Categoría: Ensayo

Crítica a Dialéctica de la Ilustración[1] de Adorno y Horkheimer.


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El libro que procederé a criticar, se publicó por primera vez en 1944, pero fue más conocido luego de los años 50, principalmente en los 60. A pesar de que me pareció un ensayo muy malo, con una argumentación débil sino inexistente, y escrito de una forma tremendamente vaga y aburrida, lo voy a criticar porque me parece que en él está el germen del posestructuralismo, también llamado posmodernismo. Que el texto es casi posestructuralista no es una idea mía, en una conversación que tuve con Juan José Sebreli, él fue de la misma opinión[2], y manifestó que a la Escuela de Frankfurt cada vez la reivindicaba menos. En el Olvido de la razón  (2006) decía:

 “Un punto de inflexión fue Dialéctica del Iluminismo (1947), donde Adorno y Horkheimer acusaban a la Ilustración de haber engendrado, mediante una tortuosa dialéctica, a los sistemas totalitarios del siglo veinte. Aquí ambos autores se equivocaban: el nacionalsocialismo no era el fruto degenerado de la Ilustración sino, por el contrario, la flor del romanticismo antiilustrado. El estalinismo, por su parte, fue la consecuencia de una sociedad atrasada —“semiasiática” según León Trotsky— que no había conocido el Renacimiento ni la Ilustración ni la revolución burguesa, sólo a medias la revolución industrial, y carecía, por lo tanto, de toda tradición democrática. Marcuse, en cambio, no siguió el camino iniciado por sus colegas en Dialéctica del Iluminismo, y en su obra Razón y revolución (1954) reivindicó la Aufklarung a través de la figura de Hegel, a la que contraponía el pensamiento irracional que derivó en el fascismo. El auge posterior del neorromanticismo antiilustrado contra el progreso científico técnico mostraba los peligros latentes de Dialéctica del Iluminismo, no por casualidad la obra más festejada por los posestructuralistas. Jürgen Habermas intentó retomar, aunque desde una distinta perspectiva, los propósitos iniciales de la Escuela de Francfort, rescatando el perdido lado sociológico. Además oponía a Dialéctica su propia idea de “modernidad como proyecto inacabado”.La recuperación de la herencia de la Ilustración se había ido debilitando en los francfortianos de la primera generación que, en su última etapa, se perdieron por caminos diferentes, pero igualmente sin salida: Horkheimer, volcado a una cierta confusa religiosidad; Adorno alentando una nostalgia pasatista de la era dorada del viejo liberalismo y una propuesta protorromántica del arte como única redención; Ernst Bloch retornando a la utopía premarxista y Marcuse inmerso en reminiscencias heideggerianas antitecnológicas mezcladas con un optimismo utópico inspirado por la efímera rebelión juvenil de los sesenta.”

Sobre Foucault y la obra que nos ocupa dice:

“En 1978 afirmaba que “se sentía fraternalmente cerca de la Escuela de Francfort”, le atraía de Adorno y Horkheimer su obra menos acertada, Dialéctica del Iluminismo. Pero aun en este caso, había una diferencia: los francfortianos se reivindicaban herederos legítimos de la Ilustración y denunciaban sus traiciones, en tanto Foucault la pensaba como intrínsecamente perversa.”

Me decidí a leer Dialéctica de la Ilustración porque estaba interesado en las bases filosóficas del fascismo, y esperaba encontrarme en el libro la tesis original y polémica de que las bases filosóficas del fascismo estaban en la Ilustración, movimiento filosófico al cual reivindico completamente. De entrada, la idea me parecía ridícula, pero le di una oportunidad. En la obra en ningún momento dice explícitamente, como me habían dicho, “la ilustración causó el nazismo”. Sí afirma como mucho que “el Iluminismo es totalitario”, aunque también dicen “no tenemos ninguna duda respecto a que la libertad en la sociedad es inseparable del pensamiento iluminista”, la vinculación del fascismo y el totalitarismo con el Iluminismo es tremendamente vaga y traída de los pelos. El libro me parece olvidable, pero a mi pesar, no lo fue, y si lo critico es porque tuvo mucho impacto, porque causa y causó una tremenda confusión en torno a la Ilustración y al positivismo arruinando de forma injustificada su imagen. Ya no sirve simplemente ignorarlo, así que analicémoslo y veamos si realmente la Ilustración es tan repudiable como creen los influenciados por el posestructuralismo.

Para empezar los capítulos son “Concepto de Iluminismo”, “Excursos 1”, “Excursos 2”, “La industria cultural”, “Iluminismo como mistificación de masas”, “Elementos del antisemitismo”, “Limites del Iluminismo”, “Apuntes y esbozos”. La edición que leí es del grupo Sur, editada probablemente por Victoria Ocampo.
Aunque el grueso del libro es mediocre, sobre todo la última y la primer parte que son ilegibles, debo decir que el capítulo “La industria cultural” es pasable. En él critican como la masificación de la industria cultural hace que sus productos sean de un bajo nivel. De igual forma, como el resto del libro, está muy mal escrito estilísticamente, es muy vago, oscuro, pretencioso, y  cae en cierto snobismo. Pero la idea en general, a diferencia de los otros capítulos, es rescatable si la reescribe alguien de forma clara y precisa, sin todas esas sentencias exageradas con tono de gurú.
Es demasiado evidente que las ideas que tienen los autores no son claras y no están fundamentadas, y que por ello escriben de una forma que busque impresionar para ocultar la vaguedad de las ideas. Ese estilo a mí no solo no me impresiona sino que me aburre tremendamente.  Al que busque un análisis del iluminismo con un repaso de autores, al estilo de un ensayo de historia de las ideas, le aviso que no va a encontrar nada de eso. Sí van a encontrar mucha pseudociencia psicoanalítica, ya que el texto es básicamente una hermenéutica basada en psicoanálisis.  Los autores se limitan a analizar no mucho más que un párrafo de Kant y hacen una mención tremendamente vaga a Voltaire, pero no hay ningún análisis serio del fenómeno de la Ilustración, ni tampoco del fenómeno del fascismo ni del totalitarismo, y no abundan citas de autores ilustrados. Para colmo, gran parte del libro es una pésima hermenéutica de La Ilíada y La Odisea, a la cual califican arbitrariamente de “ilustrada”, a pesar de que de ésta obra a la Ilustración hay más de mil quinientos años.  Lo curioso es que si hay un análisis bueno del Marqués de Sade y de Nietzsche, pero ninguno de los dos son autores ilustrados, el primero es de la época pero es un escritor de ficción, polemista, escandaloso y controversial, muy interesante, pero que no tiene nada que ver con el movimiento más allá de algunas críticas a la religión, y el segundo es un posromántico que no tiene relación alguna con la ilustración ni siquiera de época. Igualmente si buscan un análisis muchísimo mejor de la obra de Sade y de Nietzsche, vayan a El hombre rebelde de Albert Camus.
La crítica que le hacen Adorno y Horkheimer a Nietzsche relacionándolo con el totalitarismo citando frases casi prenazis es muy buena, pero no tiene relación con la ilustración. Nietzsche sí tiene un vínculo con el fascismo, era el filósofo favorito de Mussolini y el segundo favorito de Hitler, Hitler le regaló las obras completas de éste a Mussolini cuando estaba en la cárcel. El libro cita de Nietzsche: “Los débiles y defectuosos deben perecer: primer principio de nuestra caridad”. “¿Qué es más nocivo que el cristianismo –-compasión activa por todos los débiles y los defectuosos- en comparación con cualquier vicio?”. “Pretender de la fuerza que no se manifieste como fuerza, que no sea voluntad de dominar, de abatir, y de avasallar, sed de enemigos, de resistencia y de triunfos, es exactamente tan absurdo como querer que la debilidad se manifieste como fuerza”. “El gran peligro para el hombre son los enfermos”. Y muchas citas más, la mayoría de Genealogía de la Moral. Es más, se podría citar una decena de frases más de Nietzsche que cualquiera pensaría que son de Hitler.
Como dije, los autores hacen un análisis muy malo de Kant y Voltaire, así que en defensa de ellos mostraré como no puede relacionarse sus nombres con las bases filosóficas del fascismo o del totalitarismo en general que no sea de una forma insoportablemente rebuscada. Para empezar, baste recordar  que el fascismo tanto en su versión italiana como alemana es un movimiento belicista. Nietzsche, que como dije no es ilustrado, sí abunda en frases belicistas. En su insoportable obra “Así hablo Zaratustra” (1891), que está en la frontera entre ser una aburrida novela y un mal ensayo, lanza constantes propagandas al belicismo: “Yo os digo que la buena guerra santifica todas las causas”. “La guerra y la valentía han hecho más cosas grandes que el amor al prójimo”. “Preguntáis, ¿Qué es bueno? Ser valiente es bueno. Dejad que las niñas digan: ‘es bueno lo que es bonito y enternece’” (página 44[3], capítulo “De la guerra y los guerreros”). “El hombre debe ser educado para la guerra, y la mujer, para solaz del guerrero; todo lo demás son tonterías” (pag. 60). “Quiero que el hombre sea buen guerrero y la mujer buena parturienta” (pag. 187).
“Hemos de confesar que la guerra es para el Estado una necesidad tan apremiante como la esclavitud para la sociedad.” En El estado griego.

 “Me complace el desarrollo militar de Europa (…) los tiempos de tranquilidad y modorra china (…) han pasado. La destreza viril personal, la aptitud del cuerpo recupera otra vez su valor, las valoraciones (…) más siendo más físicas (…) en cada uno de nosotros se va afirmando el bárbaro y el animal feroz.” En La voluntad de Poder.

“Una buena y sana aristocracia (…) acepta el sacrificio de una multitud de hombres que deberán ser humillados y rebajados al estado de seres mutilados, de esclavos, de instrumentos.” En Más allá del bien y del mal.

“Nuestros grandes remedios son las revoluciones y las guerras. (…) Las guerras, ahora que se han agotado los entusiasmos y las excitaciones cristianas, son las grandes fomentadoras de fantasía.” En Tratados filosóficos de 1880-1881.

Ahora veamos qué opinaba Kant del belicismo.

“(…) Sólo en una asociación universal de Estados (análoga a aquella por la que el pueblo se convierte en un Estado), puede valer perentoriamente y convertirse en un verdadero estado de paz. Pero como la extensión excesiva de tal Estado de naciones por amplias regiones tiene que hacer imposible al final su gobierno y con ello también la protección de sus miembros, y como una multitud de tales corporaciones conduce de nuevo, sin embargo, a un estado de guerra, la paz perpetua (el último fin del derecho) es ciertamente una idea irrealizable. Pero los principios políticos que tienden a realizar tales alianzas entre los Estados, en cuanto sirven para acercarse continuamente al estado de paz perpetua, no lo son, sino que son sin duda realizables, en la medida en que tal aproximación es una tarea fundada en el deber, y por lo tanto, también en el derecho de los hombres y los Estados. (…) Puede decirse que el establecimiento universal y duradero de la paz no constituye sólo una parte, sino que es la totalidad del fin de la doctrina del derecho dentro de los límites de la mera razón.” Kant, La metafísica de las costumbres.
Kant era un autor que definía la guerra como el peor de los males, y proponía para abolirla la unión y la fraternidad internacional. La ONU y la UE casi se podría decir, fueron una idea de Kant. Cualquiera que lea Fundamentación de la metafísica de las costumbres y Metafísica de las costumbres, sobre todo La paz perpetua, vería lo alejadísimo que está del fascismo. Hasta en lo más mínimo puede verse la brutal diferencia, Kant repudiaba el suicidio (en este tema, no comparto la postura de Kant, debo decir)  y muchos de los más importantes nazis, como Hitler y Himmler, se suicidaron, ahí se ve lo alejado que estaban de la ética kantiana. Kant era un cosmopolita, nada más alejado del nacionalismo fascista.
Veamos qué opina Voltaire de la guerra:
“”No hace mucho tiempo se debatía, en una compañía célebre, esa cuestión gastada y frívola de quién era el hombre más grande, César, Alejandro, Tamerlán, Cronwell, etc… Alguien respondió que era sin disputa Isaac Newton. Ese hombre tenía razón, pues si la verdadera grandeza consiste en haber recibido del cielo un genio poderoso, y en haberse servido de él para iluminar a sí mismo y a los otros, un hombre como el señor Newton, tal como apenas se encuentra uno en diez siglos, es verdaderamente el gran hombre; y esos políticos y esos conquistadores, de los que ningún siglo ha carecido, no son de ordinario más que ilustres malvados. Es a aquel que domina sobre los espíritus por la fuerza de la verdad, no a los que hacen esclavos por la violencia, es a aquel que conoce el universo, no a los que lo desfiguran, a quien debemos respeto. Puesto que exigís que os hable de los hombres célebres que ha dado Inglaterra, comenzaré por los Bacon, los Locke, los Newton, etc… Los generales y los ministros vendrán cuando les toque su turno.” Cartas filosóficas. En la misma obra:
“En tanto el capricho de algunos hombres degüelle legalmente a millares de nuestros hermanos, la parte del género humano consagrada al heroísmo será lo más espantoso de la naturaleza. ¿Qué será de la humanidad, de la humildad, de la dulzura, de la sabiduría, de la piedad, y que me importa mientras que media libra de plomo disparada a más de seiscientos pasos me destroce el cuerpo y muera a los veinte años en medio de tormentos inexpresables, entre cinco o seis mil moribundos, mientras mis ojos que se abren por última vez, ven la ciudad en que nací destruida a hierro y fuego, y que los últimos sonidos que oyen mis oídos son los gritos de las mujeres y de los niños expirando bajo las ruinas, y todo por unos pretendidos intereses de un hombre que no conocemos?” 

Cualquiera de éstas citas haría vomitar a un miembro de las SS. Es muy difícil vincular el movimiento que se hizo un lugar político con los Camisas Negras apaleando gente, con el autor de El tratado de la tolerancia. Voltaire si era un poco homófobo, entendible en su contexto, lo que caería mal a Rôhm de las SA, pero aparentemente no a Adorno y Horkheimer que nos regalan una extraña frase que dice “(…) así como el sodomita reprimido persigue y provoca a los animales”. No sé de dónde sacaron que los homosexuales de closet tienen relaciones zoofilicas. El opúsculo donde se cita a Voltaire es absolutamente ilegible.

Las frases ridículas abundan en Dialéctica de la Ilustración, veamos algunas:
“La imprenta, invención grosera” Pág. 15.
    “La misma forma deductiva de la ciencia refleja coacción y jerarquía. Así como las primeras categorías representaban indirectamente la tribu organizada y su poder sobre el individuo aislado, del mismo modo el entero orden lógico –dependencia, conexión, extensión y combinación de los conceptos- está fundado sobre las relaciones correspondientes de la realidad social, sobre la división del trabajo”  (Pág. 36). Nótese la primera oración, es muy similar a las críticas de Feyerabend a las ciencias. El libro abunda en críticas al positivismo, incluido al positivismo lógico, y a la ciencia, pero como es común en el posestructuralismo, no se entiende a que apuntan y da la impresión de que no tienen la más mínima idea ni de la ciencia ni del positivismo. Véase estos comentarios sobre la matemática y la lógica: “Cuando en el operar matemático lo desconocido se convierte en la incógnita de una ecuación, es ya caracterizado como archiconocido aún antes de que se haya determinado su valor”.  Mientras que el formalismo matemático, cuyo instrumento es el número, fija el pensamiento en la pura inmediatez” (página 39 y 42). “La exclusividad de las leyes lógicas deriva de esta univocidad de la función, en última instancia del carácter coactivo de la autoconservación, que concluye siempre de nuevo en la elección entre supervivencia y ruina, reflejada aun en el principio de que de dos proposiciones contradictorias sólo una es verdadera y la otra falsa.” (Pág. 46)  Nótese especialmente ésta: “Odiseo se afirma a sí mismo negándose como nadie, salva su vida haciéndose desaparecer. Esta adecuación a la muerte mediante el lenguaje contiene el esquema de la matemática moderna” (Pág. 80). Ridículo. Insiste vinculando la razón con la industria: “la formalización de la razón no es más que la expresión intelectual del modo mecánico de producción” (Pág. 128). No se entiende como Aristóteles fundó la lógica antes del industrialismo y sin haber trabajado mecánicamente en su vida.  En una ocasión el libro cae en la peor cursilería: “El amor mismo es un concepto no científico” (pág. 133). Frase digna de un new-age.
Más partes ridículas: “En las ambiguas tendencias del olfato sobrevive la antigua nostalgia de lo bajo, de la unión inmediata de la naturaleza circunstante, con la tierra y el fango. El olfato, que es atraído sin objetivar, constituye entre todos los sentidos el que testimonia con mayor evidencia el impulso por perderse en lo otro y adecuarse a ello. Por ello el olor, como percepción y como percibido –que son lo mismo en el acto-, es más expresión que lo que reciben los otros sentidos. En el mirar se sigue siendo quien se es, en el oler el sujeto se pierde. De tal suerte para la civilización el olor es una vergüenza, un estigma de clases subalternas, de razas inferiores y animales innobles. Dedicarse a este placer es lícito para el civilizado sólo si la prohibición se suspende y si la suspensión es racionalizada mediante fines reales o aparentemente prácticos. Se puede consentir el impulso prohibido sólo si no hay dudas de que ello ocurre para destruirlo.” (Página 217). Esta parte recuerda a los delirios sobre la nariz y el olfato de Freud y Fliess, delirios que causaron la deformación y la invalidez de Emma Eckstein[4].
Otra parte extraña vinculada a los homosexuales: “(…) El hombre los atrae  irresistiblemente; quieren reducirlo al cuerpo; nada debe tener derecho a vivir. Esa hostilidad de los más inferiores –cultivada y protegida cuidadosamente por los superiores, laicos y eclesiásticos- hacia la vida atrofiada en ellos, esa hostilidad mediante la cual, en forma homosexual y paranoica, entran en contacto a través del homicidio, ha sido siempre un instrumento indispensable para el arte de gobernar”. (Página 277, negrita mía).

La última parte del libro es casi insoportable, lo que no es oscuro es trivial. Llegando a la última página, la 302, uno piensa por qué perdió el tiempo en vez de aprovecharlo leyendo a los Ilustrados, cuyo trabajo de admirable claridad, estilo y precisión sí vale la pena. Y como no me bastó con perder el tiempo leyendo eso, pierdo ahora el tiempo escribiendo esto para que ustedes también se aburran.

[1] También titulado Dialéctica del Iluminismo.

[2] https://enlapalabradenadie.wordpress.com/2018/10/29/facundo-guadagno-y-matt-suarez-holze-en-conversacion-con-juan-jose-sebreli/

[3] Yo tengo una edición de la editorial CS.

[4] https://enlapalabradenadie.wordpress.com/2015/09/06/el-caso-emma-eckstein-o-como-una-joven-mujer-termino-deformada-y-semi-invalida-por-culpa-de-freud/

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¿Todos creemos en algo? La polisemia de la palabra “creer”

¿Todos creemos en algo? La polisemia de la palabra “creer”.

“¿No crees en platillos voladores?», me preguntan. «¿No crees en la telepatía, en astronautas antiguos, en el triángulo de las Bermudas, en la vida después de la muerte?.» Les respondo que no. No, no, no, no y no de nuevo. Una persona, desesperada por la letanía de negación sin cesar, me preguntó entonces si creía en algo. «Sí», le dije, «Creo en la evidencia. Creo en la observación, las mediciones, el razonamiento y la confirmación por medio de observadores independientes. Creeré en cualquier cosa, sin importar que tan loca o ridícula, si hay evidencia que la soporte. Mientras más loca y más ridícula, eso sí, más firme y sólida tendrá que ser la evidencia. “ Isaac Asimov.

Es normal que cuando se presiona a alguien a reflexionar sobre sus creencias se escude en que todos creemos en algo. Se piensa así, que uno no tendría por qué revisar sus creencias críticamente total, todos estamos condenados a creer en algo y es en vano hacer cualquier intento de desterrar lo injustificable. ¿Pero qué significa creer?  ¿Qué es una creencia? ¿Todos creemos en algo realmente? ¿Cuál es la diferencia entre el conocimiento y la creencia? ¿Cuál es la diferencia entre una postura filosófica y una creencia? ¿Es correcto decir que se cree en la ciencia? ¿Existe la fe en la razón?

El principal problema detrás de estas preguntas es que la palabra creencia es polisémica. Por ejemplo, decimos que “creemos que va a llover mañana” por cómo está el clima.  Decimos que “creemos” en Dios, o en la medicina alternativa. Decimos que “creemos” en nosotros mismos o en otra persona. O decimos que tal “se cree” por ejemplo, un gran artista, cuando se dedica a apilar cajas de cartón conceptualmente. De estos usos se pueden deducir al menos estos sentidos: se usa la palabra creer como sinónimo de conjeturar y suponer. Se usa también en el sentido de “creer por fe”, es decir,  sin necesidad ni posibilidad de demostración y de forma inmune a la evidencia y a la razón. Se utiliza la palabra creencia para referimos a la confianza o a la esperanza en alguien o en nosotros.   Y por último, se usa la palabra creer como sinónimo de fantasear ser algo que no se es. Seguramente, se pueden seguir buscando otros usos a la misma palabra.

Si interpretamos en un sentido amplio la pregunta del título, es una obviedad que todos creemos. A veces conjeturamos y suponemos, a veces depositamos esperanzas en algo o alguien, a veces seguro, nos creemos algo que no somos. ¿Pero realmente todos tenemos creencias por fe? ¿La fe en creencias irracionales es algo imposible de evitar en el ser humano? Sin duda uno no puede vivir sin hacer conjeturas, pero creer algo por fe es muy diferente a hacer conjeturas. Una persona que cree en Dios no tiene en general la conjetura de que existe, tiene la convicción.

¿Todos tenemos convicciones que no podemos probar pero que sostenemos porque creemos que nos hacen sentir bien o que nos convienen, que son irracionales, que no nos interesa poner en duda y de las que claro, no hay evidencia ni argumentos a favor? ¿Tan pesimistas podemos ser del género humano? Definitivamente considero que esto no es así. No porque tenga “fe” en ello. Tal vez si sea una esperanza y una conjetura el hecho de sostener que la gran mayoría de la gente, sino todos los mentalmente sanos, pueden ser completamente racionales si se lo proponen y si se encuentran en un medio adecuado. Que hay gente que evita tener cualquier tipo de fe y lo logra no me queda duda. No creo que haya alguien vivo que no esté equivocado en algo, pero eso no implica que en ello que se equivoca deposite una convicción, una fe que lo vuelva irracional. Sesgos también, todos tenemos. Pero no creo que todos tengamos fe en creencias injustificables necesariamente y nunca vi una evidencia de ello, si evidencias contrarias.  Justificar nuestras creencias irracionales con la excusa de que todos creen en algo no solamente me parece una mentira sino un acto escapista cobarde  y típicamente irresponsable para no cuestionarse uno mismo, un tu quoque[1] de manual.

Cuando se cuestionan creencias siempre entra el tema de que es una creencia y que es el conocimiento. Más o menos a lo largo de este opúsculo he bosquejado lo que me parece una creencia –por fe- pero daré una definición clara: creer en este sentido, es sostener una idea sin un trabajo racional y empírico previo. Esta idea al carecer de un sustento firme, es sostenida por una convicción irracional, atada a los sesgos y potencialmente al fanatismo, y por lo tanto, es inmune generalmente a los argumentos contrarios y la evidencia en contra es vista con duda o ignorada si no se puede ocultar. Las creencias no son claro, insuperables, la gente abandona por diferente razones creencias que sostenía incluso fanáticamente, esto nos da pie a relativizar nuestro pesimismo –al menos el mío.

Hay gente que tiene creencias que no son para nada fanáticas, sino que considera algo cierto sin analizarlo previamente de forma rigurosa y sin pruebas, pero no deposita demasiada convicción, a veces cuando se le presenta críticas a esta idea no las rechaza, pero tampoco las acepta demasiado. Esta gente tiene lo que se dice pensamiento débil, sostiene creencias sin convicción, en las que confía solo a veces, tal vez sabe que son insostenibles pero no les importa, no podrían defenderlas pero tampoco criticarlas,  en el fondo la cuestión mucho no le importa. Pasa muchas veces en creyentes religiosos no practicantes y en gente que cree por ejemplo en los horóscopos del diario. Cuando uno le muestra que esos horóscopos son una imbecilidad, se dan cuenta de ello, pero al otro día los siguen leyendo. Esta gente piensa como niños, viven frívolamente y la realidad de la cuestión, la verdad, es algo que no les interesa. La gran mayoría de gente sin inquietudes intelectuales vive desinteresada en esta postura pusilánime, la cuestión de hondar en la profundidad de un problema y de analizar críticamente la cuestión formando una posición firme se les escapa de sus capacidades. Como cuando a una pobre persona de una zona atrasada, estupidizada por un trabajo deshumanizante y sin tiempo para la reflexión, estresada y desencantada de su vida y el mundo, con la curiosidad desgastada y sin estímulo para el pensamiento, le traen la noticia de un milagro absurdo y una estampita de una virgen que no conocía y ésta la pone en su santuario sin fuerzas siquiera para la pregunta, la duda, el rechazo o la devoción.

¿Cuál es, al fin, la diferencia entre creer –por fe- y conocer? Muy similar que la diferencia entre la verdad y el error.  Conocer algo implica tener una idea que va acorde a un cuerpo de evidencia y que posee un sustento racional, esto es que al menos se puede justificar con ciertos argumentos, e implica que por ejemplo la idea no sea contradictoria internamente ni externamente con otras ideas que se tienen por conocimiento. Uno puede considerar conocer algo que resulta ser falso, pero lo que diferencia esto de una creencia es que cuando se está frente a una crítica o una nueva evidencia, la persona que creía conocer algo abandona la idea si esta no se sostiene, si se insiste en persistir en el error se puede hablar de creencia por fe.  Por ejemplo, si yo digo que la velocidad de la luz es de aproximadamente 300 mil kilómetros por segundo, no es porque tenga fe en ello, sino porque conozco la velocidad de la luz. La conozco porque tuve contacto con diferentes medios de divulgación, libros, artículos, profesores, experimentos, etc., donde se afirmó este número.  Mis fuentes se remiten a su vez no solo a experimentos replicados cientos de miles de veces por diferentes personas, individualmente y en grupos (de hecho se puede realizar el experimento que la comprueba relativamente fácil), sino a un hecho que se sostienen y se deduce sobre una de las teorías más sólidas de la ciencia, la teoría de la relatividad.

¿Se puede hablar de fe en la velocidad de la luz? Y de forma general ¿se puede hablar de fe en la ciencia? Para nada. La fe y la ciencia se oponen. Una de las premisas sobre las que se sostiene la filosofía que subyace a la ciencia es eliminar la fe, eliminar el dogma. En la ciencia una persona puede tener en todo caso, confianza, y está justificada en sus numerosos y evidentes éxitos.  Y esto porque tiene medios efectivos de superar el error, de corregirse y de cambiar si es necesario, cosa que va contra la fe. La ciencia es una empresa racional y crítica, los sistemas de creencia y sus instituciones no. Tener fe en la ciencia es imposible, porque si se tiene fe no se puede cambiar de opinión ante el error, y la ciencia cambia constantemente al hacerse más exacta y precisa frente a nuevas evidencias y mejores formas de obtenerlas.  Se puede tener fe en algo que durante un tiempo se consideró verdad (es decir, acorde a la evidencia) pero que luego se demostró falso frente a mayor evidencia de mayor calidad, en ese caso,  se tiene una fe, pero no es una fe científica.  Como la confianza en la ciencia es racional, y fácil de justificar, no se puede hablar de fe en la ciencia, es esto un oxímoron, si se tiene fe se traiciona al espíritu crítico de la ciencia.

¿Y la fe en la razón? Si hablamos de la fe como una empresa irracional, volvemos al oxímoron. Se puede, sin embargo, tener fe en hechos relacionados a la razón, como por ejemplo, fe en el hecho de que todos los hombres son cien por ciento racionales, un hecho que claramente es falso, parecido a una mala interpretación de Aristóteles, pero esta es una forma especial de fe en la razón válida. Está claro que la gente no es totalmente racional, pero sin embargo, puede serlo parcialmente y quien dice, tal vez pueda serlo totalmente con esfuerzo intelectual y en condiciones adecuadas. Cuando uno se vale de la razón, no lo hace por fe, sino porque busca independizarse de la estupidez y romper de una vez la infantilidad del pensamiento. Así, la razón vendría a ser: “ …la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he ahí el lema de la ilustración. La pereza y la cobardía son la causa de que una tan gran parte de los hombres continúe a gusto en su estado de pupilo, a pesar de que hace tiempo la Naturaleza los liberó de ajena tutela (naturaliter majorennes); también lo son de que se haga tan fácil para otros erigirse en tutores. Es tan cómodo no estar emancipado.” Kant, Qué es la ilustración.

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Aclarado esto, podemos interpretar el texto citado al comienzo de la siguiente forma: Asimov utiliza un juego de palabras para mostrar que carece de creencias por fe, porque asume una postura de confianza en la razón y en la evidencia contra el fanatismo y el pensamiento débil de creer porque sí. Lo que postula Asimov como creencia en realidad es una postura filosófica, y lo que diferencia una creencia por fe a una postura filosófica es que esta última debería ser racional y justificada. Cuando una filosofía es irracional y dogmática, difícilmente se puede hablar de que es una filosofía, se acercaría más a una pseudofilosofía o a una religión o algún tipo de esoterismo o género literario.  Cuando alguien nos acuse con la famosa frase de que todos creemos en algo, sería bueno entonces poder contestar: “Yo trato de no creer en nada, de no tener fe, de corregirme si me equivoco, de conocer la verdad del asunto, de pensar racionalmente por mí mismo y de evaluar de forma crítica y seria que considero cierto, efectivo, bueno, válido o posible y que no, que es un engaño, una estupidez o un error. Si crees, es decir, si consideras que tengo fe en algo, decime en qué, que trataré de superarme, de independizarme de los dogmas, aunque me pueda parecer incomodo, aunque me sienta disconforme al comienzo, porque considero que no hay nada realmente más incómodo que vivir cómodamente atado a la mentira y la estupidez. “

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Tu_quoque Se denomina tu quoque (locución latina que significa ‘tú también’) al argumento que consiste en rechazar un razonamiento, o considerarlo falso, alegando la inconsistencia de quien lo propone. Es, por tanto, una variante de la falacia ad hominem.

La miseria del militarismo parte I

“Con esto paso a hablar del peor engendro que haya salido del espíritu de las masas: el ejército al que odio. Que alguien sea capaz de desfilar muy campante al son de una marcha basta para que merezca todo mi desprecio; pues ha recibido cerebro por error: le basta con la médula espinal. Habría que hacer desaparecer lo antes posible a esa mancha de la civilización. Cómo detesto las hazañas de sus mandos, los actos de violencia sin sentido, y el dichoso patriotismo. Qué cínicas, que despreciables me parecen las guerras. ¡Antes dejarme cortar en pedazos que tomar parte en una acción tan vil!” Albert Einstein.

 Deshumanización y asesinato masivo automático; claves de eficacia militar   

Durante la Segunda Guerra Mundial, el general de brigada del Ejército de EEUU S.L.A Marshall llevó a cabo una investigación supuestamente con miles de soldados justo después de haber participado en un combate[1]. Esta sugirió que cerca del 20% de los soldados dispararon realmente al enemigo, incluso cuando estaban siendo atacados. Esto inspiró la conclusión de que en la guerra el miedo a matar cuerpo a cuerpo es casi igual al miedo de ser asesinado. Los estudios de Marshall fueron muy controversiales y discutidos, y actualmente su validez es muy dudosa.
Aun así, a pesar de que a veces parece prevalecer la opinión de que el humano es un ser cruel y despreciable, lo cierto es que en cierta forma nos caracteriza la empatía. Pero una empatía ciertamente extraña, dificulta matar un hombre cuerpo a cuerpo pero tiene menos escrúpulos en matar apretando un botón, y aun mucho menos en dejar morir. Richard Matheson trata este tema en su cuento “Button, button[2]”, donde una mujer recibe una caja con un botón y se le avisa que de presionarlo ganará 50 mil dólares pero morirá una persona en algún lugar del mundo, el hecho de que podría ser cualquiera que no conozca reduce su empatía por lo que decide apretar el botón (existen adaptaciones filmográficas de éste cuento, en la serie Dimensión Desconocida[3] y en la película de Richard Kelly “The Box”). Ciertamente, matar cuerpo a cuerpo no es psicológicamente igual a matar sin ver directamente a los ojos del enemigo. En las guerras modernas, la mayoría de muertes se llevan a cabo mediante bombas, fuego de cañones navales, apoyo aéreo, y artillería, el combate cuerpo a cuerpo es ineficaz, complicado, caro y lento. Matar no es tan fácil, sobre todo de cerca. Aún para un asesino profesional, como lo es un militar. Esto requiere un entrenamiento continuo de desensibilización.
En el capítulo “El hombre contra el fuego” de la serie de ciencia ficción Black Mirror, se desarrolla una tecnología para modificar la visión y los demás sentidos de los soldados para que vean a los enemigos como monstruos (“cucarachas”) y puedan matar sin culpa. Verdaderamente, en Estados Unidos se llevaron a cabo ensayos y técnicas para desensibilizar a los militares, principalmente durante la Guerra Fría, para que puedan matar sin culpa, incluso torturar sin culpa -y esta instrucción recibió parte de los que llevaron a cabo las dictaduras militares latinoamericanas. La base para el éxito y la eficacia militar es despojar al ser humano de todo lo bueno que lo caracteriza. El fin del ejército es hacer dóciles máquinas de matar y obedecer, despiadados, inhumanos. Un buen soldado es un buen psicópata.
Pero deshumanizar es costoso y se puede volver peligroso cuando luego se les da la baja. Varios asesinos fueron militares o ex -militares, como John Allen Muhammad, que fue Oficial del Ejército y mató con un rifle francotirador, junto a su hijo adoptivo, más de 10 personas en Washington D.C. Y  vemos como, por ejemplo, en Argentina existe una correlación entre el Servicio Militar Obligatorio y el aumento de la delincuencia[4], cosa que contradice la detestable opinión de los que coquetean con la ultraderecha pidiendo el SMO “para vivir seguros”. Como si esto se lograra perfeccionando los instintos violentos de los jóvenes y no reduciendo la desigualdad, eliminando el desempleo, invirtiendo en educación y aumentando la integración.
Fabricar personas violentas y obedientes con empatía reducida ciertamente no es lo más eficaz para ésta institución que busca perfeccionarse en matar o herir la mayor cantidad de gente posible de la forma más rápida y barata. De allí la tendencia del asesinato automático, de matar por control remoto, de evitar ver los ojos de la víctima. La matanza automática es recurrente en la historia, desde la guillotina hasta las cámaras de gas. La “racionalización” práctica de la matanza es en parte esquivar lo mejor posible cualquier punto de contacto con las naturales tendencias empáticas de un humano sano. Es fusilar en serie de espaldas, reemplazar la navaja al cuello por la guillotina, o mejor, meter a decenas de personas en una habitación y asesinarlas desde el otro lado de las paredes, organizándolos mediante un pensado sistema de cargos donde los mismos prisioneros ordenen a los prisioneros hacia su muerte (para entender como pudo funcionar esto es necesario entender el experimento Milgram que expondré a continuación) y así evitar un poco el depresivo contacto con las víctimas. Es disparar mediante drones o desarrollar armamento nuclear,  dejando la deshumanización para tropas especiales y especialistas en tortura.
Albert Camus analiza de modo muy interesante el asesinato “racionalizado” en El hombre rebelde junto con el asesinato de inspiración romántica. En esta obra analiza una reflexión de Sade que concluye en que puede entenderse un asesinato cuando este se lleva a cabo mediante un desborde pasional, pero no cuando es fruto de una meditación racionalizada. El ejército moderno se sostiene en las pasiones de odio nacionalista de la población que justifica en sus consciencias luego, la matanza racionalizada que lleve a cabo este.  Camus escribe que la consecuencia de la rebelión deseable es negar la justificación del asesinato (al contrario de lo que hace la rebelión nihilista) porque la rebelión deseable es en principio protesta contra la muerte y la injusticia. El ejército entiende esto, y se basa en fomentar la obediencia ciega para aniquilar cualquier espíritu de rebeldía.
“La desobediencia, a los ojos de cualquiera que haya leído historia, es la virtud original del hombre. A través de la desobediencia es que se ha progresado, a través de la desobediencia y a través de la rebelión” Oscar Wilde.
La rebelión hacía una autoridad arbitraria y abusiva es una respuesta natural de un ser humano digno. Pero no hay lugar para la dignidad en los ejércitos. Por esto es necesaria la supresión de la virtud de la rebeldía y el despojamiento, a veces mediante la humillación constante, de la dignidad y de la inteligencia.

Obedecer a costa de matar y morir; psicología del militarismo

¿Cómo alguien puede obedecer una orden que demanda asesinato?  El experimento Milgram es muy útil para entender esto. En resumen:
En los juicios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, muchos criminales de guerra nazis declararon que simplemente cumplieron órdenes y que por ello no podían ser considerados directos responsables de sus actos. Stanley Milgram realizó un experimento para intentar explicar el papel de la autoridad en los comportamientos morales, y así tratar de comprender el funcionamiento psicológico que explicaría como pudieron ser posibles los horrores de los campos de concentración en donde judíos, gitanos, homosexuales y otros enemigos del Estado nacionalsocialista fueron masacrados en masa. El psicólogo Stanley Milgram creó un “generador de descarga” eléctrica con 30 interruptores. El interruptor estaba claramente marcado en incrementos de 15 voltios, oscilando entre los 15 y 450 voltios. Puso etiquetas que indicaban el nivel de descarga, tales como “Moderado” (de 75 a 120 voltios) y “Fuerte” (de 135 a 180 voltios). Los interruptores de 375 a 420 voltios fueron marcados “Peligro: Descarga Grave” y los dos niveles más altos de 435 a 450 fueron marcados “XXX”. El “generador de descarga” era en realidad de mentira y sólo producía sonido cuando se pulsaban los interruptores. Posteriormente se reclutaron 40 sujetos por correo y por un anuncio en el periódico. Creían que iban a participar de un experimento sobre la “memoria y el aprendizaje”.   Con los participantes se designaron roles de “maestro/experimentador” y “sujeto”. El sujeto era en realidad un cómplice. Ambos sacaron un papel para definir los roles. El sorteo fue falso, ya que el sujeto verdadero siempre obtendría el papel de “maestro”. El maestro vio que el aprendiz estaba atado a una silla y tenía electrodos. Luego, el sujeto fue ubicado en otra habitación delante del generador de descarga, sin poder ver al aprendiz.
El Experimento de Stanley Milgram fue realizado para obtener respuesta a la pregunta: “¿Cuánto tiempo puede alguien seguir dando descargas a otra persona si se le dice que lo haga, incluso si creyera que se le pueden causar heridas graves?” Los dos participantes se han conocido y se cayeron bien mutuamente, y piensan que cada uno podría estar en el lugar del otro, es decir, el maestro podría estar recibiendo las descargas. El sujeto fue instruido para enseñar pares de palabras al aprendiz. Cuando el alumno cometía un error, el sujeto fue instruido para castigar al aprendiz por medio de una descarga, con 15 voltios más por cada error. El aprendiz nunca recibió verdaderamente las descargas, pero cuando se pulsaba un interruptor de descarga se activaba un audio grabado anteriormente de alaridos. Si se llamaba al experimentador que estaba sentado en la misma habitación, éste respondía con una “provocación” predefinida (“Continúe, por favor”, “Siga, por favor”, “El experimento necesita que usted siga”, “Es absolutamente esencial que continúe “, “No tiene otra opción, debe continuar”), empezando con la provocación más suave y avanzando hacia las más autoritarias a medida que el sujeto contactaba al experimentador. Si el sujeto preguntaba quién era responsable si algo le pasaba al aprendiz, el experimentador respondía: “Yo soy responsable”. Esto brindaba alivio al sujeto y así muchos continuaban.
Los resultados fueron que durante el experimento, muchos sujetos mostraron signos de tensión y 3 personas tuvieron “ataques largos e incontrolables”. Si bien la mayoría de los sujetos se sintieron incómodos haciéndolo, los 40 sujetos obedecieron hasta los 300 voltios. 25 de los 40 sujetos siguieron dando descargas hasta llegar al nivel máximo de 450 voltios.  Antes del experimento de Stanley Milgram, los expertos pensaban que aproximadamente entre el 1 y el 3% de los sujetos no dejaría de realizar las descargas. Creían que tendrías que ser morboso o psicópata para hacerlo. Sin embargo, el 65% no dejó de realizar las descargas. Ninguno se detuvo cuando el aprendiz dijo que tenía problemas cardíacos.
No hay ética cuando hay autoritarismo que desvié nuestra culpa disonantemente, otra razón para entender porque da menos culpa apretar un botón para matar. Para entender mejor las implicancias de este experimento, recomiendo el documental “El juego de la muerte” (2009), donde relatan el experimento Milgram (mucho mejor que yo obviamente) y luego lo replican en una simulación de un juego de televisión con igual resultado. Esto no solo sirve para entender que un militar mate si así se lo ordena. También sirve para entender algunos abusos policiales, actos de corrupción, etc. Y sobre todo, el accionar de los militares durante dictaduras.
Hay muchos experimentos para entender como los roles autoritarios y disciplinarios incentivan la violencia sin sentido.  Uno de estos experimentos es muy conocido y fue realizado en 1971 por Philip Zimbardo, de la Universidad de Stanford. Este reprodujo una situación ficticia de presos y guardiacárceles, y observó cómo los prisioneros aceptaron sufrir un tratamiento sádico y humillante a manos de los guardias. El primer día no hubo mayores conflictos y el segundo día se desató un motín. Los simples roles de autoridad desataron comportamientos de humillación y todo tipo de violencia y abuso a los “reclusos”, y en este caso, se puede interpretar los reclusos como militares de menor rango.  Los resultados del experimento apoyan las teorías de la atribución situacional de la conducta en detrimento de la atribución disposicional, esto significa que fue la situación la que provocó la conducta de los participantes y no solo sus personalidades individuales. Entender esto ayuda a comprender cómo se vive en un cuartel, a veces, el mismo maltrato de parte de los superiores a los de rango inferior. Sobre este experimento también hay material filmográfico: la película alemana del 2001, Das Experiment  dirigida por Oliver Hirschbiegel, está inspirada en este. Se hizo un remake estadounidense en el año 2010 dirigida por Paul Scheuring.
Los efectos de la subordinación a las jerarquías están estudiados en los controvertidos estudios Whitehall. Estos mostraron una relación entre la subordinación de los “rangos inferiores” (particularmente en sirvientes británicos) y graves consecuencias como el aumento del estrés y la mortalidad y el empeoramiento de la salud cardiovascular. Los datos observados de este y otros estudios fueron bautizados como “el síndrome del estatus”.
También en los estudios sociológicos de Lippit y White[5] (realizado con grupos de niños para estudiar tipos de liderazgos) se mostraron datos contra las organizaciones autoritarias que mostraban frustración, poca productividad, agresividad y tensión (contrario al modelo de liderazgo democrático que pareció más beneficioso en general). Éste estudio de todos modos, posee algunas críticas[6] -el experimento de la cárcel de Standford tampoco está exento de algunas críticas.
Además de Das Experiment , otra película alemana interesante que ayuda a comprender la psicología militar es La Ola, aunque en realidad es aún mejor para entender el fascismo, nos brinda una gran ayuda también para comprender el militarismo en general (hay que tener en cuenta que el fascismo no es mucho más que la cultura militar aplicada a una nación). Este drama del 2008 está basado en un experimento real, llamado el experimento de la Tercer Ola. Este se llevó en Cubberley High School, un instituto de Palo Alto, California, con alumnos de secundaria durante la primera semana de abril de 1967, por un profesor (muy comprometido con su trabajo diré) llamado Ron Jones. Este se llevó a cabo para demostrar la facilidad en la que uno puede caer seducido por las ideologías autoritarias y sus grupos, realizado  en el marco de su estudio sobre la Alemania Nazi. Jones hizo hincapié en el lema: “Fuerza mediante la disciplina, fuerza mediante la comunidad, fuerza a través de la acción, fuerza a través del orgullo” (¿Qué más militar que eso?) Así armó una especie de juego de réplica del fascismo, utilizando sus técnicas de seducción, apelando al tribalismo y a todo lo que ello implica. El resultado fue que terminó siendo bastante fácil crear una micro-secta fascista con estudiantes de secundaria, cosa que se le terminó yendo de las manos. Jones llamó al movimiento “La Tercera Ola” inspirado en la noción de que la tercera ola de una serie suele ser la más fuerte.
Lamentablemente, las personas son seducidas muy fácilmente por el tribalismo. El militarismo apela a eso, a lo más detestable del ser humano. Algunas técnicas tribales que utiliza el militarismo (y que son clásicas del fascismo) son: apelar al orgullo de grupo, principalmente el nacionalismo. Apelar a realizar acciones sincronizadas, por ejemplo, marchas, cantos y contestaciones simultáneas,  que refuercen el sentimiento de pertenencia homogénea -y exclusión. Autoritarismo y verticalidad. Control sobre la vida personal (recordemos como se controla la vida personal de los militares en un cuartel). Colectivismo enfermizo, y su correspondiente poco desarrollo de la individualidad y el pensamiento crítico. Apelación a la violencia y el fomento de una cultura violentista, basada en parte en la humillación como disciplina y el desarrollo y ejercicio de la fuerza bruta. Fomento de la obediencia al grupo y a la autoridad, buscando evitar la autonomía y suprimir la rebelión justa. Fomento en la búsqueda de enemigos externos. Amaestramiento o supresión de la empatía. Etc.
También el tribalismo suele recurrir a la cohesión mediante una creencia irracional, como una religión, una superstición, una supremacía racial o el nacionalismo –exceptuando claro las milicias privadas.  El nacionalismo es muy similar a una religión y provoca el mismo grado de cohesión social. El filósofo Roberto Augusto escribió en “Contra el nacionalismo”: “Cada vez que se celebra un acto de homenaje a una bandera o a algún símbolo nacional siempre tengo la sensación de estar asistiendo a una ceremonia religiosa. Los creyentes nacionalistas se reúnen alrededor de sus símbolos, de la bandera o del himno, para venerar a una idea que ellos mismos han creado, pero que ha llegado a ser más importante que sus propios creadores. Cuando alcanzamos ese grado de idolatría muchos piensan que la vida de la gente vale poco al lado de su nación. Entonces, algunos líderes políticos y sus seguidores pueden llegar a la conclusión perversa de que vale la pena matar y morir en nombre de una comunidad nacional imaginada.”
Existe una relación recíproca entre el culto a una creencia irracional y la violencia organizada. En el militarismo la violencia organizada se sostiene en parte en la creencia nacionalista. Pero hay también cultos irracionales que terminan derivando en desarrollo militarizado, como la secta de Osho llamada “Movimiento Rajnishe”, esta poseía un ejército propio con armas de guerra. Una fuerza armada suele recurrir al culto a una creencia para reforzar el tribalismo y el tribalismo suele derivar en violencia, así como los cultos a las creencias se pueden volver tribales y convertirse en fuerzas armadas.
En todos los casos, un ejército para mantenerse tribal suele recurrir a brutalizar a sus miembros, despojarlos no solo de la sensibilidad sino de su capacidad reflexiva y expresiva. En el ejército es fácil, ya que, si sus miembros no van allí obligadamente por un Estado terriblemente abusivo y despótico, van allí porque de por sí no tienen muchas expectativas de sus capacidades. Suelen ser gente sin mucho talento ni inteligencia que van allí con una visión idealizada por la propaganda para ganarse un sueldo fijo del Estado. Si bien la milicia suele servir, cuando no se está en guerra, a ayudar durante catástrofes y misiones de rescate, no son un cuerpo especialmente preparado para eso, y estas misiones no justifican su necesidad. El clero y la milicia son auténticos parásitos del Estado.
Cuando vemos la “educación” de un militar, ésta no suele consistir mayoritariamente en el estudio de la filosofía, en la investigación, o en el arte. Sino más bien en disparar y arrastrarse como un gusano por el suelo. Suele buscar generar dóciles obedientes sin pensamiento crítico que sirvan de piezas para ejercer brutalidades colectivas obedeciendo a su líder y rindiendo culto a ideas imaginarias.
¿Cómo puede ser que un grupo de gente, es decir, los militares, se comporten de formas tan brutas, crueles y despiadadas? También hay evidencia científica que ayuda a entender esto. Y es que, estando en un grupo de características tribales, como lo es un ejército, nuestro comportamiento (nuestro cerebro) pierde el control y tolera realizar o permitir acciones aberrantes que no realizarían en solitario, como maltratar, agredir, torturar, alegrarse de las desgracias e incluso matar[7]. Por esto vemos tantos crímenes de guerra y tantos abusos militares.
La evidencia apunta a que las decisiones morales son radicalmente diferentes cuando nos vemos influidos por un grupo, y si bien esto tiene relación con el experimento de Ash, va más allá, porque el error de llegar a conclusiones incorrectas en un ensayo visual o similar influenciado por un grupo (experimento de Ash) es menos peligroso que la euforia que genera un comportamiento brutal de grupo. El experimento de Ash muestra que el error grupal puede hacernos equivocar, pero el resto de la evidencia sobre comportamientos de grupo muestra que también un grupo al llegar a cierta homogenización puede verse atraído a realizar acciones inhumanas y violentas que sus miembros no realizarían en solitario. Los “barrabrava” o hooligans son un ejemplo, así como grupos de delincuentes.
Los grupos de mucha cohesión (como una secta o un ejército, a veces difíciles de diferenciar) tienden a disolver la personalidad y la individualidad e incluso la moral y los principios. El estudio publicado en la revista NeuroImage y liderado por Mina Cikara, ha demostrado como las personas pierden contacto con sus referencias morales individuales cuando actúan en un grupo y como esto facilita la posibilidad de que agredan a los que no pertenecen a él. Para realizar el trabajo, los científicos reclutaron a 23 voluntarios y analizaron su actividad cerebral con resonancia magnética funcional en dos situaciones: participando en un juego de forma individual y haciéndolo en grupo. Los investigadores centraron su atención en un área del cerebro, la zona media de la corteza prefrontal, que se activa siempre que la persona hace valoraciones sobre sí misma y las cosas que piensa (algo así como parte del ‘yo’).  Durante las pruebas, los autores del estudio descubrieron que en una serie de sujetos esta zona se activaba mucho durante el juego individual pero se inhibía cuando estaban jugando grupalmente. Lo que los científicos preveían es que las personas cuya actividad en esta zona del cerebro era menor, tendrían más probabilidades de perjudicar a los miembros de otro equipo en otra tarea realizada después del juego. Y para medirlo les pidieron que eligieran dos fotos entre seis de los miembros del equipo rival que se publicarían después en el estudio. Las personas que habían tenido menor actividad en la corteza prefrontal eligieron sistemáticamente las fotos en las que sus rivales habían salido menos favorecidos, lo que, según los investigadores, confirma sus sospechas de que son más propensas a actuar contra los miembros del otro grupo con algún tipo de represalia. Para Cikara y su equipo, el resultado confirma que la gente cambia sus prioridades cuando hay un ‘nosotros’ y un ‘ellos’.
La literatura científica coincide en señalar que nuestros cerebros parecen desarrollar un sentido del grupo que nos hace percibir a los otros como extraños e incluso hostiles. En estudios anteriores sobre los cambios en la empatía, Saxe y Cikara ya habían visto que cuando emplean la lógica de grupos es frecuente que las personas se alegren secretamente de las desgracias ajenas. En experimentos con neuroimagen se ha comprobado que a algunas personas se les activan las zonas  del cerebro asociadas a la recompensa cuando el competidor recibe una descarga eléctrica dolorosa o cuando le sucede una desgracia.
Pero en la literatura científica se ve como el comportamiento de grupo puede ser paradójico. Un estudio de 1990 mostró que los sujetos eran más propensos a donar dinero para una buena causa cuando estaban en grupo que cuando estaban solos. Esto se explica mediante los mismos circuitos neuronales. El punto es que en un grupo militar, la prioridad no es donar dinero, sino combatir enemigos (y a veces estos enemigos pueden ser civiles “socialistas” –o sospechosos de serlo- dentro de la misma nación). El ambiente de violencia que se genera da como resultado, no una cooperación humanista, sino el desarrollo del comportamiento tribal que dificulta la empatía.
La estupidez abusona de los militares está ampliamente registrada en la historia y en el arte. Vemos lo que pasa en las dictaduras militares por ejemplo. Darle poder político a los militares es permitir someter a la sociedad civil a todo tipo de violaciones de los Derechos Humanos, como torturas, secuestros, abusos sexuales, robo de bebes, asesinatos en masa, guerras tontas (como el caso de Malvinas), etc.
Un ejemplo del abuso militar es el caso, de mucho impacto, de militares estadounidenses y agentes de la CIA torturando y humillando  sádicamente a prisioneros de la guerra de Irak en Abu Ghraib. Dichas torturas recuerdan a la película Saló o los 120 días de Sodoma de Pasolini, pero con menos gracia y estética, y más mal gusto.

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La necesidad de desmantelar el ejército

Lo que me parece deseable, en este momento, es que en medio de un mundo de muerte, se decida reflexionar sobre la muerte y elegir. Si esto puede hacerse, nos dividiremos entonces entre los que aceptan el rigor de ser los asesinos (verdugos) y los que lo rehúsan con todas sus fuerzas. Puesto que esta terrible división existe, será un progreso al menos hacerla evidente. A través de los cinco continentes, y en los años que vienen, una interminable lucha va a desarrollarse entre la violencia y la prédica. Es cierto que las posibilidades de la primera son mil veces más grandes que las de la última. Pero yo siempre he pensado que si el hombre esperanzado en la condición humana es un loco, el que desespera de los acontecimientos es un cobarde. Y en adelante, el único honor será el de mantener obstinadamente esta formidable lucha que decidirá por fin si las palabras son más fuertes que las balas”. Albert Camus, Sobre el diálogo.

Seamos realistas; el ejército no sirve para nada. Su único justificativo se sostiene en un círculo vicioso: nos armamos para defendernos de los que se arman para defenderse de los que se arman para defenderse de los que se arman. Un absurdo.
A estas alturas el internacionalismo y las soluciones internacionales diplomáticas ya no solo son deseables sino inevitables. Debemos exigir que exista un incentivo mundial en crear, reformar y perfeccionar instituciones internacionales, y exigir, en todo el mundo, el desarme progresivo, la cancelación de los presupuestos en investigaciones técnico-armamentistas, y el desmantelamiento y prohibición de todas las armas nucleares. Esto se puede hacer en parte con leyes internacionales que exijan disminuir mundialmente el prepuesto destinado al ejército, y sobre todo en las potencias. No solo se requiere la insistencia de organismos como la ONU, sino también la presión de individuos en todo el mundo para que el gobierno de su país decida bajar el presupuesto en fuerzas armadas.
Se requiere para que esto funcione varios requisitos, como ser: aumento de la cooperación internacional, declive de las pasiones nacionalistas, desmantelamiento de grupos de conflicto como el DAESH, hacer más fuerte a la ONU y generar más instituciones internacionales, cómo otro FMI (que no funcione únicamente a base de intereses estadounidenses y de corporaciones) y otras instituciones económicas que ayuden a que esto se pueda cumplir. También se podrían crear grandes bloques de ejércitos internacionales, que reemplacen sus ejércitos nacionales, con incorruptibles pactos de paz, con una formación más humanista, que se comprometan en su totalidad a reducir sus presupuestos y que estén regulados por varias instituciones internacionales bien diseñadas.
¿Qué tan utópico es esto? No mucho. Existen varios países sin fuerzas armadas, por ejemplo: Costa Rica, Dominica, Haití, Islandia, Mónaco, Panamá, Samoa, Vanuatu, etc. La defensa de dichos países recae según el caso en pactos de paz con la ONU, otros países, alianzas militares intergubernamentales (como el caso de Islandia con la OTAN), fuerzas como sistemas regionales de seguridad, o a veces en la policía. En el 2010, el Premio Nobel de la Paz y Presidente de Costa Rica, Oscar Arias, propuso al presidente de Uruguay “Pepe” Mújica unirse a la lista de países sin fuerzas armadas, pero lamentablemente la propuesta fue rechazada[8]. “Los ejércitos son enemigos del desarrollo, enemigos de la paz, enemigos de la libertad y enemigos de la alegría”, manifestó Arias.
En Argentina el escritor Martin Caparrós propuso eliminar el ejército argentino. Sus argumentos eran que no está preparado para enfrentar ninguna guerra, por lo que es completamente inútil además de caro. En cuanto a países vecinos chicos con los que podría mantener una guerra, no existe ninguna plausibilidad de que suceda un conflicto, y en cuanto a grandes países o potencias no hay posibilidad de que gane un conflicto. Por lo que su existencia es meramente decorativa. Y es una decoración cara  y desagradable.
Muchas instituciones y costumbres fueron legales y comunes hasta que la sociedad decidió ponerles un fin, no hay nada utópico en eso. La Inquisición fue común en toda Europa y hoy no existe, y los duelos armados fueron una costumbre asesina hoy erradicada.
También es necesario prohibir las armas en todo el mundo por los males que estas generan[9] y por el hecho de que podrían permitir la existencia de ejércitos independientes. Para ver el daño que causa la cultura de las armas en Estados Unidos, recomiendo el documental Bollowling for Columbine  de Michael Moore (documental muy interesante, aunque Moore no sea particularmente de mi confianza). Prohibir las armas, acabar con su producción y empujar el desmantelamiento del ejército deberían ser unos de los objetivos más importantes de una izquierda moderna seria.
Pero estas ideas molestan tanto a gente de izquierda como de derecha. Existe desde los orígenes de la izquierda la tradición violenta, de revolución armada, de guerrilla y de guerra. Los anarquistas del principio del XX y los marxistas, especialmente leninistas, la resaltaron y popularizaron. Hay un sector de la izquierda que cree que las armas son necesarias, que no hay que abandonar el nacionalismo (aunque tradicionalmente la izquierda rechazaba al nacionalismo y el militarismo, recordemos el asesinato de Jaures), que los ejércitos tienen que ser “socialistas” y que desprecia a los pacifistas. Este se sostiene en un mesianismo, que cree que la salvación la traerá un grupo armado, y no un progreso social sistémico. Rechazo profundamente esta izquierda sobre todo en países pacíficos y democráticos.
La idea de revolución social armada es completamente inviable, y más en un contexto tan internacionalizado como el nuestro. Una revolución de un pueblo en armas es darle una escopeta a un mono y soltarlo para que pruebe tiro al blanco entre una multitud.  No creo que el costo de miles de vidas perdidas y de un desorden social a gran escala justifique de alguna forma un fin improvisado, de poca eficacia y nula garantía. El régimen autoritario de inspiración marxista-leninista de imposición armada suele fracasar tarde o temprano en mayor o menor medida (no quiero decir que el capitalismo no tenga sus fracasos, especialmente el desregularizado), es caro a precio de vidas y libertades y hasta ahora no demostró verdaderamente ser muy eficaz ni tener logros demasiado notables. Generalmente terminan en abusos y autoritarismo. Pretender revoluciones armadas es saber que se está jugando con la vida a riesgo del fracaso total, es una idea de inspiración muy romántica, suicida y homicida. La justicia no puede imponerse mediante la injusticia y una sociedad libre no puede estar dirigida por una elite armada. La justicia social y el socialismo, mientras demuestren valer la pena, deberían de ser planeados, ensayados, progresivos, corregidos y dirigidos pacífica, racional, ética, científica y democráticamente mientras sea posible.
Por esto es que creo que una izquierda que valga la pena debe tener entre sus objetivos convertir al ejercicio de la violencia militar en historia, y esto incluye eliminar el mesianismo de creer en la salvación de un ejército socialista. Si los ideales de izquierda se basan en la libertad, la igualdad y la fraternidad, deberían plantearse que no puede haber fraternidad con un grupo de gente armada y amaestrada para la violencia.
Imagínense una vez abolido o reducido el ejército en todas las naciones, todo el presupuesto que se ahorraría para invertir en educación, salud y transporte público, en investigación científica, en actos de solidaridad internacional, etc. Toda la industria que pudiera, en vez de esforzarse en fabricar máquinas para matar, esforzase en investigar y crear otras técnicas y tecnologías que puedan ayudar al bienestar y la comodidad general.
Estados Unidos gasta cerca de 600 mil millones de dólares en mantener su ejército… ¿Se imaginan ese dinero invertido en investigación espacial y médica? ¿O en hacer públicas sus universidades y su sistema de salud? ¿O en proyectos para mitigar el calentamiento global, el problema más serio del mundo actualmente? ¿O en ayudar a mejorar la situación económica de otros países desbastados como Somalia? El producto interno bruto de Somalia es de aproximadamente 6.000 millones de dólares, diez veces menos que el presupuesto militar de Estados Unidos. Aunque impresionen poco esas cifras teniendo en cuenta que Somalia es un completo desastre, hay que tener en cuenta que EEUU gasta más en ejército que el PBI de Argentina (583,2 miles de millones de dólares). Una sociedad que permite que esto sea así, es una sociedad enferma de violencia y egoísmo.
Hoy en día casi todos estamos de acuerdo en que las guerras son una aberración que no deberían  existir… ¿Entonces para qué seguimos manteniendo el ejército? ¿Por qué aún continúa anotándose gente en esta institución? Una consecuencia de aceptar la atrocidad de las guerras es muy simple, negarse a participar en una. Una persona que se niega a aceptar que la guerra es una aberración es un enemigo de la humanidad. La culpa de una guerra la suelen poner encima de los hombros de quienes se cree que las provocan, sean políticos o empresarios. Pero la verdad es que en las guerras la culpa también es de todos los militares que aceptan participar y de todos los ciudadanos que la apoyan y mantienen el Servicio Militar Obligatorio con vigencia (por suerte este solo queda en algunos países). También la culpa de las guerras la tienen los indiferentes.
Para colmo, las desgracias de las guerras no terminan cuando terminan éstas, ni para los civiles ni para los militares sobrevivientes. En Estados Unidos se suicidan más de 20[10] veteranos de las guerras de Vietnam, Afganistán e Irak por día, y más de 75.000 viven en las calles[11]. Entre los veteranos argentinos de la Guerra de Malvinas también son comunes los suicidios. Las estadísticas son muy irónicas, ya que se suicidaron más soldados veteranos (350 aproximadamente) que soldados muertos en combate (326 si no tenemos en cuenta los muertos en el crucero General Belgrano)[12]. Entre los veteranos de guerra también son comunes terribles enfermedades mentales como el estrés post-traumático.
Históricamente la guerra, el colonialismo y las expediciones militares no solo causaron daños a seres humanos, animales, ecosistemas, etc. sino también a patrimonios de la humanidad como ciudades antiguas y monumentos. La destructiva expedición militar de Napoleón en Egipto, los Jardines Colgantes de Babilonia deteriorados luego de las invasiones persas, y las destrucciones de monumentos sirios por la guerra como ser La ciudad de Bosra, o Las Ruinas de Palmira son algunos ejemplos.
A veces para evitar la guerra es necesario renunciar a la abstracción del orgullo nacional e incluso a algunos privilegios. Pero hay que pensar ¿Verdaderamente el orgullo nacional vale más que la vida de una sola persona? Yo creo que no, como tampoco creo que el socialismo tenga que ser impuesto a costa de un dispendio de muertes. Cuando uno suele hacerse estos planteos piensa que se justifica matar y morir para defender a su nación de soldados que vienen a matarlos o saquearlos a ellos y que es una cuestión de supervivencia por la cual no se puede culpar a los militares. Pero esto es falso. Y es falso por la simple razón que aun cuando estos se defiendan “legítimamente”, se están defendiendo de otros militares que apoyan causas injustas para el privilegio de su “nación”. En cualquier caso, la culpa del conflicto recae siempre en los militares, sea de un bando, del otro o de ambos. Cuando uno acepta pertenecer a la secta asesina de un ejército, acepta la posibilidad de responder a una orden de saqueo, además de a la orden de “defenderse”. Muchas veces, los soldados ejecutan guerras despiadadas contra otras naciones para saquear y sabotear creyendo que están haciendo algo para defender a su nación, y eso hay que tener en cuenta. No toda defensa militar verdaderamente es una defensa. El pacto militar es matar y morir por la causa que desee y establezca una clase que fácilmente puede engañarlos en sus fines. Y esta clase puede engañar también al resto de la población para hacerlos apoyar o justificar una guerra innecesaria en busca de privilegios incluso creyendo que están haciendo un bien por su nación, y en el peor de los casos por el bien de la nación atacada.
Claramente para desmantelar el ejército hay que también debilitar el nacionalismo, y eso es de verdad difícil, pero el que piensa que esto es imposible en parte está siendo cómplice de esa imposibilidad. “El camino que debe recorrer la humanidad no es el de profundizar en las divisiones, sino darnos cuenta de que vamos en el mismo barco y que nos ahogaremos si no remamos en la misma dirección”, escribió Roberto Augusto. Con el avance de la tecnología y el poder de destruir nuestro planeta en una guerra presionando un botón, se hace demasiado evidente que vamos en el mismo barco. Mientras avance la tecnología, avanzará la necesidad de terminar con la  superstición nacionalista, y de acabar con las guerras y con su posible existencia.
Si queremos dar el paso anterior a eliminar el ejército, que sería debilitar el nacionalismo, debemos entender que no podemos hacerlo únicamente discutiendo el concepto con cada persona nacionalista que conozcamos. Hay que entender qué causa el nacionalismo, y este problema es complicado, multicausal y sistémico. El tribalismo es tan psicológicamente tentador que dudo que el nacionalismo pueda ser eliminado por completo tan fácilmente, y de ser así, el tribalismo se manifestará de otra manera, de forma casi inevitable. Evitar el tribalismo social es demasiado complejo, y debe ser uno de los principales proyectos humanistas. Una de las posibles causas del tribalismo agresivo es la desigualdad social, muy relacionada con el aumento de la violencia (vemos cómo Alemania, en la condición de desigualdad luego del Tratado de Versalles, aumentó su índice de chauvinismo, pero esta correlación es insuficiente para explicar el nazismo).
Cuando se propone abolir el ejército, uno de los “argumentos” es que mantener el ejército está bien porque siempre fue así; desde que existe civilización existen enfrentamientos armados. Pero esto es en realidad una falacia lógica conocida como “argumentum ad antiquitatem”, o apelación a la tradición. No puede ser utilizada como argumento serio.
También se usan otros tipos de falacias para defender las instituciones militares, como la falacia de apelación a la naturaleza de que “el hombre es malo por naturaleza y buscará naturalmente los enfrentamientos armados”. Verdaderamente no hay ninguna evidencia seria que sugiera que las civilizaciones requieran de las guerras para mantenerse. Tampoco es cierto que el ser humano sea “malo” por naturaleza, no es ni bueno ni malo. Mario Bunge escribió: “El hombre no nace malo. No hay genes maléficos. Tampoco hay genes benévolos. Según nuestros principios y las circunstancias, unas veces nos comportamos bien y otras mal“[13] En el mismo artículo agregó: “las escuelas de guerra son las únicas que se especializan en enseñar a practicar la maldad… Si nos preparamos para la guerra, terminaremos haciéndola; si nos preparamos para la paz, la tendremos y seremos un poco más buenos que malos.”

Siento mucha tristeza, de verdad, por todos aquellos que decidieron, para evitar estudiar una carrera universitaria, buscarse un empleo útil y una elevada razón de ser, volverse piezas de esa maquinaria enferma y despreciable que es el ejército. La cultura  debería abandonar, de una vez por todas, la deleznable idea que equipara heroísmo con efectividad asesina. Espero ansioso el momento en que la sociedad entienda al verdadero héroe de la civilización como un original científico, un talentoso artista, un médico hábil, un intelectual comprometido, un apasionado profesor, un político honesto, o un excelente técnico. Los héroes no son los que matan y mueren por causa militar; son asesinos y/o víctimas. El ejército es una institución que requiere ser mundialmente abolida y figurar sólo en la historia como una vergüenza del pasado de la que hay que huir.

Durante un largo veraneo en el Paso del Molino, en Montevideo, ciudad que quería mucho, (mi padre) me dijo que me fijara bien en las banderas, en los escudos, en los cuarteles, en las iglesias, en las carnicerías y en las sotanas, para poder contar a mis hijos que yo había visto esas cosas raras, que no tardarían en desaparecer de la faz de la tierra. No sin melancolía compruebo ahora que la profecía era prematura.” Jorge Luis Borges.

[1] http://www.milsf.com/psychology-of-killing/
https://www.xatakaciencia.com/psicologia/los-soldados-de-antes-eran-menos-asesinos-que-los-de-ahora
http://www.canadianmilitaryhistory.ca/wp-content/uploads/2012/03/4-Engen-Marshall-under-fire.pdf

[2] http://biblioteca.org.ar/libros/150672.pdf

[3] Capítulo 20, temporada 1, 1986.

[4] http://chequeado.com/ultimas-noticias/mario-ishii-desde-que-se-fue-el-servicio-militar-la-inseguridad-empeoro/

[5] http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/00224545.1939.9713366

[6] https://dspace.lboro.ac.uk/dspace-jspui/bitstream/2134/16182/4/Lewin%20revised.pdf

[7] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24726338

Reduced self-referential neural response during intergroup competition predicts competitor harm (NeuroImage)
http://news.mit.edu/2014/when-good-people-do-bad-things-0612

[8] http://www.infodefensa.com/latam/2010/04/02/noticia-arias-propone-a-uruguay-abolir-sus-fuerzas-armadas-y-mujica-lo-rechaza-diplomaticamente.html

[9] https://barderzineblog.wordpress.com/2016/06/21/armas-y-lobby-la-evidencia-cientifica-detras-del-uso-de-armas/

[10] http://www.hispantv.com/noticias/ee-uu-/283824/suicidio-veteranos-militares-eeuu-aumenta

[11] http://www.telesurtv.net/bloggers/-22-veteranos-de-Guerra-se-suicidan-diariamente-en-Estados-Unidos-20150209-0003.html

[12] http://www.lanacion.com.ar/784519-no-cesan-los-suicidios-de-ex-combatientes-de-malvinas

[13] http://elcomercio.pe/eldominical/articulos-historicos/hombre-malo-bueno-mario-bunge-366670

El feminismo (pos)moderno, un orzuelo en el ojo izquierdo

“Nací en la izquierda y allí moriré, pese a ella, pese a mí”. Albert Camus.

Si antes los izquierdistas no-marxistas se sentían bichos raros dentro del movimiento, hoy ser de izquierda y tener un mínimo de pensamiento crítico en la moda de la izquierda posmoderna  es sentirse completamente desorientado. Lamento ver a la izquierda en tiempos actuales cada vez más humillada y ridiculizada. Más lamento que eso esté justificado. Percibo un gran deterioro en la calidad de los planteos de la izquierda actual que es necesario remediar urgente.  Me parece que si hay un gran responsable de esto que pocos se animan a señalar, son los métodos, lemas, objetivos, procederes, etc. del feminismo actual, fuertemente influenciado por el posmodernismo y muy relacionado con la izquierda. Sentí que ya no podía mirar hacia otro lado al ver sus abusos, sus disparates, sus actitudes acríticas y sectarias y su actitud tribalista y violenta con la que dejan diariamente en ridículo a la izquierda con la que me identifico. Es hora de que, si queremos salvar a la izquierda, la critiquemos.

Actualmente veo que muchos críticos de la izquierda de tendencias evidentemente de derecha tienen razón. Más de lo que nunca me hubiera  gustado imaginar. El discurso de derecha capta cada vez más gente, y lo vemos en el éxito de Nicolás Márquez y Agustín Laje por ejemplo. Esto es porque muchas veces, en simultáneo con un montón de estupideces esperables, lanzan críticas con bastante sustento que la gente común entiende y apoya. Y confieso que a veces tienen razones para esto. Un foco frecuente de esas críticas es el feminismo, que termina por dejar mal parado de forma aparentemente razonable a todas las ideas de la izquierda actual. Pocos son los que se atreven a hacer críticas a los abusos y descarriles del feminismo contemporáneo desde una postura de izquierda racional, y lo comprendo, ya que es una autocondena al ostracismo dentro de la misma izquierda.

La actitud muy común en la izquierda actual que llamo “espíritu gulag” consiste en eso, en limitar el debate con suma intolerancia dogmática e irracional y condenar cualquier opinión que no les guste y junto con ella, al que la expresa. El espíritu gulag lleva a desmantelar el debate racional basado en evidencias y argumentos, y remplazarlo por el escarnio y ostracismo del que piensa diferente o critica. Por ejemplo tachando al que cuestiona algún planteo feminista, muchas veces de buenas intenciones y relativa solidez intelectual, de “machistas”, “hijos del patriarcado”, “machirulos”, etc. El espíritu de gulag busca mantener miedo, ahuyentar la crítica, generar homogeneización de pensamiento y segregación. Y esto se ve muchísimo en el feminismo actual, con altos tintes sectarios de un puro sentimiento de pertenencia, que describiré luego.

Si queremos mantener una imagen de la izquierda que la represente digna de tomar en serio, debemos ser más críticos con nuestras ideas y escapar de la sumisión a las ideas “ortodoxas” (dogmas, mejor dicho) de la izquierda contemporánea. Dejemos de ver esto como herejía.

Tengo una fuerte convicción de que, si queremos detener a la derecha emergente, lo importante no es tanto criticar a la derecha, sino a la izquierda. El creciente éxito de la derecha no se basa en sus logros, porque la derecha realmente carece de estos; el éxito de la derecha se debe a que hay algo en la izquierda que siempre fracasa y que la derecha no pierde oportunidad de señalar.  Hay que dejar de mirar para otro lado frente a esto. La izquierda fracasa porque le falta madurez, y nunca la va a alcanzar si no se refuerza la autocrítica. Y en la situación actual, si hay un sector de la izquierda que más necesita autocritica es aquel de los llamados feministas. Al decir esto a muchos se les vendrá a la mente un pensamiento algo así como: “ah claro, este tipo cree que el feminismo tiene que ser autocrítico y no las personas machistas ”. Ya les respondo: una cosa no quita la otra, y si queremos acabar realmente con el sexismo, tenemos que poner en tela de juicio seriamente la eficacia que está teniendo el feminismo para esto. Los logros del feminismo contemporáneo parecen consistir más que nada en haberse vuelto una moda, aunque bastante adolescente y con alto grado de violencia y capricho aniñado.

Resaltarle estas cosas al feminismo hace despertar, en los miembros más comprometidos del movimiento, fuertes sentimientos de odio. Creen que criticarlos es ser indiferente a los “femicidios”, a la “opresión de la mujer”, y a todo lo malo que se pueden imaginar (porque esta tendencia de encajar todo lo malo y lo que no les gusta en la misma bolsa es muy común en el feminismo, recordemos que para muchos los conceptos de capitalismo, fascismo y todas las formas de opresión están vinculados de alguna forma mágica con el machismo o el patriarcado). Esto se ve cuando frente a cualquier crítica mínima la reacción suele ser el insulto, el abucheo y hasta la violencia física, aun cuando sea por parte de alguien que plantea la búsqueda de la igualdad de género. ¿Realmente esto es defendible? ¿Deseable? ¿Civilizado? ¿Tolerante? ¿Humanista? A gran parte del feminismo actual estos últimos tres valores no le importan, y hay que señalarlo.

En este artículo no pretendo hacer una crítica detallada, revisando múltiples autores,  revisando la historia del movimiento, analizando sus propuestas, recopilando críticas, etc. Realmente no tengo el interés ni el tiempo. En este artículo pretendo más que nada fomentar la crítica. Considero que ustedes pueden ser lo bastante inteligentes y educados para formar sus propias opiniones respetables sobre cada aspecto del movimiento, lo principal que pretendo sugerir con estas palabras es que no tengan miedo a criticar cuando consideren que sus cuestionamientos están sustentados en la razón, la ética y la evidencia. Sin pensadores críticos la sociedad queda a la deriva, se estanca y se pudre. Cualquier movimiento o ideología que pretenda subordinar el pensamiento crítico se vuelve un enemigo de la humanidad.

El ocaso del feminismo  

Me parece que es demasiado evidente ya que el feminismo está en crisis desde la tercera ola. En general ésta desde que comenzó que cae en picada en una serie de vicios que hoy ya ensuciaron demasiado la imagen del movimiento frente a las personas más críticas, y éstas pueden demostrar de forma muy simple que en muchos casos el movimiento se volvió muy irracional, y me apena. Sobre todo porque hay razones muy buenas para luchar contra el sexismo, y el feminismo llevaba una bandera de lucha. Es muy fácil demostrar ejemplos de decadencia, irracionalidad y hasta sexismo hembrista, desde el “feminismo” separatista de Sheila Jeffreys hasta los textos de Luce Irigaray diciendo cosas cómo que la fórmula e=mc2 es sexuada.

Uno de los vicios más marcados es el panmachismo, la creencia de que cualquier cosa es machista (hasta incluso que la discriminación a los hombres es machista) y de esta forma la banalización y exageración del término que lleva a los (verdaderamente) machistas a dejar de tomar en serio las críticas a dicha postura (en este vicio cae claramente Irigaray entre otros). Realmente el machismo es algo grave, pero si banalizamos el término la gravedad se pierde. Si es machista tanto la teoría mecánica de sólidos (sí, Irigaray escribió esto) como creer que las mujeres solo sirven para ser amas de casa, o justificar una violación a una mujer diciendo que “se lo merecía” o “se lo buscó” el término pierde todo valor y con eso parte de la gravedad del asunto. Exagerar con las acusaciones de “micromachismos” o creer que las mujeres merecen tipos de discriminación positiva (como estar exentas de críticas) es perjudicial para buscar la igualdad y dará pie a que haya un grupo de gente que -con razones- luche contra el feminismo haciendo generalizaciones de sus vicios, y ya está pasando. Si todavía se pretende luchar por la igualdad racional bajo el nombre de “feminismo”  (yo ya hace tiempo me resigné a esto), hay que cuidar cómo y qué es lo que dicen en nombre de éste, sobre todo porque (por suerte) lo que el feminismo plateó desde el siglo XIX ya entró en serios debates y acciones sociales. Seguir el curso de crisis que inició la tercera ola al feminismo con las influencias posmodernas puede hacer que todos esos logros peligren.

El 1- tribalismo, el 2- hembrismo y el 3- dogmatismo me parecen algunos de los peores vicios en los que cae el feminismo actual, y los voy a dividir en tres correspondientes secciones –aunque es importante resaltar que están estrechamente vinculados. No pretendo lograr precisión con múltiples referencias y estudios científicos, como por lo general me gusta hacer;  no va a ser el caso de este artículo. Presentaré opiniones sustentadas de actitudes que creo que todos podemos ver a simple vista asomando un poco la cabeza dentro del movimiento.

 

La tribu feminista

Recuerdo haber asistido a una marcha de Ni Una Menos en La Plata, Argentina, y haber visto algo muy particular. Se trataba de una especie de performance en donde feministas, únicamente mujeres, se reunían en ronda, si mal no recuerdo alrededor de una fogata,  con la cara pintada y aullando y bailando coordinadamente al son de los tambores como aborígenes.  Varias personas que asistieron o asisten a marchas feministas me confirmaron que estos actos son frecuentes. No me imagino una representación más perfecta de tribalismo.

Este consiste en una actitud de marcada pertenencia a un grupo. Se expresa en la reproducción de todo lo que produce sentimientos de cohesión social, pero de la forma más alienada, exagerada y primitiva. Se basa en imitar gestos, costumbres, conductas, tradiciones, acciones y pensamientos en simultáneo con un grupo de la forma más homogénea posible. Se trata de sentirse estrechamente parte de algo, de lo que los demás no son parte. Muy a menudo acompañado de todas las irracionalidades posibles, como la violencia. Un excelente ejemplo es el fascismo nazi. El tribalismo está también muy estrechamente relacionado con la explicación psicológica de las sectas.

En el feminismo actual se ve muchísimo esto. Las mujeres de actitudes hembristas, es decir, que consideran al sexo/género femenino más “especial” que el masculino, y que encuentran cobijo ideológico en el feminismo, parecieran reforzar siempre un sentimiento muy fuerte de pertenencia.

Sostener que las feministas no creen que haya nada “especial” en ser mujer y que no existe el hembrismo, como ya escuche/leí antes, es simplemente falso. Existe una creencia mística y generalizada dentro del feminismo de que las mujeres tienen alguna especie de relación especial con el cosmos por ejemplo. Tomemos como muestra mínima esta cita: “(…) Pero cada fase de este proceso posee una temporalidad propia, eventual-mente cíclica, unida a los ritmos cósmicos. El hecho de que las mujeres se hayan sentido tan amenazadas por el accidente de Chernóbil tiene sus orígenes en esa relación irreductible que existe entre sus cuerpos y el universo” Irigaray, 1987a, pág. 215). También se ve mucho en páginas feministas vinculadas a la pseudociencia creencias infundadas similares, como que los ciclos menstruales tienen relación con las constelaciones, ritmos cósmicos, la luna, o ridiculeces por el estilo.

Cuando se acusa de hembrismo, numerablemente oí decir que eso no puede existir porque “no hay un sistema cultural hegemónico que oprima a los hombres”. Esto es una confusión, creo, basada en confundir la actitud hembrista con un equivalente al patriarcado, el matriarcado. Resaltar actitudes hembristas no significa afirmar que existe un matriarcado (yo personalmente dudo de que existan ambos, o por lo menos de la forma exagerada en que se plantean muchas veces). Otra de las defensas más estúpidas de la supresión del término hembrista la leí de Malena Pichot, que dice que no puede haber discriminación de una persona a otra que goce de algo así como “privilegios sociales” por pertenecer a un grupo. Su planteo es que no existe el “racismo” de negros hacia blancos, porque no existe una discriminación a gran escala de negros hacia blancos sino a la inversa, y lo mismo con respecto a hombre/mujer. Este planteo es absolutamente dogmático y arbitrario, no lo vi jamás sustentado en algún intento de argumento y va contra cualquier definición semántica existente. No veo ninguna razón para sostenerlo. Es solo una hipótesis ad hoc muy mala para intentar negar algo tan evidente como que pueden existir discriminaciones poco usuales. No voy a continuar ahondando en cuestiones referentes al hembrismo porque pertenecen a la siguiente sección, pero quería dejar en claro esto para que puedan entender los siguientes planteos. Preguntas como si es compatible o no el feminismo con el hembrismo las analizaré luego.

Esta actitud de tribalismo separatista del hembrismo, basado en un fuerte sentimiento de pertenencia,  se ve en la ridícula tendencia discriminatoria de echar a los hombres de las marchas feministas, algo que me parece completamente injustificable bajo cualquier punto de vista mínimamente civilizado y humanista.

Ejemplos:

Estos hechos me parecen dignos de analizar, y el concepto más apropiado que encuentro para esto es el de tribalismo. El hecho de sentirse mínimamente especiales por ser mujer es risible. Es tan perverso como sentirse especial por ser hombre o heterosexual, solo que esto está mal visto por una izquierda posmoderna que se obsesiona ridículamente por exaltar ciertos grupos “marginados” y despreciar a los demás por “hegemónicos”. El razonamiento estúpido en ambos casos es el mismo, igual de racional que el nacionalismo. El hecho de excluir hombres que van a apoyar la misma idea que las mujeres de la marcha, es completamente violento e irracional. No tiene absolutamente nada que ver con la busca de la igualdad o equidad, y solamente le encuentro sentido en una forma de reforzar el sentimiento de grupo y de exclusión.

Si bien defiendo valores como la cooperación y la solidaridad, el altruismo, y demás conceptos relacionados con el sentimiento de pertenencia a una comunidad (que preferentemente sea la humanidad), como el de cohesión, hay que ser cuidadoso en los modos en que estos sentimientos pueden volverse irracionales, por no decir imbéciles. El sentimiento de grupo restringido, como el del nacionalismo hermético, es completamente nocivo y entra en contradicción con valores humanistas básicos como el de la fraternidad –entendida a gran escala. Gran parte del feminismo actual no entiende que hay una diferencia entre la cohesión de la unión racional, empática, solidaria, fraternal, y el sectarismo tribalista que es opuesto aunque intuitiva e ingenuamente no lo parezca. Centrarse en los sentimientos chauvinistas de pertenecer a un grupo y sentir orgullo y dignidad por excluir a otro es lo más repudiable y venenoso en lo que puede caer un grupo social. Y luego se quejan del ruidoso término “feminazi”, estas actitudes tribalistas son propias del racismo y del fascismo, y superan en inmadurez al de muchísimas tribus primitivas al punto de que uno duda si es justo el calificativo de “primitivo”. Estas actitudes son peor que primitivas, son completamente antisociales y es una forma de ingenuidad que abre paso a la peor violencia e inestabilidad social. El concepto de “feminismo separatista” (un movimiento que asombrosamente existe y que mucha gente toma serio) es una muestra de hasta dónde puede llegar esto.

En varias discusiones que tuve con feministas de diferentes variantes (yo no ignoro que el feminismo sea heterogéneo) vi mil formas de justificar esto, y todas caían en el victimismo. Este es otro aspecto del tribalismo indispensable a analizar, porque el victimismo es lo que les hace tener tal grado de cohesión. Frases como “nos están matando” son representativas. Bajo sus axiomas de que son oprimidas, asesinadas, maltratadas día a día como si se trataran de prisioneras en un campo de concentración refuerzan diariamente sus sentimientos de pertenencia y afilan sus justificativos para reproducir todo tipo de ideas y cometer todo tipo de acciones que no podrían justificar de otra forma y que, lo más importante, carecen de sustento bajo cualquier análisis racional. Aun cuando exista una opresión generalizada al sexo/género femenino, cosa que cada vez más gente pone en duda –al menos en el occidente civilizado-, ¿es justificable excluir a la propia gente que está yendo a apoyar tu causa? Permítanme una respuesta: por supuesto que no. Sostener esto se basa en un pensamiento mágico que mantiene una generalidad exagerada y prejuiciosa. Se basa en creer que todos los hombres son opresores, sin excepción, y que cada hombre representa a su sexo y a su género bajo ciertos estereotipos.

Los hombres somos los que nos tenemos que sentir culpables por ser violadores, por matar a las mujeres e invadirlas, etc., aun cuando no hayamos hecho nada como individuos. Es una especie de responsabilidad colectiva inspirada en el más radical pensamiento holista. Y sumado a esto, está también la suposición telepática de que “van para buscar protagonismo”.  Cada uno de nosotros, representa a su colectivo: si son mujeres son indefectiblemente discriminadas y si son hombres son indiscutiblemente opresores que van a las marchas a imponer su protagonismo ¿Qué clase de aberración intelectual es este planteo? Yo verdaderamente no lo puedo entender, a no ser mediante el concepto de tribalismo. Casualmente, este tipo de pensamientos está presente en el nacionalismo bélico: “Los ingleses bombardearon, esto es razón para bombardear Inglaterra y matar a cualquier civil inglés que ronde por sus ciudades, porque es inglés y los culpables son los ingleses”.

Históricamente el tribalismo se relacionó al totalitarismo. Cuando pienso en este concepto siempre recuerdo la obra maestra de Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, una crítica sumamente inteligente tanto al fascismo como al marxismo autoritario. No me sorprende que ciertos marxismos tomen actitudes tribalistas, por eso encuentro natural esto en el feminismo marxista.

Esto es propio de la inmadurez intelectual y es diría que el peor tipo de cáncer que puede tener  cualquier idea humanista o de izquierda.  El tribalismo lleva casi inevitablemente a la violencia, es la esencia, junto al egoísmo, de la segregación y la marginalización. El feminismo tribalista recurrirá a la violencia, a las amenazas, y a la destrucción porque el tribalismo y la violencia tienen el mismo sustento intelectual: absolutamente ninguno. Mientras exista tal grado de incivilización tribalista va a existir violencia dentro del feminismo. Esto lo saben, pareciera que sienten conscientemente tal oscuro orgullo de pertenencia alienante y lo disfrutan, gozan el placer bruto de la violencia y la agresión, y resaltárselos poco les hará cambiar de parecer porque siempre le encontraran justificación en el victimismo o rápidamente su cámara de eco, formada por su círculo cuasi-sectario, les hará aumentar el sesgo lo suficiente como para rechazar de cualquier forma alguna crítica o planteo alternativo.

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Cuando se les resalta actitudes violentas injustificadas, además, suelen recurrir a la excusa de que es simbólico. Que cuando dicen que maten al macho no dice que maten a todos los hombres, sino a un concepto estereotipado de hombría. Está bien, de hecho yo al menos lo entendí siempre, el problema es que el mensaje esta expresado de la forma más confusa e ineficaz posible, pero de esto hablaré en la sección de dogmatismo, donde verán como la infalsabilidad y el escurrirse de la crítica está siempre presente en el discurso general del feminismo.

Por último, un planteo tribalista muy curioso del feminismo posmoderno es el de sentirse identificadas con las “brujas” quemadas por la… ¿inquisición? Sobre esto leí y escuché mil tonterías que solo podría sostener alguien sin cultura.  Por ejemplo, en una ocasión vi una etimología completamente apócrifa de la palabra “bruja”, esta era que significaba: “mujer empoderada”. Algo que haría reír a carcajadas a cualquier etimólogo. En español el origen de la palabra es dudoso, pero nada relacionado a “mujer empoderada”. La etimología es falsa en inglés (witch), francés (sorcière), italiano (strega) y cualquier idioma conocido. Yo me pregunto ¿Con qué finalidad inventan esas patrañas?

El hecho de sentirse identificada con una bruja me resulta sumamente interesante. Las brujas, en la época que duró la inquisición y la institución de la quema de brujas, algunas veces independiente de la inquisición, eran pobres mujeres ignorantes que eran acusadas por pura superstición, e interés, aun cuando realmente no hayan hecho absolutamente nada, más que, por ejemplo, hacer un gesto cuando de casualidad al mismo tiempo caía un rayo. Tal era el grado de miedo y estupidez de la gente en ese tiempo.

Antihistórica y místicamente esta gente cree que de verdad las brujas eran mujeres con poderes especiales, algo supersticioso y que solo sirve para sostener los inventos fabricados por la Iglesia Católica como excusa para perseguir a esta pobre gente, más por una cuestión de quitarles propiedades que otra cosa. Pero tampoco la culpa la tiene únicamente la iglesia… muchas mujeres eran perseguidas y asesinadas bajo la creencia de brujería por sus propios vecinos, hombres y mujeres. Estos también las denunciaban por superstición ante esos supuestos tribunales de cotillón. Y sí, es sublime el nivel de brutalidad de aquellas épocas, tontamente idealizadas a veces. También hay que aclarar, que no solo se juzgaba y mataba mujeres por estas creencias, también hombres y hasta animales[1].

Aun cuando las acusadas de brujería realmente tuvieran relación con el ocultismo, cosa que en la quema de brujas no era exactamente frecuente (vean el caso de Salem, donde se terminó diezmando al pueblo en acusaciones puramente inventadas por la imaginación), el planteo es supersticioso, bruto -igual de supersticioso y bruto que el catolicismo- y además es sexista. Por un lado, porque mantiene esa vinculación de las mujeres con la superstición de las “ciencias ocultas” y demás pseudociencias, algo auténticamente machista, y porque creer que realmente la magia de la brujería era auténtica y símbolo de “empoderamiento” es de una  incultura lamentable. Varias veces leí libros y ensayos sin ninguna base que relacionaban a las “brujas” de aquellas épocas con la medicina herbolaria, “conocimientos avanzados” y cosas así, nada de eso es real. La medicina herbolaría, poco más que ineficaz por cierto, se usaba frecuentemente en aquel tiempo y no constituía en si una razón para ser acusado de ciencias ocultas (de hecho los caballeros medievales utilizaban rituales mágicos que no eran perseguidos por la inquisición, por ejemplo, con mohos crecidos en calaveras). No era lo común denunciar a una mujer por ejercer “medicina” en aquellos tiempos, por alguna especie de machismo medieval (y posmedieval, la caza de brujas como institución se establece luego del Malleus maleficarum, en el siglo XV, y la institución se consolida finalizada la Edad Media, adquiriendo su auge durante el siglo XVII y XVIII), como creen. No fue así. Las razones eran otras mucho peores incluso. Recomiendo leer el gran libro El mundo y sus demonios de Carl Sagan, si este tema les interesa; tiene un capítulo muy bueno sobre la caza de brujas.

Pensar que la superstición de las ciencias ocultas y el pensamiento mágico es digno de relacionarse con lo femenino, y que esto es “signo de empoderamiento” francamente es de una inocencia inefable. Pues claro, dejemos las ciencias y el pensamiento duro, que nos han brindado las bases del progreso humano conocido, al hombre… si esto no es machismo no sé qué es.

Este tribalismo de sentirse “las brujas que no pudiste quemar”, y victimizarse por una situación histórica de hace varios siglos, durante una época donde las condiciones de vida de básicamente todos eran un desastre, es  hilarante. Algunas van más lejos y no solo identifican lo femenino al ocultismo sino a toda forma de irracionalismo. Esta es una consecuencia clara del impacto del posmodernismo en la izquierda, y sus contraproducentes consecuencias.

El hembrismo 

Si bien este tema da para analizar mucho, no quiero extenderme.

En un momento creí, que así como el constante racismo de los blancos hacia los negros en Estados Unidos ocasionó una reacción de racismo de los negros hacia los blancos bastante generalizada y cierto victimismo entendible, esta cuestión de victimizarse (aun por cosas que pasaron hace siglos) y generar aversión hacia lo masculino era algo inevitable debido a la opresión histórica real que sufrieron las mujeres. Pero cada vez dudo más de esto, no me parece que haya una verdadera relación inevitable y por lo tanto que se justifique de alguna forma. También subestimé el grado de hembrismo que podía llegar a haber en el feminismo, tanto en cantidad de hembristas como en el nivel de hembrismo. Pensaba además, al hembrismo como una reacción efímera e inofensiva. En esto me equivoqué mucho más.

Cuando se señala al hembrismo, el feminismo más inteligente retruca que “son minoría” y que “no es verdaderamente feminismo”, el más estúpido lo defiende y justifica. A esto muchos críticos responden que es una falacia del verdadero escoses, cosa que más que una falacia es una técnica retórica. Sobre si es compatible el hembrismo con el feminismo es una cuestión semántica, depende de la definición de feminismo que no está muy clara. Recurrir a definir movimientos heterogéneos y de varios siglos de antigüedad mediante un diccionario no es una buena idea, peor es hacerlo analizando la etimología o la composición del nombre. El punto es que, al aceptar la heterogeneidad del movimiento, se abre paso a estas cuestiones que son difíciles de resolver. Sea o no el hembrismo compatible con el concepto feminista, algo está claro: el feminismo moderno está lleno de hembrismo; así como de victimismo, irracionalidad, exageración y rebusque al ver qué combatir (cuando se adquirió una buena porción de igualdad de derechos, y hay que mantener entretenido el movimiento, uno se puede distraer luchando para que los hombres se sienten con las piernas cerradas en el transporte público, por ejemplo, o tratando de reformar de las formas menos prácticas y más antiestéticas el lenguaje, total la Ley Sharia está muy lejos).

Las actitudes hembristas llegaron a tal punto que cada vez es más frecuente escuchar que se desestiman cualquier opinión de un hombre sobre el feminismo… solo porque es hombre. Un total ad hominem que no veo como se sostiene. Sobre todo con el hecho de que entre los pioneros del feminismo se encuentran muchos hombres, como John Stuart Mill. Pero esto lo analizaremos abajo.

Los dogmas feministas: “tus críticas me resbalan por ser hombre-cis ”, “si no eres feminista eres machista”, “eso también es culpa del patriarcado” y varias estrategias más de la infalsabilidad y el escabullimiento de la crítica 

El tema de si a cierto feminismo le resbalan las críticas por el sexo/género masculino del oponente, es meramente una pantalla. A este feminismo le resbalan las críticas en general, sin importar tanto quien las dice. El tema del dogmatismo es verdaderamente preocupante.

Sí para evitar la crítica no recurren a falacias, o revisten de infalsabilidad sus slogans, generan una falsa dicotomía de que si no estás con el feminismo estás en contra de la igualdad. Esto es muy deshonesto, por el hecho de que es completamente entendible que una persona que busca la igualdad racionalmente rechace ser etiquetado de feminista luego de que el feminismo cayó en tal deterioro. El feminismo se queja de quienes no lo apoyan por cuestiones meramente racionales -y sin rechazar a la igualdad sexual y/o de género-, pero no hace nada por limpiar un poco su imagen siendo autocrítico, condenando los abusos de ciertos sectores y tratando de eliminar sus propios vicios.

El recurso de la infalsabilidad es muy frecuente. Por ejemplo, si cuestionamos la existencia del patriarcado es por culpa del patriarcado, si los hombres sufren ciertas desigualdades (por ejemplo, hay más hombres en la indigencia) es también, por culpa del patriarcado. El patriarcado se supone que se define como un sistema cultural de opresión constante y omnipresente a la mujer, pero en cuanto encontramos casos donde el hombre no sale favorecido, que son muchos… también es culpa del patriarcado. Entonces vale preguntarse ¿Tiene sentido plantear la existencia de algo que bajo ningún contraejemplo se pueda refutar? Esto tiene un nombre más conocido que el de infalsabilidad, y es dogmatismo. En muchos casos el feminismo se vuelve infalsable. Otro ejemplo, en una ocasión cuestioné un lema feminista escrito en varios carteles por mi ciudad, luego de una marcha feminista, éste decía: “el amor romántico mata”. Cuestioné ésto resaltando que es evidentemente falso, de hecho con mi pareja consideramos que tenemos una relación muy romántica y hasta ahora ninguno de los dos mató al otro… hasta ahora. Es claro que si querían señalar que la violencia de pareja mata, o que la celopatía puede matar, lo peor que podían hacer era relacionar una relación romántica, que la mayoría entiende como “cursi” (nadie en general la relaciona con lo que se entiende en la literatura o el arte del romanticismo, que no es precisamente “cursi”) con una relación celopata y violenta. Esto es un mensaje tremendamente confuso –y más abajo mostraré más mensajes confusos A raíz de esto varios intentaron justificar de cualquier forma rimbombante el lema con tal de demostrarlo como verdadero, porque parece que las feministas no pueden equivocarse nunca, llegando a presumir que cualquier relación monógama era violenta bajo el patriarcado, y que esto hace que todo pueda terminar en un “femicidio”. Realmente la vinculación de una relación romántica con un femicidio solo puede darse en la mente más rebuscada. Por un lado profesan que “quien te ama no te pega”, y por otro intentan tirar de lleno la posibilidad de cualquier relación monogámica romántica o amorosa sana.

La tendencia de dar mensajes confusos es muy común en el feminismo actual. Recordemos “machete al macho”, “mata a tu marido”, y mil lemas más. Todo siempre de forma muy violenta y exagerada, que hace que poca gente los tome en serio. No solo estos mensajes suelen tener un trasfondo muy dudoso, sino que son sumamente ineficientes para la mayoría. No creo que la mejor forma de educar sobre violencia domestica sea proponer asesinar al marido maltratador. Esta tendencia de mensajes es muy endogámica, verdaderamente solo la entienden gente vinculada al movimiento, los demás la miran con extrañeza y repudio y el mensaje no lleva a nada más que al rechazo justificado por el movimiento. Este además, cree que con tales slogans, pintados en todas las calles, realmente hacen algo para con la causa de la violencia de género y la verdad es que no creo que hagan nada. Así como tampoco creo que sirva de mucho “educar” a un violador para que “no viole” (al menos que hablemos de tipos de abuso como ser  aprovecharse de una alcoholizada). Verdaderamente no creo que una mujer golpeada corra a denunciar a su marido luego de leer “machete al macho”, ni que un asesino o violador se disuada cuando recuerde el “ni una menos” pintado en su esquina.  La única eficacia que tienen tales pintadas y la proliferación de estos lemas y mensajes confusos es el rechazo de todo lo relacionado con el feminismo y con la izquierda por parte de la sociedad media. Lo vemos en cada Marcha de las Mujeres, que suele terminar en un vandalismo totalmente arbitrario e incivilizado. Luego está lo de siempre, las ya ultraconocidas justificaciones que no convencen a nadie, como las falsas dicotomías al estilo: “les molesta que destruyamos todo pero no le molestan los femicidios” ¿A quién en su sano juicio le puede agradar un asesinato?¿De verdad creen que eso les justifica a tomar cualquier medida impulsiva y destructiva para con la propiedad pública y privada? ¿Realmente llevan un mínimo registro de eficacia en cuanto a reducir los femicidios haciendo una marcha gritando que “se quieren vivas”? ¿Realmente hace falta aclarar eso? ¿Piensan que no todos se quieren vivos y que una persona que asesina, que sabe que no tiene nada que perder, va a retroceder en sus impulsos por una avalancha de vandalismo infantil y cánticos tribales? Yo considero una manera eficaz de combatir los llamados femicidios, brindando información y ayuda a las mujeres principalmente de barrios pobres en cuanto a la violencia doméstica. Brindar talleres, apoyo, cursos, etc. de igualdad de género y de violencia doméstica en barrios, escuelas, hogares y demás centros públicos, y concientizar y ofrecer ayuda para denunciar violencia doméstica sí es hacer algo verdaderamente útil.

Conclusiones:

Las críticas que considero valiosas al feminismo son demasiadas y demasiado extensas. Este artículo no pretende resumirlas. La elección de las críticas recopiladas es bastante arbitraria. Lo que si pretende es, como se dijo anteriormente, promover la crítica.

Si bien muchas críticas al feminismo que vemos todos los días son claramente sexistas en sentido machista, no todas lo son. Es importante diferenciarlas y promover el debate honesto y calmado para ver cuales críticas son valiosas y cuales son tonterías. Este debate no se puede generar en el actual clima de  nerviosismo, intolerancia violenta, sesgos y victimismo que promueve el feminismo moderno. Es  hora de terminar con los tabúes llamados “políticamente correctos” y promover una actitud crítica, desde la izquierda, a muchos de los dogmas y “vacas sagradas” de la izquierda, como el feminismo (pos)moderno.

[1] Historia de la estupidez humana, Tabori.

Contra las fantasías primitivistas

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Es común ver en la actualidad, y no quiere decir que sea nuevo, una exaltación e idealización de las tribus primitivas, sumado a un deseo implícito o explícito de volver a la vida tribal. A esta postura se la llama comúnmente primitivismo, y así como hay activistas como el charlatán delirante de John Zerzan que codician manifiestamente terminar con la sociedad moderna y retornar a la infancia de la humanidad, otros simplemente ven a los primitivos idealizadamente y los consideran un modelo a seguir o fuente de inspiración, por diversas razones que intentaré resumir luego.
El asunto del primitivismo está filosóficamente muy vinculado al problema de los movimientos indigenistas actuales, su lucha por los derechos de los pueblos autóctonos y las consideraciones sociales sobre cómo debe actuar la sociedad moderna con respecto a los comunidades llamadas originarias. Por lo tanto, aunque mi interés inicial era concentrarme en presentar algunos problemas inherentes al primitivismo, sus creencias, su filosofía y sus comunidades de permacultura, no voy a poder dejar de lado ciertos problemas derivados de la relación entre civilizaciones primitivas actuales y la sociedad moderna.
También, de pasada, aprovecharé este ensayo para derribar mitos sobre la idealización del pasado humano en general, como decir que antes se vivía mejor sin las “viles condiciones” de la vida moderna y otras falsedades.
Agradezco las correcciones al ensayo que efectuaron mis amigos Matías Castro y Mauro Lirussi.

Repaso genealógico y base filosófica del primitivismo

La exaltación e idealización de la cultura primitiva puede remontarse, no sin cierta arbitrariedad,  a Rousseau, que en épocas de la Ilustración y siendo uno de los representantes del movimiento, escribió ciertos elogios a la vida primitiva, principalmente a las tribus de América y África, y criticó a la civilización. Esta idealización de las tribus primitivas, de suponer que son más felices, sabios, amables, pacíficos, loables, etc. que la sociedad moderna, pasó a llamarse luego “el mito del buen salvaje”, ya que es fácil advertir, como veremos más adelante, que grosso modo es completamente un mito. Rousseau fue principalmente un pesimista histórico y un desconfiado del progreso. Mientras Kant en su famoso manifiesto “¿Qué es la Ilustración?” proponía alejarse lo más lejos posible de la infancia de la humanidad, Rousseau parecía querer volver a esta.
Cuando Voltaire leyó su obra “Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombre” exclamó -ingenioso como siempre- en una carta de respuesta: “He recibido, señor, vuestro nuevo libro contra el género humano; os lo agradezco  […] Nunca se ha empleado tanto ingenio en pretender volvernos animales. Cuando se lee vuestra obra se tienen ganas de andar a cuatro patas. Sin embargo, como hace más de sesenta años que he perdido la costumbre, siento que por desgracia me resulta imposible recuperarla. Y dejo ese comportamiento natural a quienes son más dignos de él que vos y que yo”.
Debido a que la Ilustración se caracterizó por su confianza justificada en el progreso, la razón, la ciencia, etc., Rousseau pasó a ser llanamente un traidor al movimiento, o como lo llama Gabriel Andrade, un Caballo de Troya. Su traición a gran parte de las ideas del Iluminismo no solo se debe a desconfiar explícitamente del progreso y halagar las formas de vida más semejantes a los animales, también a ciertas peligrosas ideas autoritarias de que la colectividad o el Estado deben aplastar a los disidentes (cosa que inspiraría en gran parte los brutales abusos que se cometieron durante la Revolución Francesa), una de las razones por la que Mijaíl Bakunin lo llamaría luego  “uno de los pensadores más venenosos  del siglo pasado”.
Rousseau pasó así de ser parte del movimiento ilustrado a plantar el germen de lo que sería la contra-ilustración, pieza clave en nuestro análisis del primitivismo por razones que expondré más adelante. No solo las ideas per se de Rousseau inspirarían a la contra-ilustración, sino la desconfianza que se generó luego de los abusos de violencia de la Revolución Francesa y de Napoleón, que como señalamos superficialmente, tienen cierta base en sus ideas. La contra-ilustración y sus efectos importan muchísimo como punto de partida para poder elaborar una muy breve historia del pensamiento que nos haga desembocar en el primitivismo y sobre todo, en el marco filosófico en el que se encuentran los argumentos a los que suelen recurrir sus defensores.
La contra-ilustración se encuentra íntimamente relacionada con el romanticismo. El romanticismo, aunque en arte fue completamente productivo y engendró gloriosos genios como Lord Byron, Goethe y Goya[1], en filosofía fue, como ya exclamé en otros ensayos, completamente conservador y nocivo. A este movimiento se debe una gran exaltación e idealización del pasado y el retroceso, tanto con respecto a la Edad Media como a la vida primitiva.  Es interesante ver cómo muchos autoproclamados “progresistas”  tienen fantasías primitivistas o una tendencia a romantizar a las sociedades primitivas, cuando es evidente que  progreso y retroceso son antónimos. El deseo por volver a la infancia de la humanidad nada tiene que ver con el deseo de progresar. La idea romántica y contra-ilustrada de que hay que volver atrás es justamente lo opuesto al progresismo. Los movimientos conservadores y el fascismo tienen origen precisamente en el pensamiento romántico y contra-ilustrado, con su desdén al racionalismo, su amor por el colectivismo irracional propio del tribalismo, su idealización a lo más bajos impulsos del hombre como la violencia y la guerra, y su odio al proyecto ilustrado de progreso en base a la libertad, la ciencia, la igualdad y la razón.
Como también comenté en otros ensayos, al romanticismo se le atribuye haber inspirado el movimiento más perjudicial intelectualmente en la actualidad por excelencia, el posmodernismo. Y este a su vez, es la base filosófica sobre la que se engendra el movimiento new-age.  No quiero detenerme mucho a criticar el posmodernismo y el new-age, principalmente porque razones, argumentos y ganas de exponerlos me sobran, por lo que se desviaría demasiado el tema y lo sobre-expandiría, además, porque ya expuse criticas de este tipo en otros ensayos. Pero aun así me es fundamental trazar nuevamente este vínculo entre movimientos intelectuales porque, como demostraré más adelante, el posmodernismo y el new-age son la base fundamental de los argumentos que arguyen los primitivistas. La razón por la cual digo esto es bastante evidente. El posmodernismo (a partir de aquí incluiré en el término posmodernismo también al new-age) y sus antecedentes mencionados propician una serie de ideas que son necesarias para crear, lo que puede llamarse, una caja de herramientas para construir la idea del primitivismo. Estas, mencionadas brevemente, son: desconfianza en el progreso humano y sobre todo en el proyecto de la Ilustración, desconfianza, desinterés, desprecio y subestimación tanto del progreso del conocimiento científico como de la técnica y a la tecnología (muy a menudo acompañada de una confusión entre ciencia, técnica y tecnología, y entre técnica/tecnología buena y mala), idealización de lo natural, exaltación de los aspectos más animales del hombre, fobia a la racionalidad, fobia paranoica a los sistemas sociales complejos como el Estado moderno, repulsión a aceptar la superioridad objetiva de ciertas ideas (más concretamente repudio a la objetividad y sobrevaloración de la subjetividad), tendencia a reducir todo a puntos de vista o “paradigmas” inconmensurables/incomparables (esta idea es la base del pensamiento epistemológico de Feyerabend, y es la que suele salir a relucir cuando se alega que tanto la sociedad primitiva como la moderna no pueden compararse, entre otras cosas porque toda crítica que pueda hacer un moderno a una sociedad primitiva se reduce a un punto de vista condicionado por su origen, por lo que no puede ser ni válido ni objetivo –cosa que en ciertas formulaciones es simplemente un argumento ad hominem), y siguiéndose de lo anterior, creencia en un relativismo epistemológico, gnoseológico y también ético (por lo que no se podría juzgar la inmoralidad de ciertas acciones cometidas por tribus, cosa que hace imposible un análisis ético comparativo de ambas sociedades –según ellos claro), etc. Gran parte de la maraña de ideas que se desprenden del pensamiento posmoderno, como veremos con más precisión luego, son las que utilizan los defensores del primitivismo.
Desde ya es obvio que no pretendo decir que todos los primitivistas están de acuerdo con la totalidad de las ideas posmodernistas. Esto además de falso es lógicamente imposible, debido a que si tomamos la mayoría de las ideas posmodernistas estas no pueden ser aplicables ni siquiera al sujeto más posmoderno, puesto que muchas son, en general, contradictorias entre sí –aunque la contradicción y la lógica en general no es algo que parezca importarles mucho, sobre todos a los más hegelianos. Lo que sí pretendo decir, es que gran parte de las ideas primitivistas se sostienen sobre una base de ideas posmodernas, y esto es más claro sobre todo en lo que respecta a sus respuestas a la crítica.
Luego de este breve repaso genealógico del primitivismo, podemos pasar a analizarlo más directamente.

La falsedad del primitivismo

El primitivismo es empíricamente falso en cuanto supone hechos como que la gente primitiva es completamente pacífica y no dañan a nadie, que viven más, mejor, que poseen mejor salud, que son sumamente respetuosos con el medio ambiente, que son más sabios, etc. y es filosóficamente falso en cuanto supone tesis filosóficas insostenibles como que el primitivismo es la condición “natural” del hombre, que los conocimientos de la ciencia moderna y de la superstición tribal son equivalentes, que cualquier moral tribal es éticamente equivalente a la moral civilizada, o que las sociedades tribales poseen más libertad, igualdad, y mejores valores axiológicos en general.  Para analizar esto correctamente es esencial entender dos puntos: a) No está claro ni hay consenso entre los primitivistas sobre qué modelo de sociedad tribal se debe seguir ni hasta qué punto se debe abandonar todo lo progresado, y b) no todas las sociedades tribales son iguales. Debido a esto me veré obligado a incurrir, en muchas afirmaciones, a generalizaciones que son muy poco aproximadas a la verdad, y esto me hará por momentos carecer de la precisión que deseo tener en mis textos. Sin embargo, en muchos casos las generalidades se justifican, ya que decir que las sociedades tribales aisladas, por ejemplo, no tienen acceso a la medicina eficaz es bastante exacto. El lector crítico e informado me podrá criticar algunas afirmaciones generales, con casos específicos de sociedades tribales que no cumplan mi generalización. Esto es en parte una crítica válida y deseable, pero insisto en que casos particulares no hacen falsas a las generalizaciones (suponer esto es una falacia  del caso especial o falacia casuística).
Otra cuestión importante a resaltar es que cuando me referiré a sociedades primitivas/tribales, estoy suponiendo implícitamente cierto hermetismo, es decir, a la sociedad tribal sin contacto considerable con la sociedad civilizada. Ya que hablar de, por ejemplo, los guaraníes no tiene sentido si tengo en cuenta a los que miran televisión, viven en barrios de ciudad  y se atienden en hospitales públicos, ya que lo que buscamos es analizar la vida primitiva en su medio correspondiente.
Y por último: admito carecer de conocimientos técnicos de antropología. Sin embargo, esto por el momento no me parece un impedimento para las conclusiones que me interesan, e intentaré en lo posible, basarme en datos más o menos específicos y en estudios científicos que sean necesarios para sostener cierto rigor argumental deseado.

El mito del pacifismo tribal

El “pacifismo” primitivo es en una inmensa mayoría de casos nada más que un mito. Tanto en tribus extintas como en tribus actuales la violencia es algo recurrente, tanto entre miembros de la misma tribu como entre tribus.
Sobre el primer tipo de violencia mencionado podemos dar muchos ejemplos. Los rituales aztecas, basados en la matanza cruel de cientos de miles de personas (250.000 al año, según se estima) nos dan una perfecta idea de lo lejos que puede llegar la violencia supersticiosa primitiva. Entre los rituales sádicos practicados por tribus conocidos son los llamados rituales de iniciación. Por ejemplo, los Satere-Mawe del Amazonas en Brasil practican un ritual de iniciación “para convertirse en hombre” que consiste en meter las manos en fundas cubiertas de hormigas bala (Paponera clavata), cuya picadura es extremadamente dolorosa.
El sati es otro ejemplo del extremo punto de crueldad al que pueden llegar los rituales primitivos. Consiste en una milenaria práctica hindú en la que se inmola a una mujer en la pira funeraria del marido recién fallecido (básicamente consiste en incinerar a una mujer viva, con su voluntad o en contra, si tiene la suerte de que su marido fallezca). Durante el control imperial británico en la India la práctica fue prohibida, aunque en la actualidad se continúa realizando en algunas aldeas.
La ablación femenina (o mutilación genital femenina) es otra muestra de brutal violencia contra las mujeres en sociedades primitivas. Históricamente esta práctica se realizó en diversas tribus y en muchos países, principalmente en África. Aunque en la actualidad se hagan esfuerzos por prohibirla, aun se lleva a cabo en muchas tribus, por ejemplo, los Chamies de Colombia. La mutilación genital es una práctica tribal común (Cristóbal Colón reportó que hasta los nativos americanos la practicaban). En China se realizaban castraciones en donde se cortaba a niños el escroto y hasta el pene[2]. Los aborígenes australianos aún continúan practicando la circuncisión sin ningún tipo de anestesia. Estos también realizaban rituales en los que los adolescentes eran obligados a beber sangre y hasta hace poco eran comunes los rituales en donde se sacrificaban bebés.
En rituales tribales de Papua Nueva Guinea, los ancianos toman filosos bastones de caña y los clavaban profundamente en las fosas nasales de jóvenes mientras lanzan gritos de guerra hasta que estos caen inconscientes. Más adelante, cuando los jóvenes están iniciándose en la edad adulta,  se llevan a cabo rituales donde deben realizar felaciones a los ancianos de la tribu.
La deformación craneal artificial también fue una extraña práctica realizada por sociedades primitivas. Consistía en vendar o intervenir de otro modo el cráneo de niños para conseguir luego de su desarrollo una forma especial deseada. Esta práctica se realizó en sociedades iraquíes (se encontraron dos cráneos de este tipo en la Cueva de Shanidar), mayas, incas, paracas (Perú) y egipcias.
Los mencionados son tan solo unos pocos rituales y practicas violentas características de las sociedades primitivas. En estas es común ver todo tipo de torturas y prácticas brutales, como ser decapitaciones, violaciones (la violación ritual de jóvenes vírgenes era recurrente en el chamanismo[3]), canibalismo, amputación de dentadura, sacrificios humanos (los celtas eran especialmente conocidos por esto), tatuajes realizados con cortes de cuchillo, y hasta el infanticidio. Este era común en las tribus Kikuyu, Tswana, Ibso, Kung y Vadshagga, estos últimos mataban a los niños cuyos incisivos superiores salieran primero. En el pueblo Ibo de Nigeria, el neonato era enterrado vivo si uno de los padres fallecía (ignoro si tal práctica continua en la actualidad). Y en la antigüedad, las tribus en Hawái tenían la costumbre de arrojar niños a los tiburones[4].

Sobre el segundo tipo de violencia  -es decir sobre la violencia entre tribus- también hay material de sobra, y este terminaría por refutar el mito de que las sociedades primitivas se caracterizan por su pacifismo. Muchos primitivistas creen ingenuamente que el imperialismo es algo solo existente en las sociedades modernas, nada más falso. Los imperios y las guerras multitudinarias también fueron llevados a cabo por sociedades primitivas, un ejemplo sencillo son los imperios  incaico, azteca y mongol. Las tribus guerreras también son algo usual. Por ejemplo los Tonkawa de América del Norte (conocidos también por su canibalismo), los Suri (considerados la tribu más agresiva de la región de Etiopía, conocidos por sus labios inferiores dilatados en los que introducen platos de arcilla de hasta 40 centímetros de diámetro y también por sus brutales luchas con bastones llamadas donga), los Yanomamis o los Mongoles.
Se puede alegar no sin razón, que aunque existieron y existen tribus primitivas guerreras y violentas, las guerras modernas son mucho más peligrosas ya que, podrían si quieren, extinguir a la humanidad por completo mediante sofisticados armamentos. No lo discuto, pero esta es una razón para oponerse y prohibir las guerras y los ejércitos, no la civilización. Además, es muchísimo más plausible que se prohíba la construcción de armas nucleares y que se eviten al máximo los conflictos bélicos que intentar destruir todo el progreso alcanzado por la humanidad. También se puede alegar, con razón, que existen algunas tribus primitivas pacíficas, como los Inuit. Que existen y existieron tribus relativamente pacificas es seguro, pero dudo muchísimo que el pacifismo sea la regla y no la excepción cuando se trata de formas de vida primitivas. Dejo aquí la cuestión del pacifismo tribal.

El paraíso liberal del tribalismo

Otro de los mitos repetidos por los entusiastas del tribalismo es que los primitivos poseen o poseían mayores valores axiológicos como ser libertad, igualdad, etc. Se considera esto parte del mito del buen salvaje que me propuse refutar. Los obligados rituales sádicos que mencionamos son en parte pruebas de que esto es falso. Una niña de menos de dos años difícilmente podría ejercer su “libertad” de no ser mutilada genitalmente, ni un joven australiano poseía la libertad de no participar de ritos que incluían castración o mutilación bestial de sus narices. La obligación homogénea de participación de rituales y costumbres propias de la tribu por más horripilantes y enfermizos que fueran, son comunes en las comunidades primitivas.
Las castas, las jerarquías y hasta incluso el esclavismo son también parte de la vida tribal, muy a menudo ejercidas de modo muchísimo más autoritarios de lo que se cree. La autoridad de los caciques y chamanes suele y solía ser implacable, y pensar que se considera como sabia e indiscutible a una casta de ancianos con menos conocimientos que los que tiene en la actualidad cualquier niño de primaria.  De ningún modo el tribalismo es el paraíso anarquista que se piensa, sino más bien, en muchos casos, una dictadura de castas brutas e ignorantes como una mula. En la que incluso no hay básicamente garantía de derechos (vayan a hablar de derechos del niño en una comunidad que los entierra vivo cuando alguno de sus padres muere), ni sistemas sofisticados de justicia, otros de los logros modernos que tan malagradecidamente desprecian los primitivistas.
Tomemos dos sociedades tribales –aunque bastantes organizadas- como ejemplos, los aztecas y los incas. Los aztecas poseían tanto esclavos como multitudinarios ejércitos reclutados forzosamente. Con estos ejércitos el “Estado” azteca emprendía lo que se conocía como “guerras floridas”, que tenían como propósito reclutar prisioneros de guerra, muchos de los cuales serían sacrificados en sus rituales.
Bien, los aztecas claramente no son ejemplos de igualdad, de libertad ni de valores humanistas ¿Qué hay de los incas a los que tanto se los exalta? En efecto, como suele decirse, los incas practicaban una especie de comunismo. Pero su civilización estaba lejos de ser ideal. Sobre esto prefiero citar unos párrafos del genial libro de Gabriel Andrade (Master en Filosofía y Doctor en Ciencias Humanas), El posmodernismo vaya timo: “Los incas se organizaban en torno al ayllu, un grupo de parentesco similar al clan. En este grupo, en efecto, la propiedad era colectiva y la producción se realizaba en unidades de trabajo colectivizado. El ayllu ejercía un control continuo sobre las actividades, la educación, la producción económica, y las preferencias de consumo de los individuos. (…) La estabilidad política y económica de la sociedad inca dependía del control ejercido por el ayllu a sus miembros. Se estima que la abrumadora mayoría de los ciudadanos no tenían permitido abandonar las comarcas en las cuales habían nacido, se criaban y trabajaban. Todas las actividades eran planificadas y controladas por una selecta casta de funcionarios que se encargaban de recolectar la riqueza producida y distribuirla entre los ayllu, los cuales, a su vez, decidían distribuirla entre sus miembros en función de las necesidades que ellos apreciaran. (…) La propiedad era, en efecto, colectiva. Pero, la sociedad inca estaba muy lejos de la aspiración comunista de una sociedad sin clases. Pues, precisamente, el control ejercido por los funcionarios era tan rígido, que las masas fueron sometidas al dominio de una jerarquía comandada por el Sapa Inca (el emperador), su corte, y un pequeño grupo de funcionarios que se encargaban de controlar las actividades del ayllu. (…) Esta descripción es muy parecida a la que se suele hacer de los regímenes totalitarios del siglo XX. En la medida en que el Estado inca prometía distribuir la riqueza y garantizar un mínimo de condiciones para la subsistencia, emergió como un ente que controlaba los aspectos más triviales de la vida de los ciudadanos. Y, fue precisamente este totalitarismo lo que condujo, entre otros factores, al colapso del imperio inca a manos de los españoles. A diferencia de los totalitarismos del siglo XX, el inca no colapsó debido a una insurrección popular, sino al hecho de que, a la llegada de un pequeño contingente de españoles, éstos sólo necesitaron eliminar a la pequeña casta de nobles y funcionarios. Al eliminar a esta casta, los españoles los sustituyeron en esa posición, y el pueblo inca, acostumbrado a obedecer, pasivamente aceptó a sus nuevos amos.”
          Vemos que tampoco los incas eran ningún ejemplo de igualdad y libertad, sino algo más bien parecido a un totalitarismo de castas.
En este caso particular es posible que una generalización del tipo “las tribus o comunidades primitivas son de tener organizaciones autoritarias” sea muy arriesgada o directamente falsa. Es posible que las tribus más o menos horizontales sean mayoría. Lo que sí, es falso que todas las tribus se caractericen por sus libertades e igualdades ampliamente desarrolladas. Difícilmente se tenga un trato igualitario en ciertas comunidades primitivas de Tanzania si uno es albino, ya que los asesinan por creer supersticiosamente que trae “buena suerte”. Los ancianos inuit tampoco poseían un trato igualitario, ya que los abandonaban por considerarlos una carga. En otras tribus nacer mujer puede ser un infierno. Por ejemplo, en el pueblo guerrero y tribal de los yanomamos, habitantes de la frontera entre Venezuela y Brasil. Esta tribu es notable, los maridos maltratan constantemente a sus mujeres, física y sexualmente, tanto en público como en privado, y compiten por quien posee a su mujer más lastimada y repleta de cicatrices. Tener a sus mujeres en el peor estado posible aumenta su estatus social. Evidentemente este no es el paraíso de igualdad tribal.

El problema de la salud

La salud primitiva es otra cuestión muy importante. Los primitivistas creen ingenuamente que nuestra salud tiene mucho que envidiar a la salud de los primitivos tantos actuales como pasados, nada más falso. Uno de los logros más fascinantes de la civilización moderna y una de las razones por la que es completamente disparatado intentar volver atrás es sin duda el progreso que hemos hecho en medicina y el increíble aumento de la calidad de vida que hemos logrado, básicamente, cuadruplicando y hasta quintuplicando el promedio de vida de nuestra especie en tiempos de infancia. Revisando la historia del promedio de vida de nuestra especie es fácil advertirlo, nuestra salud y calidad de vida en la actualidad es innegablemente superior.
En el paleolítico superior (sin autos contaminantes, alimentos transgénicos ni flúor en el agua) la esperanza de vida media era de 33 años, en el neolítico de 20, en la Edad de Bronce de 35, en la Grecia Clásica y en la Antigua Roma de 28, en la Norteamérica precolombina de 25 y en la Edad Media europea de 30. Durante el siglo XIX subió a 40, durante el siglo XX a 65 y en la actualidad, en las últimas dos décadas subió seis años (hasta el 2013 el promedio de vida era de 71). También en estas esas dos décadas bajó la mortalidad por problemas cardiovasculares y la mortalidad infantil en los países pobres.
El promedio de vida de las tribus actuales también es mucho más bajo. Los Tsimanes del Amazonas de Bolivia tienen, al parecer, un promedio de vida de 43 años[5]. Los Inuit, tienen aproximadamente un promedio de vida hasta 10 años inferior a los canadienses[6]. Según un informe de la ONU[7], un australiano aborigen tiene un promedio de vida 20 años menor que un australiano no aborigen. El mismo informe nos dice que la diferencia en años en la esperanza de vida entre los pueblos indígenas y los demás pueblos es la siguiente: Guatemala, 13; Panamá, 10; México, 6; Nepal, 20; Australia, 20; Canadá, 17; Nueva Zelanda, 11. La evidencia disponible parece apuntar a que la esperanza de vida de los pueblos primitivos es bastante inferior a la de los pueblos civilizados.
Es de esperar que las tribus, al menos las que se encuentran desconectadas de la civilización, posean menos esperanza de vida y más alta mortalidad que las sociedades civilizadas. Hay varias razones: o carecen de medicina (y no incluyo en este término aplicaciones prácticas de creencias supersticiosas  claramente ineficaces) o poseen muy escasos tratamientos que cumplan requisitos mínimos de eficacia (esto incluye la carencia de elementos con los cuales poder elaborar intervenciones quirúrgicas complejas y el conocimiento del cómo), carecen de variedad alimenticia (la variedad de alimentos que pueden conseguirse en un territorio aislado es mil veces menor a la variedad de alimentos que podemos conseguir en cualquier supermercado de ciudad), carecen de conocimientos respecto a la transmisión de enfermedades y su prevención, carecen de métodos anticonceptivos (y por lo tanto, carecen de un medio eficaz de evitar enfermedades venéreas), carecen en muchos casos de prácticas higiénicas (como ser higiene dental),  son susceptibles a peligros tanto climáticos como de depredadores u otros animales peligrosos (arañas, serpientes, escorpiones, etc.), carecen de agua confiadamente potable, etc.                          Contrario a las fantasías infantiles primitivistas dignas de alguien desinformado, la vida en una sociedad primitiva no es nada sencilla, sobre todo cuando uno se enferma o se lastima.
La esperanza de vida no es el único problema del pasado y de las actuales sociedades primitivas. También lo fue y es la altísima tasa de mortalidad infantil. Esta oscilaba entre el 20% y el 40%, hasta que comenzó a disminuir durante la segunda mitad del siglo XIX. En en su libro El mundo y sus demonios, el gran Carl Sagan nos cuenta este caso para que nos demos una idea aproximada de la gravedad de este asunto: “La reina Ana fue la última Estuardo de Gran Bretaña. En los últimos diecisiete años del siglo XVII se quedó embarazada dieciocho veces. Sólo cinco niños le nacieron vivos. Sólo uno sobrevivió a la infancia. Murió antes de llegar a la edad adulta y antes de la coronación de la reina en 1702. No parece haber ninguna prueba de trastorno genético. Contaba con los mejores cuidados médicos que se podían comprar con dinero”.
Hoy en día las tasas de mortalidad infantil en las sociedades civilizadas son ínfimas, mientras que en las sociedades tribales sigue siendo muy alta (ver el informe de la ONU anteriormente citado). El porcentaje de mortalidad infantil de la antigüedad era prácticamente idéntico al porcentaje de muerte en el parto por diversas dificultades como ser hemorragias, infecciones u obstrucciones. Hoy en día la mortalidad de mujeres durante el parto es mínima en las sociedades civilizadas, mientras continua siendo preocupante en las sociedades tribales.
Es recurrente que las sociedades primitivas (y las personas con pensamiento mágico) identifiquen las enfermedades con fuerzas malignas propias de las creencias supersticiosas. Hoy, cualquier persona civilizada e inteligente, al contar con un problema de salud recurre a alguien que estudió más de 10 años medicina para poder contar con los conocimientos complejos y necesarios para evaluarlo. Lo más probable es que al recurrir a un médico (y con médico acá no me refiero a pseudocientíficos disfrazados de médicos como los homeópatas, acupunturistas, etc.) y seguir sus consejos nuestra salud mejore. Esto es algo propio de la modernidad. Antes de cierta altura del siglo XIX la medicina era un completo desastre, los métodos empleados eran más productos de tanteos y experimentos que de certeza científica. La mayor parte de las mejoras durante los tiempos de la medicina precientífica eran debidas al sistema inmunológico, no a la medicina, que consistía en ese tiempo más en lavativas y sangrías inútiles que en otra cosa. Sobre esto es interesante la comedia de Moliere “El enfermo imaginario”, que nos da una muy aproximada y divertida idea de lo que era la medicina durante el siglo XVII. Hoy, la medicina científica correctamente aplicada da garantía casi total de éxito, y se lo debemos a la modernidad y al progreso científico. Ya que, a diferencia de las sociedades precientíficas, donde lidera la superstición y la ignorancia, las sociedades modernas pudieron aprender a un costo muy alto, conceptos como célula, bacterias, gérmenes, virus, y otro montón de hechos que hoy nos parecen obvios. No siempre lo fueron. Para darse una idea de lo ignorantes que eran en cuestiones de fisiología, biología y medicina nuestros antepasados, solo basta ver los cuestionamientos de la época a algo, en nuestra época tan evidente, como la teoría de la circulación de la sangre propuesta por William Harvey durante el siglo XVII.
Revisando la literatura histórica de la medicina precientífica nos encontramos muchos casos alucinantes de estupidez propia de la ignorancia de la época, a tal punto que es imposible no sentirse privilegiado de vivir en este siglo. No solo la “medicina” tribal es ineficaz y supersticiosa, la medicina del pasado en general es un conjunto hilarante de tonterías. El libro de Paul Tabori, Historia de la Estupidez Humana, nos ilustra muchos casos divertidos de supersticiones médicas. Encontramos ahí por ejemplo, que se utilizaban inyecciones de oro para combatir la epilepsia durante tiempos de Luis XI. De hecho el oro se utilizó como “medicina” en muchas épocas, se lo utilizaba para combatir la ictericia debido a que los médicos consideraban “lógico” que la enfermedad en la que los pacientes se tornan amarillos se cure mediante un metal amarillo. Debido a que el oro perjudicaba claramente la salud del paciente, la insistencia en utilizarlo llevó a los médicos  a un modo ingenioso de suministrarlo: alimentando gallinas con limaduras de oro y luego alimentar al paciente con dicha gallina. Claramente este tratamiento se abandonó luego de que se hizo evidente su ineficacia, pero nos da una idea del tipo de tanteos que eran necesarios para, aunque sea por casualidad, encontrar algún tratamiento que funcione. Los intentos de elaborar una medicina en sociedades primitivas es del mismo empirismo bruto, cuando no es pura superstición.
La herbolaria (el tipo de medicina tribal más utilizado), cuando es eficaz, se debe a probar miles de plantas hasta que una por fin funciona. Es cierto que la herbolaria puede tener cierta efectividad, pero presenta muchos problemas además de la increíble cantidad de experimentos sobre humanos que hay que hacer para encontrar una hierba que funcione para cierto problema. Uno de ellos es el problema de que una planta tiene muchísimos más compuestos que el principio activo que la vuelve medicinal, y muchísimos de esos compuestos pueden ser y son venenosos, cancerígenos o presentan otros efectos secundarios indeseables. Por esto es que la medicina moderna suele aislar los principios activos útiles de ciertas plantas, haciendo al tratamiento considerablemente más seguro.  Es claro que además, la medicina herbolaria tribal tiene aplicaciones muy limitadas, no nos va a curar ni una gangrena, ni un cáncer de colon, ni una pulmonía, ni una fractura expuesta, etc. Aunque si, con suerte, nos aliviaría alguna indigestión.
Esto nos presenta otro punto importante y es el elitismo del pensamiento primitivista, ya que si bien algunos de salud privilegiada puedan vivir  sin mucho problema en una comunidad tribal, no así la inmensa cantidad de personas con enfermedades o problemas que dependen de la medicina moderna, la técnica y la tecnología para vivir. Porque una inyección de insulina, unos anteojos o un nebulizador difícilmente se encuentre en una tarde de recolección.
Otro tema clave son las vacunas. Aunque gran parte de los primitivistas sean incultos que nieguen la efectividad de las vacunas, esta es un hecho. Gracias a las vacunas erradicamos unas cuantas enfermedades, mientras que los antivacunas lograron resucitarlas por negarse a vacunarse, como el caso del sarampión en EEUU[8].  Está de más aclarar, que difícilmente una civilización primitiva pueda en algún momento, por sus propios medios, igualar el efecto de las vacunas.
Saliendo de problemas de salud más graves a primera vista, un aspecto muy ignorado por los primitivistas es la higiene y la salud dental, cosa de la que suelen carecer los hombres primitivos de todos los tiempos. Se puede pesar erróneamente que por ejemplo, las caries son problemas modernos por nuestra alimentación excesiva en azúcar, pero cráneos de neandertales refutan esta idea. Rechazar la civilización es básicamente entregar nuestras dentaduras a todo tipo de problemas que, créanme, preferimos evitar. La odontología moderna es algo de lo que nos debemos sentir agradecidos.

Este repaso nos hace una idea vaga del privilegio que es la medicina moderna, que además progresa a pasos agigantados. En una tribu primitiva dudo mucho que nos podamos dar el lujo de realizar un trasplante de corazón o una transfusión de sangre, de hecho, no nos podríamos dar el lujo ni siquiera de la anestesia, de unos anteojos o de un parto seguro. Lo que sí, podríamos seguro darnos el gusto de disfrutar del tifus, la tuberculosis, el sarampión, la malaria, el cólera, la tiña, el polio, la sífilis, la peste, la gonorrea, la difteria y unas cuantas enfermedades más completamente comunes en el pasado que gracias a la civilización moderna solo la conocemos por nombre si tenemos algo de cultura. El paraíso ideal del pasado en el que creen los primitivistas está muy lejos de ser cierto, es una ilusión fácilmente curable con una dosis pequeña de historia. Esta está más repleta de tiranía, esclavitud, guerras, malaria, infecciones, mortalidad infantil, pestes (la peste negra llegó a matar hasta a un tercio de la población de Europa en el siglo XVI), caries y sífilis que de otra cosa.
Cuando se plantea este tipo de problemas a los primitivistas, relucen como advertí argumentos propios de los posmodernos, y también de los conspiranoicos. Por ejemplo, alegan cosas como que la medicina “enferma más de lo que cura”, que las farmacéuticas son malvadas, que la medicina tribal es igual o más efectiva, que las enfermedades son construcciones sociales, etc. Claro, como es común en los posmodernos, sin ofrecer la más mínima evidencia, sino más bien berrinches occidentefóbicos y acusaciones de que los que no compartimos sus creencias somos colonialistas, europeocentristas, positivistas, etc., que no aceptamos su verdad revelada.

Calidad de vida

Hay un punto que más que seguro no les interesa en lo más mínimo a los primitivistas, pero a mí sí –y mucho-. Es de carácter puramente intelectual, no pragmático, y tiene que ver muchísimo, por lo menos para mí, con la calidad de vida. Y es el tema del progreso intelectual y cultural que hemos alcanzado, esto es, el grado de progreso al que llegamos en el conocimiento puramente teórico, como la ciencia pura y la filosofía, y también las artes. Creo que no es necesario argumentar demasiado para demostrar que el grado de conocimiento teórico que pueda tener una sociedad primitiva, no supera ni superará en ningún aspecto el grado de conocimiento al que llegamos con nuestra sociedad civilizada. Aun cuando los primitivistas insistan en exagerar los conocimientos tribales, como suelen hacer con la “astronomía” inca o maya. De hecho parte del mito del buen salvaje se basa en exagerar y sobre-estimar los conocimientos de las tribus, o incluso hacer pasar supersticiones absurdas por conocimientos profundos, como bien hacen los posmodernistas. El antropólogo Barley Nigel dedica algunos párrafos de su libro El antropólogo inocente (1983) a este mito. Cito un párrafo dedicado al conocimiento de los dowayos:
           ”Lo cierto era que los dowayos sabían menos de los animales de la estepa africana que yo. Como rastreadores distinguían las huellas de motocicleta de las humanas, pero esa era la cima de su conocimiento. Al igual que la mayoría de los africanos, creían que los camaleones eran venenosos y me aseguraron que las cobras eran inofensivas. Ignoraban que los gusanos se convierten en mariposas, no distinguían un pájaro de otro ni te podías fiar de que identificaran bien un árbol. Muchas plantas carecían de nombre aun cuando las usaran con frecuencia; para referirse a ellas tenían que dar largas explicaciones: ‘La planta que se usa para extraer la corteza con la que se fabrica el tinte’”.
   Llegando ya a los extremos, tenemos a la tribu Piraha del Amazonas. Estos suelen ser elogiados por algunos ateos por no poseer religión ni concepto de Dios. Pero esto no se debe a que posean un refinado escepticismo, una visión naturalista sofisticada, ni nada por el estilo. El “ateísmo” piraha se debe a que poseen un pensamiento completamente infantil pre-operacional vacío de toda curiosidad intelectual, y un lenguaje carente de conceptos abstractos o complejos. Su idioma es tan simple que hasta puede expresarse en silbidos, no tienen palabras para expresar los colores, no tienen tiempo verbal pasado ni futuro, son la única cultura humana que no conocen los números (solo conceptos como “unos muchos”, y, “unos pocos”), etc. Aunque a diferencia de los dowayos, si parecen conocer un poco mejor al menos las especies de flora y fauna de su entorno.
A los primitivistas el avance del conocimiento no es algo que les importe. Esto se debe al mero hecho de que son por completo anti-intelectuales, e irracionales. No les importaría en lo más mínimo que de un momento a otro todo el progreso humano en materia de conocimiento y arte desaparezca por completo y se vea reducido al opresivo pensamiento mágico y la monotonía tribal. Son antihumanistas y hasta diría profundamente misántropos, odian todo lo humano y quieren ver a la humanidad reducida al estado más bestial posible. No quiero extenderme en cuestiones de humanismo y misantropía, porque ya deje bastante clara mi postura en mi ensayo Humanismo Secular y misantropía.
Pareciera que, como los primitivistas se caracterizan por la irracionalidad, la ignorancia y la superstición, se sienten incomodos en una sociedad que decidió guiarse en la razón y el conocimiento, por más buenos resultados a los que haya llegado –resultados que prefieren ignorar o menospreciar. De este modo prefieren vivir lo más lejos posible del conocimiento al que odian, mientras desean con ansias que todos los demás nos reduzcamos a los que son ellos en general, una parva de incultos que piensan como infantes.

Con respecto al arte: si bien es cierto que las tribus suelen tener manifestaciones artísticas interesantes, estas serán siempre increíblemente limitadas y monótonas. Esto se debe no solo a cuestiones meramente técnicas, como inaccesibilidad a materiales o elementos para crear arte (como ser pianos, lienzos y acrílicos, violines, cámaras filmográficas y fotográficas, consolas de sonido, etc.), sino por cuestiones culturales, principalmente de hermetismo. Para que el arte progrese, se necesita, a grandes rasgos, dos cosas: a) materiales, (b libertad, y (c cosmopolitismo, por lo menos con respecto a poder acceder a piezas de arte producidas en diversas ubicaciones geográficas. En general las tribus tienen limitaciones de los tres tipos. Es común que las prácticas artísticas estén fuertemente limitadas por las costumbres estéticas o ritualistas propias de la tribu, y muy posiblemente cualquier intento de sobresalir o innovar seria ignorado o castigado, si es que es que sobresalir es posible. El aspecto técnico es el más evidente, ya que no hay que ser un genio para saber que una tribu aislada del progreso no puede hacer cine, fotografía, tocar en grupos de música electrónica o en un concierto sinfónico. Otra de las ventajas de la sociedad moderna es la libertad artística y la posibilidad de acceder a una cantidad inmensa de técnicas o artefactos para su producción. Esta diversidad que posee la sociedad moderna también se aplica a los deportes.
La riqueza y variedad cultural es muchísimo más abundante mientras más civilizada y cosmopolita sea la humanidad, pero esto no es de interesarle al extremo e infame conformismo de los primitivistas.

La cuestión alimentaria es uno de los puntos más importantes en lo que respecta a la calidad de vida por estar íntimamente relacionada con la salud. Los primitivistas tienen la ingenua ilusión de que la sociedad reducida al tribalismo, cultivando su comida “orgánica” o incluso viviendo de la recolección nómada poseería una alimentación ideal que le proveería de una salud vigorosa e incorruptible. Tonterías.  Ni el pequeño cultivo sedentario sin tecnologías modernas ni aun menos la recolección nómada da garantía ni de calidad, ni de cantidad suficiente aún para un grupo pequeño de personas. Si esto ni siquiera fue así en la infancia de la humanidad, donde abundaba en demasía tanto la vegetación como la extinción completa de comunidades por la hambruna, menos lo será en la actualidad con una población de siete mil millones de personas.
La agricultura sedentaria despojada de toda clase de tecnologías modernas asegura más plagas, pestes, hambruna, escases de variedad y pésima calidad que éxito, y esto lo confirma la historia e incluso la literatura (ver el Quijote o el Lazarillo de Tormes). Menos pensar ser vegetariano o vegano en estar circunstancias, donde no se podría ni siquiera suplementar la vitamina B12 altamente necesaria. En estas circunstancias, el único sustento seria la cacería o la ganadería, que en el primer caso es inestable e insegura, y en el segundo riesgoso por ser fuente de brucelosis, tuberculosis bovina y escherichia coli. La ingesta de leche despojada de métodos modernos como la pasteurización también es increíblemente peligrosa por ser un posible cóctel de enfermedades como neuropatía inflamatoria desmielinizante, enteritis y ántrax.  Estos mismos problemas ocurren en las tribus primitivas actuales, que aun teniendo en los mejores casos amplios terrenos, deben padecer los sufrimientos de una mala y escasa alimentación, sumado a un riesgo mayor de contraer enfermedades. Aun los primitivistas prácticos en la actualidad, llamados permacultores, en muchísimos casos compran en mercados de la civilización parte de los alimentos que no pueden producir, como también herramientas y otras tecnologías de cultivo. Si toda la civilización, de la que dependen gran parte los permacultores para sobrevivir, se redujera al estilo de vida permacultor, la alimentación seria completamente inestable, si no horrendamente monótona. Pero dejemos la crítica concreta a las comunidades de permacultura para más adelante.
Los primitivistas, como buenos neoluditas ignorantes, se quejan permanentemente de lo “artificial” que es nuestra comida hoy en día. En algunos casos específicos su queja puede ser mínimamente valida, sobre todo con respecto a la comida chatarra. Pero en lo que respecta de quejarse como infantes de los métodos agrónomos modernos, sobre todo los transgénicos, su queja es puro capricho necio y torpe. Los transgénicos, como mostré en mi artículo sobre estos[9], son completamente seguros y un total privilegio de la civilización moderna. Los beneficios comprobados de la biotecnología y la agronomía actual, aun con sus consecuencias negativas que debemos paliar como ser malos hábitos de fumigación, son otras de las razones por las que volver al primitivismo es una distopía que solo unas mentes miopes pueden ver como paraíso.
Los que defienden el primitivismo suelen decir que nos “envenenan con la comida”, pero nunca lo demuestran, y sí que les sería difícil, cuando las enfermedades y la mortalidad disminuyen, mientras que el promedio de vida aumenta. Un caso divertido del extremo al que llega la paranoia alimenticia moderna es el video, viral en internet, en el que un anciano raspa una manzana de la que sale un residuo que según él es “veneno”. Pero lo cierto es que simplemente es cera que produce la propia manzana[10]. Otro bulo ridículo es el de las bananas “inyectadas con SIDA”. La paranoia de los modernos con respecto a la alimentación es tanto cómica como penosa. Los antiguos sí que tenían buenas razones para sentirse inseguros de sus alimentos, y no quisquillaban patéticamente como nuestros contemporáneos, y eso que su agua era tan sucia y su leche tan toxica que preferían beber alcohol -literalmente. Ni siquiera del pan y los cereales podían sentirse seguros, ya que corrían riesgo de  ergotismo, una enfermedad causada por un hongo de efectos similares al LSD que era muy común en la época. Y eso que era casi lo único que comían en aquellos tiempos, si es que tenían suficiente dinero para comprarlo, ya que la miseria era la regla. Y con miseria no me refiero a lo que actualmente muchos llaman miseria, como no poder acceder a la televisión, el internet o los celulares. La miseria del pasado era desnutrición aguda, peste, pudrición de dentaduras, convivencia con ratas, harapos y padecimientos que gran parte de nosotros, los cómodos y rellenitos modernos, no podemos ni imaginar.
Otra cuestión importante es el agua. Si bien la sociedad moderna desperdicia estúpidamente agua, y es algo que hay que revertir, por lo menos tiene cierta garantía de producir agua segura y potable. El riesgo de contagiarse enfermedades como fiebre tifoidea, diarrea, hepatitis y meningitis  por consumir agua no potable es algo que los primitivistas deberían tener en cuenta.

Otro aspecto de la calidad de vida que los primitivistas desprecian son los beneficios de la tecnología en general. Esto se debe a que son neoluditas, sienten desprecio obtuso por la tecnología y confunden constantemente ciencia con tecnología, tecnología con técnica, y técnicas y tecnologías buenas con técnicas y tecnologías malas. Para ellos, toda la tecnología se reduce a armas y contaminación, cosa que más que pesimismo es oscurantismo necio y retrogrado. Este es uno de los puntos que más comparten con los oscurantistas posmodernos, como por ejemplo Heidegger -el gran nazi neoludita. Es bastante inaudito tener que explicar la diferencia entre una bomba de hidrógeno, la teoría de la relatividad, un trasplante de corazón y una sofisticada pierna ortopédica. Reducir todo esto a simples cosas imprescindibles o despreciables (como si fueran similares a las bombas) es en tal modo una idiotez que no merece ser tomada en serio ni para refutar, pero hago una excepción solo por la gran popularidad que aún tienen estas ideas.

Primitivismo ¿Condición natural de la especie humana?

Es común -como advertí- encontrar entre los argumentos de los primitivistas declaraciones falsas como que el primitivismo es “la condición natural del hombre”. Lo más sencillo es refutar esta afirmación señalando que es una básica falacia naturalista. Esta consiste en un uso vago e impreciso de la palabra “natural” y una constante relación de que esta implica lo bueno y lo correcto. Más concretamente, la apelación a la naturaleza es el error de razonamiento que implica creer que algo es bueno solo porque es natural, o malo porque es artificial. Es común su uso en los opositores a los transgénicos, que creen que estos por ser artificiales son “malos” siendo que hay evidencias de serios estudios científicos que demuestran que son una tecnología confiable mientras estén bien regulados. Vemos que el cianuro, el veneno de cascabel, la cicuta y los rayos gamma también son muy naturales, y sin embargo no nos son beneficiosos.
Más específicamente, este argumento es demasiado vago ¿A qué se refieren con condición natural? Si el humano construyo la civilización por su cuenta, ¿esta no le es su ambiente propio y natural? Si no lo es, ¿por qué debería de ser otro, como el primitivismo? Principalmente teniendo en cuenta lo ya dicho, y sabiendo que la civilización es un lugar mucho más seguro para el desarrollo del hombre, ¿por qué volver a los esperanza de vida promedio inferiores a las cuatro décadas, a la mala alimentación y a las enfermedades erradicadas?  La naturaleza, contrario a lo que sueñan los idealistas de lo primitivo, es un lugar hostil, repleto de insectos que transmiten enfermedades mortales como la malaria, incomodidades y otros riesgos. La mayoría de las personas inteligentes elegirían las comodidades y seguridades de una civilización responsable frente al frio y el hostigamiento de la vida primitiva. Si la condición natural del hombre es vivir con la dentadura pudriéndose, sufriendo de tifus, con frio y perdiendo niños recién nacidos y mujeres durante el parto, mientras en su ignorancia reza a “espíritus” imaginarios y les rinde sacrificios sangrientos con esperanzas de que así su gente deje de sufrir los padecimientos del clima y las enfermedades… prefiero, lejos, la artificialidad de la vida civilizada que los primitivistas tanto satanizan.

La inconsistencia de la filosofía detrás del primitivismo

Como ya mostré anteriormente, se puede tomar al posmodernismo como base filosófica del primitivismo. Principalmente me interesa cuestionar dos tesis filosóficas posmodernas que sostienen algunos primitivistas, estas son: cierto relativismo ético y el relativismo gnoseológico-epistemológico.
Es complicado proceder a refutar tesis posmodernas por una simple razón: cuando uno elabora una tesis racional argumentada sobre ciertos hechos, la refutación se vuelve simple (la idea es falsable). Proceder a refutarla consistiría en revisar la lógica de los argumentos y la veracidad de las evidencias empíricas en las que descansan. En el caso de refutar las tesis relativistas o reduccionistas-culturales, este tipo de refutación se complica porque tales tesis verdaderamente no se sustentan en argumentos lógicos ni en evidencias, sino, en simples afirmaciones dogmáticas revestidas de sofismas. En este caso, se las puede refutar simplemente utilizando las navajas escépticas de “afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias” (navaja de Hume) y “lo que es afirmado sin evidencia puede ser descartado sin evidencia” (navaja de Hitchens). Pero tal refutación no me convence, principalmente, porque no es una refutación propiamente dicha sino razones para no tomar en cuenta estas tesis, por lo que voy a proceder a analizarlas de igual modo y a presentar tesis alternativas que considero por lejos, mejores. Otro punto es que, una vez refutadas las tesis posmodernas, es muy difícil convencer a los que las sostienen. Esto se debe a que el posmodernismo, como buen cáncer intelectual, hace metástasis y es difícil de remover. Su completo irrealismo y su desdén por la razón, el rigor y la ciencia hacen a tal punto un dogmatismo hermético que cualquier crítica a sus ideas la reducen a opiniones de “positivistas”, “racionalistas”, y “occidentalistas”, y de este modo las descalifican e ignoran. Tuve la oportunidad de ver como un divulgador de ideas pseudocientíficas (conocido por defender que la Tierra es plana, por ejemplo), primitivistas y posmodernas, cuyo alias es “Librex Presario” (José Benítez), esquivaba todas las críticas con la simple acusación de que “provenían de racionalistas”. Omitamos entonces la intención de convencerlos, y concentrémonos de todos modos en analizar sus ideas.
El relativismo ético (o moral) es más complejo de refutar que el relativismo epistemológico. Este sostiene que los juicios morales son relativos a las culturas, no son universales, y de este modo las masacres aztecas, la opresión de las mujeres en los países islámicos radicales, la ablación femenina y otras prácticas son perfectamente correctas, por ser correctas dentro del marco de su cultura. Por el contrario, un realista ético sostendría que tales prácticas son universalmente inmorales aun cuando su cultura las acepte, ya que las acciones son “buenas”, o “malas” más allá de que un grupo cultural donde se ejercen considere lo contrario. De este modo para los relativistas éticos las brutales prácticas tribales que mencionamos no pueden juzgarse porque su cultura tribal las acepta como correctas, y por lo tanto lo son. Así, cualquier cuestionamiento fundamentado que pueda hacer un moderno a una práctica tribal por más brutal que sea es inválido, ya que estaríamos condicionados por nuestra moral “occidental” y civilizada.
Si bien es cierto que la ética es una construcción social, no hay razones para abrazar el relativismo mientras si hay razones para sostener un realismo ético, como ser el humanismo secular. El relativismo ético permite que practicas brutales como la tortura, el asesinato, la privación completa de las libertades y otras acciones condenables continúen solo por el hecho de que una mayoría dentro de una sociedad cree que así debe ser, aun cuando esa mayoría que perpetua tales acciones no sea la que se vea involucrada del lado de los que la padecen. A los relativistas no les interesa ni el bienestar ni el sufrimiento, sino más bien la riqueza cultural, es decir, la libertad de que ciertos grupos perpetúen el sufrimiento innecesario con tal de que mantengan su tradición, por inhumana que sea. En cambio el humanismo sostiene que lo importante no es la tradición ni la cultura, sino si tales acciones verdaderamente son defendibles o si merecen su supresión en búsqueda del bienestar en general. Para un humanista, lo importante no es que cortarle el clítoris a una niña de dos años sea una tradición ancestral, sino el sufrimiento innecesario que esta provoca. Un humanista condenaría acciones que producen malestar, muerte y sufrimiento, que impiden el progreso de valores como la libertad, la igualdad, el conocimiento o que generan que individuos no puedan disfrutar del placer de vivir al máximo, aun cuando otras culturas las fomenten. Este considera más importante que nos une la capacidad de sufrir y disfrutar que las diferencias culturales.
El humanismo se sostiene sobre un sistema filosófico realista tanto en lo ético como en lo gnoseológico y lo ontológico. Mientras que el relativismo es una especie de ética basada en una falacia ad populum en cada cultura.
             Este tema sin duda es muy complejo y es aun motivo de controversias. Para no extenderme demasiado, invito a los lectores a mi ensayo Humanismo secular y misantropía, donde expongo algunas ideas sobre la ética humanista.
A diferencia del relativismo ético, el relativismo gnoseológico-epistemológico sí es muy fácil de refutar. Para este, la verdad fáctica y la falsedad también se reducen a lo que el entorno cultural considere y no son universales. Así, si para los dowayos los camaleones son venenosos, esto es verdad aun cuando zoólogos demuestren lo contrario. “La verdad es relativa”, dicen. Pero esto es completamente insostenible. Pensemos un poco en lo que quiere decir “verdad”. Decimos que algo es verdad, cuando el enunciado se ajusta a lo que podemos comprobar con los hechos del mundo real. Así, podemos definir verdad fáctica como el atributo de adecuación aproximada de un enunciado con la realidad. En este caso, la realidad es lo que nos debe dictar que es verdad o no (a diferencia de la verdad lógica). La forma de conocer la realidad más avanzada que conocemos es la ciencia. Esto se debe a que es el único método que nos permite corregir errores, verificar coherencia, progresar y contrastar nuestras ideas de la forma más sofisticada posible con la realidad, mientras se invita a que los especialistas en el campo repliquen los descubrimientos. En algunos casos simples podemos prescindir de la ciencia, y comprobar los hechos de modos más sencillos. Por ejemplo, si alguien enuncia que está lloviendo en tal zona, basta con ir a observar que tan cierto es. La ciencia invita a esto, a observar los hechos. Según los relativistas, la ciencia es igualmente valida que cualquier creencia infundada ¿Cuál es la única forma de saber si esto es verdad? Comprobándolo. Claramente, este enunciado no resiste la comprobación. Los aztecas, por ejemplo, al parecer creían que el sol no volvería a salir si no realizaban sus rituales. Pero, una vez que los aztecas dejaron de realizarlos, el sol continuo saliendo. Hay que ser completamente irrealista para sostener que el sol no saldría si los aztecas dejaban de realizar sus rituales, por todo lo que sabemos sobre astronomía, astrofísica, e historia. Vemos así que los aztecas estaban absolutamente confundidos en sus creencias, pero aun así esto no convence a los relativistas, para ellos tenían tanta razón como los modernos astrónomos. El problema es que no pueden fundamentar esto sin recurrir al dogmatismo, ya que es completamente irrealista y antropocéntrico suponer que la realidad se ajusta a cualquier cosa que unos insignificantes primates podamos suponer. Aun así hay gente que en verdad cree esto. El pensamiento relativista es propio del irrealismo, del negacionismo y del pensamiento infantil egocéntrico.           
             Admito la pobreza de análisis en este capítulo, pero en verdad considerar y refutar tales tesis de modo completamente convincente lleva espacio y tiempo que prefiero invertir en continuar con el tema principal. Invito a los lectores, si quieren profundizar sobre este aspecto, a mi ensayo “Pensadores críticos: ¿Defensores del pensamiento único y dueños de la verdad?”, donde se encuentra una crítica más completa a este relativismo.

Los primitivistas y sus intenciones de ecologismo radical

Me arriesgaría a afirmar que la mayoría de los primitivistas llegaron a serlo por meditaciones de carácter ecologista. Su odio a la civilización se debe a que esta es una constante amenaza para el medioambiente y los ecosistemas. Así, ven en el primitivismo y los primitivos la única salvación del medioambiente, y suponen idealizadamente que todos los hombres primitivos son gente comprometida con el ambiente, los animales y los ecosistemas.  Ambas creencias son falsas, ni el primitivismo es la única alternativa para un ecologismo eficaz ni todos los primitivos son cultores del amor a los animales y al medioambiente. De hecho, los sacrificios de animales en rituales son tan o más comunes que los sacrificios de humanos. Sobre el medioambiente: no todos los primitivos pudieron tener una relación estable con el suyo. Los nativos de las Islas de Pascuas se extinguieron por completo, y una de las hipótesis más plausibles es que fue debido a que desmontaron completamente sus bosques, los que les causó graves problemas por bruscas erosiones de suelo. Lo gracioso es que parte del motivo de su desmonte incontrolado fue el transporte de sus emblemáticas esculturas (los móai). Pero para darnos una mejor idea de lo que puede ser la ética ambiental tribal, cito este divertido párrafo sobre la tribu de los Dowayos del citado libro El antropólogo inocente:
“Gran parte de los animales de caza se habían extinguido debido al uso de trampas. En lo que se refiere a “vivir en armonía con la naturaleza”, a los dowayos les quedaba mucho camino por recorrer. Con frecuencia me reprochaban el no haber traído una ametralladora de la tierra de los blancos para poder así erradicar las patéticas manadas de antílopes que todavía existen en su territorio. Cuando los dowayos empezaron a cultivar algodón para el monopolio estatal, les suministraron grandes cantidades de pesticidas, que ellos inmediatamente aplicaron a la pesca. Arrojaban el producto a los ríos para después recoger los peces envenenados que flotaban en la superficie. Esta ponzoña sustituyó rápidamente a la corteza de árbol que habían utilizado tradicionalmente para ahogar a los peces. “Es maravilloso −explicaban−. Lo echas y lo mata todo, peces pequeños y peces grandes, a lo largo de kilómetros.” Por otra parte, cada año provocan grandes incendios en el matorral para acelerar el crecimiento de hierba nueva. Esas conflagraciones tienen como consecuencia la muerte de numerosos animales jóvenes y un considerable riesgo para la vida humana.”
El humano como especie en general tiende a modificar su medio ambiente y a interaccionar con los otros animales no siempre de las formas más amistosas. El principal problema del primitivismo es que supone que el ecologismo eficaz solo es posible con su método, cuando ni siquiera su método es plausible. Reducir a la mayoría de la población a condiciones primitivas parece un esfuerzo muchísimo más alto y con una probabilidad de funcionar muchísima más baja que mil formas de cuidar el medioambiente posibles en la civilización moderna. De hecho, cada vez tenemos métodos más eficaces, debido a los avances científicos y tecnológicos, para realizar acciones beneficiosas para nuestro ambiente y para con los animales. El futuro del ecologismo esta en más civilización, no en menos. Como ejemplos se pueden citar varios como ser la carne de laboratorio, que solucionaría uno de los problemas más urgentes que es la contaminación y el gasto de recursos que supone la industria cárnica convencional. También estamos logrando considerables avances en materia de energías alternativas, autos eléctricos, reforestación, reciclado y reutilización, control de natalidad mediante métodos anticonceptivos (las tasas de natalidad afortunadamente disminuyen en muchos países), limpieza de aguas, medios de producción menos contaminantes, medios de transportes no contaminantes como trenes eléctricos, etc. Otro ejemplo son las grandes ciudades, que bien diseñadas permiten amontonar mucha más cantidad de gente en cierto espacio que si estas estuvieran distribuidas en aldeas. Si bien concuerdo con los primitivistas de que tal vez no se haga el esfuerzo necesario por solucionar los problemas ambientales que produce la civilización, hay razones contundentes para suponer que los problemas a los que debemos hacer frente son solucionables mediante el proyecto de progreso civilizado, pero sobre esto me extenderé luego.
Para poder encarar con eficacia los problemas medioambientales que tenemos enfrente, es evidente que necesitamos de personas inteligentes, comprometidas y racionales que tengan el carácter necesario para estudiar correctamente dichos problemas y buscar alternativas ingeniosas y eficaces. Los primitivistas no nos ofrecen esto, y dudo que lo hagan mediante el anti-intelectualismo que les caracteriza. Mientras más civilizados y educados seamos, más superables parecerán nuestros problemas. 

Abusos e imperfecciones de las culturas civilizadas

Con todo lo escrito anteriormente no pienso decir en absoluto que nuestra civilización sea perfecta, ni tampoco justifico en modo alguno los brutales atropellos que cometió y comete la civilización hacia los pueblos primitivos. No defiendo ni las brutales masacres de los españoles a los nativos americanos, ni los abusos de los europeos durante la colonización africana del siglo XIX, ni el esclavismo de nativos africanos, ni creo que los primitivos sean infrahumanos que merecen ser oprimidos o eliminados, ni creo que nuestra sociedad moderna sea insuperable, ni que sus integrantes sean superiores a los primitivos (si me atrevería a afirmar, que la civilización moderna posee una cultura superior, pero jamás a que sus individuos sean de razas superiores ni nada parecido, ya que es completamente insostenible tanto científica como éticamente). Nada de eso se desprende de lo que dije en este ensayo ni en otros, y lo aclaro porque los críticos del primitivismo y del posmodernismo somos constante e injustamente atacados con tales acusaciones.
Que se cometieron grandes barbaries en nombre de la civilización, no lo niego ni negaré. Como tampoco que nuestra cultura tenga muchísimas cosas que mejorar urgentemente –sobre todo relacionadas a la desigualdad económica y social, y a los problemas medioambientales y de recursos-, y hasta incluso no niego que la civilización pueda aprender algunos aspectos del comportamiento de ciertos primitivos, como el respeto por la naturaleza de los inuit si se quiere (dejando de lado las supersticiones animistas). Pero lo que si sostengo, es que las imperfecciones y abusos de nuestra civilización moderna deben solucionarse mejorando la civilización, no reduciéndola a tribus primitivas, cosa que además es un proyecto altamente implausible.  

Crítica a los proyectos primitivistas

Los proyectos primitivistas que voy a considerar a continuación se conocen como permacultura. Mis críticas a estos proyectos son en general suaves. No los considero una amenaza, como a los grupos fascistas, los radicales religiosos, los magufos militantes, etc. Pero si, tengo varias cosas que cuestionarles.
La principal crítica es su primitivismo, ya que estos proyectos a gran escala no representan un verdadero progreso sino un retroceso hacia el primitivismo, pero sobre esto ya escribí bastante. Otra crítica es que tales proyectos representan un escapismo a los verdaderos problemas sociales y además una hipócrita e irresponsable dependencia de los civilizados. Ya que, al utilizar herramientas de hierro, clavos o encendedores, están consumiendo piezas elaboradas mediante complejos sistemas sociales modernos, como ser la industria petrolera (gas) y la industria minera, además de las industrias que lo fabrican. Todo este proceso depende de gente que trabaja en la civilización, por lo que sus proyectos en general no muestran ninguna independencia real del mundo moderno, sino un simple escape parcial de este y un cierto parasitismo. Ni hablar si se dan el gusto de utilizar los sistemas de salud y educación públicos, cuando los impuestos con los que ellos contribuyen a su existencia son mínimos.
Si un grupo de personas adultas por decisión personal decide vivir en una pequeña comunidad de permacultura, poco se puede reprocharle, pero en ningún modo esta decisión es revolucionaria o representa progreso alguno para la sociedad, más bien lo contrario. Como desarrollaré en el siguiente capítulo, el verdadero progreso no está en escapar escondiéndose parcialmente de la civilización en unas hectáreas de campo mientras aún se consumen productos y servicios producidos con sacrificio en la civilización. El verdadero progreso esta en trabajar en conjunto con la civilización para mejorarla.

La continuidad del proyecto ilustrado como única esperanza

“Una vez que comenzamos a confiar en nuestra razón y a utilizar las facultades de la crítica, que experimentamos el llamado de la responsabilidad personal y, con ella, la responsabilidad de contribuir a aumentar nuestros conocimientos, no podemos admitir la regresión a un estado basado en el sometimiento implícito de la magia tribal. Para aquellos que se han nutrido del árbol de la sabiduría, se ha perdido el paraíso. Cuanto más tratemos de regresar a la heroica edad del tribalismo, tanto mayor será la seguridad de arribar a la Inquisición, la Policía Secreta, y al gansterismo idealizado. Si comenzamos por la supresión de la razón y la verdad, deberemos concluir con la más brutal y violenta destrucción de todo lo que es humano. Si damos vuelta, tendremos que recorrer todo el camino de nuevo y retornar a las bestias. Es éste un problema que debemos encarar francamente, por duro que ello nos resulte. Si soñamos con retornar a nuestra infancia, si eludimos el deber de llevar nuestra cruz del humanitarismo, de la razón, de la responsabilidad, si nos sentimos desalentados y agobiados por el peso de nuestra carga, entonces deberemos tratar de fortalecernos con la clara comprensión de la simple decisión que tenemos ante nosotros. Siempre nos quedará la posibilidad de regresar a las bestias. Pero si queremos seguir siendo humanos, entonces sólo habrá un camino, el de la sociedad abierta. Debemos proseguir hacia lo desconocido, lo incierto y lo inestable sirviéndonos de la razón de que podamos disponer, para procurarnos la seguridad y libertad a la que aspiramos”. Karl Popper, en La sociedad abierta y sus enemigos (1945).

             Creo haber dejado en claro, que la alternativa frente al primitivismo que me parece más plausible y correcta es la continuidad del proyecto humanista, ilustrado e iluminista de progresar mediante la ayuda de la ciencia, la tecnología -éticamente aplicada-, la razón y la experiencia en busca del mayor bienestar, la mayor igualdad, la mayor fraternidad y la mayor libertad posible del género humano. Mientras se busca mejorar nuestro trato hacia las otras especies de animales sintientes y hacia el medioambiente del que dependemos sin por eso destruir los logros de la civilización -más bien mejorándolos. Me parece que en cierta medida este ha sido el objetivo de nuestra civilización moderna en los últimos años, y tenemos varios logros de los cuales sentirnos orgullosos como especie, como también varios tropezones y retrocesos que deberían apenarnos mucho.
               Una pregunta que puede hacerse es ¿Realmente progresamos con este proyecto? La respuesta está en gran parte, implícita en todo lo que vengo escribiendo en este ensayo, pero sería interesante aún así contestarla.  Steven Pinker en Human Progress Quantified (Edge, 2016) nos brinda datos duros que dan razones prometedoras para creer en el progreso. Más allá de lo ya mencionado, como que erradicamos o dejamos moribundas una cantidad considerable de enfermedades, que los promedios de vida aumentan, etc., aún hay más: las tasas de homicidios y muertes por guerras decaen, la escolarización y la alfabetización han aumentado considerablemente, la pobreza extrema se ha reducido, el mundo se vuelve relativamente más democrático, la posición social de las mujeres aumenta prometedoramente (excepto en algunos de los países donde reina la peste del Islam), el fe en el racismo decae, las religiones pierden poder en el mundo civilizado a pasos agigantados, el mundo parece volverse más inteligente (datos apuntan a que hay un aumento de 3 puntos de IQ por década), las mujeres se están embarazando a edades más maduras, el comercio de armas se ha reducido, etc.
Aun así, que estos datos no nos hagan susceptibles de ser poseídos por un ciego optimismo, por sobre todo hay que conservar el realismo, siempre.  Así y todo quedan problemas graves que debemos enfrentar: la desigualdad de riquezas aumenta, las especies se siguen extinguiendo, la derecha está volviendo a gobernar en muchos países, el calentamiento global antropogénico es un hecho innegable que aumenta y nos pone en riesgo, el islam avanza, el agua dulce escasea, especies animales se extinguen, continúan existiendo sectas y grupos neonazis, el neoliberalismo prolifera, etc.
Pero aun así, la esperanza en el progreso es lo último que debe abandonarse. Para que este pueda llevarnos a superar tanto los problemas actuales como los futuros, hay que conservarse en una postura responsable y educada, racional, realista, sobria y activa. Nada de esto nos ofrece el primitivismo. Por más seductor que pueda ser el canto de la sirena, no debemos dejar corromper nuestra inteligencia por la irracionalidad retrograda y oscurantista del tribalismo. El progreso logrado no fue por nuestros impulsos conservadores, reaccionarios y toscos; sino por nuestra fundamentada confianza en la educación, en la empatía, en la ciencia, en la buena tecnología, en la capacidad de progreso, en la igualdad, en la libertad, en nuestras capacidades intelectuales, en nuestra cooperación y en demás sentimientos humanistas. Es esto es lo que debemos fomentar.

Los movimientos indigenistas, luchas legítimas y luchas antihumanistas

Considero que hay a grandes rasgos, dos tipos de movimientos indigenistas. Los de luchas legítimas y los de luchas antihumanistas. Considero una lucha legítima la de asegurar a los indígenas facilidad de reinserción social, trato igualitario, oportunidades de desarrollo económico, ayudas sanitarias y escolarización. Esto sumado a asegurarles ciertos territorios mientras deseen continuar con su estilo de vida, pero siempre brindándoles la oportunidad de insertarse en la civilización moderna.
Y considero antihumanistas las luchas que buscan mantener aislados a los pueblos aborígenes, negarles el uso de medicina y educación moderna por considerar que no la necesitan, y sobre todo, las que buscan perpetuar tradiciones aborígenes aun cuando estas sean inmorales o dañinas.
Esto despierta problemas muy complejos e interesantes, sobre todo en lo que respecta a respetar las decisiones de ciertas culturas, como ser la de criar a sus niños en formas de vida primitivas y riesgosas, u obligarlos a programas de vacunación. ¿Hasta dónde la civilización debe entrometerse en las comunidades aborígenes?  Sin duda es una pregunta complicada. Por mi parte sostengo que lo más deseable son programas estatales, cooperativos, o ambos, de sanidad, educación y derechos humanos que garanticen el bienestar de las comunidades y los ayuden a la reinserción. Esto permitiría cierta seguridad de que estas comunidades estén en buenas condiciones y con la posibilidad de reinsertarse a la vida civilizada. Creo que es fácil concluir luego de todo lo escrito, que es preferible su bienestar al capricho de mantenerlos en formas de vida riesgosas, estando mal alimentados, ignorantes, con riesgos de sufrir enfermedades, etc. Tampoco creo que la vida civilizada acaben con todas sus formas de cultura, aun mantendrían su arte, y si quieren, su lenguaje y sus comidas tradicionales.
Es importante que los movimientos indigenistas privilegien el bienestar objetivo de estos antes que la obsesión por mantenerlos como piezas históricas. Los indígenas no son objetos de museo, si su cultura no favorece a su bienestar y desarrollo, no tiene sentido mantenerlos en ella solo por darnos el gusto de conservar una etnia estrafalaria.

Conclusión

Creo que la conclusión es clara. La idealización de la vida tribal y el mito del buen salvaje son insostenibles, así como la creencia de que el pasado fue “un lugar mejor”.
El primitivismo es en su teoría, filosófica y fácticamente falso, y en su práctica, indeseable e implausible. Dejo aquí la cuestión del primitivismo.

 

[1] Me refiero aquí a las últimas etapas estilísticas de Goya, las primeras etapas se asemejan más al neoclasicismo.

[2] Tompkins, Peter (1963). The Eunuch and the Virgin: A Study of Curious Customs.

[3] Nevill, Drury (1989). The Elements of Shamanism.
[4] Davies, Nigel (1981). Human Sacrifice in History and Today.

[5] Gurven, M., Kaplan, H., Winking, J., Rodriguez, D. E., Vasunilashorn, S., Kim, J. K., … Crimmins, E. (2009). Inflammation and infection do not promote arterial aging and cardiovascular disease risk factors among lean horticulturalists.
[6] Choiniere, R. (1992). Mortality among the Baffin Inuit in the mid-80s. Arctic Medical Research.
[7] http://www.un.org/esa/socdev/unpfii/documents/SOWIP/press%20package/sowip-press-package-es.pdf

[8] http://elpais.com/elpais/2016/03/15/ciencia/1458038627_317563.html?platform=hootsuite

[9] “¿Es racional el movimiento anti-transgénicos?”

[10] https://www.youtube.com/watch?v=2MiFIUgieK0

Un agradecimiento personal al ateísmo (y una advertencia)


  El que diga que nunca creyó en supercherías, fraudes y mitos está seguramente mintiendo. Hasta el más ferviente escéptico fue alguna vez un supersticioso o un creyente en algo, sea timo espiritual o pseudociencia. Sobre esto la página Magufobusters dedicó una serie de interesantes post –titulado Magufos Anónimos– en que los escépticos cuentan cómo salieron del oscurantismo, el dogma y las irracionalidades varias. Yo claro, no escapo de esto.
Entre los fraudes y vulgar estafas en los que creí se encuentra Zeitgeist, pedagogías alternativas, conspiraciones del 11 S. y otras, el psicoanálisis, chakras, “energías” misteriosas, reencarnación,  transgénicofobia,  10% del cerebro, hemisferio izquierdo “lógico” y hemisferio derecho “artístico”, Kimatica, “misterios” egipcios  e incluso me interesé por la teoría de los Alienígenas Ancestrales. Lamentablemente mi pasado es completamente magufo. Pero si hay algo que me permitió salir de la creencia en todas estas estupideces (y muchas más) fue sin lugar a dudas el ateísmo.
Gracias a mi ateísmo innato siempre mi irracionalidad tuvo un límite, cuando veía que las idioteces en las que creía se empezaban a asemejar mucho a una religión (en su dogmatismo, ridiculez, etc.), inmediatamente me generaba un rechazo, el mismo que siempre me generaron todas las religiones. Me pasó por ejemplo, con el ocultismo del cual fui durante un tiempo estudioso aficionado.
Gracias al ateísmo aprendí a debatir y por lo tanto razonar, y así como cuando yo tenía razón en los debates sobre religión y quería que mi oponente se rindiese  y abandonará el dogma para aceptar la razón y la evidencia, yo mismo abandonaba las creencias irracionales cuando encontraba argumentos sólidos y evidencias indiscutibles. Gracias al ateísmo abracé el escepticismo. Y por lo tanto agradezco al ateísmo por haberme orientado a sostener mi intelectualidad en el racioempirismo (esto es, basarse tanto en la razón cómo en la evidencia empírica). Debido a esto pude desarrollar una capacidad de pensamiento crítico más madura que en la actualidad me produce, por lo general, cierta inmunidad a cualquier evidente charlatanería en la que pude haber creído en el pasado.
El ateísmo puede ser un gran estímulo a transitar el largo camino en la ruta de la razón, el ateo que se limite a domesticar su pensamiento crítico en dioses y religiones sin extender su sospecha hacia cualquier tipo de dogma similar, avanzó en esta larga ruta solo unos pocos pasos, y siempre en esta quedará mucho por recorrer. No quiero decir que semánticamente el ateísmo involucre al escepticismo (como lo es a la inversa), pero el ateísmo puede ser, como en mi caso, un gran impulso hacia éste. Dios no está solo, es una ficción dentro del pensamiento mágico que convive con muchas otras, desde todo el arsenal de mitos new-age hasta todas las formas de pensamiento débil.
Invito a todos los ateos a ser algo más que ateos. Los invito a extender su pensamiento crítico mucho más allá de ficciones tan fáciles y evidentes como los dioses. En la actualidad convivimos con muchas ficciones si no similares, aún peores. Reitero, .la razón es un camino que va mucho más allá que dejar atrás únicamente a los dioses. Siempre todos estaremos a tiempo de ser pensadores críticos, la única forma de librepensamiento y por lo tanto, de pensar correctamente por nosotros mismos.

 Sobre los divulgadores del ateísmo

Me asombra y extraña un poco la voluntad  y la paciencia que tienen algunos colegas y conocidos divulgadores, escritores, ensayistas, etc. para debatir, escribir y tratar el tema de la religión y los religiosos. Les agradezco y los admiro. A mí el tema me aburre sobremanera, y lo lamento. Por lo general son temas a los que rehúyo un poco. No porque crea que no es conveniente o porque piense que este mal, al contrario, me gustaría tener la voluntad para hacerlo, pero me parece tan aburrido…
Realmente pocos días son los que me acuerdo que aún existe gente devota del catolicismo; en todo mi entorno de amistades no hay un solo creyente religioso, ninguno. Mi ciudad (La Plata, Buenos Aires) no parece a mis ojos ser muy creyente, no hay muchas iglesias (las que hay son construcciones antiguas) y a la catedral van más por su belleza arquitectónica que otra cosa –cuando fui a Brasil noté totalmente lo contrario, creo que en dicho ambiente si encontraría más inspiración en combatir la religión. Quiero pensar que esto se debe a que La Plata posee muchas y buenas universidades, sumado al hecho de que las encuestas muestran un descenso casi general del religionismo (sobre todo en países donde se avanza en educación, y en donde se intenta apalear la desigualdad económica, aunque Argentina este lejos de esto).
Cuando recuerdo que existe gente que cree en un ente inexistente propio de la invención de una tribu de pastores brutos de Medio Oriente hace milenios, al que le dedica su vida, me parece algo muy raro… hasta me perturba con razones. Personalmente prefiero escribir y divulgar sobre imposturas y fraudes insostenibles de otro tipo, falsas conspiraciones, pseudociencias, mitos, ideas posmodernas, ciertas posturas ideológicas, etc., me parecen más divertidos y sobre todo mucho más serios. Puedo entender que una persona crea que clavándose unas agujas pueda curarse una enfermedad, y cómo mucho entiendo que la gente crea que si alguien le pone la mano arriba de su cuerpo en reposo y la mueve le puede generar algo (como en el reiki). Pero pensar y escribir seriamente sobre creencias de gente que le habla a una estatua, pensando que habla con el creador del universo, me parece tal cómo ir a enseñar física a un manicomio. Como mucho pude escribir a duras penas sobre el agnosticismo, que me parecía una postura más o menos seria y muy cuestionable. Y aun así, con lo extraña que me parezca la religión, es una de las supersticiones más populares. Claro que su popularidad no quiere decir nada, citando a B. Russell: “El hecho de que una opinión haya sido ampliamente extendida, no es evidencia alguna de que no sea absurda; en vista de la estupidez evidenciada por la mayor parte del género humano, es más probable que una creencias ampliamente extendida sea una tontería”.
  Agradezco mucho que haya gente como mi amigo Janou Gleaser que dedica su talento y aguda inteligencia a cuestionar la religión, yo no podría, al menos, no con aquella voluntad y vehemencia. Siempre que trato otro tema, tomo a la religión cómo paradigma de dogma y absurdo –cosa que doy por hecho-, cómo si el debate sobre el tema nació con Demócrito y murió junto a Hitchens.
Claramente creo que todavía hay mucho por hacer en este campo, pero también creo –tal vez muy optimistamente-, que cuando mi generación sea adulta si es que la sociedad logra continuar con un progreso sistémico, la religión no será más que una secta extraña y minoritaria. Este progreso depende de divulgadores del pensamiento crítico honestos e inteligentes, y ojalá yo pueda contribuir con ello de alguna forma.

El ateísmo actualmente está creciendo de forma considerable en las sociedades que aspiran a ser ilustradas –esto no incluye a las actuales barbáricas teocracias de Oriente Medio, que asesinan y persiguen a los ateos-, cosa que celebro aunque es una lástima que no siempre sus métodos sean de lo más honestos. Y como en todo movimiento, siempre hay un sector reaccionario. Sin embargo el sector reaccionario más curioso no es el de los religiosos, ya que este es totalmente predecible, sino la reacción de un grupo de no-creyentes que envidian la capacidad de creer las absurdidades de los creyentes. Ante esto comparto completamente la opinión de Christopher Hitchens:
“Algunas personas ateas que conozco dirán que les gustaría poder creer. Algunos ex creyentes que conozco dicen que les gustaría tener fe otra vez. Yo no los entiendo en absoluto. Creo que es excelente que no haya razones para creer en estas propuestas absurdas. La razón principal de esto es que creo que es una creencia totalitaria. El deseo de ser un esclavo. Es el deseo de que haya una autoridad tiránica inalterable e indesafiable. Que puede condenarte por crimen de pensamiento mientras duermes. Que puede someterte a una vigilancia absoluta, en cada minuto de tu vida… ¿Dije vida?, antes de que nacieras y aún peor y donde lo más divertido empieza, después de tu muerte. Una Corea del Norte celestial. ¿Quién desea que esto sea cierto? ¿Quién sino un esclavo desea tan espantoso destino?”

Algo con lo que los divulgadores del ateísmo deben tener mucho cuidado, es el hecho de que esta reacción de un confuso “vacío” por el hecho de no creer en una deidad, sea rellenada con la creencia en alguna otra forma de estupidez. Esto es realmente peligroso y es uno de los hechos por los cuales mientras el ateísmo crece, el movimiento new-age también.  Es por esto que todos los divulgadores del ateísmo deben tener en cuenta lo que he dicho anteriormente, el pensamiento crítico no termina en el ateísmo, apenas comienza. El combate a la superstición debe ser sistémico y profundo, de otro modo, lo más probable es que fracase derivando en una especie de intercambio de una idea peligrosa y absurda por otras ideas igual o peor en peligrosidad y absurdidad. Este es un fracaso que llevará consigo a un estancamiento o retroceso general de todo progreso humano deseable. No dejemos que el imperio del vaticano se convierta en el imperio del religionismo new-age. La superstición no debe actualizarse, debe eliminarse.

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El caso Emma Eckstein, o como una joven mujer terminó deformada y semi-inválida por culpa de Freud

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Emma Eckstein (1865-1924) fue una pionera activista del movimiento feminista (tal como Bertha Pappenheim, mejor conocida como Anna.O), proveniente de una familia prominentemente socialista y famosa por ser -por desgracia- una de las primeras pacientes de Freud. En 1895 Emma tenía 30 años mientras se analizaba por poseer: “dolores gástricos y menstruaciones dolorosas con abundantes hemorragias”, males que traía desde la adolescencia. Según Freud, síntomas de una masturbación reprimida.
Mientras tanto, y desde 1893, Freud y su amigo Wilhelm Fliess –al que consideraba como el “Kepler de la biología”- teorizan sobre la relación entre la nariz y los genitales (de hecho Fliess publica, por insistencia de Freud, un libro llamado “Las relaciones entre la nariz y los órganos sexuados femeninos” en 1897). Así que Freud invita en 1895 a su amiguito  a viajar desde Berlín a Viena para someter a Emma a una operación experimental de nariz para poner fin a su patología “histérica”. Fliess le realiza una intervención quirúrgica que consistía en la ablación del cornete nasal medio izquierdo en febrero del mismo año. La paciente quedó luego bajo cuidado de Freud. Al tiempo este le informa en una carta a Fliess el grave estado de la paciente: “secreciones fétidas, hemorragias nasales, coágulos, edema facial, y estado infeccioso”. Se desconoce la respuesta de Fliess, ya que Freud era de quemar toda la correspondencia que lo comprometía.
El malestar de Eckstein persistía hasta que el 8 de marzo del mismo año, un cirujano amigo de Freud (Ignaz Rosanes) mientras la limpiaba descubre “un pedazo de gasa de buen medio metro de largo olvidado en la cavidad nasal por el cirujano y su compadre”. La extracción de la gasa le provocó a Emma una abundante pérdida de sangre y problemas de pulso. Unos días más tarde Freud lamenta haber “obligado a Fliess a viajar de Berlín a Viena”, no habría debido poner a su amigo en semejantes molestias, ningún lamento por la víctima se expresó de su parte.
Mientras en una carta alegaba que: “ella escapará de la desfiguración”, la sobrina de Emma, pediatra, confirma: “le han desfigurado la cara (..) le ahuecaron el hueso y uno de los lados se le ha hundido”. Más adelante, Freud insistió que todo el problema se debió a que Emma tenia por él una atracción sexual reprimida: “A raíz de la intención inconsciente de su deseo vehemente, que era el de atraerme”.  Diez años después Freud le propone retomar el análisis, Emma como era de esperar se niega.
Más tarde le diagnosticaron un mioma, un tumor benigno del tejido muscular, cosa responsable de los síntomas desde su época adolescente (cosa que Freud, médico, jamás pudo diagnosticar por su obsesión con la histeria, su psicologismo y su tendencia a ignorar por completo lo físico como causante de patologías). Según Freud su análisis la trató con éxito, aunque la cirugía la haya dejado deforme y semi-inválida. En las 1500 páginas de la biografía de Ernest Jones (fanático del psicoanálisis y culpable, junto con otros despreciables personajes como Roudinesco, de la imagen heroica y mitológica de Freud) el completo desastre del caso Emma no se menciona ninguna sola vez, aunque si la colocó con figuras como Lou Andreas-Salomé y Joan Riviere como un “tipo de mujer, de un molde más intelectual y quizás masculina… que jugó un papel importante en su vida, cómplice de sus amigos varones aunque, un de calibre más fino”.
Otro caso de malapraxis de Freud, que le pesan junto a la muerte de 3 pacientes, entre otras desgracias traídas por el psicoanálisis. Sin embargo, uno de los hechos mas extraños es que Emma nunca culpó a Freud e incluso fue una de las primeras mujeres psicoanalistas.

(Si el post posee similitudes con la publicación de Sigmund Fraude y Charlacán, es porque soy uno de los admins de la página y la publicación es de mi autoría)