegerlas y cuidarlas.

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¿Es el patriarcado la causa de la oposición al aborto?

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Breve índice:
-Introducción
– El patriarcado como causa
-Breves razones para apoyar la legalidad del aborto

Escrito junto a Juan Drewjn.

Aclaración: el artículo se publicó y se borró anteriormente ya que se basaba en un artículo del periódico The Guardian que resultó ser un tanto sensacionalista. Luego fue re-elaborado en  base a otras fuentes y modificado. 

Introducción

No pocas veces oímos a feministas hablar sobre el patriarcado y todo lo que éste provoca. Sin embargo, pocas veces obtenemos una definición que refiera a algo falsable, objetivo, comprobable y que sea rigurosa de qué es el tan nombrado patriarcado. Parecería ser una propiedad de los sistemas sociales la cual lleva a oprimir a las mujeres en beneficio de los hombres, o algo más o menos así es lo que nos dicen. Parecería ser un orden ideado por hombres y mantenido en mayoría por hombres, donde los hombres tienen privilegios y se aprovechan de la respectiva desventaja de las mujeres. Hay diferentes definiciones de patriarcado dependiendo del autor, activista o vocera feminista, algunas son increíblemente exageradas y otras son más claras y concretas. Decir que el patriarcado es completamente inexistente como no dudar de que existe son errores en cuanto no se trate con definiciones precisas que refieran a características demostrables de una sociedad y no a intenciones ocultas que no puedan demostrarse[1]. En general, se ve al patriarcado como algo que trae ventajas a los hombres (o “privilegios”) y desventajas a las mujeres; un orden social que los hombres dominan y que algunas mujeres “alienadas” apoyan y sostienen, basado en relaciones de poder y dominación. En esta definición, el papel que juegan los hombres como dominantes y las mujeres como subordinadas es importantísimo; si el hombre no dominara, las mujeres estarían libres del patriarcado y se lograría la igualdad o equidad de géneros.
También oímos decir de parte del feminismo que la oposición al aborto es consecuencia de la evidente sociedad patriarcal en la que vivimos. Sin embargo, hay razones para suponer que no existe un vínculo fuerte entre la oposición al aborto y el patriarcado en cualquier definición corriente. Si la oposición al aborto no es un problema de género a causa del machismo, y es algo totalmente desvinculado con la desigualdad de género, el feminismo perdería un pilar muy importante de su lucha contra el machismo, al ser el tema del aborto algo que va más allá de los perversos dominios del patriarcado. No quisiera en lo más mínimo dar a entender que esto tendría como consecuencia que el feminismo desista de su lucha contra el antiabortismo, de hecho es una de las luchas más concretas y necesarias que actualmente tiene el movimiento, sino que el foco debería dejar de centrarse tanto en lo que plantea el movimiento feminista como causa: la desigualdad de los géneros a causa del machismo.

En la siguiente sección se intentará plantear la hipótesis de que el “patriarcado” tiene poca relevancia en la opinión general de la gente sobre el aborto y las leyes que lo regulan, y que puede haber otras explicaciones para su rechazo o ilegalidad.

El patriarcado como causa

¿Cómo saber si oponerse al aborto es o no causa del patriarcado? No es tan fácil. La evidencia no es muy clara. Una buena forma de saberlo sería un gran estudio que permita saber qué sexo es el que más se opone al aborto.  Hasta ahora no hay ningún estudio que analice las diferencias de opiniones sobre el aborto dividiendo por sexos, que sea extensible al grueso de la población mundial. Según algunos datos[2], no hay grandes diferencias de sexos entre los que se oponen al aborto y en varios casos los hombres tienden a ser más pro abortos que las mujeres. Es decir, que los hombres no son una gran mayoría entre los que se oponen, al parecer. Esto ya es un dato relevante para nuestra hipótesis. Para sostener que aun siendo estos datos certeros la causa del aborto ilegal es el patriarcado hay que retorcerse bastante. Uno puede aceptar que el patriarcado tenga mujeres “alienadas” por los hombres “machistas”, pero que las alienadas sean más que los alienantes, o que estén emparejados, es bastante complicado en este caso. Si los hombres convencen a las mujeres para que se opongan al aborto, deberían ser una mayoría clara y no lo son. El patriarcado estaría en este caso sostenido más o igual entre las mujeres que entre los hombres, no cuadra con su supuesta naturaleza –esto parecería sugerir reemplazar el “muerte al macho” por “muerte al macho y a la macha”. En el caso de que las mujeres sean mayoría entre los antiabortistas, como sugieren algunos de los datos, nos llevaría a concluir que este sistema opresivo esta sostenido más que por los subordinados que por los subordinantes, lo que es una conspiración demasiado perfecta. La oposición al aborto no tiene ningún vínculo preciso sobre el poder de los hombres, el hombre no pasa a tener menos poder si el aborto es legal (de hecho tiene menos poder al criar hijos indeseados o pagar cuotas alimentarias), si esto existe por obra del patriarcado es éste bastante extraño.
Si el patriarcado no es sostenido por el grueso de la población, sino por una “elite” patriarcal que busca beneficiar a los hombres, no solo toma tintes conspiranoicos y fantasiosos sino que en sí mismo no tiene mucho sentido ¿Qué ventaja ganan los hombres de ello? Pues ninguna. Hay una explicación parecida aunque también defectuosa, y es que el antiabortismo es manejado a gran escala por los líderes de las religiones que se oponen. En efecto, las religiones más grandes se oponen al aborto y son bastante “patriarcales”, sin embargo, si el antiabortismo fuese impulsado por los religiosos católicos, por ejemplo, es raro porque en esta encuesta salió que la mayoría de los católicos, por un pequeño porcentaje, estaban a favor[3] (la encuesta sin embargo no es extensible a toda la población de católicos, y también tiene el problema de no aclarar a qué se refiere con católicos, si a los bautizados o a los practicantes, pero sirve para plantearse la hipótesis de que quizás no tengan tanto peso como se supone a pesar de la condena del vaticano). Tampoco el hecho de que las religiones sean patriarcales demuestra que el antiabortismo es patriarcal, hay muchas cosas que son religiosas y no patriarcales, como la prohibición de comer jamón en los judíos. Sostener que el aborto se mantiene ilegal por la religión es simplista, la religión también se opone al casamiento y adopción homosexual y sin embargo es legal donde es ilegal el aborto, la explicación centrada únicamente en la religión es demasiado parcial. Para ver qué tanto tiene que ver la religión en la prohibición del aborto, ver la sección siguiente.
El tema del aborto no tiene mucho que ver con el machismo que digamos, aunque perjudique a las mujeres -y a los hombres también (a nadie le gusta hacerse cargo de hijos indeseados)-, es más bien una postura dudosa y problemática en lo que respecta a la consideración moral y sus límites, y es el resultado entendible de errores en la comprensión de la embriología (me refiero especialmente a los que atribuyen características a los fetos de las que estos carecen, como sentir dolor antes de los 3 meses de gestación). También es el resultado de un enfoque particular en la definición de “persona”. A esto se le suma un factor importante que es el biológico.
En el caso de que el presupuesto antiabortista fuese cierto y matar fetos fuese como matar bebés, es natural que las mujeres se opongan siendo que tienen más empatía con lo que respecta a la reproducción, los bebés, la crianza, etc. Ver a las mujeres como seres propensos a desarrollar conductas afines a la reproducción y la crianza suele ser visto como también “algo machista”, pero esto es tonto. Efectivamente los mamíferos primates hembras, incluyendo a las mujeres, poseen características psicoevolutivas afines a la reproducción y crianza, hablando obviamente en general. Su contacto con lo que respecta a esto es más directo. Es entendible que una mujer aun cuando crea en la igualdad de derechos se oponga a que se “maten bebés” (aclaro que yo no sostengo tal equivalencia), si es que entiende el aborto como la matanza de bebés.
La oposición al aborto parte de visiones ontológicas (sobre la naturaleza de la “vida” por ejemplo), embriológicas y éticas/jurídicas dudosas, pero no tiene casi nada que ver con una visión sexista.  Uno puede ser completamente despreciativo con el género femenino o con el masculino, pero invariablemente parecerle malo que un bebe inocente sea asesinado. La oposición al asesinato de bebés es naturalmente instintiva, entendiéndose esto como un natural reflejo empático (hay excepciones con las numerosas tribus que practican el infanticidio). Si bien los fetos o cigotos no producen mucha empatía directa ni pueden ser vistos, los antiabortistas insisten por ignorancia en asimilarlos como bebés tal y como los conocemos.
A esto se le suma razonamientos confusos, como el llamado “principio de potencialidad” que sostiene que un feto o cigoto es potencialmente un humano. Este razonamiento es engañoso porque en otros casos la potencialidad no le importa a nadie, un adulto trabajador es potencialmente un jubilado y no por eso puede pretender cobrar su jubilación a los 30, del mismo modo un cigoto puede ser potencialmente un bebe y no por eso se debe pretender considerarlo uno. El error de la analogía entre un cigoto y un bebé es que él bebé siente dolor, tiene percepción del entorno y un cerebro relativamente desarrollado, mientras que el feto antes de los 3 meses carece de todo esto y no es más que un cúmulo de células reproduciéndose. Digamos que un bebé es un sistema biológico que posee propiedades emergentes que justifican consideración moral en una ética consistente, de los que el sistema biológico de un feto de un mes carece (al igual carecen los espermatozoides, los tumores y los óvulos). Pero dejemos la defensa ética del aborto para después.
Una persona ignorante que crea que un feto de dos meses piensa y sufre, y que tenga una ética un tanto confusa es de esperar que pueda considerar inmoral el aborto, y esto es la raíz de todo. El aborto es ilegal porque una gran cantidad de gente se opone por razones morales. Si nos posamos sobre el presupuesto de que matar bebés está mal y que abortar antes de los 3 meses de embarazo es matar bebés, el machismo tiene poco que ver. Uno podría sostener que el aborto ilegal perjudica a mujeres obligándolas a abortos clandestinos peligrosos, cosa que es cierta y que constituye un argumento más para la legalidad del aborto si primero se establecen otras cuestiones éticas. El caso de que las mujeres aborten en situaciones clandestinas y mueran es un hecho que afecta evidentemente a las mujeres, pero es de resaltar que no beneficia en modo alguno a los hombres. Que las mujeres mueran los perjudica, al menos no conozco a nadie que festeje cuando se muera su madre, hermana, pareja o amiga. Si el patriarcado se encarga de beneficiar a los hombres no sé qué gana con que las mujeres mueran de esta forma tan lamentable. No se puede decir que los hombres obliguen a parir cuando hay más o igual cantidad de hombres proaborto que mujeres. Las explicaciones que intentan sostener un dominio perverso de los hombres sobre el cuerpo de las mujeres que llevan a cierta tendencia genocida son muy retorcidas y pertenecen al género de la ficción más que al de la sociología –por ejemplo se suelen sostener en exageraciones sobre los homicidios de mujeres en manos de hombres, cuando constituyen un porcentaje bajísimo dentro del número de homicidios y suelen tener causas que poco y nada tienen que ver con la superioridad sexual.
Uno de los mejores argumentos para decir que el antiabortismo es machista o patriarcal es el hecho de que muchas mujeres mueran en procedimientos clandestinos y esto no baste para legalizarlo aun cuando se sepa que la legalidad no aumenta el índice de abortos. Pero esto depende de cómo se defina machismo, porque si nos ponemos en el lugar de un antiabortista, que mujeres mueran intentando matar bebés no tiene mucho que ver con la superioridad masculina. A menos que los hombres se sientan superiores y quieran decidir por sobre el cuerpo de las mujeres, pero se pone en duda por dos razones: la primera el hecho de que las mismas mujeres sean un peso importante en contra del aborto, y la segunda en que, si aceptamos los presupuestos “próvida”, un bebé no es parte del cuerpo de la mujer sino un ser humano aparte. Para entender la oposición al aborto hay que dejar de insultarlos y pegarles en las marchas del Encuentro Nacional de Mujeres[4], y ponerse en su lugar para refutar racionalmente y con evidencias sus argumentos. En su visión, la mujer que muere abortando muere cometiendo un crimen al igual que un terrorista muerto en una ataque suicida. Esta visión es ontológicamente errada en un feto de pocas semanas pero su error parte de una concepción confusa de la vida y la autonomía no de una creencia en la superioridad sexual. Volvemos a que la raíz del antiabortismo es la idiotez y no precisamente el sexismo. Que no vean la muerte de mujeres en abortos clandestinos como un buen argumento se explica por el hecho de que no tienen una ética consecuencialista ni concreta ni consistente, no por el hecho de que sean machistas y patriarcales ni malvados. Más bien intentan hacer lo posible para hacer el bien.
Además no sé por qué asumen, en el caso hipotético de que sean los hombres quienes den a luz, que así el aborto seria legal. Si es que creen que la vida de los hombres vale más para esta sociedad patriarcal… já, qué equivocados que están. Los hombres están sometidos en muchos países al servicio militar obligatorio (cuando no lo están las mujeres)[5], en la mayoría de los países la pena de muerte solo aplica a los hombres y más del 99% de los ejecutados bajo pena de muerte son varones (también los hombres reciben peores condenas por los mismos delitos que comete el otro sexo), ninguna mujer muere en las condenas a muerte del gobierno iraní por homosexualidad (lo mismo pasa en 16 naciones africanas),  los refugiados hombres suelen ser discriminados, los hombres son una mayoría alarmante en los casos de suicidio y victimas de homicidio, los hombres son mayoría entre los sin techo, constituyen la gran mayoría de muertes por trabajos peligrosos, y suelen ser ignorados en los crímenes de guerra cuando la muerte de mujeres despierta enormes campañas.
Se suele alegar también que: “el patriarcado ve a las mujeres como objetos con la finalidad de parir a los hijos del patriarca, cuidarlos y criarlos, haciendo que negarse a parir sea negarse a los designios del patriarcado.” Estos pensamientos son retorcidos y tremendamente vagos. El concepto mismo de “ver a las mujeres como objetos” me resulta terriblemente vago. No entiendo tampoco cómo ver a las mujeres sexualizadas o sensuales es verlas como objetos, me resulta conservador, nadie pensó nunca que ser sexual sea ser un objeto más que los puritanos. Ver a un sexo con capacidades y destrezas reproductivas y de crianza no es lo mismo que verlos como objetos tampoco. Evidentemente las mujeres son las que paren, no es mucha novedad. Y si, las mujeres deben criar a los hijos… y los respectivos padres también. En la actualidad nadie obliga a una mujer a embarazarse. Parir no es designio del patriarcado, es designio de la reproducción sexual mamífera. Supongamos que el patriarcado se defina como un sistema social que obliga a parir, las mujeres al parecer están interesadas en mantenerlo según las evidencias. Esa explicación es pobre y vaga, la explicación evolutiva de la empatía sostenida en errores de razonamiento ético y conocimientos de embriología (en algunos casos) en este caso es mucho mejor. Obligar a las mujeres a embarazarse y parir hijos simplemente es ilegal tanto como abortarlos, por lo que el patriarcado sería un orden social establecido que se prohíbe a sí mismo de formas confusas. Cada vez toma una mística más parecida a la de Dios, que según los creyentes siempre obra de formas misteriosas, y nunca puede refutarse.

El feminismo fracasa constantemente en explicar hechos sociales por su simplismo de tratar de reducir todo al machismo, el patriarcado y la misoginia ignorando contraargumentos y mejores hipótesis. Como ejemplos se puede nombrar sus erradas interpretaciones de la llamada “brecha salarial”, y sus intentos de asediar cualquier ciencia que contradiga su ideología (como lo hace Lucia Ciccia). Este parece ser otro caso donde la explicación a base del patriarcado es pobre, insuficiente o directamente falsa.

Breves razones para apoyar la legalidad del aborto

Para hacer una pequeña introducción al tema de la historia de la prohibición del aborto, citaré unos párrafos del libro de Carl Sagan Miles de Millones, más precisamente del capítulo 15:

“Cada religión tiene su doctrina. Entre los cazadores-recolectores no suele haber prohibiciones contra el aborto, y también era corriente en la Grecia y la Roma antiguas. Por el contrario, los asirios, más severos, empalaban en estacas a las mujeres que trataban de abortar. El Talmud judío enseña que el feto no es una persona y, en consecuencia, carece de derechos. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo —que abundan en prohibiciones en extremo minuciosas respecto a la indumentaria, dieta y palabras— no aparece una sola mención que prohíba de modo específico el aborto. El único pasaje que menciona algo relevante en este sentido (Éxodo 21: 22) declara que si surge una pelea y una mujer resulta accidentalmente lesionada y aborta, el responsable debe pagar una multa. Ni san Agustín ni santo Tomás de Aquino consideraban homicidio el aborto en fase temprana (el último basándose en que el embrión no «parece» humano). Esta idea fue adoptada por la Iglesia en el Concilio de Vienne (Francia) en 1312 y nunca ha sido repudiada. La primera recopilación de derecho canónico de la Iglesia católica, vigente durante mucho tiempo (de acuerdo con el notable historiador de las enseñanzas eclesiásticas sobre el aborto, John Connery, S. J.) sostenía que el aborto era homicidio sólo después de que el feto estuviese ya «formado», aproximadamente hacia el final del primer trimestre.
Sin embargo, cuando en el siglo XVII se examinaron los espermatozoides a través de los primeros microscopios, parecían mostrar un ser humano plenamente formado. Se resucitó así la vieja idea del homúnculo, según la cual cada espermatozoide era un minúsculo ser humano plenamente formado, dentro de cuyos testículos había otros innumerables homúnculos, y así ad infinitum. En parte por obra de esta mala interpretación de datos científicos, el aborto, en cualquier momento y por cualquier razón, se convirtió en motivo de excomunión a partir de 1869. Para la mayoría de católicos resulta sorprendente que la fecha no sea más remota.
Desde la época colonial hasta el siglo XIX, en Estados Unidos la mujer era libre de decidir hasta que «el feto se movía». Un aborto en el primer trimestre de embarazo, e incluso en el segundo, constituía, en el peor de los casos, una infracción. Rara vez se solicitaba una condena al respecto, y resultaba casi imposible de obtener, en parte porque dependía por entero del propio testimonio de la mujer acerca de si había sentido los movimientos del feto, y en parte por la repugnancia del jurado a declararla culpable por haber ejercido su derecho a elegir. Se sabe que en 1800 no existía en Estados Unidos una sola disposición concerniente al aborto. En la práctica totalidad de los periódicos (y hasta en muchas publicaciones eclesiásticas) aparecían anuncios de productos abortivos, aunque el lenguaje empleado fuese convenientemente eufemístico.
Hacia 1900, en cambio, en todos los estados de la Unión, el aborto estaba vedado en cualquier momento del embarazo, excepto cuando fuese necesario para salvar la vida de la mujer. ¿Qué sucedió para que se produjera un cambio tan extraordinario? La religión tuvo poco que ver. Las drásticas transformaciones económicas y sociales que se producían en Estados Unidos estaban transformando la sociedad agraria en otra urbana e industrializada. Norteamérica estaba pasando de una de las tasas más altas de natalidad del mundo a una de las más bajas. Es innegable que el aborto desempeñó un papel en ello y estimuló fuerzas para su supresión.”

La defensa del aborto se puede dar a través de diferentes argumentos y desde diversas posiciones éticas, van a ser enumeradas aquí varias formas de defenderlo sin que necesariamente sean argumentos mutuamente excluyentes.

1) A favor del aborto para evitar muertes de mujeres:

La cantidad de abortos inseguros y la mortalidad de las mujeres se reduce al legalizarlo, sin que esto lleve al aumento de abortos[6].  Parte de los pro-vida parecieran creer que a la gente le gusta abortar y que van a dejar de cuidarse, total, pueden abortar. Esta visión es totalmente ingenua, abortar aun cuando es legal es un trámite desagradable que nadie disfruta.
Aunque uno acepte que abortar está mal, sabiendo que mueren más mujeres prohibiendo el aborto, debería aceptar legalizarlo. Excepto que a uno no le importen las consecuencias de las leyes y no quiera por ningún motivo legalizar el aborto aun siendo que esto no va a aumentar el número de abortos producidos.

2) A favor del aborto por el hecho de que abortar no daña a nadie:

Desde una postura sensocentrista, el aborto antes de los 4-5 meses es prácticamente una acción neutral ya que no implica dañar a un ser sintiente[7]. Las objeciones típicas incluyen: “¿Entonces te podemos matar mientras dormís/estás en coma?”. Claramente matar a alguien que haya formado vínculos familiares, amistades, y todo tipo de relaciones a lo largo de varios años implica más sufrimiento que terminar con la ‘vida’ de un feto, excepto claro que cada vez que hay un aborto los provida se larguen a llorar o algo así.

Desarrollando aún más la postura sensocentrista uno podría adoptar una postura utilitarista (y específicamente utilitarismo de preferencias), de esta manera las acciones de terminar con una vida no son malas per se sino que dependen del sufrimiento que conlleve esa pérdida de vida, evaluando costos y beneficios, evitar un nacimiento tiene beneficios extraordinarios para la madre que no lo quería, mientras que matar a alguien en coma no tiene beneficios en principio e implica mucho sufrimiento como anteriormente se explicó.

3) Evitar consecuencias de dar a luz:

Entre los problemas de dar a luz a un hijo indeseable podemos decir que se encuentran: una no muy buena calidad de vida si es que no hay recursos económicos,  poner en adopción a alguien le puede implicar una dura infancia en orfanatos y problemas psicológicos, mala atención de los padres que podría derivar en problemas con drogas y delincuencia, etc.

En el caso de violaciones, este punto es totalmente claro. No dejar opciones más que parir el fruto de un delito semejante es una aberración.  También se debe mencionar la posibilidad de morir en el parto, consecuencia que hoy igualmente se ha minimizado gracias a la mejora en la técnica médica.

Es importante refutar los malos argumentos a favor del aborto si queremos apoyar su legalidad, porque estos no hacen más que dar una mala imagen y confundir, siendo contraproducentes. Algunos de estos al no atacar las bases del pensamiento antiabortistas no convencen a nadie, no haciendo más que incrementar el odio hacia los proaborto. Por ejemplo:

“El aborto tiene que ser legal porque las mujeres tienen que tener derecho a decidir sobre sus cuerpos”.

Este argumento no es recomendable. Si para un antiaborto un feto es un ser humano sin importar el tiempo de gestación, que este dentro del cuerpo de otra persona no dice nada. Se ve muy claramente su defecto cuando hacemos la pregunta: “¿Está bien entonces abortar un bebé de nueve meses dentro del útero?”. La respuesta dentro de una ética razonable es no, porque ya es un bebé con sistema nervioso desarrollado y hay poca diferencia entre abortarlo y asesinar un recién nacido.  Según este razonamiento, debería ser sí, porque no reconoce matices en lo que es “decidir sobre el cuerpo”. Hace parecer tener razón a los antiaborto cuando dicen que las abortistas “quieren matar bebés”. Hay un punto en el que efectivamente no deben tener derecho a abortar aunque esté dentro de su útero, y esto el argumento no lo deja en claro. En caso graves como violación o incesto y en el caso de que tardíamente se descubriese un riesgo para la vida de la madre, abortar en etapas tardías es justificable (es claro que la pérdida de una mujer adulta es más lamentable que la de un ser no-nato). Cuando se habla de aborto legal se habla principalmente del derecho a abortar antes de los 3 meses del embarazo, pero este argumento ignora este factor y parece pasar por alto las diferencias entre abortar un cigoto o un feto de 9 meses, y entre abortar un feto de 9 meses y asesinar un bebé no hay casi ninguna diferencia.

La postura antiabortista tiene muchos problemas de hipocresía y/o contradicción. Por ejemplo, cuando se dicen “a favor de la vida”. Esto es totalmente falso, al menos que se refieran a la vida humana, pero es contradictorio en los que defienden la pena de muerte y en los que no les importa la muerte de mujeres por abortar aun cuando la legalidad no aumente el número de abortos, por lo que se reduce aún más al punto de que sólo les importa la vida de cigotos y fetos de un tamaño que no supera el de un garbanzo. Si apoyan la vida no sé por qué en su mayoría comen carne, por ejemplo. Las grandes instituciones como la Iglesia Católica o las evangélicas, hacen esfuerzos muy pobres para eliminar realmente la pobreza (Bill Gates pareciera hacer esfuerzos mucho más serios), que genera una cantidad de muertes humanas incalculables, mientras sí hacen grandes esfuerzos por recolectar diezmos y encubrir al clero pederasta.
Si les importa la vida humana y por eso atacan con tanto esmero al aborto, deberían definir al menos que es lo que hace a un feto de 4 semanas un ser humano y por qué le asignan un valor superior al resto de los animales (el chimpancé posee el 99,66% de nuestros genes, sería interesante un Trolley Problem para saber  si un próvida elige salvar un cigoto o un chimpancé). El óvulo fecundado está vivo, sí, pero también se podría decir lo mismo de los espermatozoides y los óvulos y a nadie les importa. ¿Pero es humano? ¿Vale lo mismo que una mujer adulta con proyectos de vida y seres queridos? ¿Qué tan lamentable es que se pierda ese cúmulo de células? ¿Es más lamentable que traer un hijo indeseado siendo adolescente?
Parte de los argumentos retóricos próvida suponen que ese feto abortado pudo haber sido astrofísico, el futuro Beethoven, o premio Nobel de la paz. Sin embargo, un adolescente muy joven que por algún problema en los métodos anticonceptivos (o por violación) tuvo un embarazo no deseado, también puede “potencialmente” tener una carrera exitosa, y se la arruinaría al tener que dedicarse a cuidar a un hijo que no quiso.
Los antiabortistas suelen ser claros con respecto a que una “persona” comienza en el momento en que es concebida. Pero esto es simplemente caprichoso. ¿Por qué cuando es concebida y no cuando desarrolla sistema nervioso central? Al ser esto una convención, y no una cuestión de hecho clara, hay razones para pensar que la segunda convención es mejor. Considerar el fallecimiento de una persona a un aborto espontáneo de 2 meses es demasiado exagerado. Parece más bien el fallecimiento de un renacuajo. Bajo esa visión dramática de que un feto o cigoto es una persona se inventaron el “síndrome post aborto”, un supuesto complejo de depresión que tienen las mujeres luego de abortar, una especie de culpa asesina de la que no existe evidencia científica[8].
Si tanto les parecen seres humanos a preservar, podrían hacer algo para evitar los abortos y apoyar la distribución de anticonceptivos y la educación sexual. Pero en general los defensores del aborto no lo hacen, al punto de que esto influyó en una epidemia espantosa de SIDA en África por ejemplo. La oposición al aborto y a la anticoncepción, sumada a la mala o nula educación sexual, genera un daño terrible en países pobres, haciéndoles superpoblarse, enfermarse y hundirse más en la pobreza. El derecho al aborto es también, una posibilidad de controlar la peligrosa superpoblación y especialmente la superpoblación de países pobres, uno de sus peores problemas. La pobreza, a  su vez, genera infelicidad y muertes prematuras y evitables ¿Qué vida defienden?

El aborto puede defenderse bajo múltiples argumentos y múltiples perspectivas. Como es una cuestión de ética, no hay una “verdad absoluta”. Estos son solo unos esbozos.

[1] https://medium.com/@Carnaina/c%C3%B3mo-saber-si-usted-est%C3%A1-viviendo-en-un-patriarcado-una-perspectiva-hist%C3%B3rica-51be20d06a8 Aquí un artículo interesante al respecto de si vivimos o no en un patriarcado.

[2] En este paper se analizan más de 10 años en encuestas de EEUU y muestra que siempre los hombres apoyaron más la despenalización del aborto: Bolzendahl, C. I., & Myers, D. J. (2004). Feminist Attitudes and Support for Gender Equality : Opinion Change in Wornen and Men, 1974-1998. Social Forces, 83(2), 759–790.

Este otro muestra que no hay diferencias significativas entre los sexos: Strickler, J., & Danigelis, N. L. (2002). Changing frameworks in attitudes toward abortion. Sociological Forum, 17(2), 187–201. http://doi.org/10.1023/A:1016033012225 Por otro lado en este se encuentra que las mujeres suelen ser más conservadoras con sus derechos que los hombres debido justamente a que los hombres son más pro-choice. Shapiro, R. Y., & Mahajan, H. (1986). Gender Differences in Policy Preferences: A Summary of Trends From the 1960s to the 1980s. Public Opinion Quarterly, 50(1), 42–61. http://doi.org/10.1017/CBO9781107415324.004

Y por último este paper muestra que varios estudios en el pasado mostraron que las mujeres suelen estar más en contra del aborto que los hombres (mientras que varios otros mostraron que las diferencias suelen ser mínimas o nulas), pero identificando a la religiosidad como una variable de supresión y controlandola se muestra que las mujeres tienden a estar más de acuerdo con el aborto que los hombres: Barkan, S. E. (2014). Gender and abortion attitudes. Public Opinion Quarterly, 78(4), 940–950. http://doi.org/10.1093/poq/nfu047

[3] http://www.pewforum.org/fact-sheet/public-opinion-on-abortion/

[4] https://www.facebook.com/elfindelamisandria/videos/vb.1023281947786472/1224557060992292

[5] http://www.serpajpy.org.py/wp-content/uploads/2012/10/Víctimas-del-Servicio-Militar-Obligatorio.pdf

[6] Sedgh, G., Singh, S., Shah, I. H., Hman, E., Henshaw, S. K., & Bankole, A. (2012). Induced abortion: Incidence and trends worldwide from 1995 to 2008. In The Lancet (Vol. 379, pp. 625–632). http://doi.org/10.1016/S0140-6736(11)61786-8

Berer, M. (2002). Making abortions safe: A matter of good public health policy and practice. Reproductive Health Matters. http://doi.org/10.1016/S0968-8080(02)00021-6

[7] Lee, S. J., Ralston, H. J. P., Drey, E. a, Partridge, J. C., & Rosen, M. a. (2005). Fetal pain – A Systematic Multidisciplinary Review of the Evidence. JAMA: The Journal of the American Medical Association, 294(8), 947–954. http://doi.org/10.1001/jama.295.2.159-a

[8] http://de-avanzada.blogspot.com.ar/2015/07/sindrome-post-aborto.html