Contra los jóvenes politizados

Las juventudes politizadas, militantes en centros de estudiantes y comprometidas con los partidos políticos son algo tan extendido que la retórica demagógica cada vez apela más a ellos. Vemos campañas enteras que buscan  mostrar que representan a “la juventud”, por ejemplo el partido argentino de izquierda Nuevo Más, de fuerte discurso juvenilista. Mientras escribo, personajes como Ofelia Fernandez, principal encargada junto a Juan Grabois de atraer a los jóvenes al kirchnernismo, están teniendo muchísima repercusión en los medios y las redes sociales.
No son raras las ideas populares que circulan alentando a los jóvenes a meterse en política y “luchar por sus ideas”, “organizarse”, “participar”, e incluso militar en partidos por la candidatura de políticos puntuales supuestamente “populares”. El siguiente artículo pretende ser una crítica al discurso juvenilista que exalta la juventud como una condición ideal para la política, que idealiza a los jóvenes con virtudes que dudosamente poseen o que trata de convertir sus defectos en virtudes, y que intenta convertirlos en herramientas útiles a los políticos partidarios que dicen representarlos, principalmente dentro del populismo.
Contra esto, voy a defender a los jóvenes despolitizados, que no son necesariamente desinteresados.  Aclaro que escribo esto como joven, y afirmo: los jóvenes por lo general no sabemos nada, solemos ser especialmente ignorantes, algunos peor que otros. Y los ignorantes en política o molestan o son dañinos.  Los jóvenes deben tener como principal interés estudiar y pensar, no militar ni hacer política, eso a lo sumo vendrá cuando uno tenga los conocimientos y mejor si cierta especialización. Realmente la política amateur de las buenas intenciones ya no funciona y hay que terminar con eso. Los problemas serios del mundo actual no se curan con buenas intenciones sino con políticas eficientes, y para saber qué política es o no eficiente se necesitan conocimientos técnicos. Los problemas de la modernidad son de soluciones científico-técnicas, no son males curables con la simple voluntad inquebrantable de la que se suele jactar la juventud, ni tampoco son males curables con buenos discursos cargados de emocionalismos como los de Greta Thunberg. Los jóvenes buenintencionistas terminan por ejemplo, en la marcha anti-transgénicos sin saber siquiera que es un transgénico y desconociendo que el consenso científico no encontró jamás los supuestos riesgos que se le asocian (podemos ver en una foto a Greta junto a la charlatana retrógrada antitransgénicos Vandana Shiva).
Hay que dejar de usar a la juventud, por lo general tonta y siempre idealizada y autoidealizada, como carne de cañón de los políticos.  Si son jóvenes y les gusta la política no militen, estudien historia, economía, sociología y ciencias políticas, sino van a hacer daño o van a ser la herramienta del poder de unos brutos como ustedes sin planes concretos, ni eficientes, ni sustentables, ni siquiera morales. La política juvenil en general es un desastre, las buenas intenciones no bastan, y movilizarse por causas que en profundidad se desconocen puede hacer más mal que bien.
Se suele considerar la organización, el compromiso y a la participación como valores positivos en sí mismos para la sociedad. Pero esto no es cierto. Participar en algo no es bueno en sí mismo, depende de en qué se esté participando. Participar políticamente de forma comprometida es algo que hacen las juventudes neonazis por ejemplo. Tener compromiso por malas causas en las que se cayó por ignorancia es un desperdicio individual y un lastre social. Meterse a militar desde joven sin conocimientos es también una buena garantía de dogmatismo, porque de ser la causa equivocada y de haber caído en ella por ignorante, después de años de compromiso va a ser más difícil salir del error, retractarse y repuntar. Uno puede aprender a tomar decisiones para actuar políticamente de forma relativamente fácil, pero lo principal y lo más difícil es tener la teoría adecuada para luchar por causas correctas con conocimiento especializado basado en firmes reflexiones morales, para que las acciones no sean un desperdicio inútil dañino como fueron las guerrillas montoneras, el movimiento antitransgénico y el movimiento contra la energía nuclear.
Más que esperar a adultos, hay que esperar a tener una visión relativamente madura de la realidad, a veces eso no llega ni de adultos, quizás nunca les llegue a algunos, quizás a algunos les llegue de adultos jóvenes, pero rara vez eso es general. Se dice que los jóvenes deben estar involucrados en política porque las decisiones políticas también los afecta, cosa cierta. Pero que una política afecte no es indicador de que uno deba comprometerse porque si, uno debe comprometerse con una causa que realmente sepa que tiene un fundamento y donde uno puede proponer una alternativa viable, y es necesario el conocimiento no la intuición, ni el vínculo que uno tenga con el problema, sino, la causa puede ser noble pero los métodos o las alternativas pueden ser peores que el problema. Y la juventud es muy susceptible de, por ignorancia, creer y luchar por propuestas impracticables o nocivas.
No condeno cualquier organización juvenil, o donde participen jóvenes, que busque una solución a una situación social concreta,  hay cosas como organizarse para pedir un columpio, pedir un arco para una cancha de barrio o frenar una pandilla que no requieren conocimientos, obviamente no me refiero a eso, sino a militar por causas macro: partidos políticos, toma de decisiones técnicas, propuestas económicas, etc.  Recuerdo a un profesor populista decirle a los jóvenes alumnos suyos que la política “se aprende en la calle no en los libros”, contra esta idea nefasta escribo.
Los jóvenes suelen ser vistos  como si tuviesen un exceso de energía y ganas de hacer cosas, crear, participar, etc. Muchas veces es cierto. Pero la voluntad y la energía sin una formación intelectual, solo con buenas intenciones, no sirven a la política del siglo XXI.  El mundo es cada vez más complejo, más difícil de entender, y por lo tanto, de dirigir; los problemas son cada vez más técnicos, más difíciles de solucionar, los sistemas sociales cada vez están más mundialmente entrelazados y los cambios sociales dependen cada vez más de alternativas globales basadas en evidencia. En este panorama la idea más estúpida que uno puede tener es confiar el cambio y el futuro a la juventud. Justo cuando los problemas son más técnicos y dependen más del conocimiento especializado y generalista, sobre todo del conocimiento científico y tecnológico, y de perspectivas filosóficas avanzadas, justo cuando el grado de complejidad supera a la capacidad de los especialistas, la idea más ingenua que se le puede ocurrir a alguien es creer que la juventud va a tener la clave de algo. El delirio populista de idealizar a la juventud es típico del romanticismo retrogrado -suele estar asociado al antiintelectualismo y a una idea ingenua de democracia-, la esperanza del futuro son los técnicos, los especialistas y los generalistas eruditos, los jóvenes deberán prepararse para ello si quieren ser la esperanza de algo. Mientras tanto solo son un sector social al que se idealiza y que se idealiza a sí mismo pero que sin embargo, por el momento, tiene poco y nada que ofrecer.
La izquierda actualmente intenta atraer a los jóvenes porque los “trabajadores” (categoría especialmente abstracta y abarcativa) dejaron de darles atención y de sentirse representados por ellos.  Apuntar a la juventud, a no ser que se hable de un país tercermundista con alto grado de natalidad por poca planificación familiar, no parece buena idea cuando los índices de natalidad son cada vez más bajos. Cuando se trata de apelar a la juventud en los partidos políticos, más que buscar representarlos y usarlos como electores, lo que se busca en verdad es usarlos como militantes, son herramientas no fines. Como estrategia demagógica atraer a la juventud no es eficiente, la estrategia es otra, los jóvenes tienen algo especial: mucha voluntad, son bastante fáciles de engañar y de manipular y tienen muchas y fuertes convicciones. La convicción puede traducirse en dogmatismo, y la voluntad dogmática e intransigente, sumado a la disponibilidad para la violencia (que poco puede darse entre mayores eruditos expertos en ciencia política o macroeconomía) son ingredientes esenciales para el desastre político. Buena parte de la juventud seducida por ideas de un izquierdismo ingenuo lleno de voluntarismo y atracción por la violencia viril terminaron en las guerrillas que flagelaron el siglo XX en luchas inútiles por propuestas equivocadas. Esto principalmente por la influencia del guevarismo, siempre tan cool entre los jóvenes, que pregonó la desechabilidad de las vidas propias y ajenas.
La crisis política de argentina se debe en buena parte a un problema general del tercermundo que es la política amateur, la opinología de la “gente buena”  dentro de las políticas públicas que tanto daño causa. Para que la política sea una disciplina profesional y basada en conocimientos científicos, cosa urgente, es necesario terminar con la idea de que la buena voluntad y la perseverancia militante que ayuda a escalar en la política bastan. Hay que terminar con la idea de que hacer buena política es saber conseguir más votos y manipular mejor al “pueblo” prometiéndole cosas y a veces regalándoselas, y pensar a la política como una técnica que debe estar, como todo lo eficiente en la modernidad, basada en evidencia científica y en los principios morales ilustrados. Pensar que con la buena intención de ayudar a los pobres -regalándole cosas por ejemplo- alcanza, y que es la prioridad la asistencia clientelista y no las propuestas macroeconómicas puntuales elaboradas por expertos en base al mejor conocimiento científico del momento, es buscar no terminar de una vez con la pobreza sino usarla como base electoral, cosa típica del populismo tercermundista. Para solucionar los problemas graves, del clima, de la pobreza, de la producción de alimentos, de la producción de energía, de la desigualdad, hay que escuchar a los expertos no a los jóvenes. 
Como dije: la juventud siempre se autoidealiza. Creen carecer de todos los defectos de las generaciones anteriores y se inventan sus virtudes. Creen ser la encarnación del progreso, a veces, quizás muchas veces, lo son del retroceso –pero nunca van a verlo. A veces funcionan como una gran secta, la gran secta juvenil sin lugar para el disenso.

7 comentarios en “Contra los jóvenes politizados

  1. Muy interesante la nota…pero debería informarse más . Greta Thunberg es una joven Asperger. Las personas con Asperger tienen dificultades de interacción social e intereses más específicos. Por falta de información y comprensión, se los suele estigmatizar y discriminar en las escuelas y el trabajo .

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  2. A mí participar en política estudiantil me ayudó a formarme como sujeto político, a madurar, a vincularme con instituciones, a crecer como persona. No sé si la intención es demonizar la política estudiantil dando a entender que todo se limita a darle a un joven una remera y hacerlo pintar carteles con consignas predigeridas (más allá de que algunas agrupaciones lo hacen), o si todo se basa en prejuicios o visiones personales sesgadas. Muy triste la verdad, no comparto prácticamente nada de lo que plantea la nota. Quizás hace 10 años cuando era un ingenuo sin formación ni experiencia sí me hubiera gustado; menos mal que de joven me crucé con gente que me abrió la cabeza para no terminar escribiendo algo como lo que expresa esa nota.

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  3. ¡Me gustó mucho el artículo! Nunca he militado, pero debo admitir que no sé nada de política, historia, ciencia, filosofía, etc. En fin, soy un peligro para el mundo. Me gustaría aprender pero no sé por donde comenzar. ¿Qué libros me recomendarías para iniciarme en estos temas?

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  4. Me pareció interesante el artículo. Aunque acá va la crítica (que por lo que anuncias en la entrada a tu blog sería de las interpelaciones que bien recibis, no es ortográfica lo único): tu afirmación del tipo militancia no, estudio sí (sintetizando) tiene alguna evidencia que respalde una correlación al menos sospecha de la misma que indique que jovenes activistas/militantes no se dediquen a estudiar, o lo que sería más interesante aún saber si los eruditos estudiosos, especialistas, técnico e intelectuales se comprometen debidamente en causas colectivas? Y lo pongo como pregunta porque justamente desconozco ese tipo de estudios.
    Si no existiera tal evidencia todo este articulo suena a falacias de composición y de generalización apresurada. Sin ir más lejos vos mismo en un artículo mencionas “que existan filósofos charlatanes no implica que la filosofía no sirva”. Parafraseando puedo decirte que existan jóvenes militantes ignorantes no significa que militar en la juventud no sirva, o más atinado aún que existan científicos e intelectuales comprometidos no implica que el conocimiento te asegure motivación política para cambiar algo. De hecho de esto último doy crédito, sin evidencia fáctica, pero con numerosos casos anecdóticos que no son una muestra pequeña ya que soy investigadora de conicet y me rodeo a diario de cientificos/as y he conocido muchos que poco les importa cambiar algo más que la revista a la cual publicar su proximo paper.
    Por otro lado desde las ciencias de la educación la motivación que la acción puede tener en estudiantes es sin duda un puntapie inicial.para motivar la posterior formación.
    Bueno espero se haya entendido este cúmulo de ideas.
    Saludos y gracias por leerme si hasta aquí llegaste.

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