Categoría: Ensayo

Contra las fantasías primitivistas

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Es común ver en la actualidad, y no quiere decir que sea nuevo, una exaltación e idealización de las tribus primitivas, sumado a un deseo implícito o explícito de volver a la vida tribal. A esta postura se la llama comúnmente primitivismo, y así como hay activistas como el charlatán delirante de John Zerzan que codician manifiestamente terminar con la sociedad moderna y retornar a la infancia de la humanidad, otros simplemente ven a los primitivos idealizadamente y los consideran un modelo a seguir o fuente de inspiración, por diversas razones que intentaré resumir luego.
El asunto del primitivismo está filosóficamente muy vinculado al problema de los movimientos indigenistas actuales, su lucha por los derechos de los pueblos autóctonos y las consideraciones sociales sobre cómo debe actuar la sociedad moderna con respecto a los comunidades llamadas originarias. Por lo tanto, aunque mi interés inicial era concentrarme en presentar algunos problemas inherentes al primitivismo, sus creencias, su filosofía y sus comunidades de permacultura, no voy a poder dejar de lado ciertos problemas derivados de la relación entre civilizaciones primitivas actuales y la sociedad moderna.
También, de pasada, aprovecharé este ensayo para derribar mitos sobre la idealización del pasado humano en general, como decir que antes se vivía mejor sin las “viles condiciones” de la vida moderna y otras falsedades.
Agradezco las correcciones al ensayo que efectuaron mis amigos Matías Castro y Mauro Lirussi.

Repaso genealógico y base filosófica del primitivismo

La exaltación e idealización de la cultura primitiva puede remontarse, no sin cierta arbitrariedad,  a Rousseau, que en épocas de la Ilustración y siendo uno de los representantes del movimiento, escribió ciertos elogios a la vida primitiva, principalmente a las tribus de América y África, y criticó a la civilización. Esta idealización de las tribus primitivas, de suponer que son más felices, sabios, amables, pacíficos, loables, etc. que la sociedad moderna, pasó a llamarse luego “el mito del buen salvaje”, ya que es fácil advertir, como veremos más adelante, que grosso modo es completamente un mito. Rousseau fue principalmente un pesimista histórico y un desconfiado del progreso. Mientras Kant en su famoso manifiesto “¿Qué es la Ilustración?” proponía alejarse lo más lejos posible de la infancia de la humanidad, Rousseau parecía querer volver a esta.
Cuando Voltaire leyó su obra “Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombre” exclamó -ingenioso como siempre- en una carta de respuesta: “He recibido, señor, vuestro nuevo libro contra el género humano; os lo agradezco  […] Nunca se ha empleado tanto ingenio en pretender volvernos animales. Cuando se lee vuestra obra se tienen ganas de andar a cuatro patas. Sin embargo, como hace más de sesenta años que he perdido la costumbre, siento que por desgracia me resulta imposible recuperarla. Y dejo ese comportamiento natural a quienes son más dignos de él que vos y que yo”.
Debido a que la Ilustración se caracterizó por su confianza justificada en el progreso, la razón, la ciencia, etc., Rousseau pasó a ser llanamente un traidor al movimiento, o como lo llama Gabriel Andrade, un Caballo de Troya. Su traición a gran parte de las ideas del Iluminismo no solo se debe a desconfiar explícitamente del progreso y halagar las formas de vida más semejantes a los animales, también a ciertas peligrosas ideas autoritarias de que la colectividad o el Estado deben aplastar a los disidentes (cosa que inspiraría en gran parte los brutales abusos que se cometieron durante la Revolución Francesa), una de las razones por la que Mijaíl Bakunin lo llamaría luego  “uno de los pensadores más venenosos  del siglo pasado”.
Rousseau pasó así de ser parte del movimiento ilustrado a plantar el germen de lo que sería la contra-ilustración, pieza clave en nuestro análisis del primitivismo por razones que expondré más adelante. No solo las ideas per se de Rousseau inspirarían a la contra-ilustración, sino la desconfianza que se generó luego de los abusos de violencia de la Revolución Francesa y de Napoleón, que como señalamos superficialmente, tienen cierta base en sus ideas. La contra-ilustración y sus efectos importan muchísimo como punto de partida para poder elaborar una muy breve historia del pensamiento que nos haga desembocar en el primitivismo y sobre todo, en el marco filosófico en el que se encuentran los argumentos a los que suelen recurrir sus defensores.
La contra-ilustración se encuentra íntimamente relacionada con el romanticismo. El romanticismo, aunque en arte fue completamente productivo y engendró gloriosos genios como Lord Byron, Goethe y Goya[1], en filosofía fue, como ya exclamé en otros ensayos, completamente conservador y nocivo. A este movimiento se debe una gran exaltación e idealización del pasado y el retroceso, tanto con respecto a la Edad Media como a la vida primitiva.  Es interesante ver cómo muchos autoproclamados “progresistas”  tienen fantasías primitivistas o una tendencia a romantizar a las sociedades primitivas, cuando es evidente que  progreso y retroceso son antónimos. El deseo por volver a la infancia de la humanidad nada tiene que ver con el deseo de progresar. La idea romántica y contra-ilustrada de que hay que volver atrás es justamente lo opuesto al progresismo. Los movimientos conservadores y el fascismo tienen origen precisamente en el pensamiento romántico y contra-ilustrado, con su desdén al racionalismo, su amor por el colectivismo irracional propio del tribalismo, su idealización a lo más bajos impulsos del hombre como la violencia y la guerra, y su odio al proyecto ilustrado de progreso en base a la libertad, la ciencia, la igualdad y la razón.
Como también comenté en otros ensayos, al romanticismo se le atribuye haber inspirado el movimiento más perjudicial intelectualmente en la actualidad por excelencia, el posmodernismo. Y este a su vez, es la base filosófica sobre la que se engendra el movimiento new-age.  No quiero detenerme mucho a criticar el posmodernismo y el new-age, principalmente porque razones, argumentos y ganas de exponerlos me sobran, por lo que se desviaría demasiado el tema y lo sobre-expandiría, además, porque ya expuse criticas de este tipo en otros ensayos. Pero aun así me es fundamental trazar nuevamente este vínculo entre movimientos intelectuales porque, como demostraré más adelante, el posmodernismo y el new-age son la base fundamental de los argumentos que arguyen los primitivistas. La razón por la cual digo esto es bastante evidente. El posmodernismo (a partir de aquí incluiré en el término posmodernismo también al new-age) y sus antecedentes mencionados propician una serie de ideas que son necesarias para crear, lo que puede llamarse, una caja de herramientas para construir la idea del primitivismo. Estas, mencionadas brevemente, son: desconfianza en el progreso humano y sobre todo en el proyecto de la Ilustración, desconfianza, desinterés, desprecio y subestimación tanto del progreso del conocimiento científico como de la técnica y a la tecnología (muy a menudo acompañada de una confusión entre ciencia, técnica y tecnología, y entre técnica/tecnología buena y mala), idealización de lo natural, exaltación de los aspectos más animales del hombre, fobia a la racionalidad, fobia paranoica a los sistemas sociales complejos como el Estado moderno, repulsión a aceptar la superioridad objetiva de ciertas ideas (más concretamente repudio a la objetividad y sobrevaloración de la subjetividad), tendencia a reducir todo a puntos de vista o “paradigmas” inconmensurables/incomparables (esta idea es la base del pensamiento epistemológico de Feyerabend, y es la que suele salir a relucir cuando se alega que tanto la sociedad primitiva como la moderna no pueden compararse, entre otras cosas porque toda crítica que pueda hacer un moderno a una sociedad primitiva se reduce a un punto de vista condicionado por su origen, por lo que no puede ser ni válido ni objetivo –cosa que en ciertas formulaciones es simplemente un argumento ad hominem), y siguiéndose de lo anterior, creencia en un relativismo epistemológico, gnoseológico y también ético (por lo que no se podría juzgar la inmoralidad de ciertas acciones cometidas por tribus, cosa que hace imposible un análisis ético comparativo de ambas sociedades –según ellos claro), etc. Gran parte de la maraña de ideas que se desprenden del pensamiento posmoderno, como veremos con más precisión luego, son las que utilizan los defensores del primitivismo.
Desde ya es obvio que no pretendo decir que todos los primitivistas están de acuerdo con la totalidad de las ideas posmodernistas. Esto además de falso es lógicamente imposible, debido a que si tomamos la mayoría de las ideas posmodernistas estas no pueden ser aplicables ni siquiera al sujeto más posmoderno, puesto que muchas son, en general, contradictorias entre sí –aunque la contradicción y la lógica en general no es algo que parezca importarles mucho, sobre todos a los más hegelianos. Lo que sí pretendo decir, es que gran parte de las ideas primitivistas se sostienen sobre una base de ideas posmodernas, y esto es más claro sobre todo en lo que respecta a sus respuestas a la crítica.
Luego de este breve repaso genealógico del primitivismo, podemos pasar a analizarlo más directamente.

La falsedad del primitivismo

El primitivismo es empíricamente falso en cuanto supone hechos como que la gente primitiva es completamente pacífica y no dañan a nadie, que viven más, mejor, que poseen mejor salud, que son sumamente respetuosos con el medio ambiente, que son más sabios, etc. y es filosóficamente falso en cuanto supone tesis filosóficas insostenibles como que el primitivismo es la condición “natural” del hombre, que los conocimientos de la ciencia moderna y de la superstición tribal son equivalentes, que cualquier moral tribal es éticamente equivalente a la moral civilizada, o que las sociedades tribales poseen más libertad, igualdad, y mejores valores axiológicos en general.  Para analizar esto correctamente es esencial entender dos puntos: a) No está claro ni hay consenso entre los primitivistas sobre qué modelo de sociedad tribal se debe seguir ni hasta qué punto se debe abandonar todo lo progresado, y b) no todas las sociedades tribales son iguales. Debido a esto me veré obligado a incurrir, en muchas afirmaciones, a generalizaciones que son muy poco aproximadas a la verdad, y esto me hará por momentos carecer de la precisión que deseo tener en mis textos. Sin embargo, en muchos casos las generalidades se justifican, ya que decir que las sociedades tribales aisladas, por ejemplo, no tienen acceso a la medicina eficaz es bastante exacto. El lector crítico e informado me podrá criticar algunas afirmaciones generales, con casos específicos de sociedades tribales que no cumplan mi generalización. Esto es en parte una crítica válida y deseable, pero insisto en que casos particulares no hacen falsas a las generalizaciones (suponer esto es una falacia  del caso especial o falacia casuística).
Otra cuestión importante a resaltar es que cuando me referiré a sociedades primitivas/tribales, estoy suponiendo implícitamente cierto hermetismo, es decir, a la sociedad tribal sin contacto considerable con la sociedad civilizada. Ya que hablar de, por ejemplo, los guaraníes no tiene sentido si tengo en cuenta a los que miran televisión, viven en barrios de ciudad  y se atienden en hospitales públicos, ya que lo que buscamos es analizar la vida primitiva en su medio correspondiente.
Y por último: admito carecer de conocimientos técnicos de antropología. Sin embargo, esto por el momento no me parece un impedimento para las conclusiones que me interesan, e intentaré en lo posible, basarme en datos más o menos específicos y en estudios científicos que sean necesarios para sostener cierto rigor argumental deseado.

El mito del pacifismo tribal

El “pacifismo” primitivo es en una inmensa mayoría de casos nada más que un mito. Tanto en tribus extintas como en tribus actuales la violencia es algo recurrente, tanto entre miembros de la misma tribu como entre tribus.
Sobre el primer tipo de violencia mencionado podemos dar muchos ejemplos. Los rituales aztecas, basados en la matanza cruel de cientos de miles de personas (250.000 al año, según se estima) nos dan una perfecta idea de lo lejos que puede llegar la violencia supersticiosa primitiva. Entre los rituales sádicos practicados por tribus conocidos son los llamados rituales de iniciación. Por ejemplo, los Satere-Mawe del Amazonas en Brasil practican un ritual de iniciación “para convertirse en hombre” que consiste en meter las manos en fundas cubiertas de hormigas bala (Paponera clavata), cuya picadura es extremadamente dolorosa.
El sati es otro ejemplo del extremo punto de crueldad al que pueden llegar los rituales primitivos. Consiste en una milenaria práctica hindú en la que se inmola a una mujer en la pira funeraria del marido recién fallecido (básicamente consiste en incinerar a una mujer viva, con su voluntad o en contra, si tiene la suerte de que su marido fallezca). Durante el control imperial británico en la India la práctica fue prohibida, aunque en la actualidad se continúa realizando en algunas aldeas.
La ablación femenina (o mutilación genital femenina) es otra muestra de brutal violencia contra las mujeres en sociedades primitivas. Históricamente esta práctica se realizó en diversas tribus y en muchos países, principalmente en África. Aunque en la actualidad se hagan esfuerzos por prohibirla, aun se lleva a cabo en muchas tribus, por ejemplo, los Chamies de Colombia. La mutilación genital es una práctica tribal común (Cristóbal Colón reportó que hasta los nativos americanos la practicaban). En China se realizaban castraciones en donde se cortaba a niños el escroto y hasta el pene[2]. Los aborígenes australianos aún continúan practicando la circuncisión sin ningún tipo de anestesia. Estos también realizaban rituales en los que los adolescentes eran obligados a beber sangre y hasta hace poco eran comunes los rituales en donde se sacrificaban bebés.
En rituales tribales de Papua Nueva Guinea, los ancianos toman filosos bastones de caña y los clavaban profundamente en las fosas nasales de jóvenes mientras lanzan gritos de guerra hasta que estos caen inconscientes. Más adelante, cuando los jóvenes están iniciándose en la edad adulta,  se llevan a cabo rituales donde deben realizar felaciones a los ancianos de la tribu.
La deformación craneal artificial también fue una extraña práctica realizada por sociedades primitivas. Consistía en vendar o intervenir de otro modo el cráneo de niños para conseguir luego de su desarrollo una forma especial deseada. Esta práctica se realizó en sociedades iraquíes (se encontraron dos cráneos de este tipo en la Cueva de Shanidar), mayas, incas, paracas (Perú) y egipcias.
Los mencionados son tan solo unos pocos rituales y practicas violentas características de las sociedades primitivas. En estas es común ver todo tipo de torturas y prácticas brutales, como ser decapitaciones, violaciones (la violación ritual de jóvenes vírgenes era recurrente en el chamanismo[3]), canibalismo, amputación de dentadura, sacrificios humanos (los celtas eran especialmente conocidos por esto), tatuajes realizados con cortes de cuchillo, y hasta el infanticidio. Este era común en las tribus Kikuyu, Tswana, Ibso, Kung y Vadshagga, estos últimos mataban a los niños cuyos incisivos superiores salieran primero. En el pueblo Ibo de Nigeria, el neonato era enterrado vivo si uno de los padres fallecía (ignoro si tal práctica continua en la actualidad). Y en la antigüedad, las tribus en Hawái tenían la costumbre de arrojar niños a los tiburones[4].

Sobre el segundo tipo de violencia  -es decir sobre la violencia entre tribus- también hay material de sobra, y este terminaría por refutar el mito de que las sociedades primitivas se caracterizan por su pacifismo. Muchos primitivistas creen ingenuamente que el imperialismo es algo solo existente en las sociedades modernas, nada más falso. Los imperios y las guerras multitudinarias también fueron llevados a cabo por sociedades primitivas, un ejemplo sencillo son los imperios  incaico, azteca y mongol. Las tribus guerreras también son algo usual. Por ejemplo los Tonkawa de América del Norte (conocidos también por su canibalismo), los Suri (considerados la tribu más agresiva de la región de Etiopía, conocidos por sus labios inferiores dilatados en los que introducen platos de arcilla de hasta 40 centímetros de diámetro y también por sus brutales luchas con bastones llamadas donga), los Yanomamis o los Mongoles.
Se puede alegar no sin razón, que aunque existieron y existen tribus primitivas guerreras y violentas, las guerras modernas son mucho más peligrosas ya que, podrían si quieren, extinguir a la humanidad por completo mediante sofisticados armamentos. No lo discuto, pero esta es una razón para oponerse y prohibir las guerras y los ejércitos, no la civilización. Además, es muchísimo más plausible que se prohíba la construcción de armas nucleares y que se eviten al máximo los conflictos bélicos que intentar destruir todo el progreso alcanzado por la humanidad. También se puede alegar, con razón, que existen algunas tribus primitivas pacíficas, como los Inuit. Que existen y existieron tribus relativamente pacificas es seguro, pero dudo muchísimo que el pacifismo sea la regla y no la excepción cuando se trata de formas de vida primitivas. Dejo aquí la cuestión del pacifismo tribal.

El paraíso liberal del tribalismo

Otro de los mitos repetidos por los entusiastas del tribalismo es que los primitivos poseen o poseían mayores valores axiológicos como ser libertad, igualdad, etc. Se considera esto parte del mito del buen salvaje que me propuse refutar. Los obligados rituales sádicos que mencionamos son en parte pruebas de que esto es falso. Una niña de menos de dos años difícilmente podría ejercer su “libertad” de no ser mutilada genitalmente, ni un joven australiano poseía la libertad de no participar de ritos que incluían castración o mutilación bestial de sus narices. La obligación homogénea de participación de rituales y costumbres propias de la tribu por más horripilantes y enfermizos que fueran, son comunes en las comunidades primitivas.
Las castas, las jerarquías y hasta incluso el esclavismo son también parte de la vida tribal, muy a menudo ejercidas de modo muchísimo más autoritarios de lo que se cree. La autoridad de los caciques y chamanes suele y solía ser implacable, y pensar que se considera como sabia e indiscutible a una casta de ancianos con menos conocimientos que los que tiene en la actualidad cualquier niño de primaria.  De ningún modo el tribalismo es el paraíso anarquista que se piensa, sino más bien, en muchos casos, una dictadura de castas brutas e ignorantes como una mula. En la que incluso no hay básicamente garantía de derechos (vayan a hablar de derechos del niño en una comunidad que los entierra vivo cuando alguno de sus padres muere), ni sistemas sofisticados de justicia, otros de los logros modernos que tan malagradecidamente desprecian los primitivistas.
Tomemos dos sociedades tribales –aunque bastantes organizadas- como ejemplos, los aztecas y los incas. Los aztecas poseían tanto esclavos como multitudinarios ejércitos reclutados forzosamente. Con estos ejércitos el “Estado” azteca emprendía lo que se conocía como “guerras floridas”, que tenían como propósito reclutar prisioneros de guerra, muchos de los cuales serían sacrificados en sus rituales.
Bien, los aztecas claramente no son ejemplos de igualdad, de libertad ni de valores humanistas ¿Qué hay de los incas a los que tanto se los exalta? En efecto, como suele decirse, los incas practicaban una especie de comunismo. Pero su civilización estaba lejos de ser ideal. Sobre esto prefiero citar unos párrafos del genial libro de Gabriel Andrade (Master en Filosofía y Doctor en Ciencias Humanas), El posmodernismo vaya timo: “Los incas se organizaban en torno al ayllu, un grupo de parentesco similar al clan. En este grupo, en efecto, la propiedad era colectiva y la producción se realizaba en unidades de trabajo colectivizado. El ayllu ejercía un control continuo sobre las actividades, la educación, la producción económica, y las preferencias de consumo de los individuos. (…) La estabilidad política y económica de la sociedad inca dependía del control ejercido por el ayllu a sus miembros. Se estima que la abrumadora mayoría de los ciudadanos no tenían permitido abandonar las comarcas en las cuales habían nacido, se criaban y trabajaban. Todas las actividades eran planificadas y controladas por una selecta casta de funcionarios que se encargaban de recolectar la riqueza producida y distribuirla entre los ayllu, los cuales, a su vez, decidían distribuirla entre sus miembros en función de las necesidades que ellos apreciaran. (…) La propiedad era, en efecto, colectiva. Pero, la sociedad inca estaba muy lejos de la aspiración comunista de una sociedad sin clases. Pues, precisamente, el control ejercido por los funcionarios era tan rígido, que las masas fueron sometidas al dominio de una jerarquía comandada por el Sapa Inca (el emperador), su corte, y un pequeño grupo de funcionarios que se encargaban de controlar las actividades del ayllu. (…) Esta descripción es muy parecida a la que se suele hacer de los regímenes totalitarios del siglo XX. En la medida en que el Estado inca prometía distribuir la riqueza y garantizar un mínimo de condiciones para la subsistencia, emergió como un ente que controlaba los aspectos más triviales de la vida de los ciudadanos. Y, fue precisamente este totalitarismo lo que condujo, entre otros factores, al colapso del imperio inca a manos de los españoles. A diferencia de los totalitarismos del siglo XX, el inca no colapsó debido a una insurrección popular, sino al hecho de que, a la llegada de un pequeño contingente de españoles, éstos sólo necesitaron eliminar a la pequeña casta de nobles y funcionarios. Al eliminar a esta casta, los españoles los sustituyeron en esa posición, y el pueblo inca, acostumbrado a obedecer, pasivamente aceptó a sus nuevos amos.”
          Vemos que tampoco los incas eran ningún ejemplo de igualdad y libertad, sino algo más bien parecido a un totalitarismo de castas.
En este caso particular es posible que una generalización del tipo “las tribus o comunidades primitivas son de tener organizaciones autoritarias” sea muy arriesgada o directamente falsa. Es posible que las tribus más o menos horizontales sean mayoría. Lo que sí, es falso que todas las tribus se caractericen por sus libertades e igualdades ampliamente desarrolladas. Difícilmente se tenga un trato igualitario en ciertas comunidades primitivas de Tanzania si uno es albino, ya que los asesinan por creer supersticiosamente que trae “buena suerte”. Los ancianos inuit tampoco poseían un trato igualitario, ya que los abandonaban por considerarlos una carga. En otras tribus nacer mujer puede ser un infierno. Por ejemplo, en el pueblo guerrero y tribal de los yanomamos, habitantes de la frontera entre Venezuela y Brasil. Esta tribu es notable, los maridos maltratan constantemente a sus mujeres, física y sexualmente, tanto en público como en privado, y compiten por quien posee a su mujer más lastimada y repleta de cicatrices. Tener a sus mujeres en el peor estado posible aumenta su estatus social. Evidentemente este no es el paraíso de igualdad tribal.

El problema de la salud

La salud primitiva es otra cuestión muy importante. Los primitivistas creen ingenuamente que nuestra salud tiene mucho que envidiar a la salud de los primitivos tantos actuales como pasados, nada más falso. Uno de los logros más fascinantes de la civilización moderna y una de las razones por la que es completamente disparatado intentar volver atrás es sin duda el progreso que hemos hecho en medicina y el increíble aumento de la calidad de vida que hemos logrado, básicamente, cuadruplicando y hasta quintuplicando el promedio de vida de nuestra especie en tiempos de infancia. Revisando la historia del promedio de vida de nuestra especie es fácil advertirlo, nuestra salud y calidad de vida en la actualidad es innegablemente superior.
En el paleolítico superior (sin autos contaminantes, alimentos transgénicos ni flúor en el agua) la esperanza de vida media era de 33 años, en el neolítico de 20, en la Edad de Bronce de 35, en la Grecia Clásica y en la Antigua Roma de 28, en la Norteamérica precolombina de 25 y en la Edad Media europea de 30. Durante el siglo XIX subió a 40, durante el siglo XX a 65 y en la actualidad, en las últimas dos décadas subió seis años (hasta el 2013 el promedio de vida era de 71). También en estas esas dos décadas bajó la mortalidad por problemas cardiovasculares y la mortalidad infantil en los países pobres.
El promedio de vida de las tribus actuales también es mucho más bajo. Los Tsimanes del Amazonas de Bolivia tienen, al parecer, un promedio de vida de 43 años[5]. Los Inuit, tienen aproximadamente un promedio de vida hasta 10 años inferior a los canadienses[6]. Según un informe de la ONU[7], un australiano aborigen tiene un promedio de vida 20 años menor que un australiano no aborigen. El mismo informe nos dice que la diferencia en años en la esperanza de vida entre los pueblos indígenas y los demás pueblos es la siguiente: Guatemala, 13; Panamá, 10; México, 6; Nepal, 20; Australia, 20; Canadá, 17; Nueva Zelanda, 11. La evidencia disponible parece apuntar a que la esperanza de vida de los pueblos primitivos es bastante inferior a la de los pueblos civilizados.
Es de esperar que las tribus, al menos las que se encuentran desconectadas de la civilización, posean menos esperanza de vida y más alta mortalidad que las sociedades civilizadas. Hay varias razones: o carecen de medicina (y no incluyo en este término aplicaciones prácticas de creencias supersticiosas  claramente ineficaces) o poseen muy escasos tratamientos que cumplan requisitos mínimos de eficacia (esto incluye la carencia de elementos con los cuales poder elaborar intervenciones quirúrgicas complejas y el conocimiento del cómo), carecen de variedad alimenticia (la variedad de alimentos que pueden conseguirse en un territorio aislado es mil veces menor a la variedad de alimentos que podemos conseguir en cualquier supermercado de ciudad), carecen de conocimientos respecto a la transmisión de enfermedades y su prevención, carecen de métodos anticonceptivos (y por lo tanto, carecen de un medio eficaz de evitar enfermedades venéreas), carecen en muchos casos de prácticas higiénicas (como ser higiene dental),  son susceptibles a peligros tanto climáticos como de depredadores u otros animales peligrosos (arañas, serpientes, escorpiones, etc.), carecen de agua confiadamente potable, etc.                          Contrario a las fantasías infantiles primitivistas dignas de alguien desinformado, la vida en una sociedad primitiva no es nada sencilla, sobre todo cuando uno se enferma o se lastima.
La esperanza de vida no es el único problema del pasado y de las actuales sociedades primitivas. También lo fue y es la altísima tasa de mortalidad infantil. Esta oscilaba entre el 20% y el 40%, hasta que comenzó a disminuir durante la segunda mitad del siglo XIX. En en su libro El mundo y sus demonios, el gran Carl Sagan nos cuenta este caso para que nos demos una idea aproximada de la gravedad de este asunto: “La reina Ana fue la última Estuardo de Gran Bretaña. En los últimos diecisiete años del siglo XVII se quedó embarazada dieciocho veces. Sólo cinco niños le nacieron vivos. Sólo uno sobrevivió a la infancia. Murió antes de llegar a la edad adulta y antes de la coronación de la reina en 1702. No parece haber ninguna prueba de trastorno genético. Contaba con los mejores cuidados médicos que se podían comprar con dinero”.
Hoy en día las tasas de mortalidad infantil en las sociedades civilizadas son ínfimas, mientras que en las sociedades tribales sigue siendo muy alta (ver el informe de la ONU anteriormente citado). El porcentaje de mortalidad infantil de la antigüedad era prácticamente idéntico al porcentaje de muerte en el parto por diversas dificultades como ser hemorragias, infecciones u obstrucciones. Hoy en día la mortalidad de mujeres durante el parto es mínima en las sociedades civilizadas, mientras continua siendo preocupante en las sociedades tribales.
Es recurrente que las sociedades primitivas (y las personas con pensamiento mágico) identifiquen las enfermedades con fuerzas malignas propias de las creencias supersticiosas. Hoy, cualquier persona civilizada e inteligente, al contar con un problema de salud recurre a alguien que estudió más de 10 años medicina para poder contar con los conocimientos complejos y necesarios para evaluarlo. Lo más probable es que al recurrir a un médico (y con médico acá no me refiero a pseudocientíficos disfrazados de médicos como los homeópatas, acupunturistas, etc.) y seguir sus consejos nuestra salud mejore. Esto es algo propio de la modernidad. Antes de cierta altura del siglo XIX la medicina era un completo desastre, los métodos empleados eran más productos de tanteos y experimentos que de certeza científica. La mayor parte de las mejoras durante los tiempos de la medicina precientífica eran debidas al sistema inmunológico, no a la medicina, que consistía en ese tiempo más en lavativas y sangrías inútiles que en otra cosa. Sobre esto es interesante la comedia de Moliere “El enfermo imaginario”, que nos da una muy aproximada y divertida idea de lo que era la medicina durante el siglo XVII. Hoy, la medicina científica correctamente aplicada da garantía casi total de éxito, y se lo debemos a la modernidad y al progreso científico. Ya que, a diferencia de las sociedades precientíficas, donde lidera la superstición y la ignorancia, las sociedades modernas pudieron aprender a un costo muy alto, conceptos como célula, bacterias, gérmenes, virus, y otro montón de hechos que hoy nos parecen obvios. No siempre lo fueron. Para darse una idea de lo ignorantes que eran en cuestiones de fisiología, biología y medicina nuestros antepasados, solo basta ver los cuestionamientos de la época a algo, en nuestra época tan evidente, como la teoría de la circulación de la sangre propuesta por William Harvey durante el siglo XVII.
Revisando la literatura histórica de la medicina precientífica nos encontramos muchos casos alucinantes de estupidez propia de la ignorancia de la época, a tal punto que es imposible no sentirse privilegiado de vivir en este siglo. No solo la “medicina” tribal es ineficaz y supersticiosa, la medicina del pasado en general es un conjunto hilarante de tonterías. El libro de Paul Tabori, Historia de la Estupidez Humana, nos ilustra muchos casos divertidos de supersticiones médicas. Encontramos ahí por ejemplo, que se utilizaban inyecciones de oro para combatir la epilepsia durante tiempos de Luis XI. De hecho el oro se utilizó como “medicina” en muchas épocas, se lo utilizaba para combatir la ictericia debido a que los médicos consideraban “lógico” que la enfermedad en la que los pacientes se tornan amarillos se cure mediante un metal amarillo. Debido a que el oro perjudicaba claramente la salud del paciente, la insistencia en utilizarlo llevó a los médicos  a un modo ingenioso de suministrarlo: alimentando gallinas con limaduras de oro y luego alimentar al paciente con dicha gallina. Claramente este tratamiento se abandonó luego de que se hizo evidente su ineficacia, pero nos da una idea del tipo de tanteos que eran necesarios para, aunque sea por casualidad, encontrar algún tratamiento que funcione. Los intentos de elaborar una medicina en sociedades primitivas es del mismo empirismo bruto, cuando no es pura superstición.
La herbolaria (el tipo de medicina tribal más utilizado), cuando es eficaz, se debe a probar miles de plantas hasta que una por fin funciona. Es cierto que la herbolaria puede tener cierta efectividad, pero presenta muchos problemas además de la increíble cantidad de experimentos sobre humanos que hay que hacer para encontrar una hierba que funcione para cierto problema. Uno de ellos es el problema de que una planta tiene muchísimos más compuestos que el principio activo que la vuelve medicinal, y muchísimos de esos compuestos pueden ser y son venenosos, cancerígenos o presentan otros efectos secundarios indeseables. Por esto es que la medicina moderna suele aislar los principios activos útiles de ciertas plantas, haciendo al tratamiento considerablemente más seguro.  Es claro que además, la medicina herbolaria tribal tiene aplicaciones muy limitadas, no nos va a curar ni una gangrena, ni un cáncer de colon, ni una pulmonía, ni una fractura expuesta, etc. Aunque si, con suerte, nos aliviaría alguna indigestión.
Esto nos presenta otro punto importante y es el elitismo del pensamiento primitivista, ya que si bien algunos de salud privilegiada puedan vivir  sin mucho problema en una comunidad tribal, no así la inmensa cantidad de personas con enfermedades o problemas que dependen de la medicina moderna, la técnica y la tecnología para vivir. Porque una inyección de insulina, unos anteojos o un nebulizador difícilmente se encuentre en una tarde de recolección.
Otro tema clave son las vacunas. Aunque gran parte de los primitivistas sean incultos que nieguen la efectividad de las vacunas, esta es un hecho. Gracias a las vacunas erradicamos unas cuantas enfermedades, mientras que los antivacunas lograron resucitarlas por negarse a vacunarse, como el caso del sarampión en EEUU[8].  Está de más aclarar, que difícilmente una civilización primitiva pueda en algún momento, por sus propios medios, igualar el efecto de las vacunas.
Saliendo de problemas de salud más graves a primera vista, un aspecto muy ignorado por los primitivistas es la higiene y la salud dental, cosa de la que suelen carecer los hombres primitivos de todos los tiempos. Se puede pesar erróneamente que por ejemplo, las caries son problemas modernos por nuestra alimentación excesiva en azúcar, pero cráneos de neandertales refutan esta idea. Rechazar la civilización es básicamente entregar nuestras dentaduras a todo tipo de problemas que, créanme, preferimos evitar. La odontología moderna es algo de lo que nos debemos sentir agradecidos.

Este repaso nos hace una idea vaga del privilegio que es la medicina moderna, que además progresa a pasos agigantados. En una tribu primitiva dudo mucho que nos podamos dar el lujo de realizar un trasplante de corazón o una transfusión de sangre, de hecho, no nos podríamos dar el lujo ni siquiera de la anestesia, de unos anteojos o de un parto seguro. Lo que sí, podríamos seguro darnos el gusto de disfrutar del tifus, la tuberculosis, el sarampión, la malaria, el cólera, la tiña, el polio, la sífilis, la peste, la gonorrea, la difteria y unas cuantas enfermedades más completamente comunes en el pasado que gracias a la civilización moderna solo la conocemos por nombre si tenemos algo de cultura. El paraíso ideal del pasado en el que creen los primitivistas está muy lejos de ser cierto, es una ilusión fácilmente curable con una dosis pequeña de historia. Esta está más repleta de tiranía, esclavitud, guerras, malaria, infecciones, mortalidad infantil, pestes (la peste negra llegó a matar hasta a un tercio de la población de Europa en el siglo XVI), caries y sífilis que de otra cosa.
Cuando se plantea este tipo de problemas a los primitivistas, relucen como advertí argumentos propios de los posmodernos, y también de los conspiranoicos. Por ejemplo, alegan cosas como que la medicina “enferma más de lo que cura”, que las farmacéuticas son malvadas, que la medicina tribal es igual o más efectiva, que las enfermedades son construcciones sociales, etc. Claro, como es común en los posmodernos, sin ofrecer la más mínima evidencia, sino más bien berrinches occidentefóbicos y acusaciones de que los que no compartimos sus creencias somos colonialistas, europeocentristas, positivistas, etc., que no aceptamos su verdad revelada.

Calidad de vida

Hay un punto que más que seguro no les interesa en lo más mínimo a los primitivistas, pero a mí sí –y mucho-. Es de carácter puramente intelectual, no pragmático, y tiene que ver muchísimo, por lo menos para mí, con la calidad de vida. Y es el tema del progreso intelectual y cultural que hemos alcanzado, esto es, el grado de progreso al que llegamos en el conocimiento puramente teórico, como la ciencia pura y la filosofía, y también las artes. Creo que no es necesario argumentar demasiado para demostrar que el grado de conocimiento teórico que pueda tener una sociedad primitiva, no supera ni superará en ningún aspecto el grado de conocimiento al que llegamos con nuestra sociedad civilizada. Aun cuando los primitivistas insistan en exagerar los conocimientos tribales, como suelen hacer con la “astronomía” inca o maya. De hecho parte del mito del buen salvaje se basa en exagerar y sobre-estimar los conocimientos de las tribus, o incluso hacer pasar supersticiones absurdas por conocimientos profundos, como bien hacen los posmodernistas. El antropólogo Barley Nigel dedica algunos párrafos de su libro El antropólogo inocente (1983) a este mito. Cito un párrafo dedicado al conocimiento de los dowayos:
           ”Lo cierto era que los dowayos sabían menos de los animales de la estepa africana que yo. Como rastreadores distinguían las huellas de motocicleta de las humanas, pero esa era la cima de su conocimiento. Al igual que la mayoría de los africanos, creían que los camaleones eran venenosos y me aseguraron que las cobras eran inofensivas. Ignoraban que los gusanos se convierten en mariposas, no distinguían un pájaro de otro ni te podías fiar de que identificaran bien un árbol. Muchas plantas carecían de nombre aun cuando las usaran con frecuencia; para referirse a ellas tenían que dar largas explicaciones: ‘La planta que se usa para extraer la corteza con la que se fabrica el tinte’”.
   Llegando ya a los extremos, tenemos a la tribu Piraha del Amazonas. Estos suelen ser elogiados por algunos ateos por no poseer religión ni concepto de Dios. Pero esto no se debe a que posean un refinado escepticismo, una visión naturalista sofisticada, ni nada por el estilo. El “ateísmo” piraha se debe a que poseen un pensamiento completamente infantil pre-operacional vacío de toda curiosidad intelectual, y un lenguaje carente de conceptos abstractos o complejos. Su idioma es tan simple que hasta puede expresarse en silbidos, no tienen palabras para expresar los colores, no tienen tiempo verbal pasado ni futuro, son la única cultura humana que no conocen los números (solo conceptos como “unos muchos”, y, “unos pocos”), etc. Aunque a diferencia de los dowayos, si parecen conocer un poco mejor al menos las especies de flora y fauna de su entorno.
A los primitivistas el avance del conocimiento no es algo que les importe. Esto se debe al mero hecho de que son por completo anti-intelectuales, e irracionales. No les importaría en lo más mínimo que de un momento a otro todo el progreso humano en materia de conocimiento y arte desaparezca por completo y se vea reducido al opresivo pensamiento mágico y la monotonía tribal. Son antihumanistas y hasta diría profundamente misántropos, odian todo lo humano y quieren ver a la humanidad reducida al estado más bestial posible. No quiero extenderme en cuestiones de humanismo y misantropía, porque ya deje bastante clara mi postura en mi ensayo Humanismo Secular y misantropía.
Pareciera que, como los primitivistas se caracterizan por la irracionalidad, la ignorancia y la superstición, se sienten incomodos en una sociedad que decidió guiarse en la razón y el conocimiento, por más buenos resultados a los que haya llegado –resultados que prefieren ignorar o menospreciar. De este modo prefieren vivir lo más lejos posible del conocimiento al que odian, mientras desean con ansias que todos los demás nos reduzcamos a los que son ellos en general, una parva de incultos que piensan como infantes.

Con respecto al arte: si bien es cierto que las tribus suelen tener manifestaciones artísticas interesantes, estas serán siempre increíblemente limitadas y monótonas. Esto se debe no solo a cuestiones meramente técnicas, como inaccesibilidad a materiales o elementos para crear arte (como ser pianos, lienzos y acrílicos, violines, cámaras filmográficas y fotográficas, consolas de sonido, etc.), sino por cuestiones culturales, principalmente de hermetismo. Para que el arte progrese, se necesita, a grandes rasgos, dos cosas: a) materiales, (b libertad, y (c cosmopolitismo, por lo menos con respecto a poder acceder a piezas de arte producidas en diversas ubicaciones geográficas. En general las tribus tienen limitaciones de los tres tipos. Es común que las prácticas artísticas estén fuertemente limitadas por las costumbres estéticas o ritualistas propias de la tribu, y muy posiblemente cualquier intento de sobresalir o innovar seria ignorado o castigado, si es que es que sobresalir es posible. El aspecto técnico es el más evidente, ya que no hay que ser un genio para saber que una tribu aislada del progreso no puede hacer cine, fotografía, tocar en grupos de música electrónica o en un concierto sinfónico. Otra de las ventajas de la sociedad moderna es la libertad artística y la posibilidad de acceder a una cantidad inmensa de técnicas o artefactos para su producción. Esta diversidad que posee la sociedad moderna también se aplica a los deportes.
La riqueza y variedad cultural es muchísimo más abundante mientras más civilizada y cosmopolita sea la humanidad, pero esto no es de interesarle al extremo e infame conformismo de los primitivistas.

La cuestión alimentaria es uno de los puntos más importantes en lo que respecta a la calidad de vida por estar íntimamente relacionada con la salud. Los primitivistas tienen la ingenua ilusión de que la sociedad reducida al tribalismo, cultivando su comida “orgánica” o incluso viviendo de la recolección nómada poseería una alimentación ideal que le proveería de una salud vigorosa e incorruptible. Tonterías.  Ni el pequeño cultivo sedentario sin tecnologías modernas ni aun menos la recolección nómada da garantía ni de calidad, ni de cantidad suficiente aún para un grupo pequeño de personas. Si esto ni siquiera fue así en la infancia de la humanidad, donde abundaba en demasía tanto la vegetación como la extinción completa de comunidades por la hambruna, menos lo será en la actualidad con una población de siete mil millones de personas.
La agricultura sedentaria despojada de toda clase de tecnologías modernas asegura más plagas, pestes, hambruna, escases de variedad y pésima calidad que éxito, y esto lo confirma la historia e incluso la literatura (ver el Quijote o el Lazarillo de Tormes). Menos pensar ser vegetariano o vegano en estar circunstancias, donde no se podría ni siquiera suplementar la vitamina B12 altamente necesaria. En estas circunstancias, el único sustento seria la cacería o la ganadería, que en el primer caso es inestable e insegura, y en el segundo riesgoso por ser fuente de brucelosis, tuberculosis bovina y escherichia coli. La ingesta de leche despojada de métodos modernos como la pasteurización también es increíblemente peligrosa por ser un posible cóctel de enfermedades como neuropatía inflamatoria desmielinizante, enteritis y ántrax.  Estos mismos problemas ocurren en las tribus primitivas actuales, que aun teniendo en los mejores casos amplios terrenos, deben padecer los sufrimientos de una mala y escasa alimentación, sumado a un riesgo mayor de contraer enfermedades. Aun los primitivistas prácticos en la actualidad, llamados permacultores, en muchísimos casos compran en mercados de la civilización parte de los alimentos que no pueden producir, como también herramientas y otras tecnologías de cultivo. Si toda la civilización, de la que dependen gran parte los permacultores para sobrevivir, se redujera al estilo de vida permacultor, la alimentación seria completamente inestable, si no horrendamente monótona. Pero dejemos la crítica concreta a las comunidades de permacultura para más adelante.
Los primitivistas, como buenos neoluditas ignorantes, se quejan permanentemente de lo “artificial” que es nuestra comida hoy en día. En algunos casos específicos su queja puede ser mínimamente valida, sobre todo con respecto a la comida chatarra. Pero en lo que respecta de quejarse como infantes de los métodos agrónomos modernos, sobre todo los transgénicos, su queja es puro capricho necio y torpe. Los transgénicos, como mostré en mi artículo sobre estos[9], son completamente seguros y un total privilegio de la civilización moderna. Los beneficios comprobados de la biotecnología y la agronomía actual, aun con sus consecuencias negativas que debemos paliar como ser malos hábitos de fumigación, son otras de las razones por las que volver al primitivismo es una distopía que solo unas mentes miopes pueden ver como paraíso.
Los que defienden el primitivismo suelen decir que nos “envenenan con la comida”, pero nunca lo demuestran, y sí que les sería difícil, cuando las enfermedades y la mortalidad disminuyen, mientras que el promedio de vida aumenta. Un caso divertido del extremo al que llega la paranoia alimenticia moderna es el video, viral en internet, en el que un anciano raspa una manzana de la que sale un residuo que según él es “veneno”. Pero lo cierto es que simplemente es cera que produce la propia manzana[10]. Otro bulo ridículo es el de las bananas “inyectadas con SIDA”. La paranoia de los modernos con respecto a la alimentación es tanto cómica como penosa. Los antiguos sí que tenían buenas razones para sentirse inseguros de sus alimentos, y no quisquillaban patéticamente como nuestros contemporáneos, y eso que su agua era tan sucia y su leche tan toxica que preferían beber alcohol -literalmente. Ni siquiera del pan y los cereales podían sentirse seguros, ya que corrían riesgo de  ergotismo, una enfermedad causada por un hongo de efectos similares al LSD que era muy común en la época. Y eso que era casi lo único que comían en aquellos tiempos, si es que tenían suficiente dinero para comprarlo, ya que la miseria era la regla. Y con miseria no me refiero a lo que actualmente muchos llaman miseria, como no poder acceder a la televisión, el internet o los celulares. La miseria del pasado era desnutrición aguda, peste, pudrición de dentaduras, convivencia con ratas, harapos y padecimientos que gran parte de nosotros, los cómodos y rellenitos modernos, no podemos ni imaginar.
Otra cuestión importante es el agua. Si bien la sociedad moderna desperdicia estúpidamente agua, y es algo que hay que revertir, por lo menos tiene cierta garantía de producir agua segura y potable. El riesgo de contagiarse enfermedades como fiebre tifoidea, diarrea, hepatitis y meningitis  por consumir agua no potable es algo que los primitivistas deberían tener en cuenta.

Otro aspecto de la calidad de vida que los primitivistas desprecian son los beneficios de la tecnología en general. Esto se debe a que son neoluditas, sienten desprecio obtuso por la tecnología y confunden constantemente ciencia con tecnología, tecnología con técnica, y técnicas y tecnologías buenas con técnicas y tecnologías malas. Para ellos, toda la tecnología se reduce a armas y contaminación, cosa que más que pesimismo es oscurantismo necio y retrogrado. Este es uno de los puntos que más comparten con los oscurantistas posmodernos, como por ejemplo Heidegger -el gran nazi neoludita. Es bastante inaudito tener que explicar la diferencia entre una bomba de hidrógeno, la teoría de la relatividad, un trasplante de corazón y una sofisticada pierna ortopédica. Reducir todo esto a simples cosas imprescindibles o despreciables (como si fueran similares a las bombas) es en tal modo una idiotez que no merece ser tomada en serio ni para refutar, pero hago una excepción solo por la gran popularidad que aún tienen estas ideas.

Primitivismo ¿Condición natural de la especie humana?

Es común -como advertí- encontrar entre los argumentos de los primitivistas declaraciones falsas como que el primitivismo es “la condición natural del hombre”. Lo más sencillo es refutar esta afirmación señalando que es una básica falacia naturalista. Esta consiste en un uso vago e impreciso de la palabra “natural” y una constante relación de que esta implica lo bueno y lo correcto. Más concretamente, la apelación a la naturaleza es el error de razonamiento que implica creer que algo es bueno solo porque es natural, o malo porque es artificial. Es común su uso en los opositores a los transgénicos, que creen que estos por ser artificiales son “malos” siendo que hay evidencias de serios estudios científicos que demuestran que son una tecnología confiable mientras estén bien regulados. Vemos que el cianuro, el veneno de cascabel, la cicuta y los rayos gamma también son muy naturales, y sin embargo no nos son beneficiosos.
Más específicamente, este argumento es demasiado vago ¿A qué se refieren con condición natural? Si el humano construyo la civilización por su cuenta, ¿esta no le es su ambiente propio y natural? Si no lo es, ¿por qué debería de ser otro, como el primitivismo? Principalmente teniendo en cuenta lo ya dicho, y sabiendo que la civilización es un lugar mucho más seguro para el desarrollo del hombre, ¿por qué volver a los esperanza de vida promedio inferiores a las cuatro décadas, a la mala alimentación y a las enfermedades erradicadas?  La naturaleza, contrario a lo que sueñan los idealistas de lo primitivo, es un lugar hostil, repleto de insectos que transmiten enfermedades mortales como la malaria, incomodidades y otros riesgos. La mayoría de las personas inteligentes elegirían las comodidades y seguridades de una civilización responsable frente al frio y el hostigamiento de la vida primitiva. Si la condición natural del hombre es vivir con la dentadura pudriéndose, sufriendo de tifus, con frio y perdiendo niños recién nacidos y mujeres durante el parto, mientras en su ignorancia reza a “espíritus” imaginarios y les rinde sacrificios sangrientos con esperanzas de que así su gente deje de sufrir los padecimientos del clima y las enfermedades… prefiero, lejos, la artificialidad de la vida civilizada que los primitivistas tanto satanizan.

La inconsistencia de la filosofía detrás del primitivismo

Como ya mostré anteriormente, se puede tomar al posmodernismo como base filosófica del primitivismo. Principalmente me interesa cuestionar dos tesis filosóficas posmodernas que sostienen algunos primitivistas, estas son: cierto relativismo ético y el relativismo gnoseológico-epistemológico.
Es complicado proceder a refutar tesis posmodernas por una simple razón: cuando uno elabora una tesis racional argumentada sobre ciertos hechos, la refutación se vuelve simple (la idea es falsable). Proceder a refutarla consistiría en revisar la lógica de los argumentos y la veracidad de las evidencias empíricas en las que descansan. En el caso de refutar las tesis relativistas o reduccionistas-culturales, este tipo de refutación se complica porque tales tesis verdaderamente no se sustentan en argumentos lógicos ni en evidencias, sino, en simples afirmaciones dogmáticas revestidas de sofismas. En este caso, se las puede refutar simplemente utilizando las navajas escépticas de “afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias” (navaja de Hume) y “lo que es afirmado sin evidencia puede ser descartado sin evidencia” (navaja de Hitchens). Pero tal refutación no me convence, principalmente, porque no es una refutación propiamente dicha sino razones para no tomar en cuenta estas tesis, por lo que voy a proceder a analizarlas de igual modo y a presentar tesis alternativas que considero por lejos, mejores. Otro punto es que, una vez refutadas las tesis posmodernas, es muy difícil convencer a los que las sostienen. Esto se debe a que el posmodernismo, como buen cáncer intelectual, hace metástasis y es difícil de remover. Su completo irrealismo y su desdén por la razón, el rigor y la ciencia hacen a tal punto un dogmatismo hermético que cualquier crítica a sus ideas la reducen a opiniones de “positivistas”, “racionalistas”, y “occidentalistas”, y de este modo las descalifican e ignoran. Tuve la oportunidad de ver como un divulgador de ideas pseudocientíficas (conocido por defender que la Tierra es plana, por ejemplo), primitivistas y posmodernas, cuyo alias es “Librex Presario” (José Benítez), esquivaba todas las críticas con la simple acusación de que “provenían de racionalistas”. Omitamos entonces la intención de convencerlos, y concentrémonos de todos modos en analizar sus ideas.
El relativismo ético (o moral) es más complejo de refutar que el relativismo epistemológico. Este sostiene que los juicios morales son relativos a las culturas, no son universales, y de este modo las masacres aztecas, la opresión de las mujeres en los países islámicos radicales, la ablación femenina y otras prácticas son perfectamente correctas, por ser correctas dentro del marco de su cultura. Por el contrario, un realista ético sostendría que tales prácticas son universalmente inmorales aun cuando su cultura las acepte, ya que las acciones son “buenas”, o “malas” más allá de que un grupo cultural donde se ejercen considere lo contrario. De este modo para los relativistas éticos las brutales prácticas tribales que mencionamos no pueden juzgarse porque su cultura tribal las acepta como correctas, y por lo tanto lo son. Así, cualquier cuestionamiento fundamentado que pueda hacer un moderno a una práctica tribal por más brutal que sea es inválido, ya que estaríamos condicionados por nuestra moral “occidental” y civilizada.
Si bien es cierto que la ética es una construcción social, no hay razones para abrazar el relativismo mientras si hay razones para sostener un realismo ético, como ser el humanismo secular. El relativismo ético permite que practicas brutales como la tortura, el asesinato, la privación completa de las libertades y otras acciones condenables continúen solo por el hecho de que una mayoría dentro de una sociedad cree que así debe ser, aun cuando esa mayoría que perpetua tales acciones no sea la que se vea involucrada del lado de los que la padecen. A los relativistas no les interesa ni el bienestar ni el sufrimiento, sino más bien la riqueza cultural, es decir, la libertad de que ciertos grupos perpetúen el sufrimiento innecesario con tal de que mantengan su tradición, por inhumana que sea. En cambio el humanismo sostiene que lo importante no es la tradición ni la cultura, sino si tales acciones verdaderamente son defendibles o si merecen su supresión en búsqueda del bienestar en general. Para un humanista, lo importante no es que cortarle el clítoris a una niña de dos años sea una tradición ancestral, sino el sufrimiento innecesario que esta provoca. Un humanista condenaría acciones que producen malestar, muerte y sufrimiento, que impiden el progreso de valores como la libertad, la igualdad, el conocimiento o que generan que individuos no puedan disfrutar del placer de vivir al máximo, aun cuando otras culturas las fomenten. Este considera más importante que nos une la capacidad de sufrir y disfrutar que las diferencias culturales.
El humanismo se sostiene sobre un sistema filosófico realista tanto en lo ético como en lo gnoseológico y lo ontológico. Mientras que el relativismo es una especie de ética basada en una falacia ad populum en cada cultura.
             Este tema sin duda es muy complejo y es aun motivo de controversias. Para no extenderme demasiado, invito a los lectores a mi ensayo Humanismo secular y misantropía, donde expongo algunas ideas sobre la ética humanista.
A diferencia del relativismo ético, el relativismo gnoseológico-epistemológico sí es muy fácil de refutar. Para este, la verdad fáctica y la falsedad también se reducen a lo que el entorno cultural considere y no son universales. Así, si para los dowayos los camaleones son venenosos, esto es verdad aun cuando zoólogos demuestren lo contrario. “La verdad es relativa”, dicen. Pero esto es completamente insostenible. Pensemos un poco en lo que quiere decir “verdad”. Decimos que algo es verdad, cuando el enunciado se ajusta a lo que podemos comprobar con los hechos del mundo real. Así, podemos definir verdad fáctica como el atributo de adecuación aproximada de un enunciado con la realidad. En este caso, la realidad es lo que nos debe dictar que es verdad o no (a diferencia de la verdad lógica). La forma de conocer la realidad más avanzada que conocemos es la ciencia. Esto se debe a que es el único método que nos permite corregir errores, verificar coherencia, progresar y contrastar nuestras ideas de la forma más sofisticada posible con la realidad, mientras se invita a que los especialistas en el campo repliquen los descubrimientos. En algunos casos simples podemos prescindir de la ciencia, y comprobar los hechos de modos más sencillos. Por ejemplo, si alguien enuncia que está lloviendo en tal zona, basta con ir a observar que tan cierto es. La ciencia invita a esto, a observar los hechos. Según los relativistas, la ciencia es igualmente valida que cualquier creencia infundada ¿Cuál es la única forma de saber si esto es verdad? Comprobándolo. Claramente, este enunciado no resiste la comprobación. Los aztecas, por ejemplo, al parecer creían que el sol no volvería a salir si no realizaban sus rituales. Pero, una vez que los aztecas dejaron de realizarlos, el sol continuo saliendo. Hay que ser completamente irrealista para sostener que el sol no saldría si los aztecas dejaban de realizar sus rituales, por todo lo que sabemos sobre astronomía, astrofísica, e historia. Vemos así que los aztecas estaban absolutamente confundidos en sus creencias, pero aun así esto no convence a los relativistas, para ellos tenían tanta razón como los modernos astrónomos. El problema es que no pueden fundamentar esto sin recurrir al dogmatismo, ya que es completamente irrealista y antropocéntrico suponer que la realidad se ajusta a cualquier cosa que unos insignificantes primates podamos suponer. Aun así hay gente que en verdad cree esto. El pensamiento relativista es propio del irrealismo, del negacionismo y del pensamiento infantil egocéntrico.           
             Admito la pobreza de análisis en este capítulo, pero en verdad considerar y refutar tales tesis de modo completamente convincente lleva espacio y tiempo que prefiero invertir en continuar con el tema principal. Invito a los lectores, si quieren profundizar sobre este aspecto, a mi ensayo “Pensadores críticos: ¿Defensores del pensamiento único y dueños de la verdad?”, donde se encuentra una crítica más completa a este relativismo.

Los primitivistas y sus intenciones de ecologismo radical

Me arriesgaría a afirmar que la mayoría de los primitivistas llegaron a serlo por meditaciones de carácter ecologista. Su odio a la civilización se debe a que esta es una constante amenaza para el medioambiente y los ecosistemas. Así, ven en el primitivismo y los primitivos la única salvación del medioambiente, y suponen idealizadamente que todos los hombres primitivos son gente comprometida con el ambiente, los animales y los ecosistemas.  Ambas creencias son falsas, ni el primitivismo es la única alternativa para un ecologismo eficaz ni todos los primitivos son cultores del amor a los animales y al medioambiente. De hecho, los sacrificios de animales en rituales son tan o más comunes que los sacrificios de humanos. Sobre el medioambiente: no todos los primitivos pudieron tener una relación estable con el suyo. Los nativos de las Islas de Pascuas se extinguieron por completo, y una de las hipótesis más plausibles es que fue debido a que desmontaron completamente sus bosques, los que les causó graves problemas por bruscas erosiones de suelo. Lo gracioso es que parte del motivo de su desmonte incontrolado fue el transporte de sus emblemáticas esculturas (los móai). Pero para darnos una mejor idea de lo que puede ser la ética ambiental tribal, cito este divertido párrafo sobre la tribu de los Dowayos del citado libro El antropólogo inocente:
“Gran parte de los animales de caza se habían extinguido debido al uso de trampas. En lo que se refiere a “vivir en armonía con la naturaleza”, a los dowayos les quedaba mucho camino por recorrer. Con frecuencia me reprochaban el no haber traído una ametralladora de la tierra de los blancos para poder así erradicar las patéticas manadas de antílopes que todavía existen en su territorio. Cuando los dowayos empezaron a cultivar algodón para el monopolio estatal, les suministraron grandes cantidades de pesticidas, que ellos inmediatamente aplicaron a la pesca. Arrojaban el producto a los ríos para después recoger los peces envenenados que flotaban en la superficie. Esta ponzoña sustituyó rápidamente a la corteza de árbol que habían utilizado tradicionalmente para ahogar a los peces. “Es maravilloso −explicaban−. Lo echas y lo mata todo, peces pequeños y peces grandes, a lo largo de kilómetros.” Por otra parte, cada año provocan grandes incendios en el matorral para acelerar el crecimiento de hierba nueva. Esas conflagraciones tienen como consecuencia la muerte de numerosos animales jóvenes y un considerable riesgo para la vida humana.”
El humano como especie en general tiende a modificar su medio ambiente y a interaccionar con los otros animales no siempre de las formas más amistosas. El principal problema del primitivismo es que supone que el ecologismo eficaz solo es posible con su método, cuando ni siquiera su método es plausible. Reducir a la mayoría de la población a condiciones primitivas parece un esfuerzo muchísimo más alto y con una probabilidad de funcionar muchísima más baja que mil formas de cuidar el medioambiente posibles en la civilización moderna. De hecho, cada vez tenemos métodos más eficaces, debido a los avances científicos y tecnológicos, para realizar acciones beneficiosas para nuestro ambiente y para con los animales. El futuro del ecologismo esta en más civilización, no en menos. Como ejemplos se pueden citar varios como ser la carne de laboratorio, que solucionaría uno de los problemas más urgentes que es la contaminación y el gasto de recursos que supone la industria cárnica convencional. También estamos logrando considerables avances en materia de energías alternativas, autos eléctricos, reforestación, reciclado y reutilización, control de natalidad mediante métodos anticonceptivos (las tasas de natalidad afortunadamente disminuyen en muchos países), limpieza de aguas, medios de producción menos contaminantes, medios de transportes no contaminantes como trenes eléctricos, etc. Otro ejemplo son las grandes ciudades, que bien diseñadas permiten amontonar mucha más cantidad de gente en cierto espacio que si estas estuvieran distribuidas en aldeas. Si bien concuerdo con los primitivistas de que tal vez no se haga el esfuerzo necesario por solucionar los problemas ambientales que produce la civilización, hay razones contundentes para suponer que los problemas a los que debemos hacer frente son solucionables mediante el proyecto de progreso civilizado, pero sobre esto me extenderé luego.
Para poder encarar con eficacia los problemas medioambientales que tenemos enfrente, es evidente que necesitamos de personas inteligentes, comprometidas y racionales que tengan el carácter necesario para estudiar correctamente dichos problemas y buscar alternativas ingeniosas y eficaces. Los primitivistas no nos ofrecen esto, y dudo que lo hagan mediante el anti-intelectualismo que les caracteriza. Mientras más civilizados y educados seamos, más superables parecerán nuestros problemas. 

Abusos e imperfecciones de las culturas civilizadas

Con todo lo escrito anteriormente no pienso decir en absoluto que nuestra civilización sea perfecta, ni tampoco justifico en modo alguno los brutales atropellos que cometió y comete la civilización hacia los pueblos primitivos. No defiendo ni las brutales masacres de los españoles a los nativos americanos, ni los abusos de los europeos durante la colonización africana del siglo XIX, ni el esclavismo de nativos africanos, ni creo que los primitivos sean infrahumanos que merecen ser oprimidos o eliminados, ni creo que nuestra sociedad moderna sea insuperable, ni que sus integrantes sean superiores a los primitivos (si me atrevería a afirmar, que la civilización moderna posee una cultura superior, pero jamás a que sus individuos sean de razas superiores ni nada parecido, ya que es completamente insostenible tanto científica como éticamente). Nada de eso se desprende de lo que dije en este ensayo ni en otros, y lo aclaro porque los críticos del primitivismo y del posmodernismo somos constante e injustamente atacados con tales acusaciones.
Que se cometieron grandes barbaries en nombre de la civilización, no lo niego ni negaré. Como tampoco que nuestra cultura tenga muchísimas cosas que mejorar urgentemente –sobre todo relacionadas a la desigualdad económica y social, y a los problemas medioambientales y de recursos-, y hasta incluso no niego que la civilización pueda aprender algunos aspectos del comportamiento de ciertos primitivos, como el respeto por la naturaleza de los inuit si se quiere (dejando de lado las supersticiones animistas). Pero lo que si sostengo, es que las imperfecciones y abusos de nuestra civilización moderna deben solucionarse mejorando la civilización, no reduciéndola a tribus primitivas, cosa que además es un proyecto altamente implausible.  

Crítica a los proyectos primitivistas

Los proyectos primitivistas que voy a considerar a continuación se conocen como permacultura. Mis críticas a estos proyectos son en general suaves. No los considero una amenaza, como a los grupos fascistas, los radicales religiosos, los magufos militantes, etc. Pero si, tengo varias cosas que cuestionarles.
La principal crítica es su primitivismo, ya que estos proyectos a gran escala no representan un verdadero progreso sino un retroceso hacia el primitivismo, pero sobre esto ya escribí bastante. Otra crítica es que tales proyectos representan un escapismo a los verdaderos problemas sociales y además una hipócrita e irresponsable dependencia de los civilizados. Ya que, al utilizar herramientas de hierro, clavos o encendedores, están consumiendo piezas elaboradas mediante complejos sistemas sociales modernos, como ser la industria petrolera (gas) y la industria minera, además de las industrias que lo fabrican. Todo este proceso depende de gente que trabaja en la civilización, por lo que sus proyectos en general no muestran ninguna independencia real del mundo moderno, sino un simple escape parcial de este y un cierto parasitismo. Ni hablar si se dan el gusto de utilizar los sistemas de salud y educación públicos, cuando los impuestos con los que ellos contribuyen a su existencia son mínimos.
Si un grupo de personas adultas por decisión personal decide vivir en una pequeña comunidad de permacultura, poco se puede reprocharle, pero en ningún modo esta decisión es revolucionaria o representa progreso alguno para la sociedad, más bien lo contrario. Como desarrollaré en el siguiente capítulo, el verdadero progreso no está en escapar escondiéndose parcialmente de la civilización en unas hectáreas de campo mientras aún se consumen productos y servicios producidos con sacrificio en la civilización. El verdadero progreso esta en trabajar en conjunto con la civilización para mejorarla.

La continuidad del proyecto ilustrado como única esperanza

“Una vez que comenzamos a confiar en nuestra razón y a utilizar las facultades de la crítica, que experimentamos el llamado de la responsabilidad personal y, con ella, la responsabilidad de contribuir a aumentar nuestros conocimientos, no podemos admitir la regresión a un estado basado en el sometimiento implícito de la magia tribal. Para aquellos que se han nutrido del árbol de la sabiduría, se ha perdido el paraíso. Cuanto más tratemos de regresar a la heroica edad del tribalismo, tanto mayor será la seguridad de arribar a la Inquisición, la Policía Secreta, y al gansterismo idealizado. Si comenzamos por la supresión de la razón y la verdad, deberemos concluir con la más brutal y violenta destrucción de todo lo que es humano. Si damos vuelta, tendremos que recorrer todo el camino de nuevo y retornar a las bestias. Es éste un problema que debemos encarar francamente, por duro que ello nos resulte. Si soñamos con retornar a nuestra infancia, si eludimos el deber de llevar nuestra cruz del humanitarismo, de la razón, de la responsabilidad, si nos sentimos desalentados y agobiados por el peso de nuestra carga, entonces deberemos tratar de fortalecernos con la clara comprensión de la simple decisión que tenemos ante nosotros. Siempre nos quedará la posibilidad de regresar a las bestias. Pero si queremos seguir siendo humanos, entonces sólo habrá un camino, el de la sociedad abierta. Debemos proseguir hacia lo desconocido, lo incierto y lo inestable sirviéndonos de la razón de que podamos disponer, para procurarnos la seguridad y libertad a la que aspiramos”. Karl Popper, en La sociedad abierta y sus enemigos (1945).

             Creo haber dejado en claro, que la alternativa frente al primitivismo que me parece más plausible y correcta es la continuidad del proyecto humanista, ilustrado e iluminista de progresar mediante la ayuda de la ciencia, la tecnología -éticamente aplicada-, la razón y la experiencia en busca del mayor bienestar, la mayor igualdad, la mayor fraternidad y la mayor libertad posible del género humano. Mientras se busca mejorar nuestro trato hacia las otras especies de animales sintientes y hacia el medioambiente del que dependemos sin por eso destruir los logros de la civilización -más bien mejorándolos. Me parece que en cierta medida este ha sido el objetivo de nuestra civilización moderna en los últimos años, y tenemos varios logros de los cuales sentirnos orgullosos como especie, como también varios tropezones y retrocesos que deberían apenarnos mucho.
               Una pregunta que puede hacerse es ¿Realmente progresamos con este proyecto? La respuesta está en gran parte, implícita en todo lo que vengo escribiendo en este ensayo, pero sería interesante aún así contestarla.  Steven Pinker en Human Progress Quantified (Edge, 2016) nos brinda datos duros que dan razones prometedoras para creer en el progreso. Más allá de lo ya mencionado, como que erradicamos o dejamos moribundas una cantidad considerable de enfermedades, que los promedios de vida aumentan, etc., aún hay más: las tasas de homicidios y muertes por guerras decaen, la escolarización y la alfabetización han aumentado considerablemente, la pobreza extrema se ha reducido, el mundo se vuelve relativamente más democrático, la posición social de las mujeres aumenta prometedoramente (excepto en algunos de los países donde reina la peste del Islam), el fe en el racismo decae, las religiones pierden poder en el mundo civilizado a pasos agigantados, el mundo parece volverse más inteligente (datos apuntan a que hay un aumento de 3 puntos de IQ por década), las mujeres se están embarazando a edades más maduras, el comercio de armas se ha reducido, etc.
Aun así, que estos datos no nos hagan susceptibles de ser poseídos por un ciego optimismo, por sobre todo hay que conservar el realismo, siempre.  Así y todo quedan problemas graves que debemos enfrentar: la desigualdad de riquezas aumenta, las especies se siguen extinguiendo, la derecha está volviendo a gobernar en muchos países, el calentamiento global antropogénico es un hecho innegable que aumenta y nos pone en riesgo, el islam avanza, el agua dulce escasea, especies animales se extinguen, continúan existiendo sectas y grupos neonazis, el neoliberalismo prolifera, etc.
Pero aun así, la esperanza en el progreso es lo último que debe abandonarse. Para que este pueda llevarnos a superar tanto los problemas actuales como los futuros, hay que conservarse en una postura responsable y educada, racional, realista, sobria y activa. Nada de esto nos ofrece el primitivismo. Por más seductor que pueda ser el canto de la sirena, no debemos dejar corromper nuestra inteligencia por la irracionalidad retrograda y oscurantista del tribalismo. El progreso logrado no fue por nuestros impulsos conservadores, reaccionarios y toscos; sino por nuestra fundamentada confianza en la educación, en la empatía, en la ciencia, en la buena tecnología, en la capacidad de progreso, en la igualdad, en la libertad, en nuestras capacidades intelectuales, en nuestra cooperación y en demás sentimientos humanistas. Es esto es lo que debemos fomentar.

Los movimientos indigenistas, luchas legítimas y luchas antihumanistas

Considero que hay a grandes rasgos, dos tipos de movimientos indigenistas. Los de luchas legítimas y los de luchas antihumanistas. Considero una lucha legítima la de asegurar a los indígenas facilidad de reinserción social, trato igualitario, oportunidades de desarrollo económico, ayudas sanitarias y escolarización. Esto sumado a asegurarles ciertos territorios mientras deseen continuar con su estilo de vida, pero siempre brindándoles la oportunidad de insertarse en la civilización moderna.
Y considero antihumanistas las luchas que buscan mantener aislados a los pueblos aborígenes, negarles el uso de medicina y educación moderna por considerar que no la necesitan, y sobre todo, las que buscan perpetuar tradiciones aborígenes aun cuando estas sean inmorales o dañinas.
Esto despierta problemas muy complejos e interesantes, sobre todo en lo que respecta a respetar las decisiones de ciertas culturas, como ser la de criar a sus niños en formas de vida primitivas y riesgosas, u obligarlos a programas de vacunación. ¿Hasta dónde la civilización debe entrometerse en las comunidades aborígenes?  Sin duda es una pregunta complicada. Por mi parte sostengo que lo más deseable son programas estatales, cooperativos, o ambos, de sanidad, educación y derechos humanos que garanticen el bienestar de las comunidades y los ayuden a la reinserción. Esto permitiría cierta seguridad de que estas comunidades estén en buenas condiciones y con la posibilidad de reinsertarse a la vida civilizada. Creo que es fácil concluir luego de todo lo escrito, que es preferible su bienestar al capricho de mantenerlos en formas de vida riesgosas, estando mal alimentados, ignorantes, con riesgos de sufrir enfermedades, etc. Tampoco creo que la vida civilizada acaben con todas sus formas de cultura, aun mantendrían su arte, y si quieren, su lenguaje y sus comidas tradicionales.
Es importante que los movimientos indigenistas privilegien el bienestar objetivo de estos antes que la obsesión por mantenerlos como piezas históricas. Los indígenas no son objetos de museo, si su cultura no favorece a su bienestar y desarrollo, no tiene sentido mantenerlos en ella solo por darnos el gusto de conservar una etnia estrafalaria.

Conclusión

Creo que la conclusión es clara. La idealización de la vida tribal y el mito del buen salvaje son insostenibles, así como la creencia de que el pasado fue “un lugar mejor”.
El primitivismo es en su teoría, filosófica y fácticamente falso, y en su práctica, indeseable e implausible. Dejo aquí la cuestión del primitivismo.

 

[1] Me refiero aquí a las últimas etapas estilísticas de Goya, las primeras etapas se asemejan más al neoclasicismo.

[2] Tompkins, Peter (1963). The Eunuch and the Virgin: A Study of Curious Customs.

[3] Nevill, Drury (1989). The Elements of Shamanism.
[4] Davies, Nigel (1981). Human Sacrifice in History and Today.

[5] Gurven, M., Kaplan, H., Winking, J., Rodriguez, D. E., Vasunilashorn, S., Kim, J. K., … Crimmins, E. (2009). Inflammation and infection do not promote arterial aging and cardiovascular disease risk factors among lean horticulturalists.
[6] Choiniere, R. (1992). Mortality among the Baffin Inuit in the mid-80s. Arctic Medical Research.
[7] http://www.un.org/esa/socdev/unpfii/documents/SOWIP/press%20package/sowip-press-package-es.pdf

[8] http://elpais.com/elpais/2016/03/15/ciencia/1458038627_317563.html?platform=hootsuite

[9] “¿Es racional el movimiento anti-transgénicos?”

[10] https://www.youtube.com/watch?v=2MiFIUgieK0

Un agradecimiento personal al ateísmo (y una advertencia)


  El que diga que nunca creyó en supercherías, fraudes y mitos está seguramente mintiendo. Hasta el más ferviente escéptico fue alguna vez un supersticioso o un creyente en algo, sea timo espiritual o pseudociencia. Sobre esto la página Magufobusters dedicó una serie de interesantes post –titulado Magufos Anónimos– en que los escépticos cuentan cómo salieron del oscurantismo, el dogma y las irracionalidades varias. Yo claro, no escapo de esto.
Entre los fraudes y vulgar estafas en los que creí se encuentra Zeitgeist, pedagogías alternativas, conspiraciones del 11 S. y otras, el psicoanálisis, chakras, “energías” misteriosas, reencarnación,  transgénicofobia,  10% del cerebro, hemisferio izquierdo “lógico” y hemisferio derecho “artístico”, Kimatica, “misterios” egipcios  e incluso me interesé por la teoría de los Alienígenas Ancestrales. Lamentablemente mi pasado es completamente magufo. Pero si hay algo que me permitió salir de la creencia en todas estas estupideces (y muchas más) fue sin lugar a dudas el ateísmo.
Gracias a mi ateísmo innato siempre mi irracionalidad tuvo un límite, cuando veía que las idioteces en las que creía se empezaban a asemejar mucho a una religión (en su dogmatismo, ridiculez, etc.), inmediatamente me generaba un rechazo, el mismo que siempre me generaron todas las religiones. Me pasó por ejemplo, con el ocultismo del cual fui durante un tiempo estudioso aficionado.
Gracias al ateísmo aprendí a debatir y por lo tanto razonar, y así como cuando yo tenía razón en los debates sobre religión y quería que mi oponente se rindiese  y abandonará el dogma para aceptar la razón y la evidencia, yo mismo abandonaba las creencias irracionales cuando encontraba argumentos sólidos y evidencias indiscutibles. Gracias al ateísmo abracé el escepticismo. Y por lo tanto agradezco al ateísmo por haberme orientado a sostener mi intelectualidad en el racioempirismo (esto es, basarse tanto en la razón cómo en la evidencia empírica). Debido a esto pude desarrollar una capacidad de pensamiento crítico más madura que en la actualidad me produce, por lo general, cierta inmunidad a cualquier evidente charlatanería en la que pude haber creído en el pasado.
El ateísmo puede ser un gran estímulo a transitar el largo camino en la ruta de la razón, el ateo que se limite a domesticar su pensamiento crítico en dioses y religiones sin extender su sospecha hacia cualquier tipo de dogma similar, avanzó en esta larga ruta solo unos pocos pasos, y siempre en esta quedará mucho por recorrer. No quiero decir que semánticamente el ateísmo involucre al escepticismo (como lo es a la inversa), pero el ateísmo puede ser, como en mi caso, un gran impulso hacia éste. Dios no está solo, es una ficción dentro del pensamiento mágico que convive con muchas otras, desde todo el arsenal de mitos new-age hasta todas las formas de pensamiento débil.
Invito a todos los ateos a ser algo más que ateos. Los invito a extender su pensamiento crítico mucho más allá de ficciones tan fáciles y evidentes como los dioses. En la actualidad convivimos con muchas ficciones si no similares, aún peores. Reitero, .la razón es un camino que va mucho más allá que dejar atrás únicamente a los dioses. Siempre todos estaremos a tiempo de ser pensadores críticos, la única forma de librepensamiento y por lo tanto, de pensar correctamente por nosotros mismos.

 Sobre los divulgadores del ateísmo

Me asombra y extraña un poco la voluntad  y la paciencia que tienen algunos colegas y conocidos divulgadores, escritores, ensayistas, etc. para debatir, escribir y tratar el tema de la religión y los religiosos. Les agradezco y los admiro. A mí el tema me aburre sobremanera, y lo lamento. Por lo general son temas a los que rehúyo un poco. No porque crea que no es conveniente o porque piense que este mal, al contrario, me gustaría tener la voluntad para hacerlo, pero me parece tan aburrido…
Realmente pocos días son los que me acuerdo que aún existe gente devota del catolicismo; en todo mi entorno de amistades no hay un solo creyente religioso, ninguno. Mi ciudad (La Plata, Buenos Aires) no parece a mis ojos ser muy creyente, no hay muchas iglesias (las que hay son construcciones antiguas) y a la catedral van más por su belleza arquitectónica que otra cosa –cuando fui a Brasil noté totalmente lo contrario, creo que en dicho ambiente si encontraría más inspiración en combatir la religión. Quiero pensar que esto se debe a que La Plata posee muchas y buenas universidades, sumado al hecho de que las encuestas muestran un descenso casi general del religionismo (sobre todo en países donde se avanza en educación, y en donde se intenta apalear la desigualdad económica, aunque Argentina este lejos de esto).
Cuando recuerdo que existe gente que cree en un ente inexistente propio de la invención de una tribu de pastores brutos de Medio Oriente hace milenios, al que le dedica su vida, me parece algo muy raro… hasta me perturba con razones. Personalmente prefiero escribir y divulgar sobre imposturas y fraudes insostenibles de otro tipo, falsas conspiraciones, pseudociencias, mitos, ideas posmodernas, ciertas posturas ideológicas, etc., me parecen más divertidos y sobre todo mucho más serios. Puedo entender que una persona crea que clavándose unas agujas pueda curarse una enfermedad, y cómo mucho entiendo que la gente crea que si alguien le pone la mano arriba de su cuerpo en reposo y la mueve le puede generar algo (como en el reiki). Pero pensar y escribir seriamente sobre creencias de gente que le habla a una estatua, pensando que habla con el creador del universo, me parece tal cómo ir a enseñar física a un manicomio. Como mucho pude escribir a duras penas sobre el agnosticismo, que me parecía una postura más o menos seria y muy cuestionable. Y aun así, con lo extraña que me parezca la religión, es una de las supersticiones más populares. Claro que su popularidad no quiere decir nada, citando a B. Russell: “El hecho de que una opinión haya sido ampliamente extendida, no es evidencia alguna de que no sea absurda; en vista de la estupidez evidenciada por la mayor parte del género humano, es más probable que una creencias ampliamente extendida sea una tontería”.
  Agradezco mucho que haya gente como mi amigo Janou Gleaser que dedica su talento y aguda inteligencia a cuestionar la religión, yo no podría, al menos, no con aquella voluntad y vehemencia. Siempre que trato otro tema, tomo a la religión cómo paradigma de dogma y absurdo –cosa que doy por hecho-, cómo si el debate sobre el tema nació con Demócrito y murió junto a Hitchens.
Claramente creo que todavía hay mucho por hacer en este campo, pero también creo –tal vez muy optimistamente-, que cuando mi generación sea adulta si es que la sociedad logra continuar con un progreso sistémico, la religión no será más que una secta extraña y minoritaria. Este progreso depende de divulgadores del pensamiento crítico honestos e inteligentes, y ojalá yo pueda contribuir con ello de alguna forma.

El ateísmo actualmente está creciendo de forma considerable en las sociedades que aspiran a ser ilustradas –esto no incluye a las actuales barbáricas teocracias de Oriente Medio, que asesinan y persiguen a los ateos-, cosa que celebro aunque es una lástima que no siempre sus métodos sean de lo más honestos. Y como en todo movimiento, siempre hay un sector reaccionario. Sin embargo el sector reaccionario más curioso no es el de los religiosos, ya que este es totalmente predecible, sino la reacción de un grupo de no-creyentes que envidian la capacidad de creer las absurdidades de los creyentes. Ante esto comparto completamente la opinión de Christopher Hitchens:
“Algunas personas ateas que conozco dirán que les gustaría poder creer. Algunos ex creyentes que conozco dicen que les gustaría tener fe otra vez. Yo no los entiendo en absoluto. Creo que es excelente que no haya razones para creer en estas propuestas absurdas. La razón principal de esto es que creo que es una creencia totalitaria. El deseo de ser un esclavo. Es el deseo de que haya una autoridad tiránica inalterable e indesafiable. Que puede condenarte por crimen de pensamiento mientras duermes. Que puede someterte a una vigilancia absoluta, en cada minuto de tu vida… ¿Dije vida?, antes de que nacieras y aún peor y donde lo más divertido empieza, después de tu muerte. Una Corea del Norte celestial. ¿Quién desea que esto sea cierto? ¿Quién sino un esclavo desea tan espantoso destino?”

Algo con lo que los divulgadores del ateísmo deben tener mucho cuidado, es el hecho de que esta reacción de un confuso “vacío” por el hecho de no creer en una deidad, sea rellenada con la creencia en alguna otra forma de estupidez. Esto es realmente peligroso y es uno de los hechos por los cuales mientras el ateísmo crece, el movimiento new-age también.  Es por esto que todos los divulgadores del ateísmo deben tener en cuenta lo que he dicho anteriormente, el pensamiento crítico no termina en el ateísmo, apenas comienza. El combate a la superstición debe ser sistémico y profundo, de otro modo, lo más probable es que fracase derivando en una especie de intercambio de una idea peligrosa y absurda por otras ideas igual o peor en peligrosidad y absurdidad. Este es un fracaso que llevará consigo a un estancamiento o retroceso general de todo progreso humano deseable. No dejemos que el imperio del vaticano se convierta en el imperio del religionismo new-age. La superstición no debe actualizarse, debe eliminarse.

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El caso Emma Eckstein, o como una joven mujer terminó deformada y semi-inválida por culpa de Freud

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Emma Eckstein (1865-1924) fue una pionera activista del movimiento feminista (tal como Bertha Pappenheim, mejor conocida como Anna.O), proveniente de una familia prominentemente socialista y famosa por ser -por desgracia- una de las primeras pacientes de Freud. En 1895 Emma tenía 30 años mientras se analizaba por poseer: “dolores gástricos y menstruaciones dolorosas con abundantes hemorragias”, males que traía desde la adolescencia. Según Freud, síntomas de una masturbación reprimida.
Mientras tanto, y desde 1893, Freud y su amigo Wilhelm Fliess –al que consideraba como el “Kepler de la biología”- teorizan sobre la relación entre la nariz y los genitales (de hecho Fliess publica, por insistencia de Freud, un libro llamado “Las relaciones entre la nariz y los órganos sexuados femeninos” en 1897). Así que Freud invita en 1895 a su amiguito  a viajar desde Berlín a Viena para someter a Emma a una operación experimental de nariz para poner fin a su patología “histérica”. Fliess le realiza una intervención quirúrgica que consistía en la ablación del cornete nasal medio izquierdo en febrero del mismo año. La paciente quedó luego bajo cuidado de Freud. Al tiempo este le informa en una carta a Fliess el grave estado de la paciente: “secreciones fétidas, hemorragias nasales, coágulos, edema facial, y estado infeccioso”. Se desconoce la respuesta de Fliess, ya que Freud era de quemar toda la correspondencia que lo comprometía.
El malestar de Eckstein persistía hasta que el 8 de marzo del mismo año, un cirujano amigo de Freud (Ignaz Rosanes) mientras la limpiaba descubre “un pedazo de gasa de buen medio metro de largo olvidado en la cavidad nasal por el cirujano y su compadre”. La extracción de la gasa le provocó a Emma una abundante pérdida de sangre y problemas de pulso. Unos días más tarde Freud lamenta haber “obligado a Fliess a viajar de Berlín a Viena”, no habría debido poner a su amigo en semejantes molestias, ningún lamento por la víctima se expresó de su parte.
Mientras en una carta alegaba que: “ella escapará de la desfiguración”, la sobrina de Emma, pediatra, confirma: “le han desfigurado la cara (..) le ahuecaron el hueso y uno de los lados se le ha hundido”. Más adelante, Freud insistió que todo el problema se debió a que Emma tenia por él una atracción sexual reprimida: “A raíz de la intención inconsciente de su deseo vehemente, que era el de atraerme”.  Diez años después Freud le propone retomar el análisis, Emma como era de esperar se niega.
Más tarde le diagnosticaron un mioma, un tumor benigno del tejido muscular, cosa responsable de los síntomas desde su época adolescente (cosa que Freud, médico, jamás pudo diagnosticar por su obsesión con la histeria, su psicologismo y su tendencia a ignorar por completo lo físico como causante de patologías). Según Freud su análisis la trató con éxito, aunque la cirugía la haya dejado deforme y semi-inválida. En las 1500 páginas de la biografía de Ernest Jones (fanático del psicoanálisis y culpable, junto con otros despreciables personajes como Roudinesco, de la imagen heroica y mitológica de Freud) el completo desastre del caso Emma no se menciona ninguna sola vez, aunque si la colocó con figuras como Lou Andreas-Salomé y Joan Riviere como un “tipo de mujer, de un molde más intelectual y quizás masculina… que jugó un papel importante en su vida, cómplice de sus amigos varones aunque, un de calibre más fino”.
Otro caso de malapraxis de Freud, que le pesan junto a la muerte de 3 pacientes, entre otras desgracias traídas por el psicoanálisis. Sin embargo, uno de los hechos mas extraños es que Emma nunca culpó a Freud e incluso fue una de las primeras mujeres psicoanalistas.

(Si el post posee similitudes con la publicación de Sigmund Fraude y Charlacán, es porque soy uno de los admins de la página y la publicación es de mi autoría)

Los problemas del agnosticismo

Más popularmente se conoce como agnosticismo a la postura que alega que es imposible saber si existe o no existe dios -u otros entes sobrenaturales-, que es algo incognoscible de lo cual no hay certezas y que por lo tanto hay que reservarse el juicio. En verdad hay varios tipos de agnosticismos, algunos agnósticos se caracterizan por qué ante la pregunta de la existencia de dios, simplemente responden un “no sé”, y no parece producirles mucho interés el tema, mientras que en la práctica viven como ateos, esto es algo que no se puede juzgar. Un ateo fuerte- o positivo[1]– (postura a la que adhiero) considera correcto concluir que ningún tipo de dios existe. Para muchos agnósticos, decir que no existe es incorrecto, generalmente argumentando que: “no hay evidencias de que no existe dios”, “no se ha probado que dios no exista” o que “es algo imposible de saber”. Estos argumentos tanto como este agnosticismo son falsos, y desarrollaré el por qué:

La principal artimaña que utilizan estos agnósticos es exactamente la misma que utilizan los creyentes: invertir la carga de prueba. Esta falacia consiste pedir evidencias para una negación cuando la evidencia sobre la que debería descansar la afirmación es inexistente e incluso altamente implausible, al punto de poder ser considerada imposible. La carga de prueba la tiene el que afirma algo implausible o altamente improbable, no el que niega que eso pueda ser verdad. Así por ejemplo, si yo afirmo que tengo un rinoceronte de mascota en mi apartamento, para demostrar que esto es cierto soy yo el que tiene que recurrir a las pruebas a mi favor. Si a partir de esto alguien niega o desmiente mi dudosa afirmación con argumentos del tipo “es imposible que sobreviva en ese medio”, no puedo invertir la carga y poner sobre sus hombros el peso de evidenciar su negación (al estilo “no tienes evidencias de que no es cierto”), cuando soy yo el que hizo una afirmación inverosímil sin aportar evidencias. Los teístas y creyentes de todo tipo llevan literalmente miles y miles de años sin poder aportar una sola prueba o argumento sólido en favor de la existencia de dioses (y no, un libro escrito por gente primitiva no es evidencia de nada) o entes sobrenaturales, por lo tanto negar dichas ficciones es totalmente racional. Asumir que no hay evidencias de la no existencia de algo, y que por lo tanto, negar la existencia es una imprecisión de la que debemos prescindir es ingenuo. Pongamos un ejemplo, yo no puedo probar que no existen los unicornios en ningún lugar del universo. Por lo tanto, según el razonamiento agnóstico no es posible saber si existen o no, a pesar de que hay numerosas razones para pensar que no existen, por ejemplo: recurriendo a investigar la historia del unicornio puedo deducir que es un mito humano posiblemente procedente de la confusión de los europeos al oír del rinoceronte indio (sí, como el que tengo de mascota).  Una vez que tenemos numerosos argumentos en contra y ninguna evidencia a favor es absolutamente necesario (por cuestiones de economía mental, entre otras cosas) concluir que los unicornios no existen. ¿Los agnósticos son agnósticos de cualquier cosa sumamente improbable e implausible que no pueda probarse que no exista, como ser un pulpo en marte indetectable por la tecnología actual? El caso de las afirmaciones sobrenaturales de dioses es exactamente igual. No hay argumentos ni evidencias de su existencia, sin embargo, hay muchos argumentos y evidencias a favor de la tesis de que no existen, por ejemplo, los descubrimientos científicos actuales trabajan sobre una ontología materialista  sumamente consistente demostrando que muchos de los delirios comprobables expelidos por las religiones son falsos: la biología refutó el creacionismo, la geología la edad bíblica de la tierra, la astronomía los disparates cosmogónicos de todas las religiones, las neurociencias el concepto de alma, y un largo etc. El avance del pensamiento filosófico y crítico ayudó también a diseccionar el pensamiento religioso demostrando todas sus falacias. También la historia y la antropología nos brindan una base sobre la cual podemos entender el pensamiento mágico y concluir que en la ignorancia y el primitivismo todas las culturas en un modo de saciar su incertidumbre en un mundo desconocido y brutal inventaron dioses a “su imagen y semejanza”, para sentir que podían explicar algo y que el peso de la muerte no era una carga tan abrumadora –entre otras razones-. Así con todo el conocimiento actual podemos tener una plataforma sobre la cual reposar una negación a la afirmación de la existencia de dioses sin recurrir a evidencias de su no existencia, que por cierto, es algo imposible. Sí, es imposible tener evidencias de la no-existencia que algo inmaterial, ya que solo podemos tener evidencias de algo cuando es material, y al parecer, los dioses no son partidarios de dejar pruebas materiales de su existencia, he aquí la gran trampa del agnosticismo.
Se pensará que es una gran contradicción en un cientificista que afirma apoyarse en las evidencias, afirmar algo sin tenerlas. Esto es cierto, es una contradicción, pero solo dentro del empirismo y el cientificismo duro y bruto, estos se contradicen hasta en sus premisas, pero no es una contradicción ni del racioempirismo ni del cientificismo blando, ya que estos mantienen una gnoseología y epistemología que admite la importancia de la filosofía y la argumentación racional, además de la evidencia, siempre mientras que la filosofía y la argumentación racional no contradigan a las evidencias, ya que estas siempre tienen un papel principal. No tenemos evidencias de que no existan dioses en ningún lugar del universo, ni de que en ningún momento haya existido un fenómeno paranormal o un ente mitológico o inmaterial cualquiera, pero tenemos unos muy macizos argumentos, y ante su solidez y la falta de prueba para afirmar, podemos muy tranquilos, darnos el gusto de negar. Algunos agnósticos claman “la falta de prueba no es prueba de ausencia”, eso es cierto. Solo tenemos pruebas para afirmar que la hipótesis de cualquier dios es altísimamente inverisímil, pero no pruebas de que no existen. Los ateos no tendremos, dada su imposibilidad, pruebas de la no existencia de dioses inmateriales sea Jehová o el Monstruo de Espagueti, pero tenemos argumentos suficientes para tranquilizarnos y vivir sin pensar que ofendemos a más de 4.000 dioses por considerarlos absurdos.

Thomas Huxley (abuelo del escritor Aldous Huxley) fue el fundador del agnosticismo, o por lo menos, fue quien lo bautizo con su nombre. Sin duda fue una persona muy admirable (en mi opinión, más que su nieto), defendió arduamente la teoría de la evolución (se lo llamaba el “bulldog de Darwin”) y fue un gran crítico de la religión en su época. Él dijo: “Es un error para un hombre decir que él está seguro de la verdad objetiva de una proposición a menos que pueda demostrar que, lógicamente, justifica esa certeza. Esto es lo que afirma el agnosticismo”. Bien, yo considero que sí, los ateos positivos podemos demostrar lógicamente que la inexistencia de cualquier tipo de dios es una verdad objetiva. Partamos de la base que el humano ideo mucho más de 5.000 dioses con igualdad de falta de evidencia, y que en la actualidad se calculan miles de religiones vivas ¿Es coherente ser igualmente agnóstico de Zeus, Ra, Horus, Mitra, Dionisio, Hades… e incluso de algún dios que se me pueda ocurrir a mi ahora mismo? No, ¿Es coherente ser agnóstico del dios cristiano? No más coherente que serlo de Zeus y los otros tantos dioses. Se dice que hasta el más fanático religioso es ateo, por lo menos es ateo de más de 4.000 dioses, aunque crea en uno. Teniendo en cuenta tantas historias inventadas y creídas por el hombre y revisando el contexto de cada invención mitológica, se puede concluir lógicamente que la existencia de cualquier dios ideado es tan inverosímil que merecen ser considerados, con toda honestidad gnoseológica y ontológica, como inexistentes. No sería coherente para  el agnóstico darle prioridad al dios cristiano que al resto, por lo tanto si es agnóstico coherente, debe concluir que es tan intelectualmente deshonesto negar la existencia de Ra que la de Jehová. La probabilidad de que exista cualquier dios es la misma, exageradamente baja. A ver, yo no estoy de acuerdo en decir que la inexistencia de dios es una verdad absoluta, puesto que no creo que haya verdades absolutas e irrefutables, simplemente la considero como una verdad muy aproximada, tanto como decir que en el interior de la tierra hay lava, no será absoluta, pero es excesivamente alta. Ahora, si me presentaran pruebas de que en el interior de la tierra hay hielo, me retractaría y dejaría de pensar que hay lava, lo mismo con la existencia de dioses, pero mientras no haya pruebas, mi consideración tomará a cualquier dios como inexistente y en igual de condiciones entre ellos. Y si hay una diferencia entre los dioses que aparente al dios cristiano como más plausible, no es que lo sea, sino que los cristianos mediante la teología en la necesidad de creer atravesaron la historia entrenándose arduamente por agregar ad hocs y así defender a su dios de la crítica y la refutación, y a sus fieles lejos de la duda y la razón. Los cristianos tienen bajo la manga cientos de trucos para hacer a su dios irrefutable y hacer creer a la gente que su dios es el único verdadero, o al menos el más coherente. Los creyentes cristianos hicieron con dios lo mismo que Carl Sagan ejemplifica en su relato del dragón en el garaje (relato que dejaré al final del texto) y del residuo de esta disciplina basada en esconder bajo la infalsabilidad un concepto totalmente ambiguo e inútil, nació el moderno teísmo no-cristiano, que a pesar de recurrir a los mismos dogmas se considera superior que su padre el monoteísmo judeocristiano. Toda fabulación sobre una divinidad sigue y seguirá estando en igual de condiciones en materia de plausibilidad, que cualquier idea incomprobable que pueda ocurrírseme a mi o a cualquiera.

Muchísimos creyentes vacilantes y muy moderados se sienten cómodos con el agnosticismo por que necesitan tener alguna hipótesis que llene, al igual que los creyentes fuertes, el vacío de no entender cómo se creó el universo, como si este fue creado. “De seguro algo creo el universo pero no podemos saber que es, ni si de verdad existe”. Idea de por sí, bastante confusa, aunque popular y aparentemente consoladora. Yo les diría que tranquilamente pueden desecharla, el universo jamás fue creado, simplemente siempre existió. Algunos dirán: “Ajá, ¿y el Big-bang?”. Este en verdad no explica la creación del universo, sino un cambio en el mismo, ya que el big-bang para suceder tuvo que tener donde, o sea, el universo. No hay razón para rebanarse los sesos pensando en que o quien fue lo que creó el universo, no lleva a nada ni tiene sentido, y lo mismo va para los creyentes fuertes y no solo para los creyentes disfrazados de agnósticos, que abundan. La refutación a la idea de la creación del universo es exageradamente simple, de verdad. Si aceptamos la premisa de que el universo no pudo existir siempre, se supone que algo, por ejemplo, un dios, lo tuvo que haber creado (que visión más asquerosamente antropogénica por cierto). La primera pregunta que surge en una mente racional es ¿Y que creo a ese dios?, el creyente sintiéndose astuto responderá: “siempre existió”. Pues bien, es mejor volver un paso atrás y decir que el universo siempre existió, no hay ninguna razón para pensar lo contrario, y pensarlo lleva a una cadena infinita que no resuelve nada.

Hay ciertos temas donde lo más racional es tomar una postura fácilmente confundible con éste tipo de agnosticismo, y es la de admitir el no saber. Pero esto puede prestarse a confusión, por ejemplo, no es lo mismo admitir el no conocimiento que ser agnóstico incognoscible, ya que el agnóstico incognoscible cree que no se puede saber, no solamente que no sabe. Yo no me considero agnóstico fuerte de, por ejemplo, la existencia de vida extraterrestre, no tengo fe en que existan, tampoco  la niego ni la afirmo porque no sé, pero sí sé que puede saberse en algún momento. Basta solo con estudiar la atmosfera y las condiciones de un planeta para calcular posibilidades, realizar ciertas pruebas para ver si en aquel hay vida o no, o encontrarnos con un visitante extraterrestre, etc. La hipótesis de la vida extraterrestre es perfectamente racional aunque no haya evidencias ni a favor ni en contra. A diferencia de la hipótesis de dios, la de vida extraterrestre tiene muchísimo más sentido, es muchísimo más posible y es materialista, por lo tanto no son nada equivalentes. Negar como afirmar la existencia de vida extraterrestre es un error. Negar la existencia de dios no, mientras de la otra hay plausibilidad, en esta lo único que hay es absurdo e inverisimilitud. Ante la hipótesis de dios podemos aplicar tranquilamente lo que yo llamo las tres navajas escépticas, estas son: “Afirmaciones extraordinarias merecen evidencias extraordinarias” (Navaja de Hume). “Aquello que es afirmado sin evidencia puede ser negado sin evidencia” (Navaja de Hitchens). “En igualdad de condiciones, la hipótesis más simple suele ser la correcta” (Navaja de Ockham). Así que puedo, como ateo, vivir y pensar de lo más tranquila y libremente asumiendo que ningún dios existe, y hasta negándolos con total apoyo en la razón.

El agnosticismo incognoscible no tiene bases para suponer que negar la existencia de dioses es dogmático,  irracional, infundamentado, ni mucho menos imposible de cierta certeza. Si una persona adopta el agnosticismo ya sea por pereza de llegar a una conclusión más coherentemente osada que el decir “no sé”, o ya sea porque no le interesa el tema, no puede pretender que negar la existencia de dioses signifique un acto inconsistente y arbitrario. El agnóstico incognoscible no tiene bases para suponer lo que supone, ya que sus bases son falaces, contrarios a la Navaja de Occam e inconsecuentes al no aplicar el mismo criterio a otros casos incomprobables. Ya mostré que si extrapolamos el agnosticismo a una gnoseología general todo lo que no pueda comprobarse se sigue de una supuesta conveniencia en no emitir juicio e incluso en la imposibilidad de éste. Si no puedo comprobar que la tetera de Russell orbita[2], no puedo negarla, como tampoco puedo negar cosas incomprobables que a mí mismo se me ocurran sabiendo conscientemente que son producto de mi imaginación y completamente imposibles, por lo que el principio de economía mental es completamente violado y ultrajado. El proceso gnoseológico que propone el ateísmo es aplicable a todo, cualquier cosa que resulte contraria a la evidencia, altamente inverosímil, incomprobable, incompatible con una filosofía fértil como lo es el materialismo científico e insostenible por medio de análisis racional, debe ser rechazada como falso sin ninguna modestia. Muchos agnósticos sostienen su postura en una especie falacia del punto medio por pusilanimidad de optar por conclusiones concretas ya sea afirmación o negación. Dios no puede existir y no existir al mismo tiempo por regla lógica, por lo que hay solo una postura correcta ante la pregunta de su existencia.
Concluyo este análisis con la sentencia de que estos agnosticismos son falsos e insostenibles tanto como la creencia en dioses u otras supercherías de pensamiento mágico.  

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Apéndice:

“ En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca». Supongamos que yo le hago a usted una aseveración como ésa. A lo mejor le gustaría comprobarlo, verlo usted mismo. A lo largo de los siglos ha habido innumerables historias de dragones, pero ninguna prueba real. ¡Qué oportunidad!
—Enséñemelo —me dice usted.
Yo le llevo a mi garaje. Usted mira y ve una escalera, latas de pintura vacías y un triciclo viejo, pero el dragón no está.
—¿Dónde está el dragón? —me pregunta.
—Oh, está aquí —contesto yo moviendo la mano vagamente—. Me olvidé de decir que es un dragón invisible.
Me propone que cubra de harina el suelo del garaje para que queden marcadas las huellas del dragón.
—Buena idea —replico—, pero este dragón flota en el aire.
Entonces propone usar un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.
—Buena idea, pero el fuego invisible tampoco da calor.
Sugiere pintar con spray el dragón para hacerlo visible.
—Buena idea, sólo que es un dragón incorpóreo y la pintura no se le pegaría.

Y así sucesivamente. Yo contrarresto cualquier prueba física que usted me propone con una explicación especial de por qué no funcionará. Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento concebible válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluto a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo le he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo. “ Carl Sagan, El mundo y sus demonios.

Notas:

[1] Postura atea que niega la existencia de dios. A diferencia  del ateísmo negativo, que simplemente se contenta con descreer.

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Tetera_de_Russell

Los conspiranoicos y su lucha contra los fantasmas

¿Qué es la conspiranoia?

Últimamente está de moda -esto no quiere decir que sea nuevo- que la gente, y principalmente los jóvenes, repitan constantemente y con toda seguridad, teorías de conspiración. ¿Qué son teorías de conspiración? Existen dos cosas diferentes, conspiraciones reales, y conspiranoias. El adjetivo conspiranoico deriva de la unión de la palabra “conspiración”  y “paranoico”, es un neologismo que es usado para referirse a los creyentes de las “teorías de conspiración”, conjeturas infundamentadas de conspiraciones que carecen de pruebas suficientes, o en el peor de los  casos, carecen absolutamente de pruebas.  La conspiranoia vuelve a las personas totalmente paranoicas de las conspiraciones falsas e incomprobables, los “conspiranoicos” suelen ser representados con un gorro de papel aluminio  -para que el gobierno no les lea la mente- y suelen frecuentar blogs y revistas de lo “paranormal y misterioso”. Esto no es nuevo, autores de falsas conspiraciones y sus creyentes existen desde hace mucho tiempo, el problema es que con la facilidad de divulgar información que brinda el cada vez más usado Internet, se generó un gran auge de las teorías de la conspiración. No quiere decir que la facilidad de adquirir abundancia de información sea mala, en verdad el auge de la conspiranoia es una consecuencia de que gran parte de la población carezca de pensamiento crítico y capacidad de investigación rigurosa.
Algunas de las más repercutidas teorías de conspiraciones son, por ejemplo: la hegemonía absoluta de los Illuminatis y Masones, su relación con los Anunnakis y el Nuevo Orden Mundial; el auto-atentado del 11-s, los Chemtrails, la “conspiración” que nos “hace creer” que llegamos a la luna (negacionismo del alunizaje), el gobierno nos controla la mente con MKUltra, el caso Roswelll, extraterrestres escondidos en el Área 51 que hacen pactos con el gobierno de EEUU, cualquier desastre climático es a causa del HAARP, Shakespeare no existió, Paul McCartney murió y lo reemplaza un actor, el mundo está dominado por un grupo judío ultra-secreto, el SIDA lo crearon para reducir a la población (y muchas más teorías de eugenesia), cualquier transgénico nos envenena, las vacunas son enfermedades que nos meten para vender curas (conspiraciones que involucran a las farmacias –o farMAFIAS- hay miles), el holocausto nazi nunca existió (y muchas más teorías pseudocientíficas pro-neonazis), la teoría de la relatividad de Einstein es un “fraude científico” (otra teoría pseudocientífica y antisemita, ya que el argumento principal para derribar la teoría de la relatividad parece ser solo que Einstein era judío), el gobierno esconde todo lo relacionado con OVNIS, el flúor en el agua nos envenena, el Wi-Fi nos lee o daña la mente,  los extraterrestres dominaron nuestro pasado pero la “historia oficial no quiere que lo sepas”, los nazis se escondieron en un mundo “intraterreno” y un largo etc. de disparates como estos. Muchas de estas teorías de conspiración son difundidas por ultraderechistas como el norteamericano Alex Jones (por ejemplo, las teorías del flúor en el agua y de la antivacunación), y  nada más útil para la derecha que un montón de “zurdos” peleando contra fantasmas.
Las teorías de conspiración de carácter eugenésico como la de los “chemtrails”, las “farmafias”, el venenoso flúor en el agua, los terribles transgénicos o el maligno wi-fi, nos quieren hacer creer que hay una conspiración de las elites para reducir la duración y calidad de vida de las personas. Bueno, si esto sería así hay que decir que les está yendo muy, muy mal, ya que la calidad y el promedio de vida (en la mayoría de los países) es cada vez más alto.  Sin duda una de las más absurdas de todas estas teorías es la de los “chemtrails”. Según los conspiranoicos, las estelas que dejan los aviones son químicos que utilizan las elites para envenenar a la población. La primera pregunta es ¿por qué querrían eso si ellos mismos se enriquecen a costa de la población? Eso es lo primero que los conspiranoicos deberían responder. Y para los que no sepan, las estelas de condensación de los aviones están formadas simplemente de vapor de agua. La página del Circulo Escéptico Argentino se encarga muy bien de desmontar el mito de los chemtrails[1]. Realmente hay gente que protesta y arma escándalos al gobierno porque cree que les están fumigando con químicos, es una excelente muestra de hasta qué punto llega el nivel de paranoia de estos sujetos.
En este artículo no pretendemos refutar todas estas teorías (tal vez algunas), pero si pretendemos invitarlos a ser escépticos e investigar por su cuenta porque todas estas teorías son disparatadas. Para darse cuenta de la inverosimilitud de una teoría de conspiración no hace falta tampoco ser un investigador consumado, algunas se refutan desde el sentido común. Por ejemplo, hubo un tiempo en el que se decía que “los gobiernos” nos espiaban constantemente desde las redes sociales como Facebook. Bueno, si uno es un activista revolucionario relevante esto es plausible… pero realmente yo dudo mucho que hayan agentes del gobierno interesados investigar estados de Facebook como “me fui a bañar”, “hoy sale gym”, “hoy discoteca con mis amigas”, etc, y si este trabajo gubernamental ultrasecreto existe, realmente debe ser muy aburrido.

La existencia de falsas conspiraciones no quiere decir en absoluto, que no hayan existido conspiraciones reales (con evidencia confiable). Existieron conspiraciones como  “El Pacto secreto” Molotov-Ribbentrop: un tratado entre los nazis y los comunistas para repartirse Polonia antes de la Segunda Guerra Mundial. También el asesinato de Giaccomo Matteoti por parte de Mussolini, la Operación Condor (influencia de la CIA y los economistas libertarianos estadounidenses en las dictaduras latinoamericanas), el intento de encubrimiento por parte del gobierno francés tras las acusaciones de Émile Zola en el caso Dreyfus,  los esfuerzos de la policía secreta del zar para fomentar el antisemitismo presentando los Protocolos de los sabios de Sion como si fuera auténtico, o las conspiraciones del gobierno estadounidense y el FBI para desmantelar a los Panteras Negras -grupo de activistas que defendían los derechos de los negros-. En fin, conspiraciones basadas en evidencia existen. El problema, es cuando no hay evidencias confiables para fundamentar conspiraciones, y el principal problema, es que la gente las crea acríticamente.
La causa principal de la moda de las teorías de conspiración es que nadie habla de conspiranoia. El tema está, más allá de los círculos escépticos, casi nulo de debate, más que nada, porque las teorías conspiranoicas se abusan de la ignorancia general de la gente sobre los temas que tratan, lo cual hace que cuando un conspiranoico trate de convencer a otra persona, lo logre, dado que esta persona probablemente no tenga idea sobre lo que le están diciendo.

El método conspiranoico

Para los conspiranoicos la mayor evidencia siempre será la falta de evidencia. Cuando un teórico de la conspiración intenta convencer, siempre recurrirá a varias estrategias retoricas bien conocidas por los escépticos. Por ejemplo, afirmar que su teoría es verdadera teniendo como base únicamente su paranoia y el silencio del resto. Si el gobierno no habla sobre los chemtrails es porque lo ocultan y por lo tanto es verdadero, nunca pensaran que los gobiernos no hablan sobre los chemtrails porque la creencia en que las estelas de vapor de agua en verdad son químicos que diezman la población es realmente absurda. Si el gobierno y la NASA no hablan sobre extraterrestres no es porque nadie sepa nada sobre ellos, sino porque “nos lo ocultan”. Si los científicos no prueban que el flúor en el agua es venenoso, no es porque no lo sea, sino porque están escondiendo algo, y así. Los conspiranoicos, como bien nos dice su nombre, recurrirán siempre a la paranoia, todos están contra ellos y todos los que se opongan a sus ideas son parte del complot o están pagados por las elites. Si los historiadores serios no niegan el holocausto nazi como los pseudohistoriadores neonazis, es porque son parte del complot. Si alguien niega que los transgénicos sean sinónimo de veneno, es porque trabaja para Monsanto. Si Wikipedia no deja publicar sus patéticas historias como si fuesen verdaderas, es porque Wikipedia es de los Illuminatis. Jamás se atreverían a pensar que están equivocados y siempre recurrirán a la tendencia de confirmación, si alguien los refuta ellos pensaran con más razón que están en lo cierto, ya que el resto son pobres inferiores que se creyeron “la historia oficial”, “la ciencia oficial”, “el discurso gubernamental” y son los “dormidos” que no “despertaron su consciencia”. Los teóricos de la conspiración siempre barnizan sus discursos con el dogma, nunca sus postulados podrán ser refutados, todo intento de refutación es simplemente una estrategia del enemigo. Esta tendencia de pensamiento tan fanática  realmente llega a ser muy peligrosa. Los conspiranoicos se mantendrán fijos en su postura no solo por paranoia, sino porque creer tantas cosas extrañas y pensar tan profundamente que están en los cierto les brinda un autoestima especial, ellos se creen realmente superiores al resto, son los únicos “despiertos” y son los que saben cosas que el resto no sabe. Este sentimiento de superioridad tan peligroso es una de las principales razones por lo que es tan difícil convencer a un conspiranoico que ha sido engañado como un idiota.

Además de la paranoia y el sentimiento de superioridad, la principal estrategia que usan los teóricos de falsas conspiraciones es abusarse de la ignorancia y la credulidad:
Las teorías conspirativas son siempre preferidas por las personas más ignorantes como modo de entender lo que está pasando sin tener que aprender ciencias o entender de política o economía. La conspiranoia no solo no necesita conocimientos previos, sino que los conocimientos previos son perjudiciales para la aceptación de las teorías de conspiración. Una persona que sabe física jamás llegaría a creerse que hay gente viviendo en el interior de la tierra que es ocultada por los gobiernos, ya que es físicamente imposible. De este modo los teóricos de la conspiración captan de adeptos siempre gente inculta de modo que sea más fácil inculcarle que todo el resto, excepto ellos mismos, están equivocados. Como historiador sociológico Holger Herwig encontró, estudiando explicaciones alemanas para el origen de la Primera Guerra Mundial, que «aquellos eventos que son más importantes son más difíciles de entender y atraen la mayor atención de inventores de mitos y charlatanes».
Una persona crédula que no maneja las herramientas del escepticismo es sumamente propensa a dejarse engañar por los teóricos de la conspiración, ya que no maneja ni la capacidad de pensar críticamente y poner en duda las afirmaciones o la conexión lógica de los hechos (los autores conspiranoicos suelen tergiversar datos históricos y añadirle información inventada para volver sus teorías creíbles y atractivas, de esta forma la mezcla datos reales y datos tergiversados con conclusiones falsas puede engañar fácilmente a los ingenuos), ni posee conocimientos de investigación crítica para dar con las fuentes de sus afirmaciones y juzgar las supuestas evidencias. Por lo general, una teoría de conspiración no utiliza fuentes, y en el caso de utilizarlas son fuentes que llevan directamente a otros teóricos de la conspiración volviendo la búsqueda un círculo vicioso que jamás sale del ambiente de la conspiranoia.

Otro de los problemas del método conspiranoico basado en la falta de evidencia y sustentada en la estética de la teoría (no tiene pruebas pero suena bien, es interesante y apasionante), es que como no hay ningún filtro racional que sirva para justificar coherente y realistamente las creencias, no hay forma de justificar el por que creemos solo algunas conspiraciones y no todas.Si no nos basamos en la evidencia para aceptar conspiraciones sino simplemente en que suenan bien, ¿Por qué no aceptamos todas las teorías conspiranoicas extremadamente carentes de evidencia pero con estética y coherencia interna? Si lo hacemos podríamos acumular tantas conspiraciones que llegaría un punto donde varias serias contradictorias entre sí.  Esto podría denominarse la paradoja del conspiranoico. Si uno cree en la conspiración de que hay una cura para el SIDA pero los laboratorios nos la ocultan, no puede creer a su vez que el SIDA no existe ¡y existen ambas teorías de conspiración! Para salir de esta contradicción una persona coherente buscaría cuál de las dos teorías posee más evidencia, pero solamente para no convivir con dicha incoherencia interna. Si tal persona aplica este principio característico de quien posee honestidad intelectual y escepticismo, debería rechazar toda teoría conspiranoica.
Acumular creencias irracionales e infundamentadas solo porque suenan bien y queremos creerlas nos lleva inevitablemente a tener millones de creencias contradictorias entre si y un completo caos mental que nos aleja más de la realidad cuanto más creencias tengamos.
Otra posible paradoja del conspiranoico es más simple: ¿Qué le garantiza a los conspiranoicos que no hay una conspiración para hacerles creer en conspiraciones idiotas?

Actualmente es común encontrar teorías conspiranoicas difundirse viralmente por internet en producciones alternativas de pseudodocumentales, por ejemplo el pseudodocumental “Zeitgeist: the movie”[2]. También abundan en Youtube otros videos de formato pseudodocumental un tanto más casero (con Loquendo y Movie Maker) sobre reptilianos, illuminatis, masones satánicos (que probablemente coman niños o algo por el estilo) etc., y pueden presentarse con títulos atrayentes como “La verdad que te ocultan” o “Lo que los gobiernos no quieren que sepas”. Estos pseudodocumentales usan evidentes técnicas de manipulación para sumirnos y que nos confiemos en todo lo que se dicen sin cuestionarlos. Las técnicas utilizadas generalmente consisten en mezclar imágenes impactantes y efectos especiales propios de las películas de ficción con música apocalíptica y preguntas retóricas apuntando a que cuestione la realidad. Luego se pasa a dar datos, una vez que el espectador haya caído en la credulidad y la confianza -fruto de la incertidumbre inducida- acaba por asimilar acríticamente todo lo que se le dice. Lo que contienen esos pseudodocumentales, acompañados de testimonios de gente simpatizante de las teorías de la conspiración o cortes de otros discursos, pueden ser desde tergiversaciones de la historia hasta verdades a medias y falacias que no encuentran la resistencia del individuo para ser asimiladas. La estrategia de la que más se abusan es el bombardeo de información y el sensacionalismo, la información se presenta tan rápida que no podemos analizarla, en cambio, las conclusiones son afirmadas miles de veces con gran énfasis, lo que las vuelve totalmente convincentes. Otra estrategia usada para darles demagogia a las teorías es que utilizar el discurso de la izquierda y la subversión para darle “un toque revolucionario”.  Si indagamos más al buscar información sobre los teóricos de la conspiración, nos damos cuenta de que son conferenciantes que viven de ello, vendiendo esas teorías como un simple producto y haciéndose ricos con libros llenos de mentiras. Para colmo, a ellos se les unen toda una pandilla de reaccionarios y conservadores que utilizan ese discurso pseudo-revolucionario y simplista para captar y confundir adeptos.


Toda la culpa la tienen ellos

Para los conspiranoicos toda la culpa del mundo siempre la tienen seres totalmente alejados de la sociedad como la conocemos. Un ejemplo de esto es creer que todo lo malo que pasa se debe a grupos como los “Masones” y los “Iluminati”. Esto un hecho extremadamente curioso. Todas las teorías conspiranoicas sobre iluminatis y masones están teñidas de un aparente tinte liberalista, pero veremos que de liberalistas no tienen realmente nada. Supuestamente estos grupos son judíos (más abajo profundizaré en el antisemitismo conspiranoico) que nos dominan, aunque no todos los conspiranoicos estén de acuerdo en que estos grupos sean exclusivamente de judíos, algunos dicen que son extraterrestres. Según ellos, ésta súper-elite de tiranos todopoderosos nos controlan a todos como un títere en un lugar muy alejado y desde las sombras, cosa que las pobres personas normales ni se enteran, a excepción de los iluminados conspiranoicos.
Muy curioso es que los Illuminatis no existen en la actualidad (o por lo menos no hay evidencia sólida), pero si existieron en el siglo XVII, conocidos como “Illuminatis” o “los Iluminados de Baviera”. Y no eran precisamente una elite de dictadores supersecretos, sino un grupo de ilustrados que se oponían a la superstición, los prejuicios, los abusos de poder, los abusos de la religión y la desigualdad entre los sexos. Los Illuminatis eran mucho más progresistas que los snobs pseudoprogres conspiranoicos que se oponen a ellos, aunque ya no existan.

iluminatis

Otro foco de paranoia conspiranoica son los ya casi inútiles masones. Los masones son una logia que nace, como la conocemos actualmente, en el siglo XVIII, aunque la historia de su construcción se remonta al siglo XV.  Se les ha inventado una historia falsa que los remonta hacia el antiguo Egipto, pero no es más que un mito, algo similar se ha hecho con el libro de esoterismo el Kybalion que algunos remontan hacia el antiguo Egipto cuando en realidad fue escrito en el siglo XIX. Los masones tuvieron su auge en el siglo XVIII durante el Iluminismo y la Revolución Francesa y durante el siglo XIX, pero hoy en día son una secta minoritaria y su poder es minúsculo. Para una muestra de su decadencia basta ver que cuando en el 2015 el gobierno kirchnerista en Argentina eliminó la ley 1.420 que garantizó la educación laica en el siglo XIX, los masones argentinos sacaron un comunicado[3] indignados por el hecho (la Ley había sido impulsada por el xenófobo prócer masón Sarmiento), y aun así el gobierno no hizo absolutamente nada.  La influencia de los masones esta exageradísima, y los que los satanizan en verdad no saben básicamente nada de ellos, si entraran a la masonería se llevarían una gran decepción. La masonería no es mucho más que una secta teísta (con excepciones, algunas son cristianas, otras siguen un tipo particular de teísmo –creen en un dios llamado “El Arquitecto”-, a otras no les interesa cosmovisión religiosa en particular, la masonería es heterogénea y depende de la logia) donde se juntan a estudiar un ocultismo rebuscado y leen ética tradicionalista (defienden los valores de la familia, la nación etc.), mientras dicen apoyar la igualdad y la libertad cuando gran parte de ellos no dejan entrar mujeres (vaya contradicción) y defienden un nacionalismo patético. La masonería no es mucho más que un grupo que opera bajo el sentimiento de pertenencia como lo hacen las religiones, las sectas y hasta los clubes de futbol. Los conspiranoicos que satanizan a la masonería no hacen otra cosa que, sin saberlo, seguirle el juego a lo que la iglesia católica, el islamismo y los grupos de ultraderecha quieren que crean, ya que los masones tienen una larga historia de tensiones con la iglesia, el islam y los gobiernos fascistas, como el del dictador español Francisco Franco (conocido enemigo de la masonería). Los masones aunque muy conservadores, son muchísimo más liberales que muchos de los que luchan contra ellos. Algo que deja bien en claro esto, es el hecho de que Agustín Barruel, el pionero en esto de denunciar “conspiraciones” “iluminatis” y “masónicas”, era un sacerdote jesuita que se oponía al iluminismo por representar todo lo contrario al conservadorismo que éste defendía. Barruel creía en una “conspiración de filósofos” y ateos. Esta es la base del conspiracionismo anti-iluminati, un exponente de la más retrógrada contrailustración religiosa.

Pero la irracionalidad conspiranoica va mucho más allá de echarle la culpa de todo a sectas terrestres. Entre los conspiranoicos es común creer que los humanos son en realidad controlados por una raza de reptiles intergalácticos. Si, así de absurdo. Esta maravillosa historia de ficción tiene de creador al charlatán con todas las letras Zecharia Sitchin, ufólogo  y escritor de ciencia ficción disfrazada de “historia alternativa”. Sitchin es conocido por brindar toda la teoría pseudocientífica que serviría de base para el nefasto programa “Alienígenas Ancestrales”[4], del patético canal History Channel. Estos extraterrestres inventados por Sitchins se conocen como “Anunnakis”, y según el no solo dominan el mundo, sino que son los creadores de la raza humana, y todo esto solo se sostiene sobre las conjeturas anticientíficas de Sitchins sobre la cultura sumeria. Me parece que no hace demasiada falta aclarar que sus disparates son objeto de burla de cualquier persona que sepa un mínimo de historia. La teoría de los Anunnakis no tiene ni pies ni cabeza, y además de eso, no es ninguna teoría inocente. El creer estas imbecilidades trae graves consecuencias, como demostré en otra sección de este artículo.

Judíos, judíos, judíos…  El antisemitismo conspiranoico

Algo importante a tener en cuenta es que mucha de las teorías conspiranoicas teñidas de “revolucionarias” son discursos que provienen de la derecha neonazi. Se caracterizan por mencionar a judíos o judeomasones como hegemónicos y perversos dominantes del mundo, que todo lo controlan y que tienen la culpa de todo por ser los seres más malvados del universo. Estas teorías suelen estar preñadas de un fuerte nacionalismo y están íntimamente relacionadas con la pseudociencia del negacionismo del Holocausto Nazi, del cual hablaré más abajo.  Siempre que una teoría conspirativa solo presente como responsables de TODOS los problemas a judíos, judíos y judíos (como hace David Icke, explicito negacionista del Holocausto Judío y conocido por defender el cuentito de los reptilianos) es porque proviene de sectores ultraconservadores antisemitas, no porque sean “progresistas” que buscan el bien común.

Uno de los principales “documentos” en los que se basan estos antisemitas conspiranoicos es el ultra-falso libro titulado Los Protocolos de los sabios de Sion. Esta obra habla de unas supuestas reuniones de “los sabios de Sion” en los que se describen conspiraciones judías cuyo plan es dominar el mundo. No es ninguna casualidad que haya sido el libro favorito de Hitler y que haya inspirado el nazismo. Su creación se atribuye a la Ojrana (la policía secreta del zar), y fue  publicado en 1902 en la Rusia Zarista con un claro objetivo: justificar los linchamientos y los ataques que estaban sufriendo los judíos e instaurar el miedo al comunismo. Desde hace tiempo se sabe que es innegablemente un plagio del libro francés titulado Dialogo en los infierno entre Maquiavelo y Montesquieu. Además del obvio plagio, el libro no posee ningún sentido racional, ya que acusa a los judíos controlar la masonería y el comunismo, a pesar de que el comunismo defienda el ateísmo y la anti-religión y la cosmovisión masónica no se acerca mucho a la cosmovisión judía. El libro claramente es una forma no solo de fomentar la xenofobia antisemita sino de justificar el miedo al “amenazante comunismo”.

Otro delirio ultraconservador de los conspiranoicos antisemitas que rebosa de inconsistencia y sinsentido es la afirmación sin ninguna base de que los grupos feministas y de LGBT son financiados por judíos -en alguna especie de plan maligno-. Es completamente absurdo pensar que los judíos, y más los ortodoxos que son sumamente conservadores -en lo sexual- y machistas, van a tener interés en difundir algo tan contrario a sus intereses culturales. En efecto, los judíos ortodoxos realmente no tienen ningún interés en promover grupos feministas o de activismo por la diversidad sexual. Incluso hace poco hubo un caso de un judío que se infiltro a apuñalar gente en una marcha del orgullo gay en Jerusalén (¿acaso quería asesinar a la gente de una marcha que el mismo organizo?). Este disparate conspiranoico es una simple táctica de la ultraderecha para provocar odio a los grupos que discrimina, tanto feministas, como LGBT y judíos, históricamente, los blancos de la ultraderecha.                                       

Conspiranoia y pseudociencia

Las teorías conspirativas están íntimamente relacionadas con las pseudociencias, básicamente se construyen con los mismos métodos y comparten los mismos espacios (blogs y revista de lo “misterioso y paranormal”).  Siendo que uno de los requisitos para crear una teoría de conspiración es que tenga una mínima apariencia de verosimilitud (aunque muchas no cumplen siquiera este requisito), los conspiranoicos suelen aferrarse a la pseudociencia, otro montón de teorías igual de falsas, dogmáticas y fantasiosas que recurren a artimañas similares para aparentar coherencia. Un ejemplo es el negacionismo del holocausto nazi, una teoría pseudocientífica de revisionismo histórico pro-nazi que intenta demostrar, contra toda solida evidencia histórica, que el holocausto nazi nunca pasó y que hay una conspiración judía en la historia que da éste por hecho. Sin lugar a dudas una de las más indignantes teorías de conspiración, ya que tiene como única finalidad la propaganda nazi y el antisemitismo. Es de las que más merece ser combatida junto con el también pseudocientífico negacionismo del cambio climático antropogénico, que pone en jaque nuestra supervivencia como especie, y la antivacunación, que con su torpeza anticiencia y su superstición infundamentada de que las vacunas causan autismo ya viene causando muchas muertes evitables.
El timo conspiranoico y pseudocientífico del negacionismo del calentamiento global tiene fuertes vinculaciones con los llamados “libertarios” o “libertarianos”, un colectivo que se considera de derecha y que rechaza la regulación de la economía por parte del Estado. Cuentan con su Partido Libertariano (o Libertario) y su ideología sigue a la Escuela de Chicago (las doctrinas de Friedman sobre la economía), la Escuela Austriaca de Economía y en los casos más extremos el “Anarcocapitalismo” de Rothbard (estos últimos se diferencian de la Escuela de Chicago en que son mucho más extremas y defienden la extinción total del Estado, y no que su papel se relegue únicamente a su función represiva, es decir, manteniendo los cuerpos policiales, de inteligencia, el ejército, el sistema judicial y las prisiones). Dicha ideología defiende la propiedad privada de los medios de producción, el individualismo y la no regularización del mercado y la economía. Según dicen la intervención de un gobierno en la economía la corrompe, pero no todos se ponen de acuerdo en hasta qué punto el Estado es o no necesario. El negacionismo del calentamiento global que sostienen muchos libertarios consiste en decir que los humanos no son responsables del cambio climático, o incluso que el cambio climático no existe[5]. Esto tiene un claro fin: confundir a las personas para permitirles a las corporaciones hacer lo que quieran sin necesidad de cumplir las normas e intervenciones que impone el Estado para prevenir el calentamiento global y la contaminación del medio ambiente. Esto es porque el libertarianismo (también llamado neoliberalismo) es en gran parte la ideología que sostienen los dueños de corporaciones y otros multimillonarios que todo lo que les interesa es no pagar impuestos y hacer con sus empresas lo que se les da la gana, aunque eso vaya contra el resto de la población, cosa que no les importa ya que su ideología exalta el individualismo y el no sentir compasión. No es de extrañar que la gran mayoría de los llamados libertarios sean de clase alta. Los grupos libertarios tienen cierto historial de financiar falsos “científicos” y divulgadores para que digan que “el calentamiento global no existe” o que “no hay evidencia de que sea causado por los seres humanos”. ¿Y toda la evidencia existente que afirma lo contrario? Bueno, según ellos es parte de la conspiración, lo que el “gran fraude científico quiere que creas”. Lo que buscan los negacionistas es que la gente crea que no existe, así cesan las manifestaciones y las leyes contra la deforestación, la explotación desmedida de recursos, la contaminación incontrolada producida por las empresas, etc. El calentamiento global existe, y es causado en gran parte por nosotros los humanos, el consenso científico no duda de ello.  El negacionismo del calentamiento global no es el único timo conspiranoicos usado por los libertarios, también recurren a todo tipo de historias que les sirvan para sostener su postura anti-impuestos, como buenos individualistas.

Otra teoría particularmente pseudocientífica y delirante es la de los “intraterrestres”, que vendrían a ser como seres extraterrestres, pero que viven dentro de la tierra (y sí, hay gente que cree esto). Esta fantasía se sostiene en la teoría pseudocientífica de que la tierra es hueca. Y claro, si los simples mortales no conspiranoicos ni nos enteramos de esto es porque los gobiernos en un complot mundial nos “lo ocultan”. Como deberíamos saber, estas historias, aunque atractivas, pasan por alto todo lo que sabemos de geofísica, pero bueno, a los amantes de lo misterioso, paranormal e incomprobable poco les importa la ciencia cuando se trata de defender historias absurdas.

Los conspiranoicos comparten con otros pseudocientíficos la absoluta negación de la evidencia, por ejemplo la conspiración que nos quiere hacer creer que la fluoración del agua causa daños, cuando en realidad evita que tengamos caries y toda la evidencia indica que la cantidad de flúor que se utiliza en el agua no causa absolutamente ningún tipo daño. La relación entre conspiranoia y pseudociencia es increíblemente estrecha, no solo los conspiranoicos recurren a la pseudociencia, sino que los pseudocientíficos se comportan como conspiranoicos. Siempre que a un pseudocientífico se le presenta evidencia este recurre a argumentos conspiranoicos del tipo “eso es lo que las farmacias quieren que creas”, “esos datos están manipulados por el todopoderoso gobierno”, etc. Ante la crítica, como buenos dogmáticos, siempre la paranoia reemplaza a los argumentos racionales.

Graves problemas de la conspiranoia

Los teóricos de falsas conspiraciones directamente nos mienten en la cara. La gran mayoría tergiversan los datos no  por error, sino para enlazar sus argumentos, para pretender demostrarlos, para que les creamos, para mentirnos. De todas formas, no hay que descartar la posibilidad de que algunos de los teóricos de falsas conspiraciones si se crean sus mentiras, y por medio de falacias no intencionales, sesgos y disonancias cognitivas intenten “revelarnos su verdad”. Lo cierto es que la conspiranoia es muy nociva, principalmente porque son mentiras que se difunden bajo la apariencia de revelaciones, y las mentiras nunca son buenas. Toda mentira trae consecuencias, en el caso de las falsas conspiraciones: vuelven a las personas cada vez más crédulas (si alguien empieza a creer que todo lo “oficial” o científico es manipulado, se cree fácilmente cualquier cosa que le diga cualquier blogger completamente ignorante y paranoico o algún charlatán de lo paranormal), distraen de los problemas reales, generan comportamientos de escándalo patéticos, hacen perder tiempo a personas luchando contra enemigos inexistentes, generan conductas peligrosas como llevar dietas insalubres o dejar de tomar medicamentos, vuelven a la gente miedosa y ultra paranoica, etc.

Muchas de las teorías de conspiración nos quieren hacer ver que el mundo está mal, de eso nadie duda: la política no es realmente democrática, muchas corporaciones en plan de solo aumentar ganancias ignoran el bienestar humano y medioambiental, la corrupción es la regla general, el medioambiente corre severo peligro, las riquezas cada vez están distribuidas de forma menos igualitaria, los animales se están extinguiendo masivamente y un largo etc. En fin, que muchas cosas del mundo estén mal, nadie lo duda, pero no por eso debemos dejarnos seducir por cualquier teoría que pretenda mostrarnos de manera exagerada, ficticia, simplista y superficial el qué y el porqué está mal, y lo que supuestamente debemos hacer para evitarlo. No necesitamos mentiras que nos digan que el mundo está mal, basta con las verdades.  La lucha por un mundo mejor se hace con verdades.

Un problema muy grave de la conspiranoia es que nos distrae de los problemas reales y sus causantes echándole la culpa a seres inalcanzables como a los “anunnakis” y a otros extraterrestres con los que nunca podremos luchar (ya que no existen), a gente super-secreta de la que nada se sabe, a poderes increíbles que nos manipulan, en fin, nos hace creer que siempre el problema está allá fuera, muy, muy lejos. Cuando en realidad el problema está muy cerca, somos nosotros, nosotros somos los que podemos influir en el mundo, pero la conspiranoia mantiene a la gente luchando en la nada, contra nadie, en lugar de pretender luchar contra las personas y los hechos reales detrás de todo esto, contra las leyes injustas, los comportamientos aberrantes de las corporaciones, los sectores políticos específicos, los problemas medioambientales, etc.  Hay un capítulo genial de South Park en el sus creadores se mofan de los conspiranoicos y el atentado del 11-s, en el sueltan una frase fantástica, decía algo así: “El gobierno quiere que la gente crea en conspiraciones para que estén convencidos de que ellos tienen el poder absoluto”. A los poderes que nos oprimen les encanta que les tengamos miedo y los estimemos en demasía, el conspiracionismo aporta a esto.
Es de considerable importancia luchar contra la conspiranoia, tratar de difundir el pensamiento crítico sobre todos aquellos que conozcamos y veamos que estén perdidos en la creencia en falsas conspiraciones. Las mentiras se combaten.
En fin, la conspiranoia no es más que una consecuencia de la falta del escepticismo de la gente, de no tener pensamiento crítico para analizar la información que se recibe, y mientras haya más facilidad de información y menos pensamiento crítico, la conspiranoia va a crecer.
Así que dejemos de echar culpas a seres ficticios, y hagámonos responsables del mundo que está en nuestras manos cambiar… el problema está acá, no allá afuera.

conspr

[1] http://circuloesceptico.com.ar/2013/04/el-engano-de-los-chemtrails

[2] Para ver una admirable refutación a Zeitgeist, ver “Zeitgeits Contrastado” en el blog de Natsufan y Chemazdamundi

[3] http://www.masoneria-argentina.org.ar/blog-gla/195-intentan-eliminar-la-educacion-laica

[4] Chris White se tomó el honorable trabajo de refutar las mentiras y estupideces de Alienígenas Ancestrales en una serie de documentales traducidas al español por el gran escéptico mexicano Javier Delgado, pueden encontrarlos en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=NZPkZIi8aso

[5] Para ver una refutación al negacionismo del CCA pueden leer los artículos del Circulo Escéptico Argentino: http://circuloesceptico.com.ar/2014/02/ciencia-basica-cambio-climatico-calentamiento-global http://circuloesceptico.com.ar/?s=los+libertarios+y  y http://circuloesceptico.com.ar/2014/02/libertarios-desinformacion-calentamiento-global

Pensadores críticos: ¿Defensores del pensamiento único y dueños de la verdad?

Por lo general, los defensores del pensamiento crítico estamos acostumbrados a leer cosas como: “nadie es dueño de la verdad” y “nadie tiene la verdad absoluta”. También, suele acosársenos de querer imponer un “pensamiento único”.  Los que estén acostumbrados a debatir ideas mediante la argumentación lógica y la evidencia seguro sabrán bien de lo que hablo. A continuación pasaré a analizar estos recursos de contra-debate y anti-argumentación:

Que “nadie es dueño de la verdad” es completamente cierto,  como también, absolutamente obvio. Nadie es dueño de la verdad porque la verdad no es una “cosa” que pueda “tenerse”, sino un atributo de ciertos enunciados (el atributo de adecuación o correspondencia más aproximada de una proposición con la realidad, y en el caso de verdades formales, el atributo de consistencia lógica). Ser “dueño de la verdad”, como entienden los que utilizan éste término, significaría algo así como  creer tener la razón en todo, o en algunos casos la verdad absoluta sobre algo. Esto es una falacia non sequitur; ya que tener la razón sobre algo no implica ni tener razón en todo –cosa imposible-, ni tener la verdad “absoluta”, sea lo que fuese. Incluso detrás de la frase parece haber una insinuación de que existe una verdad única aplicable a todo, y esta idea como sabemos, o por lo menos deberíamos saber, es absurda y está de más aclarar. ¿Por qué se utiliza entonces ésta frase?  Por lo general, suele usarse por gente dogmática que no quiere darle al otro la razón cuando este demostró tenerla, o que simplemente evita el debate por su incapacidad de pensar críticamente y poner sus ideas en tela de juicio. Diciendo esto creen salvarse de forma muy fácil de aceptar sus errores y ceder ante la crítica para reformular sus ideas.  Nadie es dueño de la verdad, pero si hay gente que puede tener razón y decir la verdad, como también hay gente que puede estar equivocada y mentir.  Si yo digo algo como que Italia es la capital de Francia y alguien me refuta, sería para cualquier persona totalmente ridículo que le dijera que “nadie es dueño de la verdad” intentando así salvarme de su corrección. Sin embargo la frase pasa desapercibida y suele tomarse en serio cuando el tema es algo más complejo. El razonamiento y el uso es el mismo, la frase es una falacia (me gustaría patentarla: “Falacia del dueño de la verdad”)  que sirve para escudarse tras una aparente incertidumbre –muy generalmente- ficticia y poder así evitar cualquier  retractación o debate. Es asombroso que exista gente que crea que con una frase tan obvia, simple, tonta y vulgar puedan proteger sus dogmas de la crítica. Si alguien dice la verdad y la defiende con evidencias y argumentos, es inaudito que a éste se le acuse estigmatizantemente de creerse dueño de la verdad. Esto habla muy mal del acusador, demuestra que es irrealista, deshonesto, incapaz de reflexionar sobre lo que considera cierto, de argumentar, de debatir y de cambiar sus ideas cuando es necesario.  Sin embargo es importante tener en cuenta que ésta frase suele usarse también como referencia al dogmatismo que tanto acabo de criticar, creerse ser “dueño de la verdad” puede significar creer tener “una verdad” que es irrefutable e inmune a las evidencias y a los argumentos. Debo decir, que usar la frase  de ese modo  no está mal, pero de todos modos raras veces es utilizada de esta forma.
Que “nadie tiene la verdad absoluta” parece ser parcialmente cierto, si es que con esto se refieren a que nadie puede enunciar una verdad absoluta (aunque el concepto de “verdad absoluta” es muy vago). Si con verdades absolutas se quieren referir a verdades irrefutables, tienen razón parcialmente, ya que las verdades formales si son irrefutables. Sin embargo, las verdades fácticas, en sentido estricto, son solo aproximadas, graduales y perfectibles. La gnoseología que postula esto se conoce como realismo crítico, filosofía inherente a la ciencia, ya que los cuerpos de conocimientos científicos están en constante perfeccionamiento. La postura que considera la existencia de verdades absolutas se conoce como realismo ingenuo ya que es un tanto osado e ingenuo pretender que nuestro conocimiento, aun cuando si puede ser bastante exacto, es perfecto. Realmente no podemos saber si nuestro conocimiento, por ejemplo, nuestras leyes físicas van a operar de igual modo por toda la eternidad en todos los rincones del universo, ni tenemos teorías perfectas que expliquen sin ningún tipo de hueco algún fenómeno, ya que esto implicaría tener teorías perfectas para cada tema que subyace a tal fenómeno, y comprobar inequívocamente hipótesis para las cuales aún no contamos con los medios. Esto no quiere decir que no existan certezas y verdades fácticas. Nadie duda que cierto grado de verdad y de certeza exista. Incluso existen grados se certeza muy altos, como que la velocidad de la luz es de 299 792 458 m/s (y cualquiera lo puede comprobar mediante uno o varios experimentos), que la evolución es un hecho o que las leyes de la termodinámica, por lo que conocemos, son inviolables (a pesar de los creyentes en el fraude de la “energía libre”). Como también,  sabemos que es verdad que mirar el sol daña los ojos o que si nos cortamos la cabeza moriremos. Todos sostenemos la existencia de verdades constantemente. Si nos acusan de un delito que no cometimos, y exponemos las razones que demuestran nuestra inocencia, inevitablemente nos gustaría que tales verdades fueran tomadas como lo que son -definitivamente en esa situación no nos pondríamos a relativizar-. La frase coquetea oportunista con gnoseologías irrealistas como el subjetivismo y el relativismo, y la intención de su uso por lo general suele ser idéntica a la de la anterior: un recurso escapista para seguir sosteniendo dogmáticamente posturas demostradas falsas. Con respecto al relativismo (filosófico), podríamos considerarlo  con alto grado de certeza una postura falsa, ya que si creemos realmente que “todo es relativo”,  consideramos a esta premisa también como relativa, y como lo relativo es relativo con respecto a algo, esta sería relativa a algo relativo, y así ad infinitum. La postura es completamente insostenible. Si todo fuese relativo no existirá nada concreto respecto de lo cual pudiese ser relativo, ni su premisa misma. Si el relativismo fuera cierto, no podría serlo, ya que afirma que nada es -realmente- cierto. Es una postura tan inconsistente que se autorefuta. A menudo los relativistas creen que el relativismo fue demostrado por la teoría de la relatividad de Einstein, esto es realmente cómico, demuestra que no tienen absoluta idea de nada.  Es claro que existen cosas relativas, pero relativas a algo (como la gravedad, que es relativa a la masa). El abuso del término “es relativo” suele ignorar por completo esto, y la palabra relativo es usada indiscriminadamente como maquillaje de la ignorancia y como muestra de debilidad para sostener certezas y defender ideas. El relativismo también suele ser relacionado con el subjetivismo, ya que son idénticas en su (im)postura de odio a la verdad, y desde ya, ambas posturas son extremadamente falsas. Existen cosas relativas, subjetivas y objetivas. Si realmente todo fuese subjetivo, esta premisa también sería subjetiva, y por lo tanto no tendría valor como para ser defendida, y por otro lado, si la premisa fuera cierta y todos se pondrían de acuerdo en ello la volverían objetiva y se autorefutaría[1]. Si -como afirman los relativistas y subjetivistas- todas las proposiciones son igual de validas, la proposición “no todas las proposiciones son igual de válidas” seria valida, cosa que es un grave problema lógico para los relativistas. Los relativistas ante esto nos dirán “la lógica no es válida”, a lo que se le puede responder “si es universalmente válida”, cosa que los relativistas fieles a su postura no podrían discutir.
No existen ni el relativismo ni el subjetivismo consecuente, son poses, los llamados relativistas y subjetivistas son en su totalidad, unos hipócritas. Sabemos que es cierto/verdad que comer alimentos descompuestos, o no comer en absoluto nos puede enfermar y matar y por eso lo evitamos (a pesar de que curiosamente exista la impostora doctrina del respiracionismo, basada en el engaño y la credulidad de espectadores pusilánimes). También sabemos que es cierto/verdad que  si no seguimos indicaciones médicas en el caso de necesitarlas, corremos el riesgo de empeorar y morir. Si podemos, como Bergson, darnos el tonto gusto de dudar de la teoría de la relatividad de Einstein por no comprenderla, también podemos por momentos presumir de nuestro supuesto relativismo filosófico exhibiendo cuando nos conviene un discurso tanto excéntrico como falso. Pero realmente vivir creyendo que ningún tipo de verdad existe y que realmente todo es relativo,  solo es una fantasía inverosímil. El relativismo y el subjetivismo, como todo el irrealismo del pensamiento mágico y del pensamiento débil, jamás hicieron nada positivo por la civilización humana. Si el relativismo/subjetivismo hubiese sido la gnoseología imperante durante la historia, no existiría ni la ciencia, ni la tecnología, ni la justicia. No podríamos haber erradicado jamás las pestes que nos diezmaban, ni podríamos haber explorado el espacio, ni entender la luz o la gravedad, ni fabricar anteojos para la gente que los necesita, ni sobrevivir a la adversidad de la naturaleza, ni entender nuestra fisiología para prevenir enfermedades, ni manejar la agricultura para alimentarnos, ni elaborar éticas sobre las cuales sostener el progreso humano, ni nada en absoluto. Todo lo positivo con lo que contamos se debe al intento de comprender la realidad de forma objetiva, no a nuestros caprichos y ocurrencias personales de cómo esta funciona. Por esto, la frase es tan ingenua y deshonesta como las anteriores.

Tanto como estas frases prefabricadas, veo constantemente que los que intentan argumentar mediante la lógica y los hechos son acusados de querer imponer un “pensamiento único”. O sea, pensar que el mundo existe más allá de lo que nosotros creamos sobre él, que se lo puede conocer,  que ciertas formas de conocerlo nos dan una garantía de certeza y que esas certezas pueden ser defendidas es, según ellos, querer imponer un pensamiento único.  Básicamente, lo que intentan decirnos es que defender la verdad es querer imponer un pensamiento único, y si hay una señal de una sociedad enferma, es la aversión y el miedo a la verdad. Acusar de querer imponer un pensamiento único a alguien que tiene argumentos y evidencias que respaldan algo que dice es (como en el caso de las frases anteriores) el colmo de la terquedad, el dogmatismo, el irrealismo y el irracionalismo. Los pensadores críticos no buscan “imponer” un pensamiento único, defienden el pensamiento racional-empírico y la existencia de verdades o hechos determinados que es muy diferente. Hay que notar la diferencia entre defender una idea e imponerla. El hecho de imponer algo sea lo que fuese suele ser en la mayoría de los casos algo inmoral (no en todos, por ejemplo, en el caso de imponerle un tratamiento psiquiátrico a una persona peligrosa para la sociedad).  Por lo que imponer un “pensamiento único” obviamente no es algo defendible. Incluso defender una concepción única sobre algunas cuestiones es en muchos casos imposible, innecesario, inmoral e irracional, como en el caso de ciertas costumbres o gustos inofensivos (sería totalmente disparatado querer defender la implementación de un solo modo de vestir, o de un gusto único por determinado estilo musical, por ejemplo). El pensamiento crítico no es para nada imponer un pensamiento único, sino pensar por uno mismo, pero pensar bien, es decir, pensar racionalmente y teniendo en cuenta la evidencia que muestran los hechos. Si los pensadores críticos poseen ideas similares sobre determinados temas, es porque basan sus opiniones en argumentos y evidencias, y no en lo primero que se les ocurra, que suene bien o que sea agradable para ellos mismos. Si gran parte de los pensadores críticos poseen algunas similitudes en sus opiniones, como por ejemplo en que la astrología, el psicoanálisis, el respiracionismo, el reiki, las religiones y el relativismo cultural son falsos y perniciosos no es porque se hayan puesto de acuerdo en sostener tales ideas e “imponerlas” –difundirlas mediante argumentos, en realidad– al resto, sino que la mayor parte de los pensadores críticos llegan a tales conclusiones porque es lo que la evidencia dice al respecto. Cuando al filósofo Bertrand Russell le preguntaron cuál sería su mensaje para las futuras generaciones, respondió que su mensaje intelectual seria “… nunca te dejes desviar, ya sea por lo que deseas creer o por lo que crees que te traería beneficio si fuera creído, observa únicamente cuales son los hechos”, pues esa es la base del pensamiento crítico, y como la realidad no es múltiple, la verdad tampoco lo es. De todos modos, es totalmente falso que los pensadores críticos piensen todos de igual manera, basta ver un foro de pensadores críticos para notar su pasión por el debate y la confrontación de ideas entre ellos.

Es evidente que la supuesta “defensa del pensamiento único” es un manotazo de ahogado por fabricar un hombre de paja y atacar en nombre del subjetivismo o el relativismo a los que defienden la existencia de un hecho o alguna verdad aunque sea con evidencia y argumentos.  Parecen creer, que da igual cualquier idea que uno pueda tener acerca de algo, ya que lo importante es la pluralidad ante todo. Esto es absolutamente ingenuo e irrealista. La pluralidad ciega jamás será más valiosa que la verdad demostrable. A ellos parece darles igual que algunos piensen que vacunar está mal (pese que la anti-vacunación causa el rebrote de muchas enfermedades evitables que terminan por matar o destruir la vida digna de cientos de personas), que da igual destruir el ecosistema o no,  que da igual matar o no, ya que darse cuenta y defender la inmoralidad, la falsedad o la irracionalidad de tales acciones seria querer “imponer un pensamiento único”. 2+2 no vendría a ser 4, sino lo que cada uno crea que es,  ya que lo importante es la pluralidad. Si esta forma de pensar -mejor dicho, de no pensar- se implementara solo nos llevaría a un primitivismo que destruiría la civilización humana. Sobre algunas cuestiones la pluralidad no es para nada positiva, en el campo del arte y su apreciación, en ciertas costumbres y gustos inofensivos, etc. la pluralidad es necesaria, pero en cuestiones del mundo real y como lo entendemos (incluyendo a las personas y sociedades), la pluralidad bruta no tiene ninguna ventaja sobre la verdad comprobable y la objetividad. Que haya pluralidad de puntos de vista sobre un fenómeno significa inevitablemente por el principio lógico de no-contradicción, que la mayoría son falsos. Por ejemplo, cada uno puede tener su hipótesis sobre el origen del hombre y aceptarla como un hecho, pero la teoría evolutiva seguirá siendo cierta y esto lo indican todas las evidencias disponibles, quiéranlo o no (la evolución es una de las teorías científicas con más grado de confirmación). Pensar que existe una verdad objetiva por la que luchar y que ésta es más valiosa que una demagógica apreciación de la pluralidad de puntos de vista –por más erróneos y estúpidos que sean- no es para nada totalitario como muchos acusaran, sino todo lo contrario. Si hay característica del totalitarismo es el desinterés por la verdad y su hincapié en lo emocional e irracional, cosa a la que apelan tales relativistas.  George Orwell mostró que la negación de la verdad es una característica del totalitarismo en su magnífica novela 1984: “Su filosofía negaba no solo la validez de la experiencia, sino que existiera realidad externa. La mayor de la herejía era el sentido común. Y lo más terrible no era que le mataran a uno por pensar de otro modo, sino que pudiera tener razón. Porque, después de todo, ¿cómo sabemos que dos y dos son efectivamente cuatro? O que la fuerza de la gravedad existe. O que el pasado no puede ser alterado. (…) El Partido os decía que negaseis la evidencia. (…) La libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sus pasos contados”.

El origen del relativismo parece provenir, en gran parte, de una reacción frente al colonialismo genocida del siglo XV. Según el razonamiento de los relativistas, si los europeos al llegar a América hubiesen tomado una postura relativista, no hubiera existido la masacre que ocurrió. Sin embargo esto parte de un razonamiento exageramente malo,  ya que si en verdad los colonizadores fuesen relativistas, destruir o no destruir las civilizaciones originarias seria relativo, por lo tanto, si quisieran hacerlo lo hubieran hecho sin ninguna dificultad moral. Esto demuestra que si lo que queremos es el bien común, para lograrlo el camino no es relativizar sino comportarnos moralmente a partir de una ética desarrollada, racional y consistente como lo es el humanismo secular. El relativismo no lleva a la tolerancia, en realidad, no lleva a nada puesto que es una postura sumamente impracticable. Lo que lleva a la tolerancia es la razón, cosa que carecía tanto en los brutales aztecas como en los, para nada ilustrados, europeos del siglo XV. El relativismo al atentar contra esta, y al no privilegiar una ética por sobre otra, hace más daño que beneficio a su causa de origen. Y es sumamente necesario aclarar, que aquí me refiero al relativismo epistemológico y moral, no al relativismo cultural utilizado en antropología para el estudio de las diversas culturas, cosa muy diferente.
El relativismo y el posmodernismo en general, aunque busca aparentar ser de izquierda y progresista, es en realidad una fiel amante de la derecha neoliberal, del conservadurismo y del primitivismo retrograda new-age. Si nada es real, si no existe la verdad, si todo vale, no hay razones para luchar por un mundo más justo, más igualitario, más digno, o por una economía basada en la evidencia científica y la ética (cosa que temen los neoliberales, por lo que se esconden tras sus axiomas praxiológicos). La salud pública puede ser tranquilamente desmantelada, ya que da igual curarse en un sanatorio privado o visitar al chaman del barrio. Da igual parir en un hospital con todos los cuidados y precauciones, que parir en casa corriendo el riesgo de morir por infecciones u otro tipo de complicaciones (la idea del descuidado parto en casa es una de las tantas ideas peligrosísimas del new-age y el posmodernismo anticientífico[2]). Da igual comer sano todos los días en un restaurant caro o comer de la basura. Si todo depende “del discurso”, la pobreza es exactamente igual que la riqueza, y cualquier intento de poner en duda esto sería imponer un pensamiento único. Si cada cultura es equivalente y si el relativismo cultural que defienden los posmodernos es correcto, podemos mirar hacia otro lado y no sentir culpa por todos los problemas culturales que existen en Oriente, donde los musulmanes tratan a las mujeres como escoria mientras lapidan homosexuales y destruyen sitios históricos como museos del antiguo Egipto, para ellos esto sería simplemente otra cultura igualmente valida e injuzgable. Foucault, uno de los mayores representantes del posmodernismo, es un excelente ejemplo de como este movimiento aunque aparenta ser radical y de izquierda tranza con el más extremo totalitarismo. Foucault mientras se volvía ídolo de la izquierda francesa apoyaba la subida al poder del Ayatolá Jomeini en Iran, quien instauró un golpe teocrático y una durísima ley islámica que, entre otras cosas, favorecía el terrorismo.
Para colmo, los defensores del pensamiento débil son excelentes aliados de la iglesia católica, ya que si “todo es relativo” da igual enseñar evolución o creacionismo en las escuelas (idea defendida por el posmoderno Feyerabend), da igual legalizar o prohibir el aborto, da igual dar anticonceptivos o no darlos. Y bajo la mirada del relativismo, el ateísmo y la crítica a la religión es, claramente, “querer imponer un pensamiento único” y “sostener la hegemonía del pensamiento científico”. Definitivamente lo más triste que le pasó a la izquierda, además del impacto de revolucionarios improvisados y violentos y del totalitarismo comunista chino y soviético –falsamente socialistas-, es la influencia toxica de las ideas posmodernas. Alan Sokal y Bricmont lo explican en su excelente libro Imposturas Intelectuales:

  “Por último, para todos los que nos identificamos con la izquierda política, el posmodernismo tiene especiales consecuencias negativas. En primer lugar, el enfoque extremo en el lenguaje y el elitismo vinculado al uso de una jerga pretenciosa contribuyen a encerrar a los intelectuales en debates estériles y a aislarlos de los movimientos sociales que tienen lugar fuera de su torre de marfil. Cuando a los estudiantes progresistas que llegan a los campus norteamericanos se les enseña que lo más radical -incluso políticamente- es adoptar una actitud de escepticismo integral y sumergirse por completo en el análisis textual, se les hace malgastar una energía que podrían dedicar fructíferamente a la actividad investigadora y organizativa. En segundo lugar, la persistencia de ideas confusas y de discursos oscuros en determinados sectores de la izquierda tiende a desacreditarla en bloque; y la derecha no pasa por alto la oportunidad para utilizar demagógicamente esta conexión”.

Otro gran “logro” del posmodernismo, con su relativismo exagerado y su dogmática antimodernidad, es servir de base filosófica para el movimiento pseudocientífico, retrogrado y supersticioso por excelencia, el New-age. El new-age es la cumbre del pensamiento débil, uno de los movimientos más nocivos y estúpidos que jamás existieron –ver la “ley de atracción” de Rhonda Byrne, por ejemplo, una gran estrategia new-age de engaño conservador, conformista y supersticioso-. Enaltece cualquier tipo de superstición y se opone a cualquier beneficio de la modernidad, al igual que el posmodernismo. Ya es tiempo de que una nueva ilustración destierre ambas modas anti-intelectuales, este debe ser uno de los más importantes objetivos del movimiento escéptico (me refiero claro, al escepticismo racional o científico). Al oír la palabra Ilustración los posmodernos se tensan, asustan y preocupan, la razón, la ciencia y el pensamiento  crítico son sus más fervientes enemigos,  y por esta razón recurren a echarle la culpa de todos los males incluyendo el holocausto nazi. Por ejemplo, según Theodor Adorno y Max Horkheimer el nazismo es una consecuencia de la ilustración, está de más, me parece, hacer demasiado hincapié en la refutación de tal mediocre tesis. Basta aquí decir, que el nazismo hallaba su inspiración en teorías puramente irracionales como el nacionalismo y el ocultismo, que se basó, en parte, en ideas de Nietzsche (crítico de la ilustración), que Heidegger –ídolo del posmodernismo y el nazismo- era irracionalista y miembro del partido nazi, que los nazis amaban la pseudociencia (teorías de raza aria e incluso el psicoanálisis, el cual usaban para “curar la homosexualidad”, por ejemplo), etc. Y que en cambio, el iluminismo combatía el abuso de poder, defendía la razón, la ciencia, la libertad, la igualdad, la fraternidad, la tolerancia, los derechos humanos y demás. Este esperpento de  tesis pareciera ser más una apología del nazismo que otra cosa. Sin embargo es muy popular e incluso la escuché nombrar en plena clase a un profesor de Historia de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP, el cual para defenderla, recurrió a la dialéctica[3], con la que uno puede defender lo que se le ocurra, ya que no hay concepto más oscuro e inútil.  Para los relativistas la razón es una dictadura, lo que equivale a decir que las dictaduras son racionales, cosa que es más una defensa al totalitarismo que otra cosa. Si los relativistas son consecuentes con su premisa de que “todo vale” ¿por qué el nazismo no debería de valer?
El pensamiento crítico tiene como base sospechar de cualquier autoridad y negarle el poder por ser tal, es la más sofisticada forma de subversión. El pensamiento totalitario puede ser consecuencia del pensamiento débil, ya que los que no pueden tener un pensamiento firme y crítico son los que necesitan de una suprema autoridad, sea un Dios ficticio o un dictador humano, que los dirija violando todos los valores en los que ellos no creen.

Los delirios traídos por el pensamiento débil (relativismo, subjetivismo, etc.) son tan populares porque, además de ser fáciles para aparentar intelectualidad, son particularmente demagógicos. A la gente le siente bien que se le diga que su estupidez no es tan grave, que lo malo es la inteligencia. Que critiquen sin ninguna solidez el conocimiento científico, ya que aprenderse sus grandilocuentes frases es fácil, y con esto creen que no es necesario estudiar ciencias para aparentar que saben sobre ellas. Que le digan que nunca están en lo incorrecto, sino que son “diferentes puntos de vista igualmente validos”. Esa demagogia nauseabunda es lo que lo hace tan popular en los sectores no ilustrados. En cambio, el pensamiento crítico no suele ser demagógico; todos conocerán disputas entre conocidos científicos o librepensadores contra los poderes y convenciones sociales de la época, por ejemplo, con la teoría de la evolución propuesta por Darwin.  A pocos pareció gustarle que se demostrara una relación entre nosotros y el resto de los animales –cosa que actualmente a muchos, tontamente, les sigue pereciendo denigrante-, o que no éramos el centro del universo. También las críticas a la religión y al teísmo por parte de algunos científicos y filósofos críticos influyeron de gran manera, ya que la religión siempre fue el mejor estimulante de estupidez reaccionaria contra el avance de la inteligencia.  A muchos de estos les hubiera gustado que se les diga que aquellos hechos y argumentos eran relativos, que lo que ellos pensaran sobre el tema estaría bien, que son puntos de vista igualmente válidos y aquel pensamiento crítico o científico era hegemónico, homogeneizador, “positivista” (aunque no sepan que significa), occidentalista, reduccionista, etnocentrista, eurocentrista etc. y que no deberían darle importancia alguna. A pesar de que es preferible vivir rodeado de verdades incomodas que de bonitas ilusiones, para muchos es mejor persistir en los delirios antropocentristas que insistir en alcanzar un análisis de la realidad de forma objetiva. Éste antropocentrismo primitivo, enaltecido por la filosofía romántica, que considera a la verdad científica como corrosiva de la dignidad, y no como un medio para elevarla, lamentablemente siempre palpitará en una sociedad rica en un egocentrismo ciego, donde abundan individuos que creen que la verdad es algo democratizable (“si muchos están de acuerdo es porque es cierto”), o incluso, que la verdad no importa sino “mi opinión” o la pluralidad bruta. He ahí, en parte, la popularidad del pensamiento débil.

Sobre esto surge una serie de interesantes preguntas: ¿Qué es lo que mantiene al ser humano en tal desinterés por la verdad, a tal desprecio por la realidad? ¿Por qué la gente elige pensar de forma superficial, tosca y bruta? ¿Qué es lo que lleva al ser humano a tal indiferencia? Supongo que hay varios factores. Para empezar, pensar racionalmente conlleva un gran esfuerzo, y el primer gran esfuerzo que muchos prefieren evitar, es el de cuestionarse constantemente todo lo que se da por cierto. Lo cierto es que nuestra sociedad esta aun hoy esclava de las formas arcaicas de pensamiento, y la vigencia de las religiones lo demuestra. Una religión es en sí una navaja en el cuello del librepensar. Una mentalidad sumisa de una religión tendrá siempre un límite, un muro el cual no podrán atravesar, una serie de dogmas que les impedirá llevar su vida intelectual más allá de lo que por pura sugestión da por cierto. Considero a las religiones como una de las principales resistencias hacía el surgimiento de una sociedad libre basada en el profundo desarrollo de una intelectualidad escéptica, que permita al humano alcanzar la mayor comprensión sobre sí mismo y sobre lo que lo rodea, de modo que transite en el mejor sendero hacia la verdad. Esta sociedad es la que realmente conseguirá traernos bienestar[4], y por lo tanto libertad y la dignidad humana a su más alto potencial, cosa imposible de llevar a cabo si aceptamos las tentaciones de los profetas religiosos y posmodernos, que buscan desechar toda búsqueda de la verdad. Claro que sería totalmente reduccionista culpar solamente a las religiones por limitar el desarrollo intelectual. Y claro, no solamente las religiones son muestra de que la cultura moderna convive con la primitiva, también lo son las guerras, el chauvinismo nacionalista, las formas de gobierno autoritarias, las supersticiones, la cacería, las sectas, los espectáculos de tortura como la tauromaquia, etc. Otro factor que lleva a las personas hacia el desinterés por la investigación critica como búsqueda de la verdad, es la simple haraganería. La cultura actual posee tanto entretenimiento fácil, que pocos son los que mantienen vivo el espíritu crítico de pensamiento e investigación. Ya que mantener la curiosidad, buscar rigor, analizar la información y contrastarla conlleva un gran esfuerzo -como también un gran placer-. No solo eso, la investigación crítica conlleva una serie de frustraciones que llevan a uno a desechar muchísimas ideas consideradas anteriormente ciertas, cosa que a la mayoría le cuesta enormemente.  Aferrarse a las ideas de forma emocional y no racional es otro factor que mantiene a las personas lejos del interés por la verdad.

Con tantas muestras de lo lejos que puede llegar la confusión del hombre, como ser: rebrote intencional de enfermedades erradicadas (¡gracias antivacunas!), muertes por oposición a la medicina por posturas místicas o religiosas –como el caso de los Testigos de Jehová y la transfusión de sangre-, suicidios y mutilaciones sectarias, teorías de raza aria, misoginia y homofobia religiosa, etc. Lo más inmoral y estúpido a lo que éste puede incurrir es a negarse la capacidad de conocimiento objetivo. Cosa que es básicamente, volverlo a sumergir en la oscuridad del primitivismo harto deshumanizante. Si hay algo que volvió la vida de los hombres disfrutable, es el sentido de objetividad. Los subjetivistas lo que buscan  es destruir la civilización. Defender insistentemente el pensamiento crítico por sobre los delirios retrógrados del subjetivismo-relativista como de cualquier forma de pensamiento mágico y débil, es una necesidad si queremos salvarnos de la oscuridad que constantemente nos acecha, a menudo en forma de frases confortables o disfrazadas de discursos intelectuales de vanguardia (principalmente en las facultades de humanidades).    

Apéndice:

Alguien me sugirió que en el texto faltaba algún desarrollo sobre lo que se consideran verdades “intersubjetivas”. No lo mencione por dos razones. Entiendo a la “intersubjetividad” -en sentido gnoseológico- como a lo que puede ser objetivable pero que no tiene existencia propia (por lo que queda afuera lo factico, que es claramente objetivo) ahí entrarían –algunas- verdades conceptuales, estéticas, éticas y otras verdades por convención, pero sobre todo estéticas. No es un concepto que me guste mucho, principalmente porque recuerda al psicoanálisis, a Husserl y a los posmodernos, por lo que no lo menciono. Tampoco me quería enredar en cuestiones difíciles como la verdad estética o ética, cosa que desviaría demasiado la intención del texto que es un tanto más enfocarse en lo fáctico (la verdad fáctica es mucho más evidente, y a pesar de ello muchos la siguen negando).  Algunas personas hablan de “intersubjetividad” por lo que es claramente objetivo, es una forma de torcer toda objetividad dentro de “lo subjetivo”, usarlo como concepto bolsa y meter todo dentro de él: lo que es “objetivo” como que “el fuego quema” dicen que es en realidad “intersubjetivo”. Obviamente esto es un tremendo error conceptual -muchas veces intencional- para acomodar forzosamente todo dentro de lo subjetivo y defender el subjetivismo (“todo es subjetivo, y lo que no, pues es intersubjetivo”).

[1] Hay que aclarar, que también el llamado “cientificismo duro” se autorefuta en su premisa. Ya que la premisa “solo lo científicamente demostrable puede ser verdadero”, no puede ser científicamente demostrable, por lo tanto no es verdadera. Esto no quiere decir que el cientificismo blando sea falso. Su premisa consiste en que “lo que puede ser conocido por medio de la ciencia, se conoce mejor de forma científica”. Esta premisa no se autorefuta y puede ser demostrada de múltiples formas como verdadera.

[2] http://www.ajog.org/article/S0002-9378(10)00671-X/abstract Meta-análisis que concluye que el parto en casa es 3 veces más peligroso que el parto hospitalario.

[3] “No creo que el uso de palabras tan confusas como «dialéctica» aporte nada al progreso del pensamiento. La palabra «dialéctica» es una palabra que normalmente o no significa nada o significa simplemente una acumulación de absurdos. Aparte de ser filósofo, como sabes, también me he dedicado a la lógica. Pocas palabras pueden irritar más a un lógico que «dialéctica». Desde el punto de vista lógico, podemos reconocer muchas enfermedades conceptuales, pero la más grave de todas, con mucha diferencia, es la contradicción. Podemos mirar con tolerancia, y en algunos casos incluso con cierta simpatía, algunas falsedades, porque la falsedad es un defecto a veces perdonable. Pero la contradicción es mil veces más grave.” Jesús Mosterín sobre la dialéctica.

[4] Para ejemplificar como el conocimiento trae bienestar, tan solo basta pensar como el conocimiento científico, y no el dogma teológico, es capaz de producir tanto medicamentos para salvar vidas como tecnología funcional para realizar las actividades aburridas, monótonas y degradantes. Cabe destacar que más allá de los beneficios prácticos, el conocimiento es siempre en sí mismo, un bien.

El psicoanálisis: religión laica y sectarismo

Revisando tanto la teoría del psicoanálisis como las actitudes de los simpatizantes y la organización de los psicoanalistas es muy fácil notar una  gran similitud con las religiones y las sectas. El psicoanálisis, como muchas otras pseudociencias, está en el umbral del sectarismo. Veamos por qué:

Una característica típica de la pseudociencia es el culto a la personalidad. Consiste en un fanatismo hacia una o varias personas, que son propuestas como “iluminados” de “conocimientos revelados” a los que hay que creer por autoridad. Así funcionan, por lo general, las sectas con sus líderes, por ejemplo, los cienciólogos con Ron Hubbard,  la secta “rajnishe” con Osho, las sectas de pseudocientíficos pedagogos Waldorf con Rudolf Steiner, los mormones con Joseph Smith, etc. Lo último que harían todas estas sectas es cuestionar al líder. El psicoanálisis, como buen paradigma de pseudociencia, no escapa a esto. El nivel de culto a la personalidad hacia Freud y Lacan (principalmente) es increíble. Sin duda son ellos los auténticos maestros espirituales a los que nadie se atreve a cuestionar.  Por ejemplo, si uno va a una charla sobre física relativista, evolución o astronomía, uno escucha hablar sobre física, evolución y astronomía. Se presentan las teorías, los métodos de comprobación, la historia del descubrimiento, se leerán los papers (textos científicos), se oirán divulgadores que lo expongan de forma sencilla, se realizaran en el mejor de los casos observaciones de la evidencia, etc. Sería extremadamente raro que al ir a una charla de divulgación de este tipo uno escuche hablar sobre los hábitos de Darwin, los gustos personales de Einstein, anécdotas de como Maxwell se llevaba con su padre, o como Halley se llevaba con su madre. Las historias personales de sus teóricos importan poco o nada.  En cambio, al asistir uno a una charla de psicoanálisis, puede llegar a agobiarse de escuchar anécdotas sobre cómo eran Freud o Lacan  teñidas de un exagerado fanatismo. Las alabanzas personales a estos verdaderos gurúes nunca falta en los discursos de cualquier circulo de psicoanalistas (y estoy hablando desde la experiencia).

Pero sobre todo, lo más curioso no es eso, sino que el psicoanálisis, a diferencia de una auténtica ciencia, puede interpretarse casi libremente. Sin duda en ninguna de las charlas referidas como ejemplo más arriba uno puede darse el gusto de interpretar como se le dé la gana un texto que explica algo real de forma objetiva. La falta de objetividad dentro del psicoanálisis es tan grande, que ni siquiera lo que profesan es claro –sus líderes nunca explicaron los conceptos que usan, Freud nunca definió clara y correctamente el concepto principal de toda su obra que es el inconsciente, ni Lacan explico alguna vez los conceptos que usa como significante-, así que sus fieles deben interpretarlo así como se interpreta una poesía, una obra de teatro, o un cuadro de artes plásticas. “Tal vez, Freud lo que quiso decir es –inserte aquí algún sinsentido típico del posmodernismo filosófico-“,  “A lo mejor Lacan se refería a …” Como Lacan escribía sandeces sin ningún sentido lógico, es el que más se presta a estas interpretaciones más parecidas a las de la filosofía continental (al estilo la nada nadea, el mundo mundea) que a las de la psicología. Sin duda esta necesidad de interpretación subjetiva es digna del arte y de las malas filosofías, pero no de una disciplina que en la mayoría de los casos se presenta científica o por lo menos “seria”. El psicoanálisis está más cerca de la ambigüedad de las definiciones esotéricas de personalidad que da la astrología o la quiromancia, que de ser una rama de la psicología científica. Y si la comparación del psicoanálisis con el ocultismo le parece exagerada, dejaré una cita de Freud tomada de su conferencia titulada nada más ni nada menos que Sueños y Ocultismo: “Debemos decir que sólo la interpretación del sueño, nos ha mostrado que se trata de un sueño telepático; el psicoanálisis ha descubierto un sumario de hechos telepáticos que de otro modo no habríamos discernido”. Y para más relaciones del psicoanálisis con el ocultismo, tenemos a Carl Gustav Jung, que además de nazi y personaje admirado por el new-age, era aficionado a la alquimia, la magia y otros delirios esotéricos. De igual modo Jung no es el único psicoanalista vinculado al nazismo y el esoterismo, también tenemos a Bert Hellinger, creador de las constelaciones familiares.
A todo esto, los psicoanalistas parecen tener una inclinación a la creación de pseudociencias. Tenemos luego al psicoanalista Wilhelm Reich, inventor de la fantasiosa “energía orgónica”. En los años cincuenta también fue muy conocido el psicoanalista Velikovski, que escribió un libro plagado de falsedades llamado “Mundos en Colisión”, donde propone una serie de teorías que van contra todo lo que se sabe de física, astronomía, geología, historia, biología, etc., como por ejemplo decir que las moscas provienen de un cometa o que el pueblo de Israel se alimentó cuarenta años de maná (un tipo de pan) que provino de la cola de un cometa que pasó cercano a la tierra. Esto se debe a que Velikovski era tan idiota, como buen psicoanalista, que confundió monóxido y dióxido de carbono con hidratos de carbono.

Otra característica de la pseudocientificidad sectaria del psicoanálisis es esquivar de cualquier manera todo tipo de críticas. Por ejemplo, especulando al momento de definirse. La Federación Psicoanalítica de América Latina (FPAL), la APM (Asociación Psicoanalítica de México), la APM (Asociación Psicoanalítica de Madrid) y la APA (Asociación Psicoanalítica de Argentina) presentan al psicoanálisis como algo científico. Sin embargo, cuando les conviene, según el caso, reconocen que no son ciencia… pero alegando que son MÁS QUE CIENCIA (sí, claro que sí). Lo mismo para la epistemología que los excluye de la ciencia, alegan que “el psicoanálisis tiene otra epistemología” (claro, pero jamás dicen cuál). Incluso para esquivar las refutaciones que resaltan sus contradicciones lógicas, llegan a decir que el psicoanálisis tiene “otra lógica”. En cuanto a su fracaso terapéutico, también tienen preparada su excusa, ya que ellos proponen “otra cura”. Todo esto son una serie de excusas escapistas digna de encubrimientos de mentiras infantiles. La necesidad del psicoanálisis de escapar de la comprobación es alucinante, el propio Freud dijo: “La riqueza de las observaciones sólidas sobre las cuales descansan mis afirmaciones las hacen independientes de la verificación experimental”. Este es un clásico, lo repiten tanto parapsicólogos como quirománticos y astrólogos. Por lo tanto, el psicoanálisis pasa a ser una doctrina a la que hay que creer por fe, de igual forma en la que se cree en una religión o en los principios de una secta, y, al igual que una secta, el psicoanálisis se escuda de la crítica una y otra vez, característica primordial del dogmatismo.

Tendencias a clasificarse como ciencia cuando realmente no lo son, tendencias a creerse más que ciencia cuando se les demuestra que no son lo anterior, y hasta decir cosas como “la ciencia es mala, nosotros somos buenos” es algo tremendamente típico de las pseudociencias sectarias como la cienciología, y además los argumentos  son similares a los que utilizan tanto new-ages como cienciólogos, por ejemplo: “sin el psicoanálisis, la gente se empastillaría y caería en el juego de las farmacéuticas”. Nunca falta mentir como última estancia de defender lo indefendible, ya que es conocidísimo sobre todo en ambientes familiarizados con la psicología, que la medicación no es la única alternativa ni la mejor, a la estafa del psicoanálisis. Numerosos estudios (cosas que al PA le faltan) indican la eficacia de la terapia cognitivo conductual, terapia que se basa en el trato con el paciente sin necesidad de medicación. De hecho, hay estudios que aseguran que esta terapia es en algunos casos más eficaz que la mediación. Los psicoanalistas que usan este argumento “si no es PA, es PA-stillas” (falacia de falsa dicotomía) saben que el psicoanálisis no es la única terapia que no medica, pero no publicitan terapias mejores, alternativas éticas y probadas científicamente, para no perder clientes. Y sobre la aversión la mayoría de los psicoanalistas a la medicación… ¿Acaso olvidan que el propio Freud recetaba cocaína, y que hasta llegó a matar un paciente, Ernst von Fleischl-Marxow, gracias a esto? ¿Acaso no saben que Freud mató otra paciente, llamada Matilda Shleicher, recetándole una sobredosis de Sulfonal? Otra falsa dicotomía del psicoanálisis es “si no es psicoanálisis, es conductismo”. Esto es realmente patético, y resalta que no tienen ni idea de psicología científica, y esto gracias a que las instituciones magufas de psicoanalistas los adoctrinan para que crean que la única alternativa a la teoría del psicoanálisis es el conductismo, y que este es “malo” y el psicoanálisis “bueno”.

Volviendo al tema del sectarismo, es asombrosa la cantidad de similitudes que hay entre el psicoanálisis y la cienciología, además de las ya mencionadas arriba. Carl Sagan, el insuperable divulgador científico, en su libro El Cerebro De Broca de 1979 ya advertía el sectarismo del psicoanálisis  comparándola con una de las sectas más peligrosas que jamás existieron:
“Un escritor de ciencia ficción, L. Ron Hubbard, ha fundado un culto con no poca aceptación llamado Cientología, inventado, según me han referido, en una sola noche tras una apuesta, según la cual tenía que hacer lo mismo que Freud, inventar una religión y ganarse la vida con ella”.
(Carl Sagan más adelante, en su maravilloso libro El Mundo y sus Demonios, también aprovechó para criticar el psicoanálisis, poniéndolo junto a las llamadas terapias alternativas y tildando a los psicoanalistas de “poco críticos”.)  Es notable lo acertado que es éste párrafo. Algunas similitudes entre el psicoanálisis y la cienciología son: Aversión a las psicologías científicas y a la psiquiatría[1], a quienes toman de “enemigos”. Génesis a partir de un supuesto “iluminado” (Freud/Hubbard) que trajo una “verdad revelada”, polémica y rechazada en su momento, que iba contra todo lo que se sabía anteriormente. Creencia en esa “verdad” por fe. Clasificación de la homosexualidad como un “trastorno” o “enfermedad”: al igual que el catolicismo y la secta de Osho, las sectas tanto de cienciología como de psicoanalistas consideran a la homosexualidad una enfermedad, y hasta pretenden curarla (si sos homosexual, no podes ser psicoanalista, ya que supone que tenés un trastorno no superado, incluso los nazis usaban el psicoanálisis para intentar “curar” la homosexualidad). Incoherencia externa, ya que tanto el psicoanálisis como la dianética (pseudociencia en la que se basa la cienciología) son incompatibles con el grueso del conocimiento científico. Ambas intentan explicar la mente y generar un tipo de terapia. Ambas se basan en las historias previas de sus fieles de forma morbosa. Ambas son casi igual de fantasiosas. Ambas poseen una organización sectaria. Ambas poseen enunciados incomprobables. Ambas poseen un mito similar al “pecado original”, en el psicoanálisis es el complejo de Edipo, en la cienciologia son los espíritus alienígenas, llamados “thetam”. Ambas son caras.  Ambos (Freud/Hubbard) eran buenos y apasionados escritores (ambos escribieron una cantidad asombrosa de libros), lo que les permitió captar a sus adeptos. Ambos se interesaban por el ocultismo (Hubbard participaba en su juventud en sectas satánicas), ambos eran mitómanos, y la lista podría continuar. Que quede claro que muchas de estas semejanzas no las atribuyo a la casualidad, Hubbard evidentemente se inspiró en el psicoanálisis para muchos de sus postulados.

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Una forma clásica en que los psicoanalistas se defienden de la crítica, y que los convierte en una verdadera secta, es el uso reiterado de las falacias de alegato especial. Es decir, cubrirse falazmente de un argumento en contra alegando que para hablar de dicho tema o refutar algún argumento del tema en cuestión se necesita algún tipo de experiencia –mística- especial (por ejemplo, pasar por análisis), de una sensibilidad especial, o de un entendimiento misterioso especial, para entender la sutileza y complejidad del tema. Esto hacen absolutamente siempre cuando un disidente critica la teoría, por lo cual sería muy común oír cosas como “Decís tal cosa porque jamás te sometiste a análisis” “Vos críticas a Lacan porque no lo entendés” “El psicoanálisis no es para todos, el que no lo entiende es por su resistencia”. Estas falacias son clásicas.  Se usan mucho en la religión o las practicas espirituales “No entendés la biblia porque necesitas una sensibilidad especial sobre el tema”, “¿Cómo osas criticar el cristianismo si nunca tomaste la comunión ni fuiste a misa?” “Para criticar la teología tenés que haber leído las obras completas de <tal teólogo>”.

De hecho no es la única falacia con la que se escudan, también lo hacen –algo de esperarse por su culto a la personalidad- con falacias de autoridad como “Freud era un genio, no puede equivocarse, era la mente más brillante del siglo XX” o “Freud era médico y tenía muchos estudios”. La falacia de autoridad consiste en afirmar la veracidad de algo solo porque proviene de una fuente de autoridad (o líder espiritual en este caso).Bien, supongamos que este sea un argumento válido y respondamos la falacia con la misma falacia para demostrar su supuesta consistencia. Supongamos que la veracidad de algo se sostenga de los estudios o la popularidad e inteligencia del que lo afirma. Sería interesante que sepan que los más prestigiosos epistemólogos consideran al psicoanálisis como pseudociencia, entre ellos Mario Bunge, Karl Popper, Lakatos, Grünbaum y Cioffi. Que el profesor de física y matemáticas Alan Sokal expuso los enormes errores de lógica, semántica y matemáticas de Lacan. Que el famoso lingüista Noam Chomsky consideraba a Lacan (supuestamente experto en lingüística y matemáticas) como “un charlatán consciente de serlo”, o que el Premio Nobel de Medicina Sir Peter Medawar diga que el psicoanálisis es «Un estupendo timo intelectual». Ni hablar de todos los psicólogos importantes tantos contemporáneos a Freud (como Piaget, que decía que los psicoanalistas se organizaban como capillas) o posteriores (como Scott Lilienfeld y Elizabeth Loftus) nunca mostraron interés en su teoría, o la consideraron falsa e incluso la refutaron.  A todo esto, Freud como “médico” no fue nada lejos, sus estudios de neurología no son superiores a los de cualquier otro estudiante de la época. Freud verdaderamente no contribuyó en nada a la neurología. De hecho algo muy cómico es que el único descubrimiento que se le atribuye a Freud más allá de los delirios del psicoanálisis es su descubrimiento de la afasia visual. Pero esto se debe a un error de traducción, ya que el que realmente la descubrió fue Carl Freund, no Freud.

Y por supuesto, no pueden faltar las falacias ad hominem. Los psicoanalistas llegan hasta el extremo de patologizar a sus críticos, insinuando que si no les gusta el psicoanálisis es porque tiene problemas mentales. Es común también, insinuar “malas experiencias con la terapia”, por ejemplo, suponiendo que el que critica el psicoanálisis lo hace porque en su pasado tuvo “algún problema con su terapeuta”. Esto es similar a la falacia utilizada por los creyentes religiosos para cuestionar el ateísmo: “tu ateísmo se debe a que odias a dios por X problema”. Es clásica.  También es clásica, para los psicoanalistas, invocar la famosa “resistencia”, de la cual ya hablamos.

Vemos características de sectarismo dentro del psicoanálisis por doquier, tanto falacias de autoridad, falacias de alegato especial, falacias ad hominem, problemas para clasificar su práctica, tendencia al fanatismo y el culto a la personalidad, tener “libros sagrados”, total esquivo hacia la crítica, hacer reuniones de lectura y libre-interpretación de obras -supuestamente objetivas- como si fueran reuniones de lectura de la biblia o algún club de fans de un autor de literatura, elegir convenientemente los libros que deben estudiar (si se reúnen a hablar sobre Freud, solo leen la autobiografía de Freud –sí, sí, ese libro en el cual Freud no cuenta que mentía-) y por supuesto, no leer libros de críticas nunca. Al igual que una secta, el psicoanálisis forma sus propios “sacerdotes”: el interesado deberá formarse en los ámbitos que las sociedades psicoanalíticas estipulen, el analista establecerá lo que es bueno y malo para el paciente y lo que debe o no creer sobre sí mismo. Otra muestra de sectarismo es el caso de Jaques Allan Miller, que monopolizó la publicación de las clases de Lacan, ya que el modificaba todos los errores que este cometía. Hasta llegó a demandar alumnos que intentaron publicar los seminarios de Lacan, debido a que estos tenían cientos de errores graves, y es de esperarse, sabiendo que Lacan fue un completo charlatán.

El psicoanálisis posee cientos de características similares a la religión, (se la llama religión laica) además de las ya nombradas, como que por ejemplo, poco a poco se los están echando de las facultades de psicología, así como se separó hace cientos de años la teología de muchas facultades.  Ellos hasta se alegran de esto, ya que les permite manejar monopólicamente la práctica cobrando enormes sumas de dinero psicoanalizándose entre ellos para autorizarse a la práctica, algo así como “el bautismo”. Todas estas técnicas de manipulación que vemos usar dentro del psicoanálisis son las mismas que ocurren dentro de otras pseudociencias, religiones y sectas. En palabras de una psicoanalista “el psicoanálisis es una cuestión de fe”. Freud llegó a recurrir hasta a teorías de conspiración para defender su teoría, diciendo que la sociedad encontraría una “resistencia” psicológica hacia su obra. Esto es parecido a los argumentos de los ufólogos del estilo “el gobierno oculta los datos porque no quiere que sepas la verdad”. La verdad es que el psicoanálisis solo tiene apoyo en sectores snobs, pseudointelectuales, poco inteligentes y poco cultos en ciencia y epistemología, como en los círculos posmodernos donde se adora a charlatanes descarados como Slavoj Žižek.

Experiencia personal dentro de una secta psicoanalista: Grupo Causa Freudiana

Decididos a investigar más de cerca el fraude del psicoanálisis, comenzamos a asistir con el Circulo Escéptico Posadas a un grupo de “estudio horizontal libre y gratuito” organizado por psicoanalistas en la ciudad de Posadas, Misiones, Argentina.

El grupo no distaba de ser una iglesia de organización elitista. Estaba la figura del sacerdote (Juan Manuel Rivas) y sus discípulos más fieles (Renato Sebastian Carneiro, etc) sentados a su lado. Había oradores entrenados para contar lo que leyeron que nunca rotaban, sino que los elegían ellos mismos y eran siempre los mismos.  Ellos marcaban los límites de la conversación y facilitaban la opinión y preguntas a los de la casta más alta. También leían únicamente textos y libros que favorecían sus posturas (se negaban compartir investigaciones disidentes).

Al comienzo nuestras dudas e inquietudes fueron tomadas relativamente bien (salvo el primer día, donde se nos acusó de creer que los humanos son “robots” por preguntar si había evidencia del inconsciente) y se pudo debatir casi dentro de los parámetros de la razón. Nuestras preguntas expusieron la falta de rigurosidad y estabilidad de la teoría logrando que muchos leves interesados (gente que no fue expuesta al proceso de fanatismo) abandonaran las charlas. Siendo esas las consecuencias del escepticismo racional decidieron echarnos pública y privadamente.

Dentro de las charlas no solo se ejercía autoridad, poder y fanatismo, sino que también se cometían errores GRAVÍSIMOS de conocimiento. Tanto dentro del grupo Causa como fuera, dentro de charlas organizadas por los mismos.

Por ejemplo, el auténtico charlatán Enrique Acuña (psicoanalista muy conocido en Argentina) en una charla dijo que “estaba en un hospital viendo un genoma humano” (¿?) y muchísimas otras bobadas como que: “Einstein le mandaba cartas a  Freud pidiéndole disculpas por “inventar” principios que después se usarían para la bomba atómica”. Esto es falso, las cartas de Freud a Einstein están publicadas y eran muchísimo anteriores al Proyecto Manhattan, básicamente se lo inventó. También que:

“Moisés creo el monoteísmo” –Falso, fue Akenathón-

“Moisés creo la circuncisión” –Falso, ya se practicaba en Egipto-

“Foucault criticaba el PA por ser homosexual” –Esto es abiertamente una opinión homófoba-

“(…) El principio medieval, a partir de Santo Tomás, y luego (!) en San Agustín…” -No existe tal cosa como el “principio medieval”. Agustín es anterior a Tomás de Aquino. Le erró por más de 700 años, además de alterar el orden -Tomás de Aquino (1224 o 1225), Agustín de Hipona (354-430).-

“El principio de una religión es el asesinato del padre”. -Falso. No todas las religiones implican ningún tipo de asesinato del padre simbólico ni nada parecido.-

“Bioética: que quiere decir políticas de aplicación masiva, vacunas para 30.000 millones de personas…”

La Bioética no tiene por función organizar campañas de vacunación. Y mucho menos para 30.000 millones de personas. La Bioética no es una ciencia, y la población mundial ronda los 7.000 millones (erra en sus cálculos por sólo 23.000 millones).
(Esto lo cito de mi amigo Mauro Lirussi que asistió, gravó, transcribió y refutó la charla).
Después de decir todas estas brutalidades, dignas de una persona muy ignorante y sobre todo manipuladora y fraudulenta, ante las preguntas un escéptico cerró el debate preguntando “que estudiaban”, como si fuera relevante (falacia ad hominem).

En una reunión de Causa Freudiana sobre adicción los psicoanalistas afirman que “el psicoanálisis es una terapia diferente, ni mejor ni peor” (¿?) “El psicoanálisis no espera que el sujeto deje la droga”, “El discurso medico borra al sujeto” (¿?) “La idea no es centrarnos ni en lo biológico ni en lo físico” (claro, el cerebro está en un universo aparte) “Es lo mismo ser adicto a la cocaína que al dulce de membrillo”. También dijeron otras imbecilidades como que “charlar es una relación sexual” “Los niños de 2 años quieren tener sexo” “las inundaciones –causadas por las represas- fueron un fracaso de la ciencia” (Esto lo dice Cristian Gomez, psicoanalista profesor de EPISTEMOLOGÍA, y no sabe distinguir ciencia de tecnología) “Freud era contemporáneo a Goethe” –Cristian Gomez (Freud  1856,- 1939 Goethe 1749- 1832, ¿Coinciden? No)  “El psicoanálisis es una cuestión de fe” (Bueno, esto es cierto) Y muchas otras cosas más.

Todo esto, aunque parezca anecdótico, está grabado, charla por charla, publicado, transcrito y numerado en nuestro blog de investigación: http://el-grupo-causa-freudiana.blogspot.com.ar/

Hipocresía descarada

Luego de todo esto creo que sería totalmente lícito y racional que concluya que el psicoanálisis posee grandes similitudes con las religiones  y las sectas, y que el mundo sería mucho mejor si éste desapareciera junto al resto de estas doctrinas dogmáticas e irracionales.

[1] Como detalle, algo curioso de las aversiones a la psiquiatría son que dos de los más conocidos enemigos de la psiquiatría, Hubbard y Foucault, recurrieron a la ayuda psiquiátrica cuando lo necesitaron.  Hubbard en sus últimos momentos pidió ayuda psiquiátrica ya que advertía que estaba enloqueciendo, y  Foucault en su juventud estaba deprimido por su condición de homosexual, luego de recibir ayuda psiquiátrica mejoró enormemente, para luego más adelante  ponerse en contra de la psiquiatría siendo de gran ayuda a los cienciólogos.